Caleidoscopio de lecturas sobre Juan Rulfo

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ntrevista a Víctor Jiménez: “Publicamos un caleidoscopio de lecturas sobre Juan Rulfo”
Por Mario Casasús

El arquitecto Víctor Jiménez (Nayarit, 1945) dirige la Fundación Juan Rulfo; en entrevista con Clarín.cl tras el anuncio del Premio Nobel de Literatura 2008a Jean-Marie Gustave Le Clézio, publicamos fragmentos del desconocido prólogo a la reciente edición francesa de El llano en llamas, un texto de Le Clézio que pasó prácticamente desapercibido en las reseñas sobre el Nobel francés y su relación con México. El último departamento donde habitó el autor de Pedro Páramo conserva los muebles, la vieja máquina de escribir Remington y varias fotografías; sólo se percibe la ausencia de la biblioteca original, en su lugar se encuentran todas las ediciones de la obra de Rulfo, desde lo publicado en México por el Fondo de Cultura Económica y Ediciones Era; pasando a España por Anagrama, Visor Poesía, Cátedra, RM y Planeta. Destacan, entre los libreros, las 50 diferentes traducciones alrededor del mundo.

Víctor Jiménez se desempeñó como Director de Arquitectura del Instituto Nacional de Bellas Artes (1993-1998); en 1999 editó Los murmullos (boletín de la Fundación Rulfo); en 2001 colaboró junto a Carlos Fuentes, Margo Glantz y otros ensayistas en el libro Juan Rulfo fotógrafo (Lunwerg, España); en 2002 escribió la introducción de Rulfo letras e imágenes (RM); en 2006 preparó junto a Jorge Zepeda y Alberto Vital un Tríptico para Juan Rulfo (RM/UNAM); desde 1998, es el erudito director de la Fundación Rulfo.

MC.- ¿Qué especificaciones arquitectónicas requería Rulfo para la biblioteca que usted diseñó?
VJ.- Juan Rulfo renunció a la idea de conectar –mediante una escalera- los dos departamentos de la colonia Guadalupe Inn. Al no poder hacerse aquí la biblioteca –por los problemas de espacio-, la familia decidió colocar todos los libros de Rulfo en la casa que yo les construí al sur de la ciudad de México. Se hizo una casa con biblioteca, mejor dicho una biblioteca con casa, que es donde vive doña Clara Aparicio con dos de sus hijos. La familia Rulfo le dio prioridad absoluta al diseño de la biblioteca, por sus dimensiones hacen que sea un porcentaje muy importante de la propia construcción; no tienen intenciones de que sea pública, es la biblioteca de una casa, que utiliza sólo la familia y los investigadores que colaboran con la Fundación Rulfo, como Alberto Vital.

Es una biblioteca rica en literatura, pero también en libros de historia. Justamente cuando Rulfo me pidió estudiar la idea de conectar los dos departamentos, lo acompañé a ver el acervo del piso inferior, yo le dije: -“oiga, qué buena biblioteca tiene usted”. Me respondió de inmediato: -“no, usted se equivoca, una buena biblioteca es una de historia, yo sólo tengo literatura”. Quedé sorprendido que él valorase de aquella manera la historia por encima de la literatura; cuando he conocido mejor su biblioteca –yo consulto mucho sus libros de historia, me dedico a la historia de la arquitectura- me doy cuenta que su biblioteca sobre la historia de México es de una enorme riqueza, Rulfo era excesivamente modesto cuando decía que no tenía muchos libros de historia. Su biblioteca es una muy buena forma de estudiar cuáles eran sus lecturas y vocaciones. Es una biblioteca valiosa en libros de fotografía con 700 ejemplares, en total son alrededor de 10,000 volúmenes. La proporción de 700 libros de fotografía es importante, si se toma en cuenta que cuando él vive no existe el boom de publicaciones fotográficas que hoy encontramos.

MC.- ¿A qué atribuye la meticulosidad en los archivos de Juan Rulfo?
VJ.- Rulfo era un coleccionista. En materia de fotografía -por ejemplo- si veía en revistas especializadas imágenes que le interesaban, entonces las recortaba con un cuidado extremo y preciso.

MC.- ¿Para armar álbumes?
VJ.- Armaba una especie de pequeños álbumes, en cada folder reunía –por ejemplo- un artículo sobre el fotógrafo Steichen, fotos de él tomadas en distintos lugares, para evitar que quedaran sueltas. O bien, tenía colecciones temáticas: fotografías de África, de grupos étnicos, paisajes; México y sus regiones: Oaxaca, Veracruz, indígenas, niños y mujeres. Otro tema es el archivo de Rulfo, con su parte iconográfica, también hay cuadernos y notas que hizo sobre una gran cantidad de temas.

MC.- En 1992, usted construyó la casa y biblioteca de la familia Rulfo ¿hizo un catálogo?
VJ.- No, yo era el arquitecto, la familia Rulfo ya tenía el catálogo bibliográfico completo, de los 10,000 volúmenes por autor y tema.

MC.- Usted reiteradamente ha dicho que la mejor forma de rendirle homenaje al autor de Pedro Páramo es editando libros de seriedad intelectual y calidad estética. ¿Qué investigaciones respalda la Fundación Rulfo?
VJ.- Ya son conocidos los libros que ha promovido de alguna manera la Fundación Rulfo, uno se llama Juan Rulfo letras e imágenes (2002) que reúne fotografías suyas, básicamente de arquitectura, con una serie de textos inéditos de su autoría sobre la historia de la arquitectura mexicana, para dar una idea de ese Rulfo tan vinculado en sus preferencias intelectuales a la historia de México –ahora te doy los catálogos del editor RM, aunque tú bien conoces los libros-, o el que salió inmediatamente después, Noticias sobre Juan Rulfo (2003) que hace una biografía considerando al fotógrafo y no solamente al escritor. Alberto Vital había publicado una pequeña biografía en 1998, hizo su doctorado en Hamburgo sobre la recepción de Rulfo en el ámbito de lengua alemana, ahí estudió la técnica de la biografía, cada país tiene su escuela y características diferentes: en Alemania están enfocados a una biografía de carácter intelectual de los creadores; se recorren los acontecimientos básicos de la vida de Rulfo, pero el hilo rector es una vida que se va construyendo en torno a una carrera literaria y fotográfica, además de otras pasiones, como la historia, la política.

Al final de su vida Rulfo está muy comprometido con la unidad latinoamericana y en su trabajo del Instituto Nacional Indigenista se entrega a la edición de libros de antropología mexicana –entonces a la antropología moderna se le llamaba social, también reeditó a los clásicos-; todo queda compilado en el libro de Alberto Vital, como lo conversábamos Mario, no es una biografía para satisfacer a Sainte-Beuve; es una biografía para satisfacer al interesado en el escritor, en el fotógrafo, en el lector de antropología, yéndose hacia el aspecto intelectual y creativo. “En el año 2005 salió el libro La recepción inicial de Pedro Páramo, para conmemorar los 50 de su publicación, se trata de una investigación de Jorge Zepeda, se quería llevar la atención a la obra; por su riqueza, reunir todo lo que se ha escrito sobre Pedro Páramo es imposible, sólo se pretende dar noticias de lo que suscitó -entre la crítica- los primeros años de la novela. Para recordar los 20 años de su fallecimiento- en 2006- se publica el libro Tríptico para Juan Rulfo, dando a conocer su relación con la poesía y como traductor de Rilke, nuevos trabajos sobre su fotografía, es un mosaico de estudios donde se analiza desde tres ángulos: poesía, crítica y fotografía”.

MC.- Reeditarán: Los murmullos antes de Pedro Páramo, tres versiones preliminares y un mecanoscrito (publicado en 2005 por el Instituto Nacional de Bellas Artes). ¿Qué otros proyectos saldrán del fondo editorial de la Fundación Rulfo?
VJ.- En la actualidad trabajamos en la reedición de las tres revistas donde Rulfo publicó anticipos de Pedro Páramo en 1954, esperamos que salga a finales de 2008 con una breve introducción de Jorge Zepeda –porque está en el territorio de los estudios de recepción de la obra literaria- y un apéndice mío, donde analizo lo que hizo Rulfo en los anticipos, qué relación hay entre eso que publicó un año antes de Pedro Páramo y una serie de leyendas que se han construido de gente que dijo: -“yo tuve que ver con la gestación de Pedro Páramo”. Ignorando que Rulfo había tomado –involuntariamente- la precaución de publicar previamente partes de la novela. Cuando se ven descubiertos los impostores se callan. Esos inventos ocurrieron en el contexto de las debilidades de la crítica literaria mexicana, que siempre padece una aproximación excesiva a lo que sería una perspectiva periodística, en demérito de una propiamente académica. Intentamos dar una visión rigurosa de las cosas.

MC.- ¿Desmitificadora?
VJ.- No tanto desmitificadora, esta crítica literaria muy limitada, si observamos cómo se enfrenta a un autor que no entiende, el lector podrá ver el contraste que se establece entre la crítica más exigente consigo misma y la crítica más ligera –light- vinculada al periodismo a la mexicana.

MC.- En Tríptico para Juan Rulfo (2006), usted escribe: “Entre los papeles de Rulfo se encuentran una traducción suya de las Elegías de Duino y transcripciones de otros poemas del mismo Rilke, de Mallarmé y de numerosos poetas estadounidenses como John C. Ransom, Sylvia Lynd, Edith Sitwell, Edna St. Vincent Millay, Horace Gregory, Leonie Adams, Hart Crane, Sidney Keyes, Donald Thomson, Archibald Macleish… Langston Hughes y Countee Cullen” (p. 358), ¿publicarán una antología con las transcripciones de los poetas angloparlantes que leía Rulfo?
VJ.- Puede ser en el futuro, en algunos casos no sabemos, no tenemos la certeza de si Rulfo hizo las traducciones –es posible- o las tomó de otras partes. Otro proyecto listo para su publicación en 2008 lo inició Alberto Vital un par de años antes: a partir del primer número de la revista El cuento (1964) Rulfo escribió una columna que tituló Retales; la editorial Terracota fundará una colección que se llamará La escritura invisible bajo la dirección de Alberto Vital y el primer libro publicará los 17 Retales de Rulfo. Alberto Vital analizó durante dos años cada columna, apoyado por Sonia Peña. Yo escribí un texto donde hablo del Rulfo lector como origen del Rulfo escritor, empiezo con una cita de Proust sobre el “Yo escritor” –el “Yo que lee”, que es muy distinto del “Yo social”-una vez detectadas algunas lecturas de Rulfo que le sirvieron para escribir los Retales; tanto Alberto como Sonia hacen un rastreo –porque Rulfo a veces no daba muchos datos- de qué edición y capítulo o de qué traducción hacía referencia, porque hay textos de todo: fragmentos de cuentos, citas de historia, párrafos de novelas, de literaturas orientales y europeas; o de poesía, a Rulfo le gustaba muchísimo la poesía negra, conocía muy bien a los escritores afroamericanos Langston Hughes y James Weldon Johnson. Alberto Vital dice que se han buscado las traducciones que pudieran existir y no las encuentran, creen que son traducciones propias de Rulfo. Será una edición erudita de los 17 Retales, para cada columna habrá una ficha filológica para explicar dónde pudo tomar Rulfo la versión original y lo que enfatizó; permitirá el estudio de una radiografía indirecta de la biblioteca de Rulfo.

MC.- ¿Es lo inmediato por publicar?
VJ.- Es muy cercano, pero no lo único, otro proyecto… ¿conoces este número de la revista semanal de El País?

MC.- Sí, usted me envió por correo-e el ranking de los 100 libros que cambiaron la vida a 100 escritores de habla hispana, según El País
VJ.- Encuestaron a cien escritores de lengua española, tomados de aquí, allá y acullá, para que cada uno citara diez títulos y de ahí elegir los 100 más mencionados; Pedro Páramo quedó empatado –con La montaña mágica- en el lugar número 15 de la lista de El País Semanal. Platicando con Julio Moguel (asesor en políticas educativas del gobierno de Michoacán) me decía que decidieron hacer una encuesta bajo el mismo esquema: 100 personas, entre intelectuales, pedagogos y escritores mexicanos generarían una lista de 10 libros que debiera conocer cualquier profesor de educación básica en Michoacán.

En El País publican la lista con 100 libros, en Michoacán sólo los 10 primeros. A principios de noviembre Casa Juan Pablos publicará la investigación de Julio Moguel y me pidieron un texto porque Pedro Páramo quedó en primer lugar de las preferencias y El llano en llamas en tercero –Cien años de soledad está en segundo y Don Quijote en cuarto lugar-. Siendo una encuesta mexicana tiene un sesgo más mexicano, pero es la primera en su tipo en nuestro país. En mi texto cito a escritores de primera importancia que han opinado sobre la obra de Rulfo: García Márquez, Borges, Canetti, Fuentes, Günter Grass y Susan Sontag.

Además también están otras encuestas, por ejemplo la del suplemento cultural Babelia de El País, que en 1999 entrevistó a 17 personalidades, entre escritores españoles y los críticos literarios de El País, para saber cuál era el libro en lengua española más importante del siglo XX y según esa encuesta, Pedro Páramo ocupa el primer lugar. El modelo de encuestar a 100 escritores o académicos lo inventó el club noruego del libro en 2002, cuando decidió crear una colección de cien títulos literarios de toda época e idioma. Pidieron al Instituto Nobel de Suecia que se encargara de la metodología, así como de elegir a los 100 escritores y académicos representativos del mayor número de idiomas. El club noruego tituló la colección resultado de la encuesta "La Biblioteca del Mundo" (Verdensbiblioteket ha publicado los títulos en compañía del periódico Dagsavisen); de las 100 obras literarias de mayor importancia de todos los tiempos, la única obra mexicana es Pedro Páramo; 6 de 100 son de lengua española: Cervantes, García Lorca, Borges, García Márquez y Juan Rulfo; el prólogo de Pedro Páramo lo escribió Abilio Estévez y la traducción al noruego es de Christian Rugstad.

MC.- ¿Qué problemas enfrentan los traductores de Rulfo?
VJ.- El próximo año, Julio Moguel publicará un libro sobre las traducciones de Pedro Páramo y El llano en llamas; traducir es un problema complejo, por eso en Italia dicen: “traduttore, tradittore” el traductor siempre es un “traidor”; pero qué haríamos sin traductores. Yo entrevisté –en Tokio- al traductor de Rulfo al japonés Akira Sugiyama; en París al traductor francés Gabriel Iaculli; en México entrevisté a la traductora al finlandés Tarja Roinila y en 1998 a la traductora al alemán Mariana Frenk, así que terminas empapándote de la complejidad de traducir a Rulfo. Moguel estudió en Francia y está familiarizado con el problema de traducirlo al francés, además de que vive preocupado por la mala calidad de la traducción al inglés. Nos han llegado varias propuestas para una nueva traducción de Rulfo, aunque ya van dos, la reciente es de Margaret Sayers, en 1994.

MC.- ¿La tercera será la vencida?
VJ.- La primera traducción de Rulfo al inglés (1959) se hizo famosa por mala, todo mundo lo decía. En el año 1998 conversé con Susan Sontag, viajó a México por invitación de Carlos Fuentes para las conferencias del ciclo “La geografía de la novela”. Yo quería saber por qué escribió el prólogo a la segunda traducción; Susan Sontag me dijo: -“Conocí a Rulfo en Buenos Aires, en la Feria del Libro del año 1985”(era una mujer muy escrupulosa en cuanto a la precisión, hizo una pausa para recordar cada detalle) -“Vi a Rulfo y le dije: -‘lo admiro mucho, su obra me parece fantástica’, él respondió: -‘¿ha leído mis libros en español?, porque fíjese que sería una pena que lea la traducción en inglés que es particularmente muy mala’; –‘No, lamentablemente sólo lo he leído en inglés, pero causalmente su editor y el mío son el mismo, hablaré con él, le ofrezco pedirle a mi editor hacer una nueva traducción’. Poco después muere Rulfo y vi a mi amigo editor, le conté la promesa que le hice a Rulfo”.

Entonces Susan Sontag cumplió su deuda, le explicó al editor la importancia de la obra de Rulfo, el director de Grove Press le dijo a Sontag que pusiera por escrito esas palabras y aparecerían como prólogo, finalmente salió publicado en 1994 con la nueva traducción. En la Fundación Rulfo buscamos contar con la mejor calidad en el trabajo de las traducciones, aunque se plantean muchos problemas teóricos, son clásicas las discusiones sobre si acercar la obra traducida al lenguaje del lector o viceversa, desde la torre de Babel se discute el tema. Rulfo se considera un autor difícil de traducir por la complejidad de su lenguaje tan cercano a la poesía, donde el sonido está involucrado en el sentido. Eso no quita la necesidad de que existan buenas traducciones, uno puede juzgar mejor la traducción del francés, inglés o italiano –en esta lengua ya van en la cuarta- pero es otra cosa en hebreo o griego (en este idioma van en la tercera traducción). ¿Y qué decir de las lenguas orientales?

MC.- ¿Acaban de lanzar la nueva edición en mandarín?
VJ.- No, se trata de una traducción al chino simplificado, de la China continental; Taiwán ya firmó un contrato para la traducción al chino mandarín –el antiguo chino que utilizan los letrados, a la fecha el idioma más leído en el mundo-. Aquí ¿quién puede saber si es una buena traducción? a sabiendas de eso, buscamos asesorarnos en cada país de origen del traductor. Por ejemplo, Fukumi Nihira es una especialista japonesa, durante un año como becaria estudió a Rulfo en México; Fukumi Nihira participará en el libro sobre los problemas que representó traducirlo al japonés y dará su interpretación de lo hecho por Akira Sugiyama.

MC.- ¿Qué idiomas analizarán en el libro que coordina Julio Moguel?
VJ.- Inglés, francés, alemán, finlandés y japonés -Fukumi Nihira abordará dos aspectos-, sobre el alemán estará mi entrevista a Mariana Frenk y un capítulo de la tesis de doctorado de Alberto Vital, El arriero en el Danubio (UNAM, 1994). También escribirá el estudioso alemán Wolfgang Vogt, radicado en Jalisco desde hace muchos años. Incluye un texto sobre el trabajo del francés Gabriel Iaculli en comparación con el anterior traductor, otro de Julio Moguel y uno del norteamericano Thomas Pruiksma, él quiere hacer la nueva traducción al inglés de Pedro Páramo.

MC.- ¿En cuántos idiomas han traducido a Rulfo?
VJ.- Alrededor de 50, contando que traducciones en un mismo idioma hay más de una; es sin duda el autor mexicano más traducido.

MC.- Ya nos contó la iniciativa de Susan Sontag; ¿nos hablaría del prólogo que escribió el Nobel 2008 Le Clézio?

VJ.- En 1999, comentamos con el editor francés Gallimard lo interesante que resultaría que Le Clézio hiciera el prólogo de El llano el llamas (Le Llano en flammes, 2001). En 1967 Le Clézio llegó a México, en 1979 se trasladó a Michoacán, a la orilla de un lago; es un hombre viajero, se ha relacionado con el mundo indígena náhuatl, maya y purépecha, durante 12 años en nuestro país escribió: La conquista divina de Michoacán; El sueño mexicano o el pensamiento interrumpido; Diego y Frida: una gran historia de amor en tiempos de la revolución; Las profecías del Chilam Balam; La fiesta encantada y Tres ciudades santas (Chichén Itzá, Uxmal y Mayapán). Leeré un párrafo del prólogo de Le Clézio:

En julio de 1945, en el segundo número de Pan, una revista literaria provincial de tiraje limitado, un hombre de 30 años, de mirada un poco triste, de rostro a la Bogart, originario de Apulco, una pequeña población del Estado de Jalisco, archivista de la oficina de inmigración de la ciudad de México, publicaba un cuento muy corto que pasaría entonces inadvertido, pero que iba sin embargo a revolucionar la historia literaria de México y a hacer conocido a su autor en el mundo entero: "Nos han dado la tierra". El mismo año, en la misma revista, en noviembre, aparece otro cuento tan conciso y feroz como el primero. Tal fue el inicio de la aventura literaria, breve e intensa de Juan Rulfo. Sin embargo habrá que esperar todavía 8 años, después de la publicación de otros cuentos, entre ellos el magnífico "¡Diles que no me maten!" –en la revista América- antes de que un editor no reuniese en 1953 los relatos de El llano en llamas en el Fondo de Cultura Económica, el más grande editor oficial de México. La recopilación fue seguida en 1955 por una novela Pedro Páramo, crónica de la muerte de un cacique en Comala, de la que el novelista García Márquez extraerá más tarde la materia de sus Cien años de soledad. Por esos dos libros Juan Rulfo entraría en la leyenda.

MC.- Finalmente, usted habla de “la poética que puede construirse con el habla llana”. ¿Por qué Pedro Páramo es la novela mexicana de la literatura universal?
VJ.- Es difícil encontrar una respuesta en pocas palabras, recurriré a lo escrito por personajes muy lejanos a México; en el semanario Proceso publicaron una traducción del francés que hice del novelista marroquí Tahar Ben Jelloun: “Ciertos libros te acompañan como fieles amigos con los que te reencuentras en la gratuidad absoluta, por el simple gusto de leer en sobre sus rostros las líneas del tiempo. Es así como desde hace mucho tiempo Pedro Páramo, una novela barroca del mexicano Juan Rulfo escrita a mediados de los años cincuenta y traducida al francés en 1959, no me abandona ya. No sé a estas alturas cuántas veces la he leído ni a cuántos se la he regalado. Lo más extraño con este libro es que cada lectura representa un nuevo descubrimiento. Su riqueza, su complejidad, su insolencia, la hacen inagotable. Es breve, sin embargo, aunque de tal densidad que me llega a ocurrir que necesito detener la lectura para sopesar las frases, como si estuviera con el orfebre. Porque ahí está presente la poesía” (publicado originalmente en Le Monde y retomado por Proceso número 1597).

También, por ejemplo, recordemos lo que escribió el suizo Urs Widmer, para el prestigiado semanario alemán Die Zeit (El Tiempo), que durante el año 1999 publicó una serie de ensayos, encargados a distintos escritores europeos, bajo el título: Mi libro del siglo, donde cada autor diría cuál era el libro más importante del siglo XX, de las 52 semanas sólo apareció un libro en lengua española, ni siquiera otro autor mexicano, latinoamericano, ni español; comparto los argumentos de Urs Widmer:

Pedro Páramo es un libro que he leído por lo menos cuatro veces, y que a pesar de ello no llego a comprender, tiene un misterio que me conmueve de manera extraordinaria y que aún no he logrado descifrar por completo, ¿será el lenguaje cargado de magia de Rulfo? ¿el poder de lo que se relata? ¿la empatía de Rulfo con el destino de los miserables de su país? ahora bien, una de las razones de mi conmoción irritada se encuentra seguramente en el hecho, de que en el libro ya nadie está vivo, ni siquiera, sospecho, el narrador mismo. Todos muertos, unos muertos narran el mundo de los muertos, que alguna vez como nosotros ahora, estuvieron vivos.

Por lo general hay un consenso, lo dice Daniel Sada en la entrevista publicada en el Tríptico: “Rulfo preserva el enigma”. La vida humana es un enigma; la buena literatura tiene que estar a la altura del enigma y no puede revelarlo, sólo acercarte al enigma; más allá de eso estás en un territorio desconocido o en la muerte o en la locura. Es parte de la complejidad de la obra de arte, advertimos una dimensión de la existencia humana, no hay nada en el mundo que te pueda develar su misterio.

En 2009 publicaremos el libro: Rulfo visto por los extranjeros, donde se reúnen los testimonios de escritores como García Márquez, Borges, Sontag, Le Clézio, Gao Xingjian, Günter Grass y otros menos conocidos en México, pero representativos de sus lenguas literarias, como Urs Widmer y Tahar Ben Jelloun. Será un caleidoscopio de lecturas de Rulfo donde se excluye a los escritores mexicanos por la naturaleza del proyecto.

Publicado en: Prensa fondo (FCE)
23.11.08

La mentira: Raymond Carver

Posted by Magda Díaz Morales in

"La mentira": Raymond Carver

Es mentira, dijo mi esposa. ¿Cómo puedes creer una cosa así? Ella está celosa, eso es todo. Giró la cabeza y me miró fijamente. Aún no se había quitado el sombrero ni el abrigo, y estaba ruborizada por la acusación. ¿Me crees a mí, no? ¿Seguramente no creerás aquello?

Me encogí de hombros y le dije: ¿Por qué iba a mentir? ¿Con qué objeto? ¿Qué obtendría con ello? Me sentía incómodo, pero permanecí allí en pantuflas, abriendo y cerrando los puños, con la sensación de estar haciendo el ridículo, exhibiéndome, no obstante las circunstancias. No tengo madera para hacer el papel de inquisidor. En ese momento deseaba que nunca hubiese llegado a mis oídos, que todo pudiera ser como antes. Se supone que es amiga, amiga de los dos, comenté.

¡Una hija de puta, eso es lo que es! ¿Te crees que un amigo, aunque sea lejano, incluso un simple conocido, diría una cosa así, una mentira tan evidente? Simplemente no lo crees. Movió la cabeza ante mi necedad. Desabrochó su sombrero y se sacó los guantes, poniendo todo en la mesa. Luego se quitó el abrigo y lo arrojó sobre el respaldo de una silla.

Ya no sé qué creer, le dije, quisiera creerte a ti.

Entonces créeme, dijo ella. Que me creas, es todo lo que te pido. Te digo la verdad. No iba a mentir en un asunto así. Anda, di que no es cierto cariño, di que no lo crees.

La amo. Deseaba abrazarla, estrecharla en mis brazos, decirle que le creía. Mas la mentira, de ser mentira, se interponía ya entre nosotros. Me acerqué a la ventana.

Debes creerme, dijo. Sabes que eso es una estupidez. Sabes que te digo la verdad.

Permanecí junto a la ventana, observando el tráfico que se movía lento allá abajo. Si levantaba la vista podía distinguir a mi esposa reflejaba en los cristales. Soy un hombre de criterio amplio, pensé. Puedo resolver esto. Comencé a pensar en mi esposa, en nuestra vida, juntos, en la verdad y la ficción, en la honestidad y la impostura, en la ilusión y la realidad. Recordé la película Blow-up, que habíamos visto recién, y recordé también la biografía de León Tolstoi que yacía en la mesita, las cosas que dice sobre la verdad, el escándalo que produjo en la vieja Rusia. Entonces me vino a la memoria un amigo de la secundaria, de hacía mucho. Era un tipo incapaz de decir la verdad, un mentiroso absoluto e incurable y, con todo, una persona agradable y bien intencionada y, sin duda, un auténtico amigo durante los dos o tres años de un período difícil de mi vida. Me alegró mucho el descubrimiento de aquel mentiroso de mi adolescencia, era un precedente al cual podía acogerme en la actual crisis de nuestro –hasta aquel momento– feliz matrimonio. Esa persona, ese consumado mentiroso podía muy bien probar la teoría de mi esposa de que existía esa clase de gente en el mundo. Me puse feliz de nuevo. Me volteé para hablar, sabía lo que quería decir: sí, puede ser verdad, es verdad: hay gente que miente de modo incontrolable, quizás inconscientemente, a veces de modo enfermizo, sin medir las consecuencias. Quien me contó pertenecía a esa categoría, sin duda. Pero justo en ese momento mi esposa se sentó en el sofá, se cubrió la cara con las manos y dijo: Es cierto... Que Dios me perdone. Todo lo que ella te contó es verdad. Mentí cuando dije que no sabía nada.

¿De veras?, pregunté, sentándome en una de las sillas junto a la ventana.

Ella asintió. Aún se cubría la cara con sus manos.

¿Por qué lo negaste entonces?, le dije. Nunca nos habíamos mentido. ¿No nos hemos dicho siempre la verdad?

Estaba avergonzada, me dijo. Me miraba y movía la cabeza. Sentía vergüenza, no te imaginas cuánta, no quería que lo creyeras.

Creo que lo entiendo, dije.

De una sacudida se quitó los zapatos y se recostó de nuevo en el sofá. Pero enseguida se sentó y se quitó el suéter de un tirón y luego se acomodó el cabello. Cogió un cigarrillo de la mesita. Le ofrecí fuego sosteniendo el encendedor y por unos momentos me quedé pasmado ante la visión de sus dedos alargados y pálidos, igual que de sus uñas relucientes. Me pareció que los observaba de modo novedoso y un tanto revelador.

Dio una fumada y, un minuto después, dijo: ¿Y cómo te fue hoy, querido? En general, quiero decir... Tú sabes a qué me refiero. Mantuvo el cigarrillo entre los labios el minuto durante el cual se levantó para deshacerse de su falda. ¡Ah!, dijo.

Más o menos, le respondí. Aunque no lo creas, por la tarde estuvo aquí un policía con una orden judicial, buscaba a una persona que vivió abajo. El mismo gerente del edificio avisó que cortarían el agua por una media hora, entre las tres y las tres y media, en lo que hacían algunas reparaciones. En realidad, ahora que lo pienso mejor, fue sólo durante el tiempo que el policía estuvo aquí cuando tuvieron que cortar el agua.

¿De veras?, dijo ella, poniendo las manos sobre sus caderas. Luego se estiró, cerró los ojos, bostezó y sacudió su larga cabellera.

También leí una buena parte del libro de Tolstoi, le dije.

Magnífico, dijo, y empezó a comer nueces. Con la mano derecha lanzaba una tras otra hasta su boca, mientras que en la izquierda sostenía el cigarrillo entre los dedos. A ratos paraba de comer, el tiempo justo para limpiar sus labios con el dorso de la mano y dar una fumada. Para entonces se había librado ya de su ropa interior. Con las piernas cruzadas bajo su cuerpo se posó en el sofá. ¿Y qué tal? preguntó.

Tenía ideas interesantes, respondí. Era todo un personaje. Los dedos de las manos me hormigueaban y mi sangre empezaba a agitarse. Igual, me sentía débil.

Venga acá mi mujikito, dijo de repente.

Quiero saber la verdad, dije débilmente, postrado a gatas. La frescura y suavidad de la alfombra me excitaron. Había andado a gatas hasta el sofá y puesto mi mejilla sobre uno de los cojines. Ella deslizó su mano entre mi cabello, sonriendo. Unos granitos de sal brillaban en sus labios carnosos hasta que, de momento, observé cómo sus ojos se llenaban de una inexpresable tristeza y, a pesar de ello, continuaba sonriendo y mesándome el cabello.

A ver mi pachá, dijo. Venga aquí mi bollito. ¿En verdad creyó usted a aquella mujer horrorosa esa mentira inmunda? Venga acá, recueste su cabecita en el seno de mami... Así, así, ahora cierre sus ojos. ¡Así! ¿Cómo pudo creer semejante cosa? Usted me decepciona. Usted me conoce mejor que eso. Mentir es nada más un deporte para cierta gente.

Traducción de Leandro Arellano.

Solicito su ayuda

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Quiero pedirles un favor:

Si alguien conoce narrativa en castellano (cuentos y novelas) donde se cuente una historia que guarde dentro otra historia. Por ejemplo: que la novela o cuento narre un crimen y que de pronto un personaje cuente otra historia diferente dentro de la historia de ese crimen, que sería la parte fundamental de lo que trata la novela o el cuento: Por ejemplo (disculpas que repita tanto “por ejemplo”): que un día una señora le contó que en México existen fantasmas que hablan con las personas y que se desarrolle este tema y después se regrese a la narración primera (la del crimen). De igual forma, que dentro de la historia que se cuente, asome o aparezca la historia de otro libro de un autor diferente del libro que se está leyendo (que se hable de otro cuento o de otra novela dentro de la narración que estamos leyendo).

Asimismo, narrativa en castellano (cuento y novela) que guarde en la historia que cuenta la historia –el reflejo- de un cuadro identificado claramente (pintura) o de una película identificada claramente (en castellano o película traducida –con letreros- (cine).

También, narrativa en castellano (cuento y novela) que guarde en la historia que cuenta la historia (s) de algún suceso de la época colonial en México –o en Hispanoamérica- (literatura colonial). Por ejemplo: que se narre la historia de una monja enclaustrada que tuvo tres amantes en la época colonial y que dentro de esta historia se cuente la historia de un cuadro (pintura, sea de la época que fuere) o de otra historia (la vida del virrey que ya muerto se aparece en las noches en el convento y hace travesuras). De igual forma, que dentro de la historia que se cuente, asome o aparezca la historia de otro libro de un autor diferente del libro que se está leyendo (que se hable de otro cuento o de otra novela dentro de la narración que estamos leyendo).

Y, por último, el cómic: Un cómic que cuente una historia y dentro de esta historia que cuenta exista otra historia (literaria, pictórica o de cine).

Les pediría por favor la ficha completa: Nombre del autor, lugar de edición, editorial donde está publicado y el año (este último puede estar o no). Si se trata de cuento, de igual forma: en el libro donde se encuentra el cuento, el autor de los cuentos (o de la antología), la editorial y el año. Y en el cómic, de igual forma.

Gracias por su ayuda, me será muy valiosa. Aquí en los comentarios les agradezco me dejen los datos.

Lecciones de baile para mayores: Bohumil Hrabal

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Portada Bohumil Hrabal, Lecciones de baile para mayores, Trad. Jitka Mlejnková y Alberto Ortiz (Madrid: Metáfora, 2003)

"El mundo sigue siendo muy hermoso, no quiero decir que lo sea, pero así es como lo veo yo, igual que lo veía Puskin". "La opinión mundial está regida por idiotas y borrachos". (Jiri)

El sol se iba acercando a la línea del horizonte y la señorita Kamila estaba subida en una escalera de mano, comía unas cerezas y sonreía al anciano de abajo, que todos los días le trae un ramo de rosas, sustraídas en jardines ajenos, y le promete que volarán juntos de Viena a Budapest, para enseñarle todos esos lugares en los que había estado en los tiempos del Imperio Austriaco.

La mayoría de los ancianos tienen esa ternura que los hace tan especiales. Han recorrido muchos años en la vida, tal vez ello les ha permitido descartar lo que no vale la pena y mostrarnos lo que si vale. Para ellos es muy importante recordar, sus recuerdos los dicen una y otra vez como deseando pasen también a ser de quien los escucha. El narrador de Lecciones de baile para mayores de Bohumil Hrabal, Jiri, un anciano zapatero que platica con Kamila, una bella joven que toma el sol en la playa y que se advierte tiene intenciones de seducir, repite con alegría: "¡Qué memoria la mía! ¿verdad?!" o "¡Qué memoria la mía, da gusto!", alegrándose de que a su edad la memoria no le falle. Qué ternura provoca, brota el deseo de prodigarle una caricia.

Josef Lada También, en los recuerdos de muchas personas mayores vive, explícita o implícitamente, la frase "Antes, esto era mejor. Ahora, ya no es lo mismo". Para este anciano zapatero, por ejemplo, el progreso, la Modernidad, "ha sido una verdadera peste" para la cerveza, el pan y la mantequilla, por ejemplo, porque:

La técnica, para estas cosas, hay que emplearla con mucho tino, en las antiguas industrias, la cerveza se cocía en cobre, el fuego para los calderos se hacía con troncos resinuosos y la llama traspasaba aquel cobre y caramelizaba la cerveza, igual que para el pan se empleaba el centeno que hasta noviembre se hacía reposar en los graneros, para que toda la fuerza de las espigas entrara en el grano, sólo después se desgranaba... ¡qué pan, aquel! ¡Se podía oler a un kilómetro cuando se horneaba ese regalo de Dios! ¡Cuanto más antiguo, mejor...

La mente de Jiri, es a veces como la de un niño. Nos narra episodios de su vida, como aquella anécdota de su vaca, "un animal feo y cojo, pero que parió quince terneros", que cuando murió dejó un ternero que al crecer no podía ver ni un tren ni una bicicleta, por lo que le ponían unas anteojeras. El anciano zapatero pasa de un tema a otro constantemente. Está hablando, por ejemplo, sobre el pan, y miren lo que viene a su cabeza, es genial. En cuanto termina de decir "¡Cuanto más antiguo, mejor..." refiriéndose al pan, expresa:

Por eso el Emperador prefería viajar en Landó más que en coche y le gustaba beber vino, por eso murió en un excusado, pero él si sabía cultivar el Renacimiento europeo con la Sratová: Yo estaba entonces de guardia en Maidling y vi con mis propios ojos como el Emperador le sujetaba la escalera y la protegía; mientras la Sratová allí subida cogía unas ciruelas, él le echaba miradas bajo sus faldas como si fuera Goethe...

Josef Lada Además de su ternura, la ironía y el humor de Jiri, un gran humor, son notables. Está contando sobre el ternero, el hijo de su vaca coja, cuando cambia de tema y rememora que la iglesia siempre tuvo sus más y sus menos con la nación checa: "se pasó casi mil años intentando apaciguar las pasiones, pero ¿quién puede con las naciones?... éstas se rigen más que nada conforme al opúsculo del señor Batista sobre las garantías de la felicidad matrimonial, que viene a decir que en cuanto un hombre ve a una mujer hermosa, inmediatamente le empieza a recorrer un hormigueo y, acto seguido, se pone a pensar cómo llevársela a la cama; como suele decir el poeta Bondy, se trata del deseo de trasladar a las mujeres de la posición vertical a la posición horizontal y que él, aun siendo poeta, gracias a tal posición horizontal, tiene ahora dos hijos, que siempre tiene que llevar consigo en cochecito".

La ironía en esta novela me parece notable, con ella el narrador hace resaltar el sentido verdadero de lo que realmente quiere desvelar. Está hablando de lo trabajadora que era su madre, de lo santa que fue y que lo educó a él y a sus hermanos ella sola, cuando le viene a colación su vecino, Mejtnej, que igualmente era muy trabajador y que así como laboraba en los campos atendía una taberna: "Pero su mujer, en lugar de servir copas a los clientes, se las servía a sí misma, y él, como era tan católico, la pegaba, la pegaba y la pegó hasta matarla, conforme al Antiguo Testamento, pero eso sí, las vacas y los caballos estaban relucientes, el cofre repleto de dinero y las libretas ahorro en la caja".

Josef Lada En este monólogo no puede pasarse por alto el contexto histórico como una de las partes fundamentales, la primera edición de la novela es de 1964. Esos vestigios del Imperio Austro-húngaro que se tocan en todas partes porque no se han ido, están ahí en esa época de plena transición en la que vive el artista zapatero. El antes y el ahora, el recuerdo de ese Imperio y sus cenizas evidentes así como la modernidad que percibe vacía, reciben del narrador una crítica inclemente y, a la vez, existe una nostalgia por lo que fue y ya se ha ido. Veamos un ejemplo entre tantos otros:

Al Emperador le gustaba ponerse un kaiserrok, un abrigo que parecía un frac cerrado, así de fina era aquella familia imperial, pero los líos que tenían eran los mismos que los de otras familias: el hijito, el príncipe heredero, tuvo que tomar por esposa a la princesa belga Estefanía, pero se pirraba por el cuerpo de la Vecerová, aquella belleza de busto y ojos exuberantes, bueno, y todo acabó en un tiroteo colectivo... y Dasa, aquella farmaceútica, que tenía desconocimientos básicos en lo relativo a la vida sexual sana, pues ésa me dijo, cuando le conté lo de la tragedia de la vida imperial: "Bueno, yo también le pegaría un tiro, si fuéramos marido y mujer, y usted anduviera con otra", así me lo dijo, porque la tragedia el mundo, y a los escritores de novelas no les falta materia abundante para escribir... En todos los años de reinado (del Emperador) no hizo más que la reforma monetaria y mandar ahorcar a Slosárek y a Hugo Senk (...) Al viejo Imperio Austrohúngaro le gustaba darse postín, pero por otra parte si uno iba de paseo no hacía más que tropezar con la prótesis y muletas de los mendigos y, en lugar de disfrutar del busto de una señorita, uno andaba angustiado de tanta miseria...

Jiri nos sigue siempre contando sus recuerdos, sus correrías amorosas, sus triunfos, tristezas, alegrías, fracasos, anécdotas de un hombre soltero, es todo un lujo escucharlo. Del humor, en ocasiones muy negro, pasa a la tragedia y viceversa, la novela es un canto a la vida, a la muerte, al amor, al arte, a la poesía. Jiri es muchas veces irreverente, descreído, burlón, impar:

Los libres pensadores reprochaban a la Iglesia que Cristo, si era Dios, tuviera relación carnal con una mujer perdida, pero yo decía que en eso no había nada que hacer, que ante una belleza yo también me rendía, como no iba a sucumbir Cristo, Nuestro Señor, el hombre más seductor de su época, y ya ven, María Magdalena, aunque de oficio fue ramera en un bar, logró, no obstante, la santidad y conquistó popularidad en el cielo y no traicionó a Cristo; con su propio cabello limpió su sangre y él, pobrecito, clavado en la cruz por haber predicado a favor del progreso social y que todas las personas fueran iguales.

Lo que sigue a este párrafo es genial...

Esta novela no debe dejar de leerse, es de esas novelas que se quedan dentro de uno, que jamás se olvidan...

Ilustraciones.

Tren nocturno: Martin Amis

Posted by Magda Díaz Morales in

Martin Amis, Tren nocturno 4° ed., Trad. Jesús Zulaika (Barcelona: Anagrama, 2005)

La detective Mike Hoolihan, se dispone a narrar el relato del peor caso que le ha tocado resolver en toda su carrera. A partir de los diez años Hoolihan es educada por el Estado, no sabe dónde están sus padres, pero recuerda muy bien que su padre abusaba de ella cuando era niña:

La cosa empezó cuando tenía siete años, y acabó a los diez. Tomé una determinación: cuando cumpliera diez años ya no me iba a suceder nada más. Y para asegurarme de que así fuera me dejé crecer las uñas de la mano derecha. Y me las afilé, además; y me las endurecí con vinagre. Crecidas, afiladas, endurecidas: tal era mi determinación. A la mañana siguiente de mi décimo cumpleaños, mi padre vino a mi cuarto. Y casi le arranqué la puta cara de cuajo. Eso es lo que hice. Me quedé casi con su jodida cara en la mano, como si fuera una máscara de Halloween (…) Y entonces se despertó mi madre. Los Hoolihan nunca habíamos sido un modelo de familia. Y a mediodía de aquel mismo día dejamos de existir como familia.
Mike Hoolihan mide uno setenta y ocho y pesa ochenta y un kilos. Después de terminar sus estudios ingresa a la policía, trabaja en el CID (Criminal investigation department) en Confiscación de Activos, pero antes trabajó ocho años en Homicidios, investigando muertes violentas.

El caso que nos va a contar la narradora-personaje inicia el 4 de marzo, con la llamada a su departamento de su colega Johnny Mac, a las 8 y cuarto. La detective recuerda bien la hora porque se acababa de despertar “de una cabezada el tren nocturno, que pasaba temprano como todos los domingos. El tren nocturno que hace temblar el suelo de mi apartamento. Y permite que no me suban el alquiler”. Mac, le pide por favor le haga una “nota”: notificar la muerte de Jennifer Rockwell, que se acababa de suicidar, a su padre, el coronel Tom, y a su esposa, Miriam. La detective conocía a la joven desde los ocho años, así que la noticia le impacta. Jennifer Rockwell, de veintiocho años, era astrofísica, “extraordinariamente brillante, deslumbrantemente bella, su padre y hermanos eran policías y desde hacía ocho años vivía “con un tipo tan brillante y atractivo como ella: Trader Faulkner”. El profesor de filosofía de la ciencia en la universidad.

Al llegar al lugar de los hechos Hoolihan entra a la habitación de Jennifer Rockwell, la ve muerta en la silla de su cuarto y semidesnuda. De ahí, se dirige a dar la noticia a sus padres. El padre de la joven no cree que su hija se haya suicidado puesto que para él, y para quien la trató, era una mujer feliz. Así que encarga el caso a la detective Hoolihan, ésta le debía mucho al coronel Tom, no solo la había salvado del alcoholismo, la había valorado como persona y como profesional. Pero, además, estimaba mucho a la hija de su jefe. Las dos mujeres eran muy diferentes entre sí, pero entre ellas existía conocimiento. La persona que más conocía a Jennifer, era Mike.

Inicia sus investigaciones y va sacando conclusiones: hace y deshace conjeturas, mira una y otra vez los videos de la autopsia, entrevista a las personas que estuvieron de una u otra manera en la vida de Jennifer, etc. Y nada, no hay móvil para el crimen, no llega a saber porque la joven se da supuestamente tres tiros en la cabeza. ¿Cómo pudo darse tres tiros? Jennifer lo tuvo siempre todo y ella no tuvo nada, ella era más propensa al suicidio que Jennifer si miraba su vida de soledad, hambre, dificultades, de ex-alcohólica, con un hígado que no soportaba ya ni una copa más porque le esperaría solo la muerte, y tomarla sería un suicidio.

En la novela hay dos protagonistas, Jennifer y Mike, dos mujeres que son como los lados de un espejo: el real y el reflejado. En determinado punto de la narración me pregunté si Jennifer era una construcción de la detective, lo que a ella le hubiera gustado ser: hija del jefe, tener un padre que la amara, una familia, ser bella, exitosa en el trabajo, vivir con un hombre como Trader, diferente a Tobe, su pareja. Ser una mujer que no hubiera sido alcohólica, Jennifer rechazaba todo lo que fuera drogas, lo que más llegaba a tomar era medio vaso de vino blanco. También le hubiera gustado tener nombre femenino, no masculino.

La novela se presta a muchas interpretaciones. Paralelamente a esta tragedia del suicidio de Jennifer, Mike nos va contando de varios casos terribles que durante su estancia en la policía ha tenido que resolver. De todos ellos ha sabido los cómos y los porqués. En el caso de Jennifer no conocemos abiertamente qué sucedió, solo da pistas, al igual que hizo Jennifer con su muerte. Esto es lo que me parece interesante en la novela: deja al lector el seguir estas pistas y dar con la solución del enigma: ¿es suicidio? ¿crímen? ¿Mike, se suicida? ¿existe realmente Jennifer?

Esto huele mal: Fernando Quiroz

Posted by Magda Díaz Morales in

Fernando Quiroz, Esto huele mal, 4° ed. (Seix Barral, 2007)

Cuando vi en la librería Esto huele mal del escritor colombiano Fernando Quiroz (finalista del premio Planeta-Casa América 2008 con su novela Justos por pecadores), pensé en si comprarla o no comprarla. Me llamó la atención la portada, a él nunca lo había leído como narrador pero sí como periodista cultural. Terminé por llevármela. La tenía en mi librero hasta que ayer la leí. Es una novela entretenida, bien escrita, y digamos que un tanto didáctica, sin ser nunca moralista, respecto al tema de la infidelidad.

¿El matrimonio es un contrato de exclusividad? Seguramente que en un millón de personas, una o dos pensarán que no. O ¿qué piensan? Recuerdo en este momento la gran cantidad de novelas del siglo XIX donde el adulterio formaba parte de la trama. En la actualidad, dice Franco La Cecla:

En definitiva, el núcleo familiar, como "casa", no es una forma universal: hay sociedades donde no existen las parejas fijas, hay familias poligámicas en el fondo del Amazonas o en Senegal y hay, obviamente, familias extendidas. Nosotros somos la excepción: la familia mononuclear -la soledad de marido, mujer e hijos- es una reciente invención. Para eso hizo falta el advenimiento del capitalismo y del trabajo asalariado, que ha destruido a la familia ensanchada, que era también una entidad económica, y que ha creado a la pareja como la conocemos hoy (...) Sabemos que somos monógamos en el presente y polígamos en el tiempo (la altísima tasa de separaciones lo demuestra). ¿Por qué no aceptar que somos una sociedad de muchos amores pero que asegura y protege los pasajes de sustancia que éstos producen, hijos, parientes, compras, amigos, bienes?
En la novela, Ricardo, un exitoso agente de viajes de 40 años, está casado con Elena, una buena mujer, tranquila, no celosa, ama de casa, guapa, y que jamás da problemas a su esposo cuando éste tiene reuniones de trabajo y por esta causa tiene que llegar tarde a su casa. El matrimonio tiene un hijo, Rodrigo. El protagonista ha tenido algunas experiencias extra-matrimoniales esporádicas, nada trascendentales, de una noche y adiós. Pero el destino hace que encuentre a Manuela, una arquitecta de grandes ojos verdes que vivía con Nerón, un french pool que no soporta a Ricardo y lo demuestra: le orina los pantalones, le ladra, le deja de regalo su "producto alimenticio" justo en el lugar donde el amante de su dueña pisa y sus zapatos se sumergen sin remedio.

Ricardo y Manuela son amantes desde hace diez meses, y la pasan muy bien. Se ven todos los jueves conscientes que los fines de semana "no siempre permitían una escapada". Lo difícil para Ricardo va siendo el tener que decir mentiras a Elena para poder ausentarse y avisarle que llegará tarde. Fue educado bajo los cánones de la religión católica y eso le provocaba culpas, remordimientos:

Era inevitable: con un papá que le había vendido el alma al Opus Dei y una mamá a la que habían educado en la prohibición de disentir de su marido, lo tenía todo para que la culpa se diera en mí de manera silvestre. Me habían enseñado que una mujer era sinónimo de pecado, a menos que la hubiera llevado al altar y mi única intención a la hora de desnudarla fuera la de procrear. Me habían pintado a un Dios de ceño fruncido que castiga a los que se atreven a dudar y a una logia de santos que se ganaron la aureola a punta de sacrificios horrendos. Me habían advertido que mi generación estaba construyendo una nueva Sodoma y que estábamos a punto de quedar convertidos en estatuas de sal (...) Me privé de explorar muchos mundos en apariencia prohibidos por el simple temor de tostarme en el infierno. Maldije el deseo. Y llegué a la edad adulta con una larga lista de deudas con la asolescencia que el tiempo se ha encargado de irme cobrando. Me casé con Elena porque la amaba, es cierto. Pero también lo es que su familia parecía construida a imagen y semejanza de la mía, y no faltaron las complicidades para promover la relación.

Ricardo se siente muy atraido por Manuela, su relación tiene pasión, deseo, comprensión, alegría. Se pregunta en qué momento se fastidia un matrimonio: "¿Cuando uno se acuesta con otra mujer? ¿Cuando uno miente por primera vez? ¿Cuando uno se despierta al lado de una mujer que no es la suya y lamenta tener que vestirse y regresar a casa? ¿Cuando las noticias del periódico se vuelven, día tras día, más importantes que las de ella? ¿Cuando uno empieza a añorar los lunes? ¿Cuando las disculpas para quedarse un rato más en la oficina empiezan a fluir con facilidad? ¿Cuando uno se da cuenta de que ha endosado por completo su felicidad y empieza a depender de las felicidades ajenas? ¿Cuando uno quiere volver a ser dueño del control del televisor? ¿Cuántos años me quedarían de vida útil antes de que un carcinoma me destrozara el hígado o de que el alzheimer dejara mis decisiones en manos de los demás?".

Como siempre que va con Manuela, Ricardo habla a Elena para decirle que esa noche va a cenar a "El nogal" con unos clientes. Elena sabía que en estas reuniones no había peligro de nada, ella lo había acompañado varias veces hasta que se embarazó y prefirió quedarse en casa. Así que nunca hace preguntas. Al llegar a casa de Manuela, Ricardo acostumbra apagar de inmediato su celular. A la mañana siguiente, sube a su coche y prende su celular para ver si algo se ha ofrecido en la oficina y revisar todos sus mensajes. Cual no sería su sorpresa que escucha en el buzón la voz desesperada de Elena, llorando, al igual que su hermana. El asunto era que las FARC habían puesto un cochebomba en "El nogal" y existïan muchos heridos y muertos. Elena estaba muy angustiada al no saber qué había sucedido con su esposo.

Ricardo pasa por momentos terribles, no sabe qué hacer ni qué decir. Por fin llama a Elena, le dice que está bien, que se encuentra en un puesto de salud. Al colgar percibe que ha cometido un grave error... Llama a Guzmán, un amigo mujeriego que se las sabe de todas, todas. Guzmán construye toda una mentira digna del mejor edificador de historias, y aquí empieza toda una serie de cosas que llevan a Ricardo, y a su vida, por caminos insospechados. A veces las cosas no salen como uno se las imagina. Lo más increible sucede...

Esto huele mal, ha sido llevada al cine (Trailer)