28 de septiembre de 2006
Narrativas 3
Ensayos:
1. “Imágenes de Vanya” de Juan García Ponce, Magda Díaz y Morales.
2. "Reconocimiento de las causas del malentendido y representación de los sujetos en el texto", Ángel Díaz.
Relatos:
"La amante de Hamlet", José María Latorre
"Serafín", Adriana Serlik
"La Rebeca azul", Carmen Fernández Etreros
"De la tragicómica historia de cómo Tote pierde el tiempo", Emilio, Jio, Gil
"Sueño con mariposas", Jorge Gómez Jiménez
"El beso de la luna", Pablo Lores Kanto
"¿Quién eres?", Julio Salinas Lombard
"Los últimos días de la poesía", Mauricio Salvador
"Mercado de caricias", Luis Martínez
"A la espera de Carlomagno", Nacho Mondaca
"Conductor", Rolando Revagliatti
"Espejos", Salvador Alario
"Tabahíta, no podía ser de otra manera", Felipe Londoño
"Breves lecciones de lepidopterología", Efrén Ortiz Domínguez
"Monólogo del vencido", Víctor Coral
"Discontinuidad en el vacío", Hernán Tenorio
"El autobús", Luisa Miñana
"Peregrina", Moisés Sandoval
"Caballitos del diablo", Ángel Olgoso
"La vida criminal de Adolfo Mirabén", Antón Castro
Narradores:
Este espacio está dedicado en esta ocasión a la narradora, ensayista y poeta, Cristina Rivera Garza
Relato: "La vida, extraviada"
Entrevista
Resumen de su trayectoria
Reseñas:
El erotismo perverso de Juan García Ponce. Lenguaje y silencio de Magda Díaz y Morales, José Luis Martínez Suárez
Pan de oro de Luisa Miñana, Carlos Manzano
Cuentos de Malá Strana de Jan Neruda, Emiliano Molina
Cuentos completos de Flannery O'Connor, Miguel Ángel Muñoz
Tiras insulsas
Guión de Emilio, Jio, Gil y dibujo de Daniframe
Novedades editoriales
Noticias
26 de septiembre de 2006
Te quiero si he bebido: Empar Moliner (2)
En "La interpretación de los sueños" el bibliotecario Plácido conoce a su novio a través de un anuncio de contactos:
Ese día no había bebido y, a pesar de eso, le pareció el hombre más guapo de la tierra. Empezaron a salir juntos. Pero la relación hace ya seis meses que dura y, en todo este tiempo, el bibliotecario Plácido se ha peleado más que en toda su vida. Se pelean constantemente, por cualquier motivo. Rompiendo platos y no rompiéndolos. De manera civilizada y de manera salvaje. Despertando a los vecinos y no despertándolos. A su novio le gusta más pelearse que el sexo, que la comida, que navegar por internet y hasta que enseñar las fotografías de cuando todavía no era calvo.
-¿Sabes lo que te digo? Que no hace falta que me contestes -decide el novio, riendo. Pero se ríe de la manera en que se ríe cuando ya está ofendido (...). Incluso en mis sueños reproduces los roles heteros. No es sólo que tengas la casa decorada como hetero, es que eres mucho más hetero de lo que tu mismo crees. -Yo no reproduzco los roles heteros -se defiende. Y no tengo la casa decorada como hetero. -Una cocina con visillos estampados con frutitas partidas por la mitad ¿no es hetero? Darme una compensación económica después de engañarme ¿no es reproducir los roles heteros?
De pronto, el destino que todo lo mueve o al menos lo intenta, la pareja queda sepultada en los escombros porque un terremoto se presenta, el bibliotecario Plácido sonríe: "Se ha ahorrado la pelea. Ni puede creer que tenga tanta suerte. Cuando los rescaten, los llevarán al hospital y del hospital a casa".
Pero, de nuevo ese destino...
25 de septiembre de 2006
Te quiero si he bebido: Empar Moliner (1)
El otoño ha llegado y con él las tardes de lluvia. Ayer hacía un poco de calor y me puse a leer en el balcón de casa mientras escuchaba caer la lluvia. Me gusta la lluvia. Tomé un libro que me regaló un querido amigo desde que iniciamos en esto de las bitácoras, Palimp, gracias por el gran regalo de este libro de relatos de Empar Moliner, son cuentos soberbios, narrados con humor (muchas veces negro), sarcasmo e ingenio. Todos guardan la característica de un lenguaje sin tapujos, no hay rodeos para retratar la vida cotidiana, por el contrario, se presenta de forma sencilla y creo que este es uno de sus mayores méritos. Aunque casi siempre la realidad dentro de cada cuento tenga sabor a te amargo.
“Acabamos con las plagas” es un relato estupendo. Una pareja asiste a terapia matrimonial porque no tienen relaciones sexuales desde hace tiempo, son “como hermanos”, dice ella. Pero, “no es que ella quiera volver a tenerlas. Es que quiere que alguien le dé la razón”:
Cuando todavía las teníamos de vez en cuando, a lo mejor cada cuatro o cinco meses, nos enfadábamos mucho más que ahora. A los dos nos daba pereza. Y la noche que se suponía que nos tocaba siempre nos peleábamos antes de ir a dormir, y al final no lo hacíamos. No era a propósito. Nos gritábamos delante del niño. Ella es muy grosera cuando se enfada. En seguida dice “no me sale del coño” y cosas así.
En la empresa, “para reforzar el mes de agosto”, contratan a una recepcionista eventual, Dolors, y a nuestro protagonista le “entra obsesión sexual” por la joven:
El día que hace catorce que me follo a Dolors, estoy en casa desayunando café soluble y pienso, bastante ilusionado, que me ha dicho que por la noche quiere ir a un bingo “a gastar”. Creo que quiere ir a un bingo para que yo la vea arreglada: con medias y tacones. De repente, el corazón me da un vuelco. Descubro dos ratas en la terraza.
Es famosa la frase de José Vasconcelos “jalan más dos tetas que dos carretas”, pero en este caso no es así, Dolors pasa a segundo término y simplemente es una aventura de vacaciones. Pero al mismo tiempo, el día a día parece que va acabando con el asombro, la pasión, lo nuevo de vivir en pareja, y en su lugar se impone el tener que ir a terapia matrimonial... Al menos esto sucede para los personajes de "Acabamos con las plagas".
22 de septiembre de 2006
Hambre: Knut Hamsun
En el epílogo se comenta que Hambre, de Knut Hamsun, se considera la primera novela moderna de la literatura escandinava. Lo que yo puedo decir es que me ha parecido extraordinaria, es la primera vez que leo a Knut Hamsun (recibe el Premio Nobel en 1920) y quiero leer toda su obra, al menos la que esté traducida.
La historia inicia con el recuerdo del protagonista de una época en la que vagaba por la ciudad de Christiania pasando hambre. Un tiempo en el que no tenía trabajo ni estufa en su habitación, por eso se acostaba sobre sus calcetines "por las noches para que estuvieran un poco secos por la mañana". Todo le iba cuesta abajo, no le quedaba ni siquiera "un peine o un libro que leer cuando todo se volvía demasiado triste". Él escribía artículos para los periódicos y cuando tenía suerte podía "llegar a cobrar hasta cinco coronas por el trabajo de una tarde". Era un ser humano que se había olvidado qué aspecto tenía la felicidad.
Una mañana sale a pasear y empeña su chaleco para darle dinero a un minusválido que se encuentra en la calle y lo que le queda lo usa para comer hasta quedar bastante satisfecho. Quería escribir pero se da cuenta de que olvidó su lápiz en el chaleco y regresa por él porque no era un lápiz cualquiera, era un lápiz, le dice al hombre del mostrador, con el que había escrito su "tratado filosófico en tres volúmenes". Ya con el lápiz en la mano intenta escribir pero "después de un par de líneas" ya no se le ocurre más, sus pensamientos están lejanos, todo lo distrae.
No puede escribir nada, así que decide regresar a su pequeña habitación para encontrarse con la noticia de que tiene que salirse porque no ha pagado el alquiler. Al día siguiente amanece inspirado y escribe un esbozo que lleva al periódico sintiéndose ilusionado de que por fin las cosas iban a cambiar. Llegada la noche vaga por las calles buscando adonde dormir, con su manta bajo el brazo y "helado de frío, hambriendo y cada vez de peor humor". Se dirige hacia las afueras de la ciudad y:
Una vez allí me aparté del camino y me senté a descansar. Luego busqué un sitio adecuado, recogí un poco de brezo y enebro, hice un catre en una ladera en donde el suelo estaba bastante seco, abrí el paquete y saqué la colcha. La larga caminata me había dejado agotado y me fui a la cama inmediatamente. Di muchas vueltas hasta que por fin conseguí acomodarme. Me quité los zapatos, los coloqué bajo mi cabeza y sobre ellos puse el papel que envolvía mi paquete. La oscuridad me encubría; todo estaba silencioso, todo. Pero arriba en las colinas soplaba la eterna canción, el tiempo, ese distante zumbido sin tono que nunca se calla (...); eran las sinfonías de los mundos girando por encima de mí, las estrellas entonando una canción...
Del personaje nunca sabemos su nombre, acaso tenemos conocimiento de que es forastero y de que a pesar de vivir en una gran ciudad está completamente solo, posee su escritura, sí, pero hasta ella a veces no es bien recibida:
La última crisis había hecho mella en mí; se me empezó a caer el pelo a grandes mechones, los dolores de cabeza eran más molestos que antes, sobre todo por las mañanas, y mis nervios no se calmaban. Por el día escribía con las manos envueltas en trapos, porque no soportaba mi propio aliento sobre ellas.
Se cuenta en el libro que cuando Hamsun "estaba a punto de ser juzgado de traición a la patria por su calurosa defensa del régimen nazi que durante cinco años tuvo que sufrir Noruega, contestó de la siguiente manera por escrito a las preguntas formuladas por el psiquiatra nombrado por el fiscal del Estado: 'Yo nunca me he analizado a mí mismo más que forjando en mis libros varios cientos de personajes, cada uno en particular tejido a partir de mi propio ser, con sus defectos y sus cualidades, como tienen todos los seres inventados' ".
18 de septiembre de 2006
La escritura más antigua de América
(Imágenes de la revista Science que muestran el Bloque de Cascajal, y al lado un dibujo de los símbolos identificados ahí. Dibujo epigráfico de los signos del Bloque de Cascajal. AP Photo/Science)"Es una piedra que reúne, en un solo bloque, iconos y símbolos que aparecen como decoración en otras piezas de arte olmeca", explicó el arqueólogo Ponciano Ortiz, del Instituto de Antropología de la Universidad Veracruzana. Los olmecas florecieron entre el 1200 y el 400 a.C., antes que lo hicieran otras grandes civilizaciones americanas, como las de los mayas y los aztecas.
"Significa nada menos que los olmecas tenían literatura, que eran capaces de comunicar su cultura a las generaciones futuras, que eran, en suma, una civilización mucho más compleja y rica de lo que imaginábamos", dijo el antropólogo Stephen D. Houston, de la Brown University. No se por qué le sorprende tanto al antropólogo que hayan tenido literatura, para deducirlo bastaría con ver el Calendario azteca y su significado o saber que el uso del cero fue descubrimiento de los mayas, para deducir de lo que eran capaces.
Enhorabuena por este descubrimiento tan importante.
14 de septiembre de 2006
Diario amoroso: Anaïs Nin
La lectura de este libro ha sido muy satisfactoria, es de esos libros que hasta enoja contestar el teléfono porque lo tienes que dejar a un lado mientras tanto. Existe un pacto de amor entre la escritora y su creación, planas escritas día a día desde 1914:
Cuenta la leyenda que la aventura de los Diarios se inició en el vapor Montserrat, en un largo viaje Barcelona-Nueva York, cuando Anaïs sólo tenía once años. En ese año de 1914 su padre, el compositor cubano-español Joaquín J. Nin y Castellanos abandonó a su mujer Rosa Culmell, quien con sus tres hijos decidió cruzar el Atlántico mientras su pequeña hija escribía una carta para contar a su padre los detalles del viaje, con la esperanza de que la separación fuese momentánea. Sin embargo, Anaïs volvió a ver a su padre hasta el verano de 1933. Aquí empieza la redacción de esas quince mil páginas, publicadas parcialmente en 1966. Un hecho feliz para la difusión de esta obra fue que en 1988 Emecé publicó completo el diario de 1931 a octubre de 1932, bajo el título Henry Miller, su mujer y yo; en mayo de 1996 apareció Incesto. Diario no expurgado 1932-1934; naturalmente, para estas fechas Hugh Guiler y casi todos los protagonistas de este documento habían muerto (Anaïs Nin a diario).
Vuelvo a casa y me maravillo de mi amor intenso por Henry, por su boca, sus dedos, sus venas, su cuello, su blanco estómago, su pene, cada parte de su cuerpo. No hay momento de frialdad o retracción, nunca. Me fundo en mi interior. Todo lo demás es sueño, fantasía, juego, incluído el modelo, el rígido y fatal modelo que me empuja a vengarme de todos los hombres, excepto de Henry y Hugh, como la puta que solo ama a un hombre y, fríamente, sin escrúpulos, le saca el dinero a los demás.
En cada renglón percibimos esa sinceridad con la que puebla cada palabra, cada sensación, cada situación que percibe, que imagina, que vive y, además, celebra:
14 de mayo de 1933
Henry y yo estábamos profundamente dormidos esta mañana cuando oímos la campanilla de la puerta. Fue Henry quien tuvo miedo, inmediatamente alertado por una extraña intuición. Iba a decirle, como otras veces, que no se preocupara, que debía ser el panadero o el lechero. Pero, de pronto, oí la voz de Hugo que hablaba con Emilia. Se acercaba rápidamente. Henry saltó de la cama y recogió su ropa. Eché a correr para encontrarme con Hugo en la escalera, para detenerlo, para que Henry tuviera tiempo de llegar al cuarto de los invitados. La curva de la escalera nos salvó. En mitad de ella me encontré con Hugo. Lo besé, tratando de ganar tiempo. Dos escalones más y habría visto a Henry. Luego subimos. Pero Hugo había visto el sombrero y el abrigo de Henry en el vestíbulo. Una mirada de sospecha y una expresión de profundo disgusto aparecieron en su cara. Nunca le había visto aquella mirada, de conocimiento absoluto.
-¿Quién está aquí, Henry? -preguntó
-Henry vino a verme ayer, y como era la noche libre de Emilia, tuve miedo.
Por eso se quedó, porque tenía miedo.
Y entonces me fui otra vez a la cama, temblando, y empecé a hablar sin parar (...)
-Me pareció oír que Henry salía corriendo de tu habitación -dijo Hugo.
-¡Qué imaginación tienes! ¿Crees que si te engañara, lo haría de una manera tan descarada?
Necesitaba creerme, pobre Hugo. Buscaba consuelo, apoyo, protección, seguridad, porque estaba cansado y preocupado por asuntos de dinero. Le di mi ternura. Calmé sus miedos, sus dudas, sus celos. Se fue al trabajo casi contento. Y entonces me fui a la habitación de Henry.
"No tengo miedo de nada", fueron las últimas palabras de Anaïs Nin.
Estoy de acuerdo con Guadalupe Ángeles cuando afirma, en Anaïs Nin a diario, que "Anaïs Nin es el recordatorio constante de que las emociones embellecen la vida, de que si se emprende la búsqueda del significado de cada acto de nuestra vida, con el paso del tiempo saldremos enriquecidos”.
12 de septiembre de 2006
"El humo de las musas"
Jesús Marchamalo
Suplemento cultural ABCD
9.9.06
Los asistentes acabaron otorgando a Onetti el cargo de presidente en el exilio dada su pertinaz resistencia a participar en los actos organizados. Corría el año 1979, y en Las Palmas se celebraba el Congreso de Escritores en Lengua Española que Juan Carlos Onetti, como se ha dicho, presidía. Solía esperar a que empezaran las sesiones para escurrirse al bar con su amigo Juan Rulfo, para conversar. Allí los sorprendió una tarde, a la hora de la siesta, Nélida Piñon, sentados uno frente al otro y cruzando entre sí apenas un puñado de monosílabos:
Entonces, Juan, ¿no hay Cordillera? -preguntaba Onetti.El cruce de preguntas y respuestas se prolongaba durante gran parte de la tarde según los interlocutores, ambos fumadores empedernidos, encendían un cigarrillo tras otro, llenaban de colillas los ceniceros, y expulsaban densas nubes de humo que les obligaban a entrecerrar los ojos.
No, Juan, no hay Cordillera -respondía Rulfo.
¿Escribes? -añadía el primero.
-Nada -culminaba el otro.
Onetti siempre contó que había comenzado a escribir por causa del tabaco. A principio de los años 30, recién casado, se trasladó a Buenos Aires, donde estaba prohibida la venta de cigarrillos durante el fin de semana, de modo que los fumadores acopiaban los viernes tabaco para tres días. A él se le olvidó comprar y la desesperación se tradujo en un cuento de apenas cuarenta páginas que escribió en una tarde, sentado ante la máquina de escribir para desahogarse. Era la primera versión de El pozo, que se publicaría nueve años después. Fue lo único en su vida que escribió sin fumar.
Novelas imprescindibles. «Es innegable la relación del tabaco con la literatura», opina J. J. Armas Marcelo. «Al socaire del humo fueron escritas Juntacadáveres, Pedro Páramo, El coronel no tiene quien le escriba y otras muchas novelas imprescindibles. Igual que el cine: cine y literatura, de hecho, están llenos de tabaco. ¿Qué cine?, preguntan algunos; pues el Cine, claro. ¿Qué literatura?; pues la Literatura».
Fumaba el ancho Chesterton; fumaba el delgado Kipling, de quien se conserva una foto en la que sostiene el cigarro en la mano izquierda y la pluma en la derecha; fumaba Barrie, el creador de Peter Pan, que tenía la costumbre de poner nombres a sus pipas: Sirena, Rómulo, Remo... Fumaba Dumas padre e incluso su inmortal Montecristo dio nombre a un puro; fumaba, y mucho, Conrad, y en buena parte de sus libros aparecen manchas de ceniza o quemaduras. Y fumaba Henry James, quien confesaba acudir al tabaco cada vez que le fallaba la inspiración.
El tabaco es uno de los grandes iconos de la literatura contemporánea, y muchos escritores han construido parte de su imagen literaria en torno al humo: es difícil imaginar a Henry Miller, Albert Camus, Ernest Hemingway o Guillermo Cabrera Infante sin un cigarro entre los dedos.
«No creo que exista una literatura del humo, una literatura de fumadores». El escritor y editor Manuel Rodríguez Rivero llegó a comprar ?y casi fumar? cuatro paquetes diarios de tabaco. «Pero sí es cierto que hay libros inexplicables si no se considera el aspecto de fumador del autor. Pienso, por ejemplo, en La conciencia de Zeno, de Italo Svevo, construido en torno al tabaco. Y hay escritores a los que, leyendo, asocias inmediatamente con el humo: a Faulkner siempre lo imagino fumando en pipa; a Sartre, con uno de sus inevitables gitanes».
Dos paquetes diarios. De Onetti se conservan decenas de fotografías en las que aparece fumando. Fumaba casi dos paquetes diarios de tabaco rubio, y tenía la manía enfermiza de vaciar los ceniceros constantemente, porque no soportaba verse rodeado de ceniza. «Juan no podría viajar en avión ahora porque fumaba toda la noche», afirma su viuda, Dolly Onetti. «En realidad, se pasaba muchas noches despierto y fumando porque era insomne, de modo que leía y fumaba, escribía y fumaba. Incluso comiendo fumaba entre el primer y el segundo plato. Recuerdo que al final, cuando estaba ya muy mal y no tenía casi fuerzas, prendía un cigarrillo y lo veía echar humo: "Tú no sabes lo que es un vicio", me decía». Cuando murió Onetti, una de sus nietas repartió gran parte de sus mecheros ?tenía la casa repleta de ellos? entre los familiares y amigos que acudieron a dar el pésame.
Javier Marías es otro de estos fumadores irreductibles. Amante declarado de la cultura del humo, y de la tradición de los objetos de fumador: mecheros, cerillas y pitilleras, como la que adquirió en una subasta, que había pertenecido al actor Robert Donat y que tiene sus iniciales. En muchas de sus novelas aparecen referencias y comentarios relativos al tabaco, y muchos de sus personajes fuman sin parar. «En Tu rostro mañana –afirma- hay un personaje que hace comentarios sobre una marca rara de tabaco; fuma unos cigarrillos, Ramses II, que yo mismo compro algunas veces. Me gusta, de vez en cuando, fumar cigarrillos exóticos; hay otro tabaco que también sale en alguna de mis novelas, el Karelias, y en mi cuento «Sangre de lanza» aparecen unos cigarros indonesios, Gudang Garam, que tienen un peculiar sabor a clavo. Estoy acostumbrado a trabajar con un cigarrillo encendido; luego no fumo tanto porque es difícil escribir y fumar al tiempo, pero no sé trabajar sin humo».
AQUÍ completo.
8 de septiembre de 2006
Erotikón (3): Rabelais
-Sería muy útil a toda la república, agradable para vos, honrado para vuestro linaje y necesario para mí, que yo os cubriese y embarazase. Podéis creerlo puesto que la experiencia os lo va a demostrar.
Ya no consigo cagar ni mear. ¿Lo comprendéis? Si me ocurriese algún mal, ¿qué ibais a pensar?
Moraleja: No hay que asistir a las fiestas de Corpus Christi si se ha rechazado a un joven parisino que ha adquirido tan gran reputación entre solteras y casadas.Los perros la seguían y ella se escondió mientras reían las camareras. Pero incluso cuando ya se había ocultado, llegaron hasta su casa perros desde media legua a la redonda y tanto se mearon ante la puerta que formaron un arroyo por el que hubieran podido navegar barcas. Y ese arroyo es el que ahora pasa por Saint-Victor y del cual Gobelin ha sacado su color escarlata a causa de sus virtudes de la orina de los perros, según ha declaradfo el maestro Doribus. Incluso hubiera podido montarse un molino junto al riachuelo, aunque no tan grande como los de Bazacle, en Toulouse.
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Lobo Antunes ha sido galardonado con el premio literario José Donoso 2006. Enhorabuena.
6 de septiembre de 2006
Erotikón (2): Guy de Maupassant
Georgen Kervelen era un chico rebelde que de inicio no acepta las reglas que su casera impone a sus huéspedes, la amenaza de acusarla ante las autoridades sino lo dejaba retirarse a dormir a la hora que él considerara pertinente ya que, según decía, tenía derecho a hacer lo que quisiera con respecto a qué hora iría a descansar. Madame Kergaran cede dándole las llaves de la casa no sin antes pedirle no se lo dijera a los demás, para no provocar problemas. La energía del chico le causa buena impresión a la patrona y desde ese día lo trata con "innegable preferencia":
Me demostraba algunas atenciones, pequeños cuidados y cierta delicadeza junto con una brusca ternura que no me desagradaban en absoluto. A veces, en momentos de euforia, la besaba por sorpresa en busca del fuerte bofetón que me propinaba. Cuando conseguía besarla en la cara, su mano me pasaba por encima de la cabeza con la rapidez de una bala y yo me reía como un loco, mientras huía al tiempo que ella gritaba: '¡Ah, sin vergüenza! ¡Ya te devolveré eso!' Nos habíamos convertido en buenos amigos.
Antes de ello, va a una cervecería y se toma unas copas "para darse ánimos", estaba nervioso y procupado porque algo pudiera salir mal. Llegan, pues, a rue des Saints-Péres, se acercan a la casa "con esa aprensión con la que vamos al dentista", todo estaba apagado, ya dormíam los huéspedes y la patrona. Empiezan a subir las escaleras y al pasar por la habitación de Madame Kergaran, el corazón del chico late precipitadamente. Por fin llegan a su buhardilla en el quinto piso:
El té, preparado sobre una lámpara de alcohol, lo bebimos en un ángulo de la cómoda. Luego, comencé a presionar cada vez con más insistencia y, poco a poco, como un juego, le fui quitando a mi amiga, una a una, todas sus ropas; ella cedía sin dejar de resistirse, ruborizada, retrasando siempre el instante fatal y encantador.
En mi casa no quiero golfas, monsieur Kervelen. Yo balbucí: -Pero madame Kergaran, la señorita es amiga mía. Ha venido a tomarse una taza de té. La otra replicó: -Para tomar una taza de té nadie se quita la camisa. Ayude usted a la señorita a vestirse y sáquela de aquí inmediatamente.
La patrona ¿lo correrá de su casa? ¿intentará comprender la situación? ¿avisará a sus padres? ¿se da cuenta de la mirada libidinosa del chico? Un relato estupendo.
5 de septiembre de 2006
Erotikón (1): Paul de Kock
Es una estupenda Antología, se disfruta cada cuento. Ofrece relatos de Rebelais, Chaucer, Cervantes, Paul de Kock, Balzac, Maupassant, anónimos hindúes y árabes, vale mucho la pena leerlo, además trae unos estupendos epigramas.
En “Las enaguas encantadas”, de Paul de Kock, se cuenta que un señor feudal, de nombre Richardini (“viejo, imbécil, feo, gotoso y gruñón”, pero muy rico), le compró a Satanás unas maravillosas enaguas, esta prenda tenía especiales características, “cuando un marido se las ponía a su mujer, era inútil que ésta intentara quitárselas; tan sólo el esposo podía hacerlo, empleando una palabra mágica”, pero además:
Cuando una mujer que las tuviese puestas le había sido infiel al marido, en el instante en que su amante aparecía, le denunciaban las enaguas, pues le comunicaban malestar, un fuego, una picazón que la obligaban a dejar su asiento para echar a correr mientras brincaba y saltaba. Y lo más curioso es que al amante le producía efecto igual.Así es que Richardini, temiendo que su “vivaracha y alegre” esposa, Isela, lo engañara, le puso el mismo día de la boda las enaguas diciéndole: “-No te las quites jamás, querida mía, pues este talismán conserva la belleza”. Y así lo hizo Isela, hasta que un año después llega al castillo un primo suyo para hospedarse con ellos. El tal primo parecía “tímido, modesto, poca cosa, pero, nos dice el narrador, ¿quién puede fiarse de las apariencias? El mundo es un valle de perfidias”.
En cuanto apareció el primo ante Isela, las enaguas hicieron lo suyo, así que la chica sintió una picazón que la hacía saltar “mientras hacía locuras con su primito”. Richardini, ni tardo ni perezoso toma las medidas pertinentes: avisa a su amigo el corsario para que se lleve a su mujer y se la venda al Gran Turco. Después de seis meses de estar solo y aburrido, decide nuevamente tener pareja, y elige a una jovencita de dieciséis años, Inés: “Era ingenua, amable, sencilla, hablaba poco y siempre tenía la vista baja; era, en fin, una especie de estatua que constantemente permanecía en pie ante su marido y ni siquiera decía sí o no”. Le puso las enaguas sin que la adolescente se resistiera, prometiendo que jamás se las quitaría.
Todo iba muy bien, pero a los seis meses las enaguas volvieron a “reaccionar” y así, “cierta mañana nuestra bella comenzó a bailar en presencia de un joven y apuesto trovador que le enseñaba a cantar canciones tiernas y amorosas y a tañer el laud”. Richardini vuelve a llamar al corsario y envía a su esposa al Gran señor de Turquía, a modo de regalo, jurando a Dios y su alma que continuaría casándose hasta hallar una mujer fiel. Así que tiempo después se vuelve a casar, esta vez con una mojigata: “Su virtud se alarmaba a la más ligera palabra, no toleraba bromas y nadie vio jamás que sus labios se animaran con una sonrisa”. A nuestro protagonista le cuesta mucho trabajo que se ponga las enaguas pues su pudor se lastimaba, pero por fin lo logra. Una semana después Richardini tiene que salir de viaje y podrán imaginar qué sucede, con todo, las enaguas puestas en la casta y severa esposa muestran lo que ésta ha sido capaz de hacer. Y Richardini hace lo mismo, la envia con el corsario al Gran Turco (que estaba feliz por los regalos).
Esta conducta de Richardini trascendió fronteras y ya ninguna mujer quería casarse con él, le huían. Hasta que un día, aburrido de soledad, “renegaba de su abandono y del miedo que a las mujeres inspiraba, se le presentó una sin buscarla”, era una aldeanita de “pies pequeños, sencilla y tan modesta como hermosa”, se llamaba Jeannette, y era hija de su jardinero. Richardini le pide se case con él, ella acepta, sí, pero:
Aquella amable niña, bajo su apariencia de sencillez, y de sus modestas ropas, ocultaba el ingenio y la astucia de un diablillo. Hacía mucho tiempo que vivía en el castillo del viejo celoso, al que espiaba continuamente sin que él la viese. Nada escapa a la perspicacia de una mujer astuta, por lo que, al ver los efectos de las enaguas, Jeannette se dijo: "Debo vengar mi sexo, maltratado por el diablo y vendido al Gran Turco por este viejo orangután".Y entonces sucede qué…
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Carlos Monsiváis gana uno de los galardones más prestigiosos de las letras hispanoamericanas: el "Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo". La Feria internacional del libro en Guadalajara, que inicia el 25 de noviembre, tiene en esta ocasión como invitada de honor a Andalucía: FIL
3 de septiembre de 2006
Soldados de Salamina: David Trueba
El fusilamiento de cincuenta prisioneros que tiene lugar en un claro del bosque es una escena estremecedora, no encuentro más palabras para definirla. Desconozco mucho de los personajes, en especial de Rafael Sánchez Mazas, un personaje que puede huir de esta matanza, así que prefiero no ahondar. Por último, sólo quiero comentar que el personaje de Miralles es conmovedor, pero complejo, y para interpretarlo mejor se debe de conocer el contexto histórico.
Una película que me gustó, me hizo pensar en muchas cosas, y reiteró mi rechazo absoluto a todo poder venga de donde venga.
2 de septiembre de 2006
Lo bello y lo triste: Kawabata
Lo bello y lo triste ha sido una novela que me agradó, sí, pero para mi gusto no se compara a Mil grullas o a La casa de las bellas durmientes. Los personajes de Lo bello y lo triste me parecieron un tanto insulsos, pueriles. Oki Taichiro es el hijo de Oki Toshio, un escritor de gran prestigio y de Oki Fumiko, una persona que se entera de las infidelidades del su esposo y las pasa de largo (aunque se lo recrimina constantemente al escritor) a pesar de ser muy celosa, sobre todo de Ueno Otoko, una mujer de la que Oki Toshio se enamora, ella tiene sólo dieciséis años cuando todo esto sucede. Tiene una hija con ella pero la niña muere, situación que casi vuelve loca a Otoko. Oki la abandona puesto que es casado (y mucho mayor que ella). Al pasar los años Otoko se cambia de ciudad y se convierte en una célebre pintora. Oki Toshio escribe una novela titulada Una chica de dieciséis en la que cuenta su romance con Otoko, un relato que le da mucha fama.
Otro personaje es Sakami Keiko, una estudiante de pintura que vive con Otoko a quien admira mucho. Es una chica de veinte años que posee una belleza deslumbrante. Según expresa, quiere vengar a Otoko y por este motivo seduce tanto a Oki Toshio como a Oki Taichiro, circunstancia que genera una tragedia.
Tiene descripciones eróticas bonitas, pero no cautivadoras. Por ejemplo, se describe con morosidad como el pezón derecho de Keiko es sólo para que lo acaricie el padre y el izquierdo para el hijo, ella no se deja tocar el derecho por el hijo ni el izquierdo por el padre. De igual forma, no se si sea la traducción, dice cosas que me parece dificil vengan de Kawabata, al menos del Kawabata de Mil grullas o de La casa de las bellas durmientes, por ejemplo: "-El hombre es la medicina que da vida a la mujer! Todas las mujeres tienen que consumirla -¿Aun cuando se trate de veneno? -Aun así".
Las referencias al arte son excelentes, así como las descripciones de los paisajes y a las tradiciones japonesas. Al terminar de leerla me quedé pensando en que tal vez el tema de la novela no es la historia de amor que se narra, sino dejar claro la relación del arte con la vida.