28 de septiembre de 2006

Narrativas 3

Ya está en línea el número tres de Narrativas. El índice es el siguiente:

Ensayos:

1. “Imágenes de Vanya” de Juan García Ponce, Magda Díaz y Morales.

2. "Reconocimiento de las causas del malentendido y representación de los sujetos en el texto", Ángel Díaz.

Relatos:

"La amante de Hamlet", José María Latorre

"Serafín", Adriana Serlik

"La Rebeca azul", Carmen Fernández Etreros

"De la tragicómica historia de cómo Tote pierde el tiempo", Emilio, Jio, Gil

"Sueño con mariposas", Jorge Gómez Jiménez

"El beso de la luna", Pablo Lores Kanto

"¿Quién eres?", Julio Salinas Lombard

"Los últimos días de la poesía", Mauricio Salvador

"Mercado de caricias", Luis Martínez

"A la espera de Carlomagno", Nacho Mondaca

"Conductor", Rolando Revagliatti

"Espejos", Salvador Alario

"Tabahíta, no podía ser de otra manera", Felipe Londoño

"Breves lecciones de lepidopterología", Efrén Ortiz Domínguez

"Monólogo del vencido", Víctor Coral

"Discontinuidad en el vacío", Hernán Tenorio

"El autobús", Luisa Miñana

"Peregrina", Moisés Sandoval

"Caballitos del diablo", Ángel Olgoso

"La vida criminal de Adolfo Mirabén", Antón Castro

Narradores:

Este espacio está dedicado en esta ocasión a la narradora, ensayista y poeta, Cristina Rivera Garza

Relato: "La vida, extraviada"
Entrevista
Resumen de su trayectoria

Reseñas:

El erotismo perverso de Juan García Ponce. Lenguaje y silencio de Magda Díaz y Morales, José Luis Martínez Suárez

Pan de oro de Luisa Miñana, Carlos Manzano

Cuentos de Malá Strana de Jan Neruda, Emiliano Molina

Cuentos completos de Flannery O'Connor, Miguel Ángel Muñoz

Tiras insulsas

Guión de Emilio, Jio, Gil y dibujo de Daniframe

Novedades editoriales
Noticias

26 de septiembre de 2006

Te quiero si he bebido: Empar Moliner (2)

Los psicólogos, las dificultades de vivir en pareja, la monotonía de lo cotidiano, el amor y la pasión transformados al pasar el tiempo, cruzan los trece cuentos de Te quiero si he bebido, un título o paratexto que, además, me parece excelente. Desde este título es posible identificar el conjunto de oposiciones semánticas que se hallan concertadas en el cuerpo del discurso, es un marcador de lectura que permite, como elemento funcional de la significación, ese intercambio entre autor y lector implícitos. Conocí un profesor que siempre que le gustaba una persona antes que nada la invitaba a tomar una copa, después, segun él, "todo venía solo". En mi interpretación, "te quiero si he bebido" se dirige precisamente a esto: si he bebido (y no sólo vino, también si se tienen momentos de confusión por cualquier circunstancia) todo es de otra manera, aunque al día siguiente la realidad se imponga.

En "La interpretación de los sueños" el bibliotecario Plácido conoce a su novio a través de un anuncio de contactos:

Ese día no había bebido y, a pesar de eso, le pareció el hombre más guapo de la tierra. Empezaron a salir juntos. Pero la relación hace ya seis meses que dura y, en todo este tiempo, el bibliotecario Plácido se ha peleado más que en toda su vida. Se pelean constantemente, por cualquier motivo. Rompiendo platos y no rompiéndolos. De manera civilizada y de manera salvaje. Despertando a los vecinos y no despertándolos. A su novio le gusta más pelearse que el sexo, que la comida, que navegar por internet y hasta que enseñar las fotografías de cuando todavía no era calvo.

El aquí y el ahora de la narración se inicia cuando la pareja ha salido a cenar para festejar que han vuelto a hablarse tras la última pelea. El bibliotecario Plácido procede con gran cautela, sabe que su novio "tiene una gran capacidad para enlazar peleas con otras peleas, y con otras", prefiere decirle a todo que sí o guardar silencio. Pero no hay solución, diga lo que diga, haga lo que haga, el novio jamás se conforma, de una conversación puede irse al pasado y recordar algo que le molestó y de ahí discutir por algo remoto que no viene al caso, o hasta por cualquier cosa aunque no haya sucedido pero puede acontecer, como lo que ha soñado: "-He soñado que te pillaba en la cama con otro hombre". El bibliotecario Plácido sabe que conteste lo que conteste, "de aquí a diez minutos se estarán peleando":

-¿Sabes lo que te digo? Que no hace falta que me contestes -decide el novio, riendo. Pero se ríe de la manera en que se ríe cuando ya está ofendido (...). Incluso en mis sueños reproduces los roles heteros. No es sólo que tengas la casa decorada como hetero, es que eres mucho más hetero de lo que tu mismo crees. -Yo no reproduzco los roles heteros -se defiende. Y no tengo la casa decorada como hetero. -Una cocina con visillos estampados con frutitas partidas por la mitad ¿no es hetero? Darme una compensación económica después de engañarme ¿no es reproducir los roles heteros?

Y siguen intercambiando comentarios, dando vueltas al mismo asunto y que no reproduzco porque sería muy largo, pero insisten en decir frases tan duras como lo de "Darme una compensación económica después de engañarme ¿no es reproducir los roles heteros?".

De pronto, el destino que todo lo mueve o al menos lo intenta, la pareja queda sepultada en los escombros porque un terremoto se presenta, el bibliotecario Plácido sonríe: "Se ha ahorrado la pelea. Ni puede creer que tenga tanta suerte. Cuando los rescaten, los llevarán al hospital y del hospital a casa".

Pero, de nuevo ese destino...

25 de septiembre de 2006

Te quiero si he bebido: Empar Moliner (1)

Empar Moliner, Te quiero si he bebido (Barcelona: Acantilado, 2004)

El otoño ha llegado y con él las tardes de lluvia. Ayer hacía un poco de calor y me puse a leer en el balcón de casa mientras escuchaba caer la lluvia. Me gusta la lluvia. Tomé un libro que me regaló un querido amigo desde que iniciamos en esto de las bitácoras, Palimp, gracias por el gran regalo de este libro de relatos de Empar Moliner, son cuentos soberbios, narrados con humor (muchas veces negro), sarcasmo e ingenio. Todos guardan la característica de un lenguaje sin tapujos, no hay rodeos para retratar la vida cotidiana, por el contrario, se presenta de forma sencilla y creo que este es uno de sus mayores méritos. Aunque casi siempre la realidad dentro de cada cuento tenga sabor a te amargo.

“Acabamos con las plagas” es un relato estupendo. Una pareja asiste a terapia matrimonial porque no tienen relaciones sexuales desde hace tiempo, son “como hermanos”, dice ella. Pero, “no es que ella quiera volver a tenerlas. Es que quiere que alguien le dé la razón”:

Cuando todavía las teníamos de vez en cuando, a lo mejor cada cuatro o cinco meses, nos enfadábamos mucho más que ahora. A los dos nos daba pereza. Y la noche que se suponía que nos tocaba siempre nos peleábamos antes de ir a dormir, y al final no lo hacíamos. No era a propósito. Nos gritábamos delante del niño. Ella es muy grosera cuando se enfada. En seguida dice “no me sale del coño” y cosas así.

Llegan con la terapeuta y le exponen lo que les pasa. Un mismo acontecimiento conlleva para cada uno diferente visión, ella tiene todo más presente, él toma la vida con menos aprehensión. La psicóloga les encarga de tarea hacer una lista de los defectos y las virtudes que crean tener cada uno y llevársela en la siguiente visita. Así llegan las vacaciones y como él es directivo tiene derecho a elegir fecha. Se decide por septiembre, miente: “Barcelona está vacía y mi mujer también se las dan en septiembre. A ella, en cambio, lo que le digo es que nos lo hemos echado a suertes (…). Le pido, por favor, que vaya a un apartamento con el niño, que al niño le conviene la playa”.

En la empresa, “para reforzar el mes de agosto”, contratan a una recepcionista eventual, Dolors, y a nuestro protagonista le “entra obsesión sexual” por la joven:

El día que hace catorce que me follo a Dolors, estoy en casa desayunando café soluble y pienso, bastante ilusionado, que me ha dicho que por la noche quiere ir a un bingo “a gastar”. Creo que quiere ir a un bingo para que yo la vea arreglada: con medias y tacones. De repente, el corazón me da un vuelco. Descubro dos ratas en la terraza.

Llama al fumigador y llama a la esposa, para platicarle el acontecimiento. “Por un momento, dice, las ratas nos unen”. A él le entran ganas de abrazarla y de hacerle el amor, y a ella también. Sin embargo cuando ella regresa la cotidianidad hace de las suyas…

Es famosa la frase de José Vasconcelos “jalan más dos tetas que dos carretas”, pero en este caso no es así, Dolors pasa a segundo término y simplemente es una aventura de vacaciones. Pero al mismo tiempo, el día a día parece que va acabando con el asombro, la pasión, lo nuevo de vivir en pareja, y en su lugar se impone el tener que ir a terapia matrimonial... Al menos esto sucede para los personajes de "Acabamos con las plagas".

22 de septiembre de 2006

Hambre: Knut Hamsun

Knut Hamsun, Hambre (Madrid: Ediciones La torre, 1999).

En el epílogo se comenta que Hambre, de Knut Hamsun, se considera la primera novela moderna de la literatura escandinava. Lo que yo puedo decir es que me ha parecido extraordinaria, es la primera vez que leo a Knut Hamsun (recibe el Premio Nobel en 1920) y quiero leer toda su obra, al menos la que esté traducida.

La historia inicia con el recuerdo del protagonista de una época en la que vagaba por la ciudad de Christiania pasando hambre. Un tiempo en el que no tenía trabajo ni estufa en su habitación, por eso se acostaba sobre sus calcetines "por las noches para que estuvieran un poco secos por la mañana". Todo le iba cuesta abajo, no le quedaba ni siquiera "un peine o un libro que leer cuando todo se volvía demasiado triste". Él escribía artículos para los periódicos y cuando tenía suerte podía "llegar a cobrar hasta cinco coronas por el trabajo de una tarde". Era un ser humano que se había olvidado qué aspecto tenía la felicidad.

Una mañana sale a pasear y empeña su chaleco para darle dinero a un minusválido que se encuentra en la calle y lo que le queda lo usa para comer hasta quedar bastante satisfecho. Quería escribir pero se da cuenta de que olvidó su lápiz en el chaleco y regresa por él porque no era un lápiz cualquiera, era un lápiz, le dice al hombre del mostrador, con el que había escrito su "tratado filosófico en tres volúmenes". Ya con el lápiz en la mano intenta escribir pero "después de un par de líneas" ya no se le ocurre más, sus pensamientos están lejanos, todo lo distrae.

No puede escribir nada, así que decide regresar a su pequeña habitación para encontrarse con la noticia de que tiene que salirse porque no ha pagado el alquiler. Al día siguiente amanece inspirado y escribe un esbozo que lleva al periódico sintiéndose ilusionado de que por fin las cosas iban a cambiar. Llegada la noche vaga por las calles buscando adonde dormir, con su manta bajo el brazo y "helado de frío, hambriendo y cada vez de peor humor". Se dirige hacia las afueras de la ciudad y:

Una vez allí me aparté del camino y me senté a descansar. Luego busqué un sitio adecuado, recogí un poco de brezo y enebro, hice un catre en una ladera en donde el suelo estaba bastante seco, abrí el paquete y saqué la colcha. La larga caminata me había dejado agotado y me fui a la cama inmediatamente. Di muchas vueltas hasta que por fin conseguí acomodarme. Me quité los zapatos, los coloqué bajo mi cabeza y sobre ellos puse el papel que envolvía mi paquete. La oscuridad me encubría; todo estaba silencioso, todo. Pero arriba en las colinas soplaba la eterna canción, el tiempo, ese distante zumbido sin tono que nunca se calla (...); eran las sinfonías de los mundos girando por encima de mí, las estrellas entonando una canción...

El narrador personaje se encuentra solo, sin hallar empleo (que busca desesperado), con hambre, sin comprender porque es merecedor de lo que está viviendo, reflexionando sobre el sinsentido de la vida y el no caso de vivir de esa manera. De esta forma, pasa del pesimismo al optimismo, su imaginación es despierta: supone historias, personajes, situaciones, hace conjeturas mientras recorre las calles frías de la ciudad agotado, débil y mirando escaparates adonde hay comida. Desesperado.

Del personaje nunca sabemos su nombre, acaso tenemos conocimiento de que es forastero y de que a pesar de vivir en una gran ciudad está completamente solo, posee su escritura, sí, pero hasta ella a veces no es bien recibida:

La última crisis había hecho mella en mí; se me empezó a caer el pelo a grandes mechones, los dolores de cabeza eran más molestos que antes, sobre todo por las mañanas, y mis nervios no se calmaban. Por el día escribía con las manos envueltas en trapos, porque no soportaba mi propio aliento sobre ellas.

Se cuenta en el libro que cuando Hamsun "estaba a punto de ser juzgado de traición a la patria por su calurosa defensa del régimen nazi que durante cinco años tuvo que sufrir Noruega, contestó de la siguiente manera por escrito a las preguntas formuladas por el psiquiatra nombrado por el fiscal del Estado: 'Yo nunca me he analizado a mí mismo más que forjando en mis libros varios cientos de personajes, cada uno en particular tejido a partir de mi propio ser, con sus defectos y sus cualidades, como tienen todos los seres inventados' ".

18 de septiembre de 2006

La escritura más antigua de América

Mi padre fue un gran lector, cuando éramos niños nos contaba historias. Recuerdo que a través de su voz conocí Los tigres de la Malacia, El corsario negro, En las fronteras del Far-West, Los últimos piratas, casi toda la obra de Emilio Salgari. Todos los viernes por la tarde me sentaba en sus pierna derecha y mis dos hermanos a los lados, y mi madre sentada frente a nosotros. Así pasábamos un par de horas, sin desear que parara de contar. Era gran conocedor de la literatura y de la historia universal y por supuesto de la mexicana, esta última era su favorita y se la sabía toda. Con él aprendí desde muy pequeña la vida de los aztecas, los mayas, los olmecas, los toltecas, de todas las culturas precolombinas, nos las platicaba una y otra vez. Recordarán que un día hablamos sobre la escritura en México (quienes no lo hayan leido y deseen hacerlo dejo aquí la referencia: Escribir era pintar), pues justamente tenía casi seis años cuando lo escuché por primera vez. Pues bien, un equipo de antropólogos de México y de Estados Unidos acaba de dar a conocer la noticia de que en el sur del Estado de Veracruz se ha encontrado una antigua tabla de piedra con la escritura más antigua de América perteneciente a la civilización Olmeca: el Bloque de Cascajal:

(Imágenes de la revista Science que muestran el Bloque de Cascajal, y al lado un dibujo de los símbolos identificados ahí. Dibujo epigráfico de los signos del Bloque de Cascajal. AP Photo/Science)

"Es una piedra que reúne, en un solo bloque, iconos y símbolos que aparecen como decoración en otras piezas de arte olmeca", explicó el arqueólogo Ponciano Ortiz, del Instituto de Antropología de la Universidad Veracruzana. Los olmecas florecieron entre el 1200 y el 400 a.C., antes que lo hicieran otras grandes civilizaciones americanas, como las de los mayas y los aztecas.

"Significa nada menos que los olmecas tenían literatura, que eran capaces de comunicar su cultura a las generaciones futuras, que eran, en suma, una civilización mucho más compleja y rica de lo que imaginábamos", dijo el antropólogo Stephen D. Houston, de la Brown University. No se por qué le sorprende tanto al antropólogo que hayan tenido literatura, para deducirlo bastaría con ver el Calendario azteca y su significado o saber que el uso del cero fue descubrimiento de los mayas, para deducir de lo que eran capaces.

Enhorabuena por este descubrimiento tan importante.

14 de septiembre de 2006

Diario amoroso: Anaïs Nin

Anaïs Nin, Incesto. Diario amoroso (1932-1934) (Madrid: Siruela: 2004).

La lectura de este libro ha sido muy satisfactoria, es de esos libros que hasta enoja contestar el teléfono porque lo tienes que dejar a un lado mientras tanto. Existe un pacto de amor entre la escritora y su creación, planas escritas día a día desde 1914:

Cuenta la leyenda que la aventura de los Diarios se inició en el vapor Montserrat, en un largo viaje Barcelona-Nueva York, cuando Anaïs sólo tenía once años. En ese año de 1914 su padre, el compositor cubano-español Joaquín J. Nin y Castellanos abandonó a su mujer Rosa Culmell, quien con sus tres hijos decidió cruzar el Atlántico mientras su pequeña hija escribía una carta para contar a su padre los detalles del viaje, con la esperanza de que la separación fuese momentánea. Sin embargo, Anaïs volvió a ver a su padre hasta el verano de 1933. Aquí empieza la redacción de esas quince mil páginas, publicadas parcialmente en 1966. Un hecho feliz para la difusión de esta obra fue que en 1988 Emecé publicó completo el diario de 1931 a octubre de 1932, bajo el título Henry Miller, su mujer y yo; en mayo de 1996 apareció Incesto. Diario no expurgado 1932-1934; naturalmente, para estas fechas Hugh Guiler y casi todos los protagonistas de este documento habían muerto (Anaïs Nin a diario).

Cuando en "1932 conoce en París al escritor-amante que había buscado durante tanto tiempo: Henry Miller", de las páginas se desprende otra manera de ver el mundo y de decirlo, de reflexionarlo y desvelar su vida emocional, una existencia de una mujer inteligente, apasionada, artista, escritora, mecenas.

Vuelvo a casa y me maravillo de mi amor intenso por Henry, por su boca, sus dedos, sus venas, su cuello, su blanco estómago, su pene, cada parte de su cuerpo. No hay momento de frialdad o retracción, nunca. Me fundo en mi interior. Todo lo demás es sueño, fantasía, juego, incluído el modelo, el rígido y fatal modelo que me empuja a vengarme de todos los hombres, excepto de Henry y Hugh, como la puta que solo ama a un hombre y, fríamente, sin escrúpulos, le saca el dinero a los demás.

Así como manifiesta lo anterior, puede contarnos, de pronto, que Henry Miller le dijo: "En junio, cuando Hugo se vaya (Hugh Guiler, su esposo), tienes que venir conmigo a La Riviera. Te tomarán por mi amante, seguro. Será delicioso".

En cada renglón percibimos esa sinceridad con la que puebla cada palabra, cada sensación, cada situación que percibe, que imagina, que vive y, además, celebra:

14 de mayo de 1933

Henry y yo estábamos profundamente dormidos esta mañana cuando oímos la campanilla de la puerta. Fue Henry quien tuvo miedo, inmediatamente alertado por una extraña intuición. Iba a decirle, como otras veces, que no se preocupara, que debía ser el panadero o el lechero. Pero, de pronto, oí la voz de Hugo que hablaba con Emilia. Se acercaba rápidamente. Henry saltó de la cama y recogió su ropa. Eché a correr para encontrarme con Hugo en la escalera, para detenerlo, para que Henry tuviera tiempo de llegar al cuarto de los invitados. La curva de la escalera nos salvó. En mitad de ella me encontré con Hugo. Lo besé, tratando de ganar tiempo. Dos escalones más y habría visto a Henry. Luego subimos. Pero Hugo había visto el sombrero y el abrigo de Henry en el vestíbulo. Una mirada de sospecha y una expresión de profundo disgusto aparecieron en su cara. Nunca le había visto aquella mirada, de conocimiento absoluto.
-¿Quién está aquí, Henry? -preguntó
-Henry vino a verme ayer, y como era la noche libre de Emilia, tuve miedo.
Por eso se quedó, porque tenía miedo.
Y entonces me fui otra vez a la cama, temblando, y empecé a hablar sin parar (...)
-Me pareció oír que Henry salía corriendo de tu habitación -dijo Hugo.
-¡Qué imaginación tienes! ¿Crees que si te engañara, lo haría de una manera tan descarada?

Necesitaba creerme, pobre Hugo. Buscaba consuelo, apoyo, protección, seguridad, porque estaba cansado y preocupado por asuntos de dinero. Le di mi ternura. Calmé sus miedos, sus dudas, sus celos. Se fue al trabajo casi contento. Y entonces me fui a la habitación de Henry.

Para todo esto Henry Miller tiene una respuesta: "-Escucha, Anaïs, si las cosas estallan, déjalas que estallen. No trates de remediarlas. No te preocupes por mi".

"No tengo miedo de nada", fueron las últimas palabras de Anaïs Nin.

Estoy de acuerdo con Guadalupe Ángeles cuando afirma, en Anaïs Nin a diario, que "Anaïs Nin es el recordatorio constante de que las emociones embellecen la vida, de que si se emprende la búsqueda del significado de cada acto de nuestra vida, con el paso del tiempo saldremos enriquecidos”.

12 de septiembre de 2006

"El humo de las musas"

"El humo de las musas"
Jesús Marchamalo
Suplemento cultural ABCD
9.9.06

Los asistentes acabaron otorgando a Onetti el cargo de presidente en el exilio dada su pertinaz resistencia a participar en los actos organizados. Corría el año 1979, y en Las Palmas se celebraba el Congreso de Escritores en Lengua Española que Juan Carlos Onetti, como se ha dicho, presidía. Solía esperar a que empezaran las sesiones para escurrirse al bar con su amigo Juan Rulfo, para conversar. Allí los sorprendió una tarde, a la hora de la siesta, Nélida Piñon, sentados uno frente al otro y cruzando entre sí apenas un puñado de monosílabos:

Entonces, Juan, ¿no hay Cordillera? -preguntaba Onetti.
No, Juan, no hay Cordillera -respondía Rulfo.
¿Escribes? -añadía el primero.
-Nada -culminaba el otro.
El cruce de preguntas y respuestas se prolongaba durante gran parte de la tarde según los interlocutores, ambos fumadores empedernidos, encendían un cigarrillo tras otro, llenaban de colillas los ceniceros, y expulsaban densas nubes de humo que les obligaban a entrecerrar los ojos.

Onetti siempre contó que había comenzado a escribir por causa del tabaco. A principio de los años 30, recién casado, se trasladó a Buenos Aires, donde estaba prohibida la venta de cigarrillos durante el fin de semana, de modo que los fumadores acopiaban los viernes tabaco para tres días. A él se le olvidó comprar y la desesperación se tradujo en un cuento de apenas cuarenta páginas que escribió en una tarde, sentado ante la máquina de escribir para desahogarse. Era la primera versión de El pozo, que se publicaría nueve años después. Fue lo único en su vida que escribió sin fumar.

Novelas imprescindibles. «Es innegable la relación del tabaco con la literatura», opina J. J. Armas Marcelo. «Al socaire del humo fueron escritas Juntacadáveres, Pedro Páramo, El coronel no tiene quien le escriba y otras muchas novelas imprescindibles. Igual que el cine: cine y literatura, de hecho, están llenos de tabaco. ¿Qué cine?, preguntan algunos; pues el Cine, claro. ¿Qué literatura?; pues la Literatura».

Fumaba el ancho Chesterton; fumaba el delgado Kipling, de quien se conserva una foto en la que sostiene el cigarro en la mano izquierda y la pluma en la derecha; fumaba Barrie, el creador de Peter Pan, que tenía la costumbre de poner nombres a sus pipas: Sirena, Rómulo, Remo... Fumaba Dumas padre e incluso su inmortal Montecristo dio nombre a un puro; fumaba, y mucho, Conrad, y en buena parte de sus libros aparecen manchas de ceniza o quemaduras. Y fumaba Henry James, quien confesaba acudir al tabaco cada vez que le fallaba la inspiración.

El tabaco es uno de los grandes iconos de la literatura contemporánea, y muchos escritores han construido parte de su imagen literaria en torno al humo: es difícil imaginar a Henry Miller, Albert Camus, Ernest Hemingway o Guillermo Cabrera Infante sin un cigarro entre los dedos.

«No creo que exista una literatura del humo, una literatura de fumadores». El escritor y editor Manuel Rodríguez Rivero llegó a comprar ?y casi fumar? cuatro paquetes diarios de tabaco. «Pero sí es cierto que hay libros inexplicables si no se considera el aspecto de fumador del autor. Pienso, por ejemplo, en La conciencia de Zeno, de Italo Svevo, construido en torno al tabaco. Y hay escritores a los que, leyendo, asocias inmediatamente con el humo: a Faulkner siempre lo imagino fumando en pipa; a Sartre, con uno de sus inevitables gitanes».

Dos paquetes diarios. De Onetti se conservan decenas de fotografías en las que aparece fumando. Fumaba casi dos paquetes diarios de tabaco rubio, y tenía la manía enfermiza de vaciar los ceniceros constantemente, porque no soportaba verse rodeado de ceniza. «Juan no podría viajar en avión ahora porque fumaba toda la noche», afirma su viuda, Dolly Onetti. «En realidad, se pasaba muchas noches despierto y fumando porque era insomne, de modo que leía y fumaba, escribía y fumaba. Incluso comiendo fumaba entre el primer y el segundo plato. Recuerdo que al final, cuando estaba ya muy mal y no tenía casi fuerzas, prendía un cigarrillo y lo veía echar humo: "Tú no sabes lo que es un vicio", me decía». Cuando murió Onetti, una de sus nietas repartió gran parte de sus mecheros ?tenía la casa repleta de ellos? entre los familiares y amigos que acudieron a dar el pésame.

Javier Marías es otro de estos fumadores irreductibles. Amante declarado de la cultura del humo, y de la tradición de los objetos de fumador: mecheros, cerillas y pitilleras, como la que adquirió en una subasta, que había pertenecido al actor Robert Donat y que tiene sus iniciales. En muchas de sus novelas aparecen referencias y comentarios relativos al tabaco, y muchos de sus personajes fuman sin parar. «En Tu rostro mañana –afirma- hay un personaje que hace comentarios sobre una marca rara de tabaco; fuma unos cigarrillos, Ramses II, que yo mismo compro algunas veces. Me gusta, de vez en cuando, fumar cigarrillos exóticos; hay otro tabaco que también sale en alguna de mis novelas, el Karelias, y en mi cuento «Sangre de lanza» aparecen unos cigarros indonesios, Gudang Garam, que tienen un peculiar sabor a clavo. Estoy acostumbrado a trabajar con un cigarrillo encendido; luego no fumo tanto porque es difícil escribir y fumar al tiempo, pero no sé trabajar sin humo».

AQUÍ completo.

8 de septiembre de 2006

Erotikón (3): Rabelais

En "La aventura amorosa de Panurgo", de Francois Rabelais (1483-1553), se nos cuenta que entre la sociedad parisina había un chico que había adquirido gran reputación, Panurgo. El joven "hacía un desmedido uso de la bragueta que se hizo bordar al estilo romano". Era tan agradable que en todas partes era bien acogido, tanto con las solteras como con las casadas, "por lo que se envaneció mucho y decidió montar a una de las principales damas de París":

-Sería muy útil a toda la república, agradable para vos, honrado para vuestro linaje y necesario para mí, que yo os cubriese y embarazase. Podéis creerlo puesto que la experiencia os lo va a demostrar.

La mujer, muy molesta y además casada, le contesta que es un tonto sin gracia y que no sabe cómo no lo envía en ese momento a que le corten las piernas y los brazos. Panurgo le muestra la bragueta y le expresa: "-No iba a oponerme a que me cortasen las piernas y los brazos con tal de que yaciéramos juntos. Pues mirad que llevo aquí una cosa con la que os daría hasta la médula de los huesos". Después de prodigarle varios piropos, que no sirven para nada porque la mujer sigue negándose, Panurgo se va "sin excesivo desconsuelo". Al otro día, el chico va a la misa adonde sabía que la mujer iba todos los días, se arrodilla junto y le dice que está enamorado de ella, tanto que:

Ya no consigo cagar ni mear. ¿Lo comprendéis? Si me ocurriese algún mal, ¿qué ibais a pensar?

La mujer sigue negándose y esto hace enojar a Panurgo quien le grita: "-¿No os quereis dejar hacer? ¡Pues mierda para vos! No merecéis tanto honor como que yo os monte pero voy hacer que os monten los perros". Y dicho y hecho, el joven va a la caza de una perra en celo, la alimenta toda la noche y muy de mañana la mata, "le arrancó aquello que saben los geománticos helenos y, tras convertirlo en cachos tan menudos como le fue posible, los ocultó en sus ropas, marchándose luego a la iglesia" pues era día de Corpus Christi, y ese día las señoras exhiben sus más lujosas prendas. Así que la señora de la historia llega muy ataviada, y Panurgo le ofrece agua bendita saludándola con mucha cortesía. Después de rezar sus oraciones, Panurgo se le acerca y le derrama en sus ropas, sin que ella lo note, el amasijo que llevaba preparado. No habían pasado ni tres minutos cuando todos los perros que había en la iglesia y sus alrededores, de todos tamaños, pesos y razas, se le subieron a la pobre mujer. Llegó un momento que la rodeaban "seiscientos mil catorce perros con intenciones de poseerla". La señora no tuvo más remedio que retirarse a su casa, pero:

Los perros la seguían y ella se escondió mientras reían las camareras. Pero incluso cuando ya se había ocultado, llegaron hasta su casa perros desde media legua a la redonda y tanto se mearon ante la puerta que formaron un arroyo por el que hubieran podido navegar barcas. Y ese arroyo es el que ahora pasa por Saint-Victor y del cual Gobelin ha sacado su color escarlata a causa de sus virtudes de la orina de los perros, según ha declaradfo el maestro Doribus. Incluso hubiera podido montarse un molino junto al riachuelo, aunque no tan grande como los de Bazacle, en Toulouse.

Moraleja: No hay que asistir a las fiestas de Corpus Christi si se ha rechazado a un joven parisino que ha adquirido tan gran reputación entre solteras y casadas.
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Lobo Antunes ha sido galardonado con el premio literario José Donoso 2006. Enhorabuena.

6 de septiembre de 2006

Erotikón (2): Guy de Maupassant

Una noche, enviado por sus padres a estudiar Derecho, llega a París, a la pensión de Madame Kergaran (una mujer de unos cuarenta años) en la rue des Saints-Péres, Georgen Kervelen, el protagonista del relato, un jovencito que se disponía a "vivir lo más alegremente posible".

Georgen Kervelen era un chico rebelde que de inicio no acepta las reglas que su casera impone a sus huéspedes, la amenaza de acusarla ante las autoridades sino lo dejaba retirarse a dormir a la hora que él considerara pertinente ya que, según decía, tenía derecho a hacer lo que quisiera con respecto a qué hora iría a descansar. Madame Kergaran cede dándole las llaves de la casa no sin antes pedirle no se lo dijera a los demás, para no provocar problemas. La energía del chico le causa buena impresión a la patrona y desde ese día lo trata con "innegable preferencia":

Me demostraba algunas atenciones, pequeños cuidados y cierta delicadeza junto con una brusca ternura que no me desagradaban en absoluto. A veces, en momentos de euforia, la besaba por sorpresa en busca del fuerte bofetón que me propinaba. Cuando conseguía besarla en la cara, su mano me pasaba por encima de la cabeza con la rapidez de una bala y yo me reía como un loco, mientras huía al tiempo que ella gritaba: '¡Ah, sin vergüenza! ¡Ya te devolveré eso!' Nos habíamos convertido en buenos amigos.

Un día, Georgen conoce a Emma, una chica empleada en unos almacenes. Como era hija de familia y se negaba a tener relaciones sexuales en un lugar no conveniente para ello, Georgen decide llevarla a la casa adonde vive, "con el pretexto de una taza de té". La patrona se acostaba siempre a las diez de la noche, así que llega con la chica, que se hace del rogar un poco, cerca de las once.

Antes de ello, va a una cervecería y se toma unas copas "para darse ánimos", estaba nervioso y procupado porque algo pudiera salir mal. Llegan, pues, a rue des Saints-Péres, se acercan a la casa "con esa aprensión con la que vamos al dentista", todo estaba apagado, ya dormíam los huéspedes y la patrona. Empiezan a subir las escaleras y al pasar por la habitación de Madame Kergaran, el corazón del chico late precipitadamente. Por fin llegan a su buhardilla en el quinto piso:

El té, preparado sobre una lámpara de alcohol, lo bebimos en un ángulo de la cómoda. Luego, comencé a presionar cada vez con más insistencia y, poco a poco, como un juego, le fui quitando a mi amiga, una a una, todas sus ropas; ella cedía sin dejar de resistirse, ruborizada, retrasando siempre el instante fatal y encantador.

Pero cual no sería su sorpresa: de pronto se abre la puerta y aparece Madame Kergaran, "con una vela en la mano y el mismo atuendo que Emma":

En mi casa no quiero golfas, monsieur Kervelen. Yo balbucí: -Pero madame Kergaran, la señorita es amiga mía. Ha venido a tomarse una taza de té. La otra replicó: -Para tomar una taza de té nadie se quita la camisa. Ayude usted a la señorita a vestirse y sáquela de aquí inmediatamente.

Como no le quedaba otra más que obedecer, Georgen Kervelen ayuda a vestir a Emma mientras la joven lloraba queriendo darse prisa y terminar de una vez por todas con esa escena tan penosa, quería salir corriendo. Y así lo hizo, casi a medio vestir sale de la casa, Georgen va tras ella pero es inútil, la joven le pide que la deje en paz y no la toque. El chico regresa a su habitación pero madame Kergaran lo estaba esperando en el primer piso, adonde se encontraba su dormitorio. Lo hace pasar y le prodiga todo un discuso sobre la moral y las buenas costumbres. Mientras ello acontecía, el joven miraba que la señora y pensaba: "tiene unos senos soberbios, gallardos, firmes, blancos y grandes, quizá un poco en exceso, pero lo bastante tentadores para darme escalofríos en la espalda. Jamás había imaginado, la verdad, que hubiera unas cosas así bajo la ropa de lana de la patrona".

La patrona ¿lo correrá de su casa? ¿intentará comprender la situación? ¿avisará a sus padres? ¿se da cuenta de la mirada libidinosa del chico? Un relato estupendo.

5 de septiembre de 2006

Erotikón (1): Paul de Kock

Erotikón. Antología de cuentos y relatos eróticos (Barcelona: Ediciones 29, 1999).

Es una estupenda Antología, se disfruta cada cuento. Ofrece relatos de Rebelais, Chaucer, Cervantes, Paul de Kock, Balzac, Maupassant, anónimos hindúes y árabes, vale mucho la pena leerlo, además trae unos estupendos epigramas.

En “Las enaguas encantadas”, de Paul de Kock, se cuenta que un señor feudal, de nombre Richardini (“viejo, imbécil, feo, gotoso y gruñón”, pero muy rico), le compró a Satanás unas maravillosas enaguas, esta prenda tenía especiales características, “cuando un marido se las ponía a su mujer, era inútil que ésta intentara quitárselas; tan sólo el esposo podía hacerlo, empleando una palabra mágica”, pero además:

Cuando una mujer que las tuviese puestas le había sido infiel al marido, en el instante en que su amante aparecía, le denunciaban las enaguas, pues le comunicaban malestar, un fuego, una picazón que la obligaban a dejar su asiento para echar a correr mientras brincaba y saltaba. Y lo más curioso es que al amante le producía efecto igual.
Así es que Richardini, temiendo que su “vivaracha y alegre” esposa, Isela, lo engañara, le puso el mismo día de la boda las enaguas diciéndole: “-No te las quites jamás, querida mía, pues este talismán conserva la belleza”. Y así lo hizo Isela, hasta que un año después llega al castillo un primo suyo para hospedarse con ellos. El tal primo parecía “tímido, modesto, poca cosa, pero, nos dice el narrador, ¿quién puede fiarse de las apariencias? El mundo es un valle de perfidias”.

En cuanto apareció el primo ante Isela, las enaguas hicieron lo suyo, así que la chica sintió una picazón que la hacía saltar “mientras hacía locuras con su primito”. Richardini, ni tardo ni perezoso toma las medidas pertinentes: avisa a su amigo el corsario para que se lleve a su mujer y se la venda al Gran Turco. Después de seis meses de estar solo y aburrido, decide nuevamente tener pareja, y elige a una jovencita de dieciséis años, Inés: “Era ingenua, amable, sencilla, hablaba poco y siempre tenía la vista baja; era, en fin, una especie de estatua que constantemente permanecía en pie ante su marido y ni siquiera decía sí o no”. Le puso las enaguas sin que la adolescente se resistiera, prometiendo que jamás se las quitaría.

Todo iba muy bien, pero a los seis meses las enaguas volvieron a “reaccionar” y así, “cierta mañana nuestra bella comenzó a bailar en presencia de un joven y apuesto trovador que le enseñaba a cantar canciones tiernas y amorosas y a tañer el laud”. Richardini vuelve a llamar al corsario y envía a su esposa al Gran señor de Turquía, a modo de regalo, jurando a Dios y su alma que continuaría casándose hasta hallar una mujer fiel. Así que tiempo después se vuelve a casar, esta vez con una mojigata: “Su virtud se alarmaba a la más ligera palabra, no toleraba bromas y nadie vio jamás que sus labios se animaran con una sonrisa”. A nuestro protagonista le cuesta mucho trabajo que se ponga las enaguas pues su pudor se lastimaba, pero por fin lo logra. Una semana después Richardini tiene que salir de viaje y podrán imaginar qué sucede, con todo, las enaguas puestas en la casta y severa esposa muestran lo que ésta ha sido capaz de hacer. Y Richardini hace lo mismo, la envia con el corsario al Gran Turco (que estaba feliz por los regalos).

Esta conducta de Richardini trascendió fronteras y ya ninguna mujer quería casarse con él, le huían. Hasta que un día, aburrido de soledad, “renegaba de su abandono y del miedo que a las mujeres inspiraba, se le presentó una sin buscarla”, era una aldeanita de “pies pequeños, sencilla y tan modesta como hermosa”, se llamaba Jeannette, y era hija de su jardinero. Richardini le pide se case con él, ella acepta, sí, pero:

Aquella amable niña, bajo su apariencia de sencillez, y de sus modestas ropas, ocultaba el ingenio y la astucia de un diablillo. Hacía mucho tiempo que vivía en el castillo del viejo celoso, al que espiaba continuamente sin que él la viese. Nada escapa a la perspicacia de una mujer astuta, por lo que, al ver los efectos de las enaguas, Jeannette se dijo: "Debo vengar mi sexo, maltratado por el diablo y vendido al Gran Turco por este viejo orangután".
Y entonces sucede qué…
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Carlos Monsiváis gana uno de los galardones más prestigiosos de las letras hispanoamericanas: el "Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo". La Feria internacional del libro en Guadalajara, que inicia el 25 de noviembre, tiene en esta ocasión como invitada de honor a Andalucía: FIL

3 de septiembre de 2006

Soldados de Salamina: David Trueba

Ayer en la noche no tenía mucho sueño y me puse a ver la televisión. En el canal once iniciaba Soldados de Salamina, y vaya película, me impresionó mucho. No he leido la novela de Javier Cercas en la que se basa David Trueba para realizar la cinta, pero sin duda toca las emociones, los sentimientos, llega muy dentro. Todos los países hemos pasado por guerras civiles, por revoluciones que no han tenido sentido y sólo han provocado poder, soledad, sufrimiento, vacío y muerte. Un horror.

El fusilamiento de cincuenta prisioneros que tiene lugar en un claro del bosque es una escena estremecedora, no encuentro más palabras para definirla. Desconozco mucho de los personajes, en especial de Rafael Sánchez Mazas, un personaje que puede huir de esta matanza, así que prefiero no ahondar. Por último, sólo quiero comentar que el personaje de Miralles es conmovedor, pero complejo, y para interpretarlo mejor se debe de conocer el contexto histórico.

Una película que me gustó, me hizo pensar en muchas cosas, y reiteró mi rechazo absoluto a todo poder venga de donde venga.

2 de septiembre de 2006

Lo bello y lo triste: Kawabata

Yasunari Kawabata, Lo bello y lo triste (Barcelona: Emecé, 2005)

Lo bello y lo triste ha sido una novela que me agradó, sí, pero para mi gusto no se compara a Mil grullas o a La casa de las bellas durmientes. Los personajes de Lo bello y lo triste me parecieron un tanto insulsos, pueriles. Oki Taichiro es el hijo de Oki Toshio, un escritor de gran prestigio y de Oki Fumiko, una persona que se entera de las infidelidades del su esposo y las pasa de largo (aunque se lo recrimina constantemente al escritor) a pesar de ser muy celosa, sobre todo de Ueno Otoko, una mujer de la que Oki Toshio se enamora, ella tiene sólo dieciséis años cuando todo esto sucede. Tiene una hija con ella pero la niña muere, situación que casi vuelve loca a Otoko. Oki la abandona puesto que es casado (y mucho mayor que ella). Al pasar los años Otoko se cambia de ciudad y se convierte en una célebre pintora. Oki Toshio escribe una novela titulada Una chica de dieciséis en la que cuenta su romance con Otoko, un relato que le da mucha fama.

Otro personaje es Sakami Keiko, una estudiante de pintura que vive con Otoko a quien admira mucho. Es una chica de veinte años que posee una belleza deslumbrante. Según expresa, quiere vengar a Otoko y por este motivo seduce tanto a Oki Toshio como a Oki Taichiro, circunstancia que genera una tragedia.

Tiene descripciones eróticas bonitas, pero no cautivadoras. Por ejemplo, se describe con morosidad como el pezón derecho de Keiko es sólo para que lo acaricie el padre y el izquierdo para el hijo, ella no se deja tocar el derecho por el hijo ni el izquierdo por el padre. De igual forma, no se si sea la traducción, dice cosas que me parece dificil vengan de Kawabata, al menos del Kawabata de Mil grullas o de La casa de las bellas durmientes, por ejemplo: "-El hombre es la medicina que da vida a la mujer! Todas las mujeres tienen que consumirla -¿Aun cuando se trate de veneno? -Aun así".

Las referencias al arte son excelentes, así como las descripciones de los paisajes y a las tradiciones japonesas. Al terminar de leerla me quedé pensando en que tal vez el tema de la novela no es la historia de amor que se narra, sino dejar claro la relación del arte con la vida.