28 de febrero de 2006

El giro semiótico: Paolo Fabri

Cuando nos acercamos a un texto literario con el fin de realizar un artículo o un ensayo a través del análisis de su discurso, podemos tomar como herramienta a las posibilidades que la semiótica nos ofrece. En especial cuando tenemos la convicción de que realizarlo de esta forma permite más solidez en nuestra interpretación. Adentrarse en la semiótica es ingresar a un mundo casi infinito. Se sabe que se empieza con Saussure, pero no se sabe con quien se acaba o si se acaba, son muchos los teóricos que nos brindan sus estudios. Así que podemos seguir y seguir o quedarnos trabajando con un grupo o sólo con un teórico o, quizá, no pasar de uno. Es un fascinante camino que exige muchas horas de estudio, pero es mucho más lo que da.

Sin embargo, la semiótica contemporánea se topó con un serio problema: la afectividad en el lenguaje. Podía analizar las relaciones, acciones, significantes, significados, niveles narrativos, referentes, etcétera, pero no ha sido fácil dar cuenta de la afectividad en la problemática del signo. En su libro El giro semiótico, Paolo Fabri nos recuerda a Roland Barthes y su Fragmentos de un discurso amoroso, fue uno de los primeros intentos de incluirla. Dice Fabri que Barthes fue a buscar en Lacan lo que no encontró en Saussure, esto no resultó muy bien para la integración de la afectividad con los problemas de la significación.

Los personajes de una novela piensan y cometen acciones (actos de sentido a través de palabras, gestos, movimientos, situaciones), pero también tienen pasiones, ¿acaso las acciones no producen efectos en el otro? Separar la razón de la pasión no es nada sencillo aunque pudiera parecerlo, para ello, apunta Fabri, "había que elaborar y pensar de nuevo in toto la dimensión de la pasión, algo a lo que desde hace algun tiempo se dedica la semiótica". ¿Cómo pueden traducirse las emociones de otro?

El giro semiótico es un estudio muy interesante sobre las concepciones del signo a través de la historia. Fabri toma giro en el sentido que Nietzsche le da a este término.

27 de febrero de 2006

Mil grullas: Kawabata

Que experiencia tan deliciosa para los sentidos y el entendimiento ha sido leer Mil grullas, de Yasunari Kawabata. Qué hermosa novela. Cada palabra, cada imagen, cada escena, transportan a la belleza del arte de escibir con maestría. Japón y su cultura, en especial a esa ceremonia del té (cha-no-yu), se manifiesta como eje principal de la narración.

En la ciudad de Kamakura vive Chikako, una mujer que posee una fea y vellosa mancha en uno de sus senos provocándole profundos problemas, siendo el mayor tener que reprimirse sexualmente. Las consecuencias de ello son varias, y abarcándolas está su infinito enojo con la vida. El ya fallecido padre del protagonista, Kikuji, fue su amante, circunstancia que le permite manipular al joven e influir en él de forma nada positiva. Un día, Chikako, Kikuji, Ota (otra amante del padre de Kikuji) y su hija, Fumiko, asisten a una ceremonia del té, a partir de este momento suceden muchas cosas a través de diálogos, intrigas, retrospecciones, sensaciones, obsesiones, siendo el simbolismo de los objetos (como los tazones, adonde se bebe el pasado desde el aquí y el ahora) y la imagen de una joven con un pañuelo pintado con mil grullas que persigue todo el tiempo a Kikuji, muy significativos.

Mil grullas es una fascinante obra literaria. Lo insólito, lo terrible muchas veces de la belleza, la muerte, la soledad, la tensión, la búsqueda, los olores, las miradas, el rito, el amor y el erotismo, un erotismo de cuerpos gozosos, radiantes, el yin y el yang, el Matcha, ese té que que reúne vidas con su aroma...

Prólogo de la novela.

24 de febrero de 2006

Soledad acogedora: Cacciari

"La verdadera soledad hace imaginar, pero imaginar es pensar" (Cacciari)

Hay escritores que de niños o de adultos han padecido de soledad. Hace algunos años Sergio Pitol comentó, en una mesa redonda, sobre aquellas tardes de su infancia que pasó vagando por un ingenio azucarero. Su refugio era la lectura, más aquél escondite que encontró en sus caminatas y que de inmediato hizo suyo. Juan Rulfo nos cuenta en sus Cartas a Clara cómo vivió de niño siendo muy solitario, su compañía era su imaginación. Juan García Ponce, ya de adulto, pasaba mucho tiempo sentado frente a su ventana, contemplando su jardín. Y Cesare Pavese fue víctima de la depresión a partir de la muerte de su padre, cuando sólo tenía seis años; y así podemos citar muchos ejemplos más.

Debe de ser muy difícil el encuentro con el pensamiento en la soledad, evocar esas presencias cuyas ausencias recuerdan el "universal silencio de la noche", al decir de Cacciari. La soledad es uno de los grandes temas y problemas humanos, desde ella se reflexiona sobre el propio yo, un yo poblado de preguntas sin respuesta. ¿Qué sucede cuando una noche se siente miedo y se sabe que se está solo? ¿el desamparo total? Parece ser que esa soledad que abraza el espíritu de los escritores es una soledad que suscita la creación, la escritura.

De todo ello nos hablan Musil, Hölderin, Blanchot, Beckett, entre otros, a través de las páginas de Soledad acogedora. De Leopardi a Celan, del filósofo italiano Massimo Cacciari (Abada Editores, 2004). Un gran ensayo en 80 páginas.

22 de febrero de 2006

Mnemosyne: Mario Praz

Mnemosyne: El Paralelismo entre la literatura y las artes visuales del crítico de arte y literario Mario Praz, uno de los más destacados ensayistas italianos del siglo XX, es un libro excelente. Recorrer sus letras y las imágenes que referencia, es como entrar a un museo teniendo como guía un notable mentor.

Inicia repasando toda la historia de la alianza entre pintura y poesía como artes hermanas, ut pictura poesis, destacando que "cada una de las diferentes artes -las artes plásticas, la literatura, la música- posee su propia evolución, caracterizada por un ritmo y una estructura interna de los elementos que le son propios". A lo largo de su estudio va proponiendo una variedad de ejemplos a través de la obra de escritores y los pintores que las han ilustrado, y viceversa. Este libro es toda una erudita iconología explicativa. Así como nos habla del rechazo de las mímesis como una de las mayores preocupaciones de Picasso, nos ilustra sobre la composición pictórica de los Cantos o de la adopción del encabalgamiento sugerida a Milton por la observación de Tasso sobre el soneto de Della Casa "Questa vita mortal", y mucho más. Sería interminable hacer una reseña que abarcara lo que este libro ofrece y merece, es un estudio muy valioso. Transcribo una pequeñísima parte sobre lo que señala referente a una famosa escena de Madame Bovary:

Si se quiere encontrar un equivalente pictórico entre el famoso viaje en coche de Madame Bovary y el paso de las carrozas en el cuadro de Renoir Les grands boulevards au printemps, hay que examinar la pintura de género del siglo XIX, donde era habitual que se sugiriera una historia mediante una insinuación, un gesto dirigido a la inteligencia o al sentimiento de los observadores. El pasaje describe el momento en que, a mitad del día, en pleno campo, mientras el sol da contra los viejos faroles del coche, una mano desnuda surge de entre las cortinitas de tela amarilla y suelta unos trocitos de papel que revolotean como otras tantas mariposas sobre un campo de rojos tréboles en flor. Este registro impresionista de las manchas de color (los plateados faroles del coche, las cortinitas de tela amarilla, los blancos trocitos de papel, el campo del trébol rojo) y la opresiva melancolía del viaje son rasgos típicos del gusto decimonónico, aficionado a los detalles patéticos capaces de producir un nudo en la garganta. Sin embargo, el espíritu de la descripción de Flaubert nos recuerda más a los pintores victorianos que a los impresionistas franceses. (...) lo que provoca la emoción del lector de Flaubert surge de la sospecha de lo que sucede en el interior del coche.

En mi opinión, para los amantes de la literatura y la pintura este es un libro de cabecera.

21 de febrero de 2006

El retrato, Iain Pears

No había leído a Iain Pears. Cuando entré a la librería y vi sobre el estante El retrato, me llamaron la atención tres cosas: la portada (Autorretrato con la muerte tocando el violín de Arnold Böcklin), que el autor es doctor en filosofía e Historia del arte, y la relación literatura-pintura que señalan en la contratapa. No obstante, me parece que más que la relación entre literatura y pintura, que por supuesto se encuentra, destaca la relación entre el crítico y el artista, una relación que la novela despliega bajo circunstancias muy difíciles, es como si estas dos identidades fueran casi imposible de tolerarse o sostenerse.

La novela inicia con el encuentro de un pintor y su modelo, del talento de uno y la fama del otro, de dos amigos, de un crítico de arte, William Nasmith, y un pintor, Henry Morris MacAlpine. El crítico llega desde Londres a la casa situada en una isla de Francia adonde vive el pintor, autoexiliado desde hace cuatro años, una isla “barrida por el viento, habitada solamente por unos centenares de pescadores bretones y sus familias”, es el año de 1912. El primero ha solicitado al segundo le haga un retrato:

Deja que te explique mi idea. Lo que he decidido hacer –y no estoy interesado en tu opinión- es un retrato en el que las variaciones de la luz mostrarán diferentes aspectos de tu carácter. Pienso en Monet. No, no he cambiado de opinión; sigo creyendo que no fue un buen pintor. Pero sin duda fue un gran pintor, y, como tú sabes, nunca he tratado de apoyarme en los grandes. Así que te necesitaré mañana, tarde y noche, dependiendo de cómo vaya mi obra (…). Un pobre pintor como yo necesita toda la ayuda que pueda conseguir. A lo mejor Tiziano supo transmitir todas las complejidades a la vez. Pero él era un genio, y yo –como en una ocasión señalaste- no lo soy”.
Es a través del narrador-personaje, el pintor, que nos vamos enterando de la historia que hay entre los protagonistas, todo sucede mientras va pintando el retrato. No escuchamos la voz del crítico, el narrador habla por él, a través de él sabemos qué es lo que el crítico dice y hace, dijo e hizo.

La novela parece más un ensayo sobre lo que es la crítica para un artista, lo que la primera puede hacer a través de su palabra escrita: acabar con la reputación y hasta con la vida de alguien, de ese artista que desea ser visto por lo que crea, que anhela ser valorado por su obra. Todo un despliegue de reflexiones y calificaciones para la tarea de escribir de un crítico y su influencia en la vida del artista. La crítica es capaz hasta de cambiar la ruta de un destino o de convertirse en un arma muy poderosa contra quien, como el artista, está en sus manos. En uno de los pasajes, el pintor sienta en una silla a su modelo, el crítico, para continuar con su trabajo, y le dice:

Tú te sientas ahí, en tu silla, que estoy transformando en un trono. Tu pose es autoritaria, eres algo más que un simple crítico que escribe para periódicos y revistas de moda. Yo busco acercarme a la verdad a través del halago sutil, sabes. No ter estafaré; te he dado mi palabra. No eres un simple periodista, sino algo más. Tendrás la postura de un papa, como si estuvieras siendo pintado por un Velázquez, para recordar a todo mundo el poder que la gente como tú ejerce en nuestro mundo. Tú ordenas, y lo y lo que sea sucede. Levantas el dedo y se crea una reputación; mueves negativamente la cabeza, y las esperanzas alimentadas durante años en los talleres, por las que alguien se esforzó, y deseó, tan desesperadamente, quedan para siempre defraudadas. Cierto, no mueves ejércitos, no provocas destrucción en tierras lejanas, como nuestros políticos y generales. Eres mucho más poderoso, ¿no? Cambias la manera de pensar de las personas, moldeas la forma en que ven el mundo. Un gran poder, ejercido sin control ni limitaciones. Un despotismo de las artes, en el que tu eres el sumo sacerdote de la verdad y la belleza.
Pero cuando el crítico se convierte en modelo está bajo la mirada, el pincel, y las manos del artista, los papeles se invierten y sucede lo inusitado, lo extraordinario... El pintor que quería captar en su obra, el retrato, la verdadera personalidad del crítico, lo logra. Sin embargo, ¿qué sucede con el crítico ante todo esto? ¿llega a comnprender lo que su palabra puede conseguir? ¿cual es su impresión al ver el lienzo? ¿logra verlo como el artista lo ve? El suspenso atraviesa la novela, apuntando siempre a la relación entre el artista y el crítico de su obra.

18 de febrero de 2006

Entrega a la escritura

¿Qué induce a la edad de 33 años a abandonarlo todo para dedicarse solamente a escribir? ¿un profundo amor por la literatura?

“Me encerré en esta casa cuando tenía 33 años para poder crear literatura. Estaba en el pináculo de mi belleza. Renuncié a mi intensa vida social, novios, familia, a todo. Tomé una postura radical, me entregué por completo”, dice Hilda Hilst, en la Casa do Sol su casa de campo cerca de Campinas en el estado de Sao Paulo. “Cuando era joven, ya escribía bien. Los críticos dijeron que era imposible que una joven hermosa pudiera escribir así. Ahora que soy vieja y fea dicen que mis textos no son muy accesibles o que estoy loca”.

En estos más o menos treinta años de reclusión a los que Hilda se ha sometido, se estableció una rutina. “Poco después de levantarme me encerraba en mi estudio con la máquina de escribir y no salía hasta haber escrito cuando menos 500 palabras. Algunos días eran terribles por que no podía escribir y no salía del estudio hasta el anochecer para jugar con mis perros.” En la entrada de su despacho hay un reloj con las manecillas rotas y una inscripción que nos informa: “Es más tarde de lo que crees”.

14 de febrero de 2006

"Los amorosos": Sabines

A propósito de los amorosos, dice Jaime Sabines:

Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.

Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre "¡qué bueno!" han de estar solos.

Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.

En la obscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.
Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.
Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.

Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor como en una lámpara de inagotable aceite.

Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.

Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo, complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida
Y se van llorando, llorando
la hermosa vida.

Tres años: Chéjov

"Deme una mujer que, como la Luna, no aparezca todos los días en mi cielo" (Chejov).

He terminado de leer Tres años de Antón Chéjov, una novela publicada por Espasa Calpe y que en tan solo cuatro meses tuvo dos ediciones. Nos cuenta en la introducción el editor, que Tres años "se escribió y publicó en el período que va de 1888 a 1895 y que debió de aparecer en alguna colección de relatos acompañando a algun otro que alcanzó mayor éxito o mayor reconocimiento de la crítica". Es una novela prácticamente desconocida, solamente hubo una edición en 1967 y de ahí hasta ahora.

Todo se desarrolla alrededor de la desventurada historia de amor entre Alexei Laptiev y Julia Serguéerovna, la hija de un médico rural que atiende a Nina Féodorovna, la caritativa hermana de Laptiev que padece cáncer y cuyo esposo "había dilapidado su fortuna personal y la de su mujer, y en la actualidad las deudas le llegaban hasta el cuello". Laptiev es un personaje soñador, que a pesar de que un día dejó de creer en el amor, al conocer a Julia, quien no lo ama, vuelve a abrir su corazón a esa posibilidad. Muchas cosas suceden a partir de que él le declara sus sentimientos y ella los rechaza:

-¡Qué dice! ¡Qué dice! -gritó, pálida-. Imposible. Le aseguro que... Perdóneme. Y con rapidez, entre el mismo crujir suave de las faldas, acabó de subir la escalera y desapareció en el interior del piso.
Laptiev comprendió. Dentro de su alma se operó una metamorfosis brusca, decisiva cómo si súbitamente la luz se apagara en ella. Y salió de la casa sintiéndose avergonzado, humillado, despreciado.

Alrededor de este núcleo temático vamos penetrando en los demás personajes (su hermano, su padre, su cuñado, sus sobrinos, sus amigos, etc.), en sus espacios, tiempos y acciones. Los sentimientos, frustraciones, anhelos, fracasos, se agolpan en emociones que abarcan sus existencias muchas veces bajo decepciones y fracasos y, en algunos, con un poco de esperanza...

Cuando buscaba la imagen de la portada encontré esta anécdota que nos cuenta el escritor Juan Villoro: "un día Tolstoi le dice a Chejov: 'tus obras de teatro son aun peores que las de Shakespeare', pero admiraba sus maneras suaves y su andar 'de muchacha'. Poco antes de morir, Chéjov dedicó una hora a escoger el pantalón que se pondría para recibir al autor de Guerra y paz.

Chéjov es grande entre los grandes, y Tres años una de las muestras de ello.

10 de febrero de 2006

Correspondencia Arendt-Heidegger

Cincuenta años de correspondencia se dice rápido, pero son muchos años en lo que seguramente se intercambia demasiado. Al menos en este libro, Correspondencia 1925-1975 y otros documentos y legados, cada carta entre Hannah Arendt y Martin Heidegger es un ensayo adonde se nos muestra una relación muy rica al mezclar lo intelectual y lo pasional-amoroso, un combinado de lujo. El libro es precioso por donde se vea, tanto su portada (es de Mónica Bazán y Claudio Bado), su traducción (de Adán Kovacsics) y obviamente su excelente contenido. Transcribo algunos fragmentos, ellos dicen más que mil palabras:

1. MH a HA: "Querida señorita Arendt: Aún debo ir a verla esta noche y hablarle al corazón. Todo debe ser llano y claro y puro entre nosotros. Sólo entonces seremos dignos de encontrarnos. El hecho de que usted llegara a ser alumna mía y yo, su maestro, es sólo el origen de aquello que nos ocurrió. Nunca podré poseerla, pero usted pertenecerá a partir de ahora a mi vida, y ésta deberá crecer por usted".

2. MH a HA: "Cuidemos como un regalo depositado en el fuero más interno el hecho de haber podido encontrarnos y no lo deformemos por medio de autoengaños en la pura vivacidad; es decir, no nos imaginemos algo así como una amistad del alma, algo que nunca existe entre los seres humanos" (10.02.25)

3. MH a HA: "¿Por qué es el amor tan rico, superando todas las dimensiones de las otras posibilidades humanas, y por qué supone una carga dulce para aquellos a quienes afecta? Porque nos convertimos en aquello que amamos y, no obstante, seguimos siendo nosotros mismos. Querríamos dar entonces las gracias al amado y no encontramos nada que satisfaga ese deseo. Sólo podemos dar las gracias dándonos a nosotros mismos. El amor transforma la gratitud en fidelidad a nosotros mismos y en fe incondicional al otro. De este modo aumenta el amor continuamente su misterio más propio".

4. MH a HA: "[…] El hecho de que la presencia del otro irrumpa una vez en nuestra vida es aquello que ningún ánimo supera. Un destino humano se entrega a un destino humano, y el servicio del amor puro consiste en mantener despierta esta entrega igual que en el primer día (21.02.25).

5. MH a HA: “Escríbeme pronto, para yo poder tenerte conmigo en mis conferencias. Vivo mucho con Hölderlin, y por doquier estás cerca de mí” (Marburgo, 12. 04. 25).

6. MH a HA: “Te doy las gracias por tus cartas –por haberme acogido en tu amor- queridísima. ¿Sabes qué es lo más difícil que al ser humano le está dado cargar? Para todo lo demás hay caminos, ayuda, límites y comprensión –sólo aquí todo significa: estar en el amor = estar empujado a la existencia más propia. Amo significa volo, ut sis, dice san Agustín en un momento: te amo- quiero que seas lo que eres.

7. HA a MH: "Querido Martin, si alguna vez las cosas hubieran funcionado correctamente entre nosotros...".

Al final de la relación entre los amantes-amigos-colegas, se une un tercero: Elfriede, la esposa de Martin Heidegger, argumentando amistad. "En 1950, Arendt le envió una carta a Elfriede donde le confiesa-ratifica esta historia de amor, y agrega: En este sentido, creo yo, Martin y yo probablemente hemos pecado tanto el uno contra el otro como contra usted".

8 de febrero de 2006

R de rebelde, Sue Grafton

Terminé de leer R de rebelde, de Sue Grafton. Es la primera vez que leo una novela de esta escritora. No pondría su fotografía al lado de las de mis escritores favoritos.

Una detective californiana, Kinsey Millhone (personaje creado por la autora en 1982), es contratatada por Nord Lafferty para que resguarde a su única hija, Reba Lafferty. La chica saldrá de la cárcel bajo libertad condicional y anhela que su regreso a casa no tenga contratiempos. La expresidiaria es tan rebelde que su padre teme por ella, ignora si los dos años en prisión la hicieron cambiar. Reba es aficionada a todos los vicios, además de estafadora, esto último le costó ir a la cárcel demandada precisamente por su víctima.

Más su vida le depara que justamente ese día de su salida se encuentre con Alan, el estafado, pero, a la vez, con quien sostuvo una apasionada relación. Aquí inicia la tarea de la detective, una labor nada sencilla, según los informes recibidos. Sin embargo:

Vestía chirucas, vaqueros y un jersey grueso azul oscuro con un amplio cuello vuelto. Parecía alocada como una adolescente. Su padre había dicho que era una chica difícil -rebelde había sido la palabra-, pero yo no había percibido el menor indicio de rebeldía en mi trato con ella. Poseía una exuberancia natural y costaba imaginársela borracha o colocada.

Resulta divertido ir percibiendo el desarrollo de la trama y la evolución no tan positiva que sufre la detective como personaje a lo largo del relato, un personaje no muy bien trabajado, a veces me resultaba demasiado holiwoodense.
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La industria editorial mexicana será la invitada especial de la próxima Feria del Libro de Londres, que se celebrará del 5 al 7 de marzo.

5 de febrero de 2006

Balthus

"Con sus obras el artista crea una imagen particular propia, que partiendo de lo individual, naciendo de la suma de sus emociones y vivencias, alcanza lo general, penetra en el misterio, lo abre, lo revela y lo hace comunicable [...] La obra es el lugar del encuentro" (Juan García Ponce).

El Conde Baltasar Klossowski de Rola, mejor conocido como Balthus (1908-2001), fue tildado de pecaminoso por pintar retratos de púberes adormiladas en provocativas y seductoras actitudes. Pero además de ser pintor de Lolitas a plena luz, pintó gatos. Cuando era niño se le pierde su amado Mitsou, a partir de este momento los felinos aparecen en su obra dentro de una atmósfera intimista, poblada de espejos y ninfetas desnudas que se ofrecen a la contemplación sin mirar a nadie, entregadas sólo a sí mismas.

El aturdimiento que produce el goce de los sentidos y la transgresión al orden establecido, son quizá los núcleos fundamentales que se advierten a primera vista en la obra del artista polaco. Sólo dentro de una totalidad de sentido "algo" se abre como "algo", en sus cuadros el cuerpo se manifiesta como una revelación y no sólo como un elemento constitutivo de la persona, sino como la persona misma. Cuerpos que ceden a la sensualidad edificada a partir de sus deseos, aunada a esa animalidad del gato que se presenta como un elemento recursivo. Dice Bataille que "El erotismo es una actividad humana aunque empiece donde el animal acaba, más la animalidad no deja de ser su fundamento, un fundamento que repugna a la humanidad aunque ésta, al mismo tiempo, lo mantenga. La animalidad se mantiene en el erotismo de tal forma, que el término bestialidad está implícito en él. La sexualidad física, siempre asociada al erotismo, es a éste, lo que el cerebro al pensamiento".

La construcción sensitiva y concupiscente que observamos en los lienzos de Balthus, tienen por habitat ese erotismo que surge de los cuerpos y que les permite se aventuren en lo innombrable, persistentemente connotando un deseo dispuesto a recibir su objeto. La sexualidad es lo sobreentendido, el camino de ida y regreso, su sostén. En la obra de Balthus los cuerpos se abren a la continuidad a través de un espacio de sinestesias, sensaciones, goces, instintos y desnudez, siempre en la incitación voluptuosa de la experiencia de la sensualidad y la presencia de un tercero: el gato...