30 de diciembre de 2008

La gran estafa literaria mundial

La gran estafa literaria mundial
Eduardo García Aguilar
29-Dic-2008

Los viejos escritores latinoamericanos encorvados por las medallas y los doctorados honoris causa, deberían ser fieles al autor adolescente que alguna vez fueron si tuvieron la fortuna de ser precoces y no ser presos y cómplices de la nueva industria editorial estafadora que domina en el mundo.

Antes de que la literatura se convirtiera hace medio siglo en una industria multinacional rentable y los escritores en empleadillos sin sueldo de las grandes multinacionales editoras, el ejercicio de la palabra estaba relacionado con la utopía y las ilusiones caballerescas y quienes se dedicaban a ella lo hacían empujados por una extraña pulsión de la que estaba exenta la ambición del dinero, el poder o la fama televisiva.

Dentro del imaginario del escritor adolescente de todos los tiempos estaban presentes autores muchas veces suicidas, marginales o castigados por la sociedad que como Gerard de Nerval, Arthur Rimbaud, Oscar Wilde, Franz Kafka, Porfirio Barba Jacob, Malcolm Lowry o César Vallejo mostraban a los seducidos por la poesía que el camino escogido era el más difícil posible, pues hasta la más humilde profesión es remunerada mientras la literatura en general y la poesía en particular eran seguros caminos hacia la pobreza, la indiferencia y la burla de los contemporáneos.

Salvo los escritores afortunados o los que hacían carreras políticas o diplomáticas al servicio de tiranos, la mayoría vivía una vida de privaciones que poco a poco los sumían en la desesperación, la marginalidad y la penuria, por lo que sus vidas semejaban a las de los mártires de los santorales religiosos. Muchos hemos conocido a ese tipo de escritor maldito que con modestia se dirige encorvado por las noches a su perdida vivienda a encontrarse con los libros que ama y a ser feliz viajando por el mundo y el tiempo como el más derrochador millonario. Pienso en grandes autores sabios como Paul Verlaine, Yasunari Kawabata, Juan Rulfo, Juan Carlos Onetti o Nagib Mafhuz. Ese hombre viaja por las civilizaciones y visita los lugares más exóticos mientras devora volúmenes con sus ojos enrojecidos de pasión y su quijotesco estómago vacío.

En estos tiempos en que son premiados con recompensas millonarias narcos, prostitutas, violentos, torturadores, delatores, criminales, arribistas, ignorantes y políticos venales, la literatura sigue siendo marginal, pero amplios sectores de la misma han emprendido el camino de la corrupción al servicio del poder y el dinero. Muchos autores exitosos, analfabetas que ni siquiera escriben sus libros, se ufanan como estrellas en las Ferias del Libro de una industria editorial corrompida, mientras son expulsados de ellas y rayados de las listas de invitados los verdaderos escritores.

Por medio de la propaganda editorial vehiculada por los medios masivos a los que pertenecen las casas editoras españolas que dominan en América Latina, se inventan genios de las letras, pensadores anencefálicos, narradores que no han hecho jamás sus primeras letras, mientras grupos de modestos editores o ghost writers se encargan de escribir y armar los libros que serán los éxitos de la temporada y el centro de las ferias del libro.

Además se ha puesto de moda el escándalo y el exhibicionismo ramplones y suben a la fama los autores que más se destapan, insultan, cuentan intimidades de sus familiares, escritorzuelos que parecen escribir sermones imprecatorios llenos de insultos baratos y escatológicos e ideas de pacotilla para gusto de un consumidor nacional aferrado a sus manías y ridiculeces ancestrales de tribu. Desterrados quedan los grandes autores, los libros escritos por personas que han dedicado su vida a estudiar y pensar con rigor y a cambio nos venden siempre literatura de cuarto nivel cercana a los libros de autoayuda o a los panfletos iluminados de las sectas empresariales.

Esa es la literatura que hoy circula en ferias, escuelas y bibliotecas y se enseña en las universidades de América Latina y (aquí sigue...)

24 de diciembre de 2008

Harold Pinter

El dramaturgo británico Harold Pinter, que falleció en Nochebuena a los 78 años, se granjeó el título de “the angry old man” (el anciano enfadado) del teatro británico. Y tan político como en sus obras se mostró este crítico radical de la sociedad en sus declaraciones de los últimos años.

A continuación, una selección de algunas de sus declaraciones:

“Todos saben lo que sucedió en la Unión Soviética y a través de Europa Oriental durante la posguerra: la brutalidad sistemática, las atrocidades extendidas, la supresión despiadada del pensamiento independiente. Todo esto ha sido documentado y verificado (...) Pero (...) los crímenes que cometió Estados Unidos en el mismo periodo sólo han sido registrados en forma superficial, ni hablar de su documentación, ni hablar de su admisión, ni hablar de reconocerlos siquiera como crímenes (...) Los crímenes de Estados Unidos fueron sistemáticos, constantes, infames y despiadados”.

“A Estados Unidos simplemente le importan un bledo las Naciones Unidas, el derecho internacional o el disenso crítico, al que considera impotente e irrelevante. Tiene asimismo a su propio corderito detrás, la patética y supina Gran Bretaña (...) La invasión de Irak es un acto de bandidos, un acto abierto de terrorismo de Estado, que demostró el desprecio absoluto por el principio del derecho internacional”. (Discurso del Nobel de Literatura en diciembre de 2005, emitido en video desde Estocolmo).

“Nuestro primer ministro, quien supuestamente es un cristiano serio y sincero, evalúa nuevos ataques con bombas contra Irak... Eso sería asesinato, asesinato premeditado, ya que no solamente se mataría a Saddam Hussein”. (En agosto de 2002, sobre Tony Blair).

“La muerte de la muchacha le dio exactamente igual a esta gente. Por eso opino –y realmente lo creo- que Clinton y Blair deben ser acusados como criminales de guerra”. (En agosto de 2002, sobre Blair y el ex presidente estadunidense Bill Clinton en relación al conflicto en Kosovo).

“Esto fue asesinato de civiles, plenamente inocentes, en el edificio de televisión, porque no estaban directamente involucrados en hostilidades”. (En abril de 1999, sobre un ataque de la OTAN en el conflicto kosovar, en el contexto del cual fue bombardeado un edificio de la televisión serbia en Belgrado).

“La política exterior estadunidense es ‘bésame el trasero o te rompo el cráneo’”. (En abril de 1999, sobre la política estadunidense en la ex Yugoslavia).

20 de diciembre de 2008

Georgina Hübner, novia fantasma

"En 1904 el veinteañero, andaluz y poeta Juan Ramón Jiménez, ya conocido en países de la lengua española, escribía versos acerca de “paisajes del corazón”, de “santos jardines del alma”, de la mujer como “la llama, la flor y la música” y otros asuntos muy indicados para un talentoso joven en busca de un buen amor espiritual para nutrir su poesía. Entonces recibió una carta de Perú en la cual la señorita Georgina Hübner se declaraba su admiradora y le solicitaba algunos de sus libros inconseguibles en Lima, su lugar natal y de residencia. Y así comenzó una historia de amor romántico de las que no se usan ni quizá se comprenden en estos tiempos de ir derecho al bulto.

El poeta envió los libros con dedicatorias escritas en su acostumbrada tinta violeta, un color demasiado frecuente en su poesía. Georgina, tras leer aquellos poemas frente al mar, le enviaba a Juan Ramón suspiros caligrafiados en un estilo juanramoniano: “Pero ¿a qué le cuento de mis pobres cosas melancólicas a usted, a quien todo le sonríe?... Con un libro en la mano ¡cuánto he pensado en usted, amigo mío! Su carta me dio pena y alegría, ¿por qué tan pequeña y ceremoniosa?”.

Esta relación “a la distancia”, mediante cartas que cuanto más cruzaban el océano más subían de temperatura, se fue convirtiendo, desde el lado del poeta, en el vehemente amor tan presentido y tal vez buscado por él. ¡Qué suerte la aparición distante y por consiguiente tan espiritual, tan etérea, tan ideal de la señorita Hübner! (Conviene siempre que las mujeres amadas por los poetas sean lejanas y misteriosas, porque, si no, ¿cuál sería su grado de poder inspirador?) Cuando un día pasaron por el sofocante Madrid veraniego unos jóvenes limeños que además resultaron algo poetas, según era la obligación de todo respetable y autorrespetado estudiante latinoamericano, JRJ se les presentó y los sobornó con heladas y deliciosas horchatas para saber noticias de la señorita Hübner. Uno de ellos le dijo precisamente lo esperado por el taimado corazón enamorado de JRJ: “Es buena y bella como un lirio, pero secretamente triste, acaso por no sentirse amada por alguien a quien ella ama.”

Se comprende la reacción del poeta: después de exaltadas noches en vela y cuantiosas emisiones de versos, disparó hacia Lima una carta perentoria: “¿Para qué esperar más? Tomaré el primer barco, el más rápido, que me lleve pronto a su lado. No me escriba más. Me lo dirá usted personalmente, sentados los dos frente al mar o entre el aroma de su jardín con pájaros y lunas...”

Y entonces, poco antes de embarcarse JRJ, el cónsul peruano en Madrid le informó de un telegrama llegado de Lima:

“Comunique al poeta Juan Ramón Jiménez que Georgina Hübner ha muerto”.

No hay que esforzarse en imaginar la desesperación y el dolor de Juan Ramón, porque él se ocupó de ponerlos en un hermoso poema elegíaco, de medio centenar de intensos, elegantemente anticuados versos de arte mayor, que concluye con una admirable conclusión blasfema. Juan Ramón lo publicó en Laberinto, de 1910, y luego lo quitaría de las ediciones siguientes:

Carta a Georgina Hübner en el cielo de Lima

El cónsul del Perú me lo dice: Georgina Hübner ha muerto...

¡Has muerto! ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Qué día?
¿Cuál oro, al despedirse de mi vida, un ocaso,
iba a rozar la maravilla de tus manos
cruzadas dulcemente sobre el parado pecho,
como dos lirios malvas de amor y sentimiento?
... Ya tu espalda ha sentido el ataúd blanco,
tus muslos están ya para siempre cerrados,
en el tierno verdor de tu reciente fosa
el sol poniente inflamará los chuparrosas...
¡Ya está más fría y solitaria La Punta
que cuando tú la viste, huyendo de la tumba,
aquellas tardes en que tu ilusión me dijo:
“¡Cuánto he pensado en usted, amigo mío!”...
¿Y yo, georgina, en tí? Yo no sé cómo eras...
¿Morena? ¿Casta? ¿Triste? ¡Sólo sé que mi pena
parece una mujer, cual tú, que está sentada,
llorando, sollozando, al lado de mi alma!
¡Sé que mi pena tiene aquella letra suave
que venía, en un vuelo, a través de los mares,
para llamarme “amigo”... o algo más... no sé...algo
que sentía tu corazón de veinte años.
Me escribiste: “Mi primo me trajo ayer su libro”..
¿te acuerdas?- y yo, pálido: -“Pero... ¿usted tiene un primo?”
Quise entrar en tu vida y ofrecerte mi mano
noble cual una llama, Georgina... ¡En cuantos barcos
salían, fue mi loco corazón en tu busca...
y creía encontrarte, pensativa, en La Punta,
con un libro en la mano, como tú me decías,
soñando, entre las flores, encantarme la vida!...
Ahora, el barco en que iré, una tarde, a buscarte,
no saldra de este puerto, ni surcará los mares,
irá por lo infinito, con la proa hacia arriba,
buscando, como un ángel, una celeste isla...

¡Oh, georgina, georgina! ¡Qué cosas... Mis libros
los tendrás en el cielo, y ya le habrás leído
a Dios algunos versos... Tú hollarás el Poniente
en que mis pensamientos dramáticos se mueren...
desde ahí tú sabrás que esto no vale nada,
que, salvado el amor, lo demás son palabras...
¡El amor! ¡El amor! ¿Tú sentiste en tus noches
el encanto lejano de mis ardientes voces,
cuando yo, en las estrellas, en la sombra, en la brisa,
sollozando hacia el sur, te llamaba: Georgina?
Una onda, quiizás, del aire que llevaba
el perfume inefable de mis vagas nostalgias
¿pasó junto a tu oído? ¿Tú supiste de mí
los sueños de la estancia, los besos del jardín?

¡Cómo se rompe lo mejor de nuestra vida!
Vivimos... ¿para qué? Para mirar los días
de fúnebre color, sin cielo en los remansos...
para llorar, para anhelar lo que está lejos,
para no pasar nunca el umbral del ensueño,
¡ah, Georgina, georgina!, para que tú te mueras
una tarde, una noche... ¡y sin que yo lo sepa!

El cónsul del Perú me lo dice: Georgina Hübner ha muerto”...
Has muerto. Estás, sin alma, en Lima,
abriendo rosas blancas debajo de la tierra.
Y si en ninguna parte nuestros brazos se encuentran,
¿qué niño idiota, hijo del odio y del dolor,
hizo el mundo, jugando con pompas de jabón?
El espléndido final es casi adivinatorio, porque la misma Georgina Húbner apenas era algo más que una pompa de jabón: Es de saberse que cada carta que JRJ enviaba a su amada Georgina era leída y respondida, no por una dulce doncella amorosa sentada frente al mar en la costas limeña, sino por un par de cultos empleados de oficina, talluditos y bigotudos y con alguna vocación poética. Uno de los dos, José Gálvez Barrenechea, era efectivamente poeta y con los años sería presidente del Perú. Y esa es la clave del drama: esos mozos universitarios, burócratas y versificadores, eran Georgina Hübner. Bueno, para ser precisos: existía una Georgina, de carne y hueso, prima de don Carlos Rodríguez Hübner, el otro de los cómplices del engaño, pero esa Georgina solamente era la encargada de poner en letra femenina las cartas dictadas por que los jóvenes liróforos. Así, la “Georgina” de Juan Ramón, la que él recibía por correo trasatlántico, era un personaje inventado pieza por pieza y carta tras carta: un fantasma que existía sólo gracias a la prosa epistolar . El remate de la ficción, la apresurada muerte de “Georgina”, se debió a que, enterados los muchachos del posible viaje de JRJ al Perú, y pensando que la broma había llegado demasiado lejos, y que JRJ se llevaría un enorme disgusto, decidieron, de modo insano, cortar por lo sano la bonita historia.

Pero... ¿por qué? ¿Por qué esta ficción minuciosa y cruel? ¿O para qué?

Muchos años después, José Gálvez mismo, siendo ya ex-presidente del Perú, explicó el asunto: “En cuanto a la travesura a Juan Ramón Jiménez, reconozco francamente que la hice en compañía de un amigo y compañero de labores en la Sociedad de Beneficencia Pública cuando aún no tenía, creo, ni veinte años. Fue con el objeto de obtener sus libros que, por aquel entonces, no se conseguían en Lima.”

Gálvez, muerto a los 72 años en 1957, un año antes de que muriera un Juan Ramón ya poseedor del premio Nobel, no parece haber dejado claro si el gran poeta supo del engaño; pero yo quiero creer que, de haberlo sabido, Juan Ramón habría proclamado: No importa. Georgina existió para mí en un momento en que mi poesía la necesitaba. Ella es una inmortal de aquel momento".

(De Libertades imaginarias. Editorial Aldus, México, 2001)

Georgina Hübner, novia fantasma, Letras Libres.

18 de diciembre de 2008

El vocativo

Uno de los errores más persistentes en la lengua escrita consiste en no separar el vocativo del resto de la proposición. Pero para comprender lo anterior, es preciso saber qué es un vocativo.

La palabra vocativo proviene del latín, vocativus. El hispanohablante actual reconocerá que nuestra palabra voz, asimismo, proviene de ahí (vox, vocis), como también vocal, convocar, evocar e invocar, entre muchas otras. Cuando hablamos de vocativo en términos gramaticales, nos referimos a que invocamos a alguien, le hablamos, nos dirigimos a él, a ella o a las personas del caso. Pero no sólo eso sino que usamos su nombre, su apodo, su título o algún equivalente para hacerlo. Ese nombre (apodo, título o algún equivalente) es, precisamente, el vocativo.

En la ilustración que acompaña a esta entrada del blog, se anuncia la escenificación de una pastorela, la cual se titula “Dónde estás Gabriel” [sic]. Tal como el título está escrito, pensaríamos que uno puede estar bien, mal o, incluso, Gabriel. ¿Pero qué significa estar Gabriel? La verdad, es un disparate. Nadie puede estar Gabriel. Tampoco era la intención del redactor de este anuncio insinuarlo.

A todas luces, se trata de una pregunta que se le formula a Gabriel. En otras palabras, hay una primera persona, la de la voz, que le hace una pregunta a Gabriel, se dirige a Gabriel en forma interrogativa, empleando su nombre propio. Este nombre propio es el vocativo. La regla es sencilla: mediante una coma, hay que separar el vocativo del resto de la proposición. Así, lo correcto sería: “¿Dónde estás, Gabriel?”

Esto no sólo funciona con preguntas sino con cualquier construcción donde se le habla a alguien, usando su nombre, título, apodo o equivalente. Y ese alguien puede ser tan real como ficticio o retórico. Ni siquiera tiene que tratarse de un ser humano. Puede ser un animal, una divinidad o un mero concepto (si le damos nombre, por supuesto). Veamos unos ejemplos:

¡Buenos días, Evangelina! (nombre propio)

¡Hola, guapo! (equivalente)

¿A qué le tiras cuando sueñas, mexicano? (gentilicio en lugar de nombre propio)

¡Mexicanos, al grito de guerra! (idem)

Hay días, licenciado, en que usted simplemente no sirve. (título)

Dime, Flaco, si te interesa la chamba. (apodo)

¿Me estás oyendo, inútil? (epíteto en lugar de nombre propio, un “equivalente”)

Di que sí, mi amor. (equivalente)

¿Qué puedo hacer, Dios mío, para aprender el vocativo? (divinidad)

¡No me vencerás, inflación, porque voy a comprar dólares! (concepto)

Sí, sargento. (título de rango)

Ay, tesoro, mira cómo te ensuciaste las manos… (equivalente)

Como se ve, hay vocativos de muchas clases: personas, títulos, gentilicios, apodos y palabras que usamos como si lo fueran, como equivalentes de nombres (inútil, mi amor, querido, tesoro, guapo). Lo importante es que nos demos cuenta de que se le está hablando a alguien, empleando su nombre (o cualquiera de sus equivalentes). Siempre se trata de la segunda persona, que en español es tú, usted, vosotros, ustedes, pero en lugar de emplear cualquiera de estos pronombres, usamos el vocativo, como en los ejemplos anteriores.

Lo más importante, para efectos prácticos, es aprender la puntuación correcta: poner una coma después del vocativo, si éste viene al principio; poner coma antes del vocativo, si éste viene al final de la proposición; poner una coma antes y otra después del vocativo, si éste viene en medio.

Recuerda que en tercera persona, no hay vocativo, por mucho que se empleen nombres propios. Si escribo “Juan escucha la sinfonía”, simplemente señalo (en tercera persona) que el muchacho está atento, oyendo la música. Pero si escribo “Juan, escucha la sinfonía”, le estoy hablando a Juan y le estoy diciendo (en segunda persona familiar) que escuche la sinfonía. Aquí sí hay vocativo porque estamos usando la segunda persona con nombre propio. Sin coma, no obstante (“Juan escucha la sinfonía”), no le estamos hablando a nadie, es tercera persona y no hay vocativo.

El texto original es de Sandro Cohen: ¿A qué le tiras cuando sueñas, vocativo?

17 de diciembre de 2008

Diálogo

“¿Y usted conoció de veras a Manuel José Othón?", le preguntó Jorge Luis Borges a Alfonso Reyes cuando lo conoció en Buenos Aires, en el departamento de Pedro Henríquez Ureña. Al autor de Reloj de sol le brillaron con malicia los ojillos rasgados de mandarín criollo y le replicó en inglés: "Did you ever see Shelley plain?", citando unos versos de Memorabilia de Robert Browning que de algún modo reiteraban la pregunta del argentino: "¿Acaso alguna vez vio a Shelley cara a cara?".

La cosecha del 32, Letras Libres.

16 de diciembre de 2008

Las lecturas de 2008

Felicitamos al equipo editorial de la revista HermanoCerdo, por el interesante especial que presenta. Se trata de una convocatoria que invita a escritores, artistas, críticos, blogueros, a realizar un breve comentario sobre lo que leyeron este año. Comentan lo siguiente:

Las reglas de la convocatoria son:

(1) Responder a la pregunta "¿Cuáles fueron tus lecturas favoritas de 2008?". Un par de recomendaciones detalladas mejor que una lista de los mil libros leidos.
(2) No es necesario que sean novedades. No es necesario que sea narrativa. Todo vale.
(3) Recibimos desde un párrafo hasta el tratado crítico último de 2008. En general preferimos recomendaciones a resúmenes. Lo que queremos, sobre todo, es entusiasmo.

A partir de hoy publicaremos un par de recomendaciones por día. También seguiremos enviando invitaciones durante las próximas semanas. Si alguno espontáneo quiere participar en la convocatoria, envíenos un correo-e con la respuesta y una breve nota biográfica a: hermanocerdo(at)gmail.com, en el asunto: Yo lei más de un libro en 2008. Si hay espacio y está bien redactado será publicado.

15 de diciembre de 2008

Una región ocultamente furibunda: Javier Marías

"Lo que más me ha desagradado, sin embargo, son los llamados blogs y foros, por algunos de los cuales me he dado un paseo. No entiendo que tantos escritores tengan un blog propio y le dediquen, por fuerza, numerosas horas de su tiempo, porque me parece equivalente a esto: uno va a un bar, se sienta a una mesa y habla de lo que sea, y a continuación está expuesto a que cualquiera coja una silla y le suelte a su vez su rollo o -con demasiada frecuencia- sus imprecaciones. O bien a esto otro: uno inicia una conversación telefónica particular, y cualquier individuo puede colarse en ella y opinar lo que le plazca o ponerle verde a uno. No sé, para mí sería una pesadilla tener que escuchar pacientemente a personas que no he elegido, y con las que en algunos casos no quisiera ni cruzar media palabra. ¿Cuál es la gracia de estas tertulias escritas? ¿Ver que uno provoca reacciones? ¿Tener la comprobación inmediata de que lo que expone no cae en el vacío? ¿Llevar una vida "interactiva" (y perdonen el adjetivo)? Debe de haber mucha gente solitaria, o que aguanta la soledad -ese gran bien- pésimamente. Pero lo que más me ha desagradado es el frecuente tono insultante de los comentarios y el veneno que a menudo destilan. Amparados en el anonimato cobarde de los llamados nicks, no hay asunto que no les merezca a unos cuantos blogueros toda suerte de improperios. No veo que se discuta ni argumente apenas, sino que más bien se lanzan denuestos y groserías como en las tabernas más zafias. Hay en este mundo, o eso parece, una desproporcionada cantidad de odiadores, o llámenlos negativistas, resentidos, amargados, venados. No tantos en los blogs o foros en inglés. En esa lengua la gente es más propensa a emitir sus opiniones, a discutir civilizadamente, a pedir una información o aportar otra interesante y útil. En los españoles, en cambio, veo una sobreabundancia de rabiosos y cabreados, de individuos a los que todo parece una mierda, o que dedican horas y horas a estudiar la obra de un autor, por ejemplo, con el solo ánimo de ponerla a caldo, en vez de abstenerse -como quizá sería lo lógico- de seguirla leyendo. También se lleva uno sorpresas en este mundo, y ve intervenir, con su nombre, a personas de las que se distanció hace años, sólo para comprobar que la edad no las ha hecho más sabias ni gratas sino todo lo contrario, que el gusto por despotricar sin razones les ha ido en aumento y que ni siquiera han variado sus obsesiones durante tan larga ausencia. No sé, pero asomarse a esa inmensa taberna que son los blogs y foros de Internet, en España, le hace tener a uno la sensación de vivir en una región ocultamente furibunda, en la que más vale no entrar, si es posible".

En: Una región ocultamente furibunda.

Despreciar cuanto se ignora: Nacho Escolar.

14 de diciembre de 2008

Hablando de generaciones

De «Mcondo» a «Afterpop»
Jorge Carrión
ABCD las artes y las letras
13.12.08

En 1996 coincidieron las dos últimas grandes propuestas generacionales de la lengua española, desde un extremo y el otro de América Latina. Desde Chile, Alberto Fuguet y Sergio Gómez llamaban a los escritores en sintonía con la aldea global y las nuevas tecnologías y armaban la antología iberoamericana McOndo, en oposición al realismo mágico y comercial de su momento histórico. Desde México, Jorge Volpi, Ignacio Padilla y otros firmaban el manifiesto de El Crack, en defensa de la alta literatura y del retorno a la ambición del boom. Justo diez años más tarde se publicó en España Nocilla Dream (Candaya, 2006), de Agustín Fernández Mallo, cuya segunda parte, Nocilla Experience (Alfaguara), ha aparecido este mismo año. Regresa así un debate antiguo: ¿qué hacemos con lo que tradicionalmente se ha llamado «generación»? La llegada, en las mismas fechas, de los ensayos Afterpop. La literatura de la implosión mediática (Berenice, 2007) y Homo sampler. Tiempo y consumo en la era Afterpop (Anagrama, 2008), de Eloy Fernández Porta, ha dado nombre a una reactualización generacional. El fenómeno ha sido debatido por el boliviano Edmundo Paz Soldán, el mexicano Jorge Volpi y el español Jorge Carrión, desde una perspectiva histórica y crítica.

Jorge Carrión: Empecemos por los nombres de las supuestas «generaciones». De una terminología numérica e histórica (del 27, del medio siglo) o epocal (modernistas, contemporáneos), se pasa en la posmodernidad a las onomatopeyas (boom, Crack), lo tecnológico o de inspiración popular (walkman, McOndo, Nocilla). ¿Será por causas periodísticas?

Edmundo Paz Soldán: El boom lo inventó un periódico argentino. En la segunda mitad del siglo XX es la crítica periodística la que comienza a influir en gran manera en la recepción de los movimientos artísticos. A veces, bautizándolos, y en otras ocasiones, banalizando el alcance de sus propuestas. En esto los escritores somos corresponsables, porque nos servimos de los medios a la vez que los criticamos.

J.C.: En 1996 se publica McOndo y se publicita el Crack. Yo tengo la sensación de que la gestación de ambos proyectos, y no sólo su ideología, es antitética. Uno parece partir de la fuerza de voluntad y el otro de una estructura de poder? ¿Me equivoco?

Jorge Volpi: Este es uno más de los malentendidos que siempre han rodeado al Crack. El grupo empieza con la reunión de cinco amigos, en 1994, cuando ninguno de nosotros tenía el menor contacto con ningún «poder». Decidimos entonces asumirnos como grupo (jamás como generación), darnos un nombre irónico (Crack por el obvio homenaje pero también burla al boom) e intentar publicar las cinco novelas dentro de una misma colección. Cuando los libros se publicaron finalmente en 1996, decidimos añadir la «broma en serio» de acompañarlos de un manifiesto. Así nació el Crack.

J.C.: Está claro que todos los escritores tienen una red o un grupo que se puede identificar con lo que hace cincuenta años se entendía por «generación». El problema es explicitar, sobre todo a partir de una forma literaria que se percibe como anacrónica: «el manifiesto»...

J.V.: Al contrario de otros grupos, los miembros del Crack decidimos hacer pública nuestra amistad literaria; el manifiesto desde el principio fue un guiño irónico. Y en ese sentido funcionó perfectamente, pues la reacción de otros grupos (que nunca se presentaron como tales) fue muy violenta. Todos sabíamos que un manifiesto era «anacrónico», como tú dices, pero esa era la intención...

E.P.S.: A finales de los noventa, por otro lado, la idea de un movimiento artístico o propuesta generacional se hallaba descartada. Eran tiempos posmo, en los que había que ser irónico, escéptico, estar de vuelta de todo. Incluso de la misma tradición literaria. McOndo, entonces, al igual que el Crack, jugaba con la idea del manifiesto, y redujo lo generacional a una cosa muy práctica.

J.C.: Hasta ahora hemos hablado de coincidencias en la forma de los fenómenos. ¿Qué ocurre con el fondo?

E.P.S.: Efectivamente, si bien hubo una coincidencia temporal entre el Crack y McOndo, y hubo objetivos comunes, también siento que había diferencias importantes. Una de ellas tiene que ver con la relación de la literatura con la cultura popular. A veces siento que el Crack, en su defensa de las novelas «difíciles», siguió mostrando una diferencia muy jerárquica entre cultura alta y cultura popular. McOndo intentaba un diálogo con la cultura popular, con los medios, con las nuevas tecnologías. En el manifiesto del Crack, Padilla ataca los videojuegos; a mí, por ejemplo, me parece que algunos de los creadores más interesantes de nuestro tiempo trabajan diseñando videojuegos.

J.V.: Creo que tienes toda la razón, Edmundo. A Palou, Herrasti, Urroz o a mí nunca nos interesó demasiado (hasta ahora) la llamada «cultura popular». Yo me crié con música clásica y esa sigue siendo mi pasión hasta ahora... En nuestros libros apenas hay jóvenes, no nos interesaba retratar ese mundo de sexo, drogas y rock?n?roll que tanto furor hizo tanto en España como en América Latina. En cambio, todos crecimos con la televisión y el cine, que son fundamentales tanto para McOndo como para el Crack.

J.C.: En el décimo aniversario de la antología, Fuguet escribió en su blog: «Pronto postearé el puto prólogo». ¿Cómo ven aquel proyecto, ahora, sus integrantes?

E.P.S.: De 1996 al 2003, McOndo fue una mala palabra en la literatura latinoamericana, sus escritores eran unos chicos del barrio alto, alienados por la cultura norteamericana. Después se empezó a hablar de McOndo como una cosa aceptada y asumida. En cuanto al proyecto, queda la sensación ambivalente de que fue como un arrebato, pero, a la vez, que causó impacto porque fue un arrebato. Cuando pienso en Afterpop, en cambio, siento que tiene un grado de sofisticación teórica que no tenía McOndo.

J.C.: Ambos se articulan en un mundo casi sin Internet. Esa es la gran diferencia respecto a lo que ha pasado con Nocilla Dream y Afterpop: el fenómeno es estrictamente español. Quizá ese es, a mi juicio, uno de sus defectos, hasta el momento. Había plataformas de internacionalización, al menos en el ámbito de la lengua, gracias a los blogs y los e-mails, y en cambio, el debate se ha limitado prácticamente a nuestras fronteras?

E.P.S.: Creo que la diferencia principal es que con McOndo y el Crack hay como diez años de perspectiva. Es más fácil hacer el balance. Nocilla y Afterpop son todavía fenómenos en flujo, en formación, como sacarle una foto a un grupo que se mueve, y creo que eso complica un poco el análisis... Ahora, lo cierto es que el Crack también inicialmente era un fenómeno local, mexicano. Fue la caja de resonancia española la que lo amplificó.

J.V.: Como dice Edmundo, del Crack y McOndo han pasado ya diez años, y su contaminación y difusión exterior fue, en realidad, bastante lenta. Nocilla y Afterpop, en efecto, son fenómenos muy recientes y sólo españoles, al menos por ahora. La distancia entre lo que ocurre en España y cada país de América Latina sigue siendo muy grande, a pesar de Internet y la globalización. Nocilla, para colmo, es un nombre puramente español, que nada significa en América Latina...

E.P.S.: ¿En Bolivia se dice Nutella? Yo encuentro varios puntos de contacto entre McOndo y Nocilla/Afterpop: el interés por la cultura pop y de masas, el intento de narrar el impacto de los medios en la subjetividad, el deseo de ver la literatura en su relación con una ecología de medios muy intensa, etc. Pero me parece que McOndo no es un referente conocido para los narradores españoles, a diferencia de lo que ocurrió con el Crack. ¿O me equivoco? Por otro lado: ¿es Nocilla una versión retrasada de lo que pasó en América Latina hace una década? ¿Cuáles son los cambios fundamentales?

J.C.: Ten en cuenta que hablamos de plataformas de visibilidad. Lo afterpop estaba configurado, al menos parcialmente, desde mediados de los noventa. Es decir, el interés por lo audiovisual, que después ha derivado en un interés conceptual y formal por las nuevas tecnologías, la posición irónica respecto a la cultura pop, la red personal de interlocutores, la experimentación, etc., vienen de lejos en la nómina abierta de autores españoles que ven el lenguaje como un problema y no como una herramienta. Pero no se ha hecho visible hasta ahora.

E.P.S.: Los mundos culturales iberoamericanos funcionan como compartimientos estancos. Para bien y para mal, la literatura latinoamericana depende de las editoriales españolas para su difusión. El peligro, entonces, es tratar de escribir pensando en lo que le podría interesar al mercado español. La tentación es muy fuerte. Y no veo impermeabilidad a esos cantos de sirena.

J.C.: Diego Trelles, en el prólogo a El futuro no es nuestro, dice que la antología de McOndo no tenía una base teórica sólida y que su propuesta estética era un «simulacro inofensivo». Destaca, además, algo que llama la atención: al «grupo» le une la «superación de la novela total». Y concluye que han optado por llamarse «sin onomatopeyas ni prefijos pegajosos». ¿Qué opináis sobre el proyecto?

E.P.S.: McOndo era una respuesta visceral a un estado de cosas, no había una base teórica pero sí varias ideas-fuerza muy importantes. Y había una selección de textos con cierto aire de familia. En literatura, no creo que sea un punto en contra no tener una base teórica. Las onomatopeyas y los prefijos son imposibles en una antología como la de Trelles, que apuesta por ser representativa y al hacer eso debilita cualquier posibilidad de una propuesta estética clara.

13 de diciembre de 2008

Los diarios del adiós: Sándor Márai

A lo largo de su vida, el gran escritor húngaro, Sándor Márai, nunca dejó de consignar sus actividades y pensamientos cotidianos. Diarios 1984-1989 (Salamandra), los últimos que escribió antes de su suicidio, y los primeros que se publican en español, constituyen un acontecimiento editorial. Aquí presentamos como adelanto algunas de las clarividentes entradas correspondientes a 1984.

3 de marzo
Me siento enfermo y muy cansado; es posible que me consuma un gusano por dentro, o tal vez sea que las pilas están a punto de agotarse. Pero todavía cumplo con el paseo corto de por la mañana y con el de tres cuartos de hora por la tarde; eso me ayuda a pasar los días. La proximidad de la muerte confiere a la conciencia más fuerzas que desánimo.

Un director de cine de Budapest (nunca había oído su nombre) me escribe una carta donde me pide que vuelva porque "el gesto vacío", esto es, el exilio, carece ya de sentido; en Hungría todo ha cambiado para bien, la vida es alegre, etc. Califica de "gesto" el hecho de que yo lleve treinta y seis años en el extranjero y me invita a volver a casa, donde me recibirán "a bombo y platillo o de incógnito", como yo prefiera. Estos casos me dejan estupefacto por lo poco que saben los contemporáneos sobre las razones que motivan a cada uno. Mi desconocido corresponsal da por supuesto que voy a formar parte de los "idiotas útiles", por emplear la expresión de Lenin. Y entonces siento un gran alivio al pensar que todo un océano me separa de esa clase de gente.

18 de marzo
Hoy hace cuarenta años que celebramos una cena en mi casa de la calle Mikó con ocasión de mi santo. Por entonces la vida seguía tranquilamente su curso: teníamos dos criadas y vivíamos en un piso grande. Se puso la mesa como corresponde en tiempos de paz, con la plata y la porcelana; todo como debe ser. Los invitados se marcharon y quedó la familia: mi madre, la tía Juli, mi cuñado Gyuszi, mi cuñada Tuci y Alice Madách. Mis hermanos vivían aún. Pero esa misma noche las tropas nazis ocuparon Budapest. Todo quedó roto: la vida, el trabajo, Hungría, el viejo orden y también el desorden. Una ruptura total. Yo tenía cuarenta y cuatro años, acababa de salir de una grave enfermedad. Dos semanas más tarde fuimos a vivir a Leányfalu, al exilio, con perros y criadas. Empezó el bombardeo de Budapest; el último día del sitio la casa sufrió treinta y seis cañonazos y explosiones de bomba; resultado: destrucción completa. La mitad de mi vida quedó allí. Entonces empezó el segundo round: la peregrinación a través de varios continentes. Hoy hace cuarenta años que se destruyó el yo que fui y cobró forma ese otro que soy en la actualidad. El mismo que ahora se desmorona.

Los diarios del adiós.

8 de diciembre de 2008

Un cálido abrazo

Para todos ustedes: viejos y nuevos amigos que visitan este espacio, les envío mis mejores deseos en estos días en los que termina un año y otro empieza. Un abrazo tan grande que abarque todo 2009, y más...

En esta temporada se escucha mucho, por estos lares, esta canción muy popular y guapachosa: El año viejo, es, digamos, graciosa.

Y aquí, versión Disney, el famoso Cuento de navidad:

Parte 1
Parte 2
Parte 3

Plagio poético

Esto es un poema de Miguel Ángel Macau (1886-1971), poeta cubano:

Amo el amor de los marineros
que besan las mujeres y se van,
dejando una promesa de naufragios
para huir y no volver jamás.
Vienen a la vida entre los brazos
de los trigueños cantos del azar,
y una noche se acuestan con la muerte
en el lecho letal de la mar.


Esto es un indiscutible plagio del poema supra por Pablo Neruda (1904-1973):

Amo el amor de los marineros
que besan y se van.
Dejan una promesa.
No vuelven nunca más
En cada puerto una mujer espera,
los marineros besan y se van.
Una noche se acuestan con la muerte
en el lecho del mar…


Leído en Ramón Buenaventura.

4 de diciembre de 2008

Disparen sobre el crítico

Disparen sobre el crítico
Rafael Lemus
Letras Libres
4.12.08

"No hace mucho se organizó, en un festival olvidable, una mesa redonda sobre la crítica literaria. Entre los ponentes había un par de narradores, un poeta, algún espontáneo: ningún crítico literario. Justo ahora se celebra –¿o perpetra?– en Guadalajara la así llamada Feria Internacional del Libro. Si uno lee la lista de los actos públicos, encontrará narradores, poetas, dramaturgos, funcionarios, niños, niñas, más funcionarios: muy pocos críticos literarios, a veces ninguno. ¿Qué pasa? Para decirlo sin matices: que el crítico –o mejor, la crítica– es el enemigo.

Claro, todos los tiempos han sido miserables. Pero antes, incluso en medio de la miseria, la crítica era parte del juego. Los editores preferían que sus libros fueran reseñados antes que sus autores entrevistados. Los escritores aspiraban a aparecer en la sección de libros de una revista y no en el radio o la tele. Uno publicaba un libro para que este fuera discutido y no amablemente “presentado”. En fin, que los festivales literarios y las ferias del libro tenían, entre su paja, algo de debate y crítica y literatura. No eran, como son ahora, meras fiestas de una industria.

Claro, idealizo el pasado. Pero me quedo corto en cuanto al presente: la cosa está jodida. ¿Otro ejemplo? Los suplementos culturales, cada vez menos y menos significativos. Si algún sentido tienen estas publicaciones es atizar la discusión literaria. Los narradores y poetas no sufren mucho si mueren o adelgazan los suplementos literarios y las revistas culturales: de todos modos aparecerán sus obras, tarde o temprano, en forma de libros. Pero las reseñas o aparecen allí o no aparecen. ¡Y mejor que no aparezcan! Para qué dejarle espacio a la crítica cuando de lo que se trata es de publicar y vender y, ante todo, celebrar. Celebrar que este escritor cumple ochenta años. Que esta escritora cincuenta. Que este libro conjuga efectivamente los verbos. Que este otro no lo hace. Que esta señora ni lee ni escribe y ya lleva tres o cuatro libros publicados. Bravo.

Es jueves y no llueve y estoy cansado. Me da pereza abandonar la queja para ponerme a pensar con calma el asunto. Mejor terminar con una advertencia, desde luego que alarmista. Hubo un tiempo en que la Literatura –concedámosle, esta vez, la mayúscula– era una partida jugada entre cuatro participantes: el escritor, el editor, el crítico, el lector. Ya se ha visto que el crítico ha caído o está a punto de ser derrumbado. La próxima víctima, digo yo, es el escritor. Que se entienda: los escritores son prescindibles. De hecho, las grandes editoriales ya han empezado a prescindir de ellos. Los genios de la mercadotecnia editorial han encontrado maneras de producir libros sin tener que emplear escritores ni renovar la literatura: o adaptan guiones cinematográficos o multiplican los tomos escritos por politiquillos o simplemente traducen o contratan a un redactor capaz de escribir los libros que un empresario analfabeta o una retardada encueratriz presumirán como suyos.

Si exagero, me da lo mismo.

Como si uno fuera a andarse con prudencia ante los mercachifles".

Y se discutió el tema.

2 de diciembre de 2008

El amor secreto de Graham Green

La revelación de unos poemas inéditos del escritor británico Graham Greene han confirmado que Catherine Walston, la esposa de una de las grandes fortunas de Inglaterra del siglo XX, fue no sólo su amante sino el gran amor de su vida. Según publica hoy el rotativo The Sunday Telegraph, Greene (1904-1991) escribió para un reducido grupo de amigos dos poemarios titulados "Después de dos años" y "Para Navidad", que incluyen varios poemas manuscritos en los que refleja su pasión por Walston.

En los escritos, el autor de El tercer hombre y El americano impasible contrasta la naturaleza pasional de su relación con lady Walston con la más estable que mantenía con su esposa Vivien, con quien se casó en 1927 y con quien tuvo dos hijos.

Greene y Walston iniciaron su romance en 1947, cuando el escritor tenía 42 años y la dama de alta sociedad 30. Se conocieron después de que Walston le escribiera una carta para explicarle que había decidido convertiste al catolicismo al leer sus novelas, aunque la relación tuvo muy poco de religioso y espiritual y mucho de pasional e intenso. Greene quedó atrapado por la belleza de su amante y por su disposición a experimentar sexualmente, tal y como reflejó en su novela El fin de la aventura, que ha dado lugar a dos películas, la última protagonizada por Ralph Fiennes y Julianne Moore.

El escritor, que tenía un apetito sexual voraz, sufría trastorno bipolar, estuvo al borde del suicidio en varias ocasiones, experimentó con las drogas y espió para el Servicio Secreto británico, encontró su contrapunto en Walston, a la que le encantaba ir contracorriente y presumía de seducir a los curas católicos. El profesor Neil Sinyard, jefe del Departamento de Estudios Cinematográficos de la Universidad de Hull (Inglaterra) y autor del libro Graham Greene: una vida literaria, destacó la importancia de estos poemas, que sólo ha leído hasta ahora un puñado de personas. "Creo que estos volúmenes van a causar un gran interés", afirmó Sinyard, quien subrayó que "ha habido siempre un intenso debate acerca de la importancia de Walston en la vida de Greene".

"Ella es claramente la inspiración para 'El fin de la aventura', pero ¿fue ella el amor de su vida?. Estos poemas desde luego parecen sugerir que fue una relación muy apasionada e intensa", añadió. El profesor Sinyard recordó que Greene "pasó los últimos 30 años de su vida con Yvone Cloetta (una francesa a la que conoció en 1961 y con quien se mudó a vivir a Antibes, donde murió)" y consideró que "los poemas sugieren también que encontró en esta mujer la estabilidad que nunca logró en su relación con Catherine".

La devoción de Greene por Walston, según sus biógrafos, terminó por cansar a la aristócrata, quien siempre rechazó la idea de divorciarse de su marido y acabó por romper la relación. Green combatió la pena en Vietnam, donde gestó El americano impasible y donde, según confesó él mismo, se hizo adicto al opio. Lady Walston murió en 1978 y a decir de los biógrafos de Greene fue un duro golpe para el escritor, quien recibió poco después una extraordinaria carta del marido de su amante.

Harry Walston le decía a Greene: "no debes tener remordimientos. Le diste a Catherine algo que nadie más podía haberle dado, se transformó en un ser humano mucho más sensible".

Fuente: Adncultura. La nación

1 de diciembre de 2008

Noticias literarias

Después de unos días de andar de aquí para allá, encontrándome al llegar un ambiente de frío y lluvia que invita a tomar café y a no salir de casa (aunque esto último sea imposible), retorno con buenas noticias:

1. Me llegó por correo-e la siguiente información: La Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, está organizando para 2009 el Coloquio "Poe: El genio de lo perverso". Hasta el 5 de este mes se reciben las propuestas de ponencia. Aquí las bases, temas, etc.

2. Hace poco nos enteramos de que el escritor peruano, residente en Estados Unidos, Diego Trelles Paz (Lima, 1977), seleccionó y prologó la antología de narrativa hispanoamericana El futuro no es nuestro: escritores de la América Hispana 1970-1980, publicada en formato electrónico por la revista colombiana Pie de Página (pueden leer aquí estupendos relatos). La muestra está compuesta por 63 relatos de narradores latinoamericanos de 16 países nacidos entre 1970 y 1980.

Algunos de estos relatos han sido traducidos al húngaro por Kertes Gábor. En la columna de la derecha de esta página, donde dice Szerzők, podrán ver parte de los autores latinoamericanos traducidos. Excelente. Voy a enviar esta información a la página de Literatura húngara, me parece que puede interesarles.

3. André Gide es uno de los escritores que más admiro. En El país ha sido publicado un breve artículo que les recomiendo, se titula André Gide: la profundidad de la piel.

4. Nace Literalia.tv, un proyecto de escritores y productores de televisión que se presenta como un canal "para gourmets de la lectura y hambrientos de letras", sobre libros, autores, traductores, editores, librerías, agentes, distribuidoras y lectores.