27 de julio de 2005

Semiótica de las pasiones

Otro de los libros de A. J. Greimas más interesantes, es Semiótica de las pasiones. En él, junto con Jacques Fontanille, extiende el análisis semiótico al ámbito afectivo y pasional.

La semiótica hace hincapié en que los actos lingüísticos están conexos a los efectos que producen sobre el otro, sobre sus pasiones. Por esto mismo, intenta conocer qué tipo de acciones o cogniciones causan determinado tipo de pasiones (y sus significaciones). Al estar relacionadas con las acciones (palabras, gestos, miradas, movimientos), percibimos nuestras propias pasiones (o las ajenas) a través de la euforia (alegría, emoción, amor, sonrisas, brincos, etc.) o la disforia (tristeza, depresión, lágrimas, angustia, etc.) en nuestros estados de ánimo. De la misma manera sucede cuando nos enfrentamos a un texto narrativo (cuento o novela), es a través del discurso que aparecen las pasiones como portadoras de efectos de sentido específicos, lo hacen a través de una estructura modal (modalidades): el querer-hacer, el deber-hacer, el poder-hacer, el creer-hacer, el saber-hacer, y sus contrarios: el no-querer-hacer, no-deber-hacer, no-poder-hacer, no-creer-hacer, no-saber-hacer (y sus diversas combinaciones: no-querer/no-poder-hacer, saber/no-deber-hacer, saber/creer-hacer, etc.) de los personajes.

¿Qué lleva a los hermanos de "Casa tomada" de Cortázar a no-querer luchar por la casa y sí poder cerrar "bien la puerta de entrada" y tirar "la llave a la alcantarilla. No fuese que a algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada" a pesar de ser despojados de lo único material que poseían y salir solamente con lo puesto?

Es posible que alguien se pregunte en qué consiste lo interesante. A mi juicio, ello reside en la importancia que tendrían los discursos como prácticas sociales en la esfera de los actos humanos, igual si estamos interesados en un estudio del discurso (narrativo, pictórico, planario, musical, etc.) o para quienes están enfocados en otros campos.

24 de julio de 2005

Mercedes luminosa, de Dulce María González

Es cierto, cuando alguien nos ama es únicamente para nosotras un tiempo, como dice la narradora de la novela Mercedes Luminosa (México: Conarte Nuevo León/Conaculta, 2005) de la escritora mexicana Dulce María González, mientras dura el tiempo en que habitamos dentro de su amor.

Desde el aquí y ahora narrativo la protagonista nos cuenta su historia, una historia cuyo paso de la oscuridad a la luz conlleva el tener que enfrentar la realidad y asumirla, puesto que no la puede abolir. Mercedes Ibargoyen es una mujer dependiente, que guarda culpas, inseguridades, temores, la realidad la extenúa, una realidad que había dejado atrás pero que una mañana vuelve a ella, se le impone a través del hallazgo del diario de su madre, un diario que nunca lee y que sin embargo es ese hilo que une a los personajes; es el diario de una mujer artista de la pintura, alcohólica, sensible, incomprendida, que siempre quiso ser joven y que vive sufriendo en su paso por la vida hasta que este dolor la lleva al suicidio.

Por la madre, Mercedes huye de la casa paterna para irse a vivir con Jorge, su novio, hasta que éste la despide. Por la madre, Mercedes tiene relaciones sexuales con Manuel, el ex-amante de su madre, acto que la conduce a enfrentar la posibilidad de perder a Raúl, su esposo, un hombre que la había salvado de esa Mercedes oscura en que se alojó por varios años. Por la madre vive en la tragedia constante.

Pero la epifanía tiene lugar, la protagonista se enfrenta a sí misma hasta tocar fondo. La confirmación de la vida le llega a través de los sentidos, después de la revelación:

"Soy libre, me dije, en el colmo de aquella cursilería revelatoria de ésas de la Mercedes iluminada que también soy: llevo a mi madre adentro, sin siquiera sospecharlo me he sostenido en ese amor, en esa pecera de cristal que me contiene. ¿Quién puede ser culpable del amor de una madre? No, yo no era culpable de su muerte, quizá tampoco Manolo. Mamá nos había querido hasta la desesperación, hasta la desaparición. Eso era todo, ese era el fondo de aquel misterio que siempre creí terrible: el amor. Lo demás eran circunstancias de las que no se puede culpar a nadie".
El amor es justamente uno de los temas de esta novela, creer que en su lugar existía un desamor que dolía, que impedía crecer y hasta amar y amarse a sí misma, dejar de depender del otro, vivir.

Ganadora de Premio Nuevo León de Literatura 2002, Mercedes luminosa es una novela cuya lectura me resultó muy grata. Pero cuidado, a la protagonista le da "por inventar todo tipo de cosas", quizá no existió Marcela, la madre, ni Manolo ni Jorge ni Raúl ni Remedios, y todo es ficción...