Lavorare stanca, Cesare Pavese

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Trabajar cansa, Cesare Pavese

Atravesar una calle para escapar de casa
sólo lo hace un muchacho, pero este hombre que vaga
todo el día por las calles ya no es un muchacho
y no escapa de casa.

Hay tardes de verano en que hasta las plazas están vacías, se extienden
bajo un sol casi poniente, y este hombre, que viene
por callejuelas de inútiles plantas, se para.

¿Vale la pena estar solo, para estar siempre más solo?
Con sólo dar la vuelta, las calles y la plaza
quedan vacías. Desearía detener a una mujer,
hablarle y proponerle que vivan juntos.

De otra forma, uno habla solo. Por eso en ocasiones
los borrachos se atacan con discursos nocturnos
que relatan los proyectos de toda una vida.

No es seguro que al ir a una plaza desierta
te encuentres con alguien, pero los que vagan por las calles
se quedan de vez en cuando. Si anduviera con alguien
mientras cruza estas calles, la casa sería
donde ella estuviera, y entonces valdría la pena.

Por la noche la plaza vuelve a quedar vacía
y este hombre, que pasa, no mira las casas
tras las inútiles luces, no levanta más los ojos:
sólo siente el asfalto que han hecho otros hombres
con manos endurecidas, tal como las suyas.

No es bueno quedarse en la plaza desierta.
Con seguridad habrá una mujer en la calle
qué, si él se lo pide, querrá llevarlo de la mano a casa.

(Gracias a Carmen Ara Baguena, por el video).

Dora Maar: Pintora, fotógrafa, poeta

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Dora Maar amante de Bataille y Picasso, circunstancias de vida que seguramente tuvieron vivencias fascinantes para los tres...
"En el cuadro del Guernica aparecen cuatro mujeres entre los escombros del bombardeo, todas con la boca abierta por un grito de terror, las cuatro mujeres son la misma, Dora Maar, la amante de Picasso en aquel tiempo. Hay un detalle añadido: los ojos del toro erguido en el ángulo izquierdo también son los de Dora Maar, que en la realidad eran de un azul pálido y algún psicoanalista lacaniano sabrá explicar el significado de un toro con ojos de mujer, que a su vez son idénticos a los del guerrero, cuyo cuerpo se halla destrozado en la base del cuadro.

Picasso conoció a Dora Maar a principios de 1936. Su encuentro se ha convertido ya en una fábula excelsa de sadomasoquismo. Estaba el pintor una noche en el café Deux Magots de París con el poeta Paul Éluard y vio que en la mesa vecina una joven parecía entretenerse dejando caer la punta de una navaja entre los dedos separados de su mano enguantada, abierta sobre el mármol del velador. No siempre acertaba, puesto que el guante estaba manchado de sangre. El pintor se dirigió a ella en francés y la joven le contestó en un español gutural, la voz un poco ronca, temblorosa, con acento argentino. Después de una excitada conversación el pintor le pidió la prenda ensangrentada como recuerdo y ella le dio a Picasso no sólo el guante sino la mano y el resto del cuerpo, sin excluir su alma atormentada, no en ese momento, puesto que Picasso, presintiendo la tempestad amorosa que se avecinaba, echó tierra por medio y se fue a la Costa Azul, pero allí en casa de unos amigos comunes se volvió a encontrar con la mujer ese verano y ya no tuvo escapatoria. Bajo el esplendor mórbido del sol de Mougins, filtrado por los sombrajos de cañizo, sus cuerpos comenzaron a cabalgar en busca de la violenta alma contraria.

Dora Maar no era una neófita en esta batalla con los hombres. Venía de los brazos de Georges Bataille, rey de la transgresión erótica, con quien había experimentado todos los sortilegios de la carne. Según su teoría los burdeles deberían ser las verdaderas iglesias de París. Bataille, junto con Breton, lideraba el grupo surrealista de izquierdas Contre-Attaque, que se reunía en un ático muy amplio de la Rue des Grands Agustins, 7, y se había hecho famoso por el libro Historia de un ojo, una mezcla de pornografía y lirismo con aditivos de violencia, autodestrucción y ceguera: el ojo -huevo que se introduce en la vagina-. En ese mundo se movía Dora Maar, exótica, bella y radical, siempre coronada con sombreros extravagantes.

Dora Maar era pintora, fotógrafa y poeta, hija de madre francesa y de un arquitecto croata, instalado en París, que encontró trabajo durante algunos años en Argentina. Con ella atravesó Picasso los años de la Guerra Civil española y la ocupación nazi de París, desde 1936 a 1943, un tiempo en que el pintor vivía en medio de un vaivén de mujeres superpuestas. Su esposa Olga había sido suplantada por la dulce y paciente Marie Thérèse Walter, de la que le había nacido su hija Maya, y ese oleaje le había traído, como el madero de un naufragio, a Dora Maar, que tuvo que desplegar todas las artes para agarrar y no soltar los testículos de aquel toro español del Guernica, que según algunos críticos es el autorretrato del pintor.

A inicios del año 1937 el Gobierno de la República española le encargó un mural a Picasso para la Exposición Internacional de París, que iba a inaugurarse en el mes de mayo. El contrato lo formalizó el cartelista Josep Renau, director general de Bellas Artes, en un bistró de la Rue de Bôetie, sobre una servilleta de papel y después se fue a jugar al futbolín con Tristán Tzara. La tragedia española estaba en su apogeo. Picasso sólo quiso cobrar los materiales, el lienzo y las pinturas, que, por cierto, fueron de una evidente mala calidad, como demuestra el deterioro en que se encuentra la obra. Dora Maar conocía el ático de la Rue des Grans Agustins, donde había celebrado diversas ceremonias demoniaco-surrealistas. Se lo mostró a Picasso para que lo alquilara.

El local era famoso porque Balzac había situado allí la novela La obra maestra desconocida, que trata de la obsesión de un pintor por representar lo absoluto en un cuadro. Dora Maar pensó que en el local había espacio suficiente para trabajar en un cuadro de gran tamaño. Y en ese ático comenzó Picasso una doble lucha. Durante los primeros meses no se le ocurría nada. Comenzó a realizar bocetos en torno a una especie de tauromaquia en medio de la convulsión de los desastres de una guerra, mientras Dora Maar iba levantando acta con la cámara de los esfuerzos y arrepentimientos del artista. En unos bocetos el caballo relinchaba abajo, en otros el toro mugía de otro lado. Dora Maar era a la vez testigo y protagonista, puesto que su rostro de frente ovalada y grandes ojos como lágrimas se repetía en todos los intentos en distintas figuras femeninas. Picasso incluso dejó que su amante pintara algunas rayas.

Mientras el Guernica tomaba la forma definitiva, alrededor del lienzo se había establecido otra suerte de bombardeo, que causó una catástrofe amorosa. En el ático entró un día la dulce y paciente Marie Thérèse Walter y se enzarzó a gritos con Dora Maar. Con insultos que se oían desde la calle, le echó en cara el haberle robado a su amante, al que ella había dado una hija. A esta escena violenta de celos se unió Olga, la compañera legal, y mientras las tres mujeres gritaban, Picasso seguía alegremente pintando el Guernica, muy divertido. Esta reyerta explosiva se hizo famosa en el Barrio Latino. El día 26 de abril de 1937, cuando el cuadro ya estaba casi terminado, sucedió el espantoso bombardeo de Guernica por la Legión Cóndor. En homenaje a esa villa bilbaína, donde se conservaban los símbolos de un pueblo vasco, Picasso tituló el cuadro con su nombre. A partir de ese momento el Guernica se convirtió en un cartel universal contra la barbarie.

La batalla la había ganado Dora Maar. Ese mismo verano de 1937 se les ve muy felices en las playas de Antibes en compañía de otros seres maravillosos, desnudos en sillones y hamacas, Nush y su marido Éluard, Man Ray y su novia Ady, bailarina de Martinica, Lee Miller y Rolland Penrose, Jacqueline Lamba y André Bréton. Jugaban a intercambiarse los nombres y las parejas a la hora de la siesta y el más vanguardista en el sexo también era Picasso, que, según contaba Marie Térèse, solía practicar la coprofagia con sumo arte.

Picasso ejerció sobre Dora Maar otra suerte de sortilegio a la manera de su antiguo amante Georges Bataille. La convirtió en La mujer que llora: así aparece, erizada por el llanto en casi todos los cuadros en que ella le sirvió de modelo. Hasta su separación sumamente traumática Dora Maar fue la Dolorosa traspasada por siete navajas, que eran todas la misma que ella usaba el día en que se conocieron en el café Deux Magots, un símbolo del dolor de la guerra y del placer de la carne.

"Después de Picasso, sólo Dios", exclamó Dora Maar ante Lacan, el psicoanalista que la ayudó soportar el abandono del pintor. La mujer entró en una fase mística, se retiró del mundo, se encerró en su apartamento de París y sobrevivió un cuarto de siglo al propio artista. Murió en 1997, a los 90 años. En el Guernica sus ojos en forma de lágrimas se repiten en el toro, en el guerrero, en la madre que grita de terror con un niño muerto en los brazos, en la mujer que huye desnuda bajo las bombas, tal vez, desde un lavabo con un papel en la mano y en la que saca una lámpara por la ventana e ilumina todas las tragedias de la historia".
"Todas las lágrimas de Dora Maar", Manuel Vicent, El País, 26 de dic., 2009.

Lo bello y lo feo: Umberto Eco

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ENTREVISTA A UMBERTO ECO.

(Con letreros en castellano)
Gracias a Matías Ugarte.

Yuri Herrera: Premio 'Otras Voces, Otros ámbitos'

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Muchas felicidades a Yuri Herrera, joven escritor mexicano que ha sido galardonado con el I Premio 'Otras Voces, Otros ámbitos':

Por su novela Trabajos del reino, elegida por el jurado como la mejor novela publicada en España en 2008 (por Periférica). Este premio nace inspirado en el francés Goncourt con la intención de dar una segunda oportunidad a obras escritas en castellano y publicadas en España durante el año anterior pero que no han superado los tres mil ejemplares de ventas.

El galardón está promovido por Hotel Kafka, y Ámbito Cultural de El Corte Inglés, y con el se pretende recuperar una obra lo bastante significativa como para que tenga una segunda oportunidad.

Además de una escultura del artista Jaime Martínez, el premio consiste en la reedición y redistribución del libro en el nivel nacional con el apoyo de las 83 librerías de El Corte Inglés.
El jurado, compuesto por 100 prestigiosos críticos, editores, escritores y ensayistas, estuvo formado, entre otros, por Jorge Herralde (Anagrama), Javier Sádaba, Laura Freixas, Ofelia Grande (Siruela), Pilar Castro, Marta Rivera de la Cruz, Claudio López Lamadrid (RHM), Rafael Reig, Juan Cerezo (Tusquets), Jordi Doce, Eloy Tizón, Ronaldo Menéndez, Javier Azpeitia (451 editores), José Manuel Gómez Luque (Grupo editorial Luis Vives), Silvia Sesé (Destino), Juan Aparicio Belmonte o David Torres.

Enhorabuena.

Especial de Navidad

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Solo en la cabaña a medianoche. Ella ha muerto hace poco, y él ha decidido celebrar de todos modos la Navidad. “No sufras por mí —fueron sus últimas palabras—: la muerte nos llega a todos cuando debe de llegarnos, ni antes ni después.” A la luz de las velas, mira el árbol con sus esferas multicolores: el único árbol artificial en cincuenta kilómetros a la redonda. Mira por la ventana: no ve nada, pero sabe muy bien que allá afuera está la nieve. Ha nevado toda la tarde, haciendo el camino intransitable. Así es que nadie podría visitarlo. El pavo humea en el horno de leña. El vino tinto, descorchado. Ha puesto dos lugares en la mesa de nogal —dos platos con cubiertos, dos copas— sólo por no faltar a la costumbre. Pero ella ya no podrá compartir la cena con él. Nunca más.

Tocan a la puerta.


"Puntual", Armando Alanís.

El suplemento cultural Laberinto, del periódico Milenio, "en una tradición de la que forman parte autores como Charles Dickens y Hans Christian Andersen, presenta una serie de cuentos que recuerdan la Navidad, no siempre para celebrarla como una ocasión de paz y felicidad, sino también para registrar, desde el humor y la ironía, sus contrastes y aun los resentimientos y las pequeñas o grandes revanchas que alienta":

Una Navidad en el Laberinto, Fernando Solana.

El espía, Eduardo Antonio Parra.

Hombre de acción, de Ana García Bergua.

El vengador, Amelia Nava Flores.

Encuentros navideños, Leo Mendoza.

La navidad de Levi, Iván Ríos Gascón.

Y una visión muy triste de la "feliz navidad", pero desafortunadamente real: Happy Christmas (canción de John Lennon)

Como sucedió el año pasado por estas fechas, Hermano Cerdo quiere que los amigos, colaboradores y lectores de la Revista les digan qué lecturas han leído y disfrutado este 2009. Las reglas de la convocatoria las pueden ver aquí.

Faustino Ramírez, es el autor del blog Acento librería. Quien desee comprar libros le puede escribir solicitándolos y él los visita o se los envía. Aquí una lista de libros (qué va actualizando) y su correo-e.

Los olvidados, patrimonio cultural de la humanidad por la Unesco

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La obra escrita por el escritor mexicano Jesús Rodríguez Guerrero, Los olvidados, que sirviera de base para la película de Luis Buñuel, fue considerada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco.

Dicha obra describe la tragedia de la pobreza, la miseria y el dolor, fue casi olvidada y para algunos casi plagiada por el propio Luis Buñuel, quien nunca otorgó créditos al escritor.

La primera edición de esta novela se hizo en 1944 y ahora, 65 años después, a cargo del Instituto Politécnico Nacional, se publica la segunda edición de esta obra que fue presentada en el marco de la Feria Estatal del Libro y Lectura 2009.

Ángeles González, cronista de la ciudad de México y escritora, mencionó que si bien hay polémica e indignación porque Jesús Rodríguez Guerrero no haya sido tan reconocido, también se debe admitir que mucho le debe a la película de Buñuel, porque gracias a ella la obra de este escritor mexicano es conocida.

Rodríguez Guerrero fue uno de los escritores más grandes de la Revolución Mexicana, "él ha sido capaz de estrujar, de inundar de violencia y dolor, pero con un lenguaje que no ofende, ni injuria".

José Carmen Soto Correo, catedrático del IPN y de la UNAM, y uno de los defensores más fehacientes de la obra "olvidada" de Jesús R. Guerrero, señaló que esta obra describe lo que bien pueden ser todos aquellos pueblos marginados establecidos en la orilla del Río Lerma: "es una ventana a las necesidades más crudas de una sociedad".

Aunque él ha sido impulsor del reconocimiento de Jesús R. Guerrero, aclaró que obviamente no le resta méritos a Buñuel, quien, dijo, escribió la mayoría de sus guiones en Michoacán.

Aqui la fuente de esta nota.

A Luis Buñuel le gustaba decir que fue la casualidad la que lo trajo a México. Pero el señor era un tanto "especial", declaró en aquellos momentos que no le agradaba llegar a vivir al tercer mundo (muchos comentaban en broma o en serio, no lo se, si no le agradaba venir al tercer mundo porque el primero era muy viejo y el tercero demasiado joven), pero que era la necesidad la que obligaba: estaba en Estados Unidos y no tenía dinero ni trabajo (con los años, comentaba que con o sin estas circunstancias estaba feliz de vivir en México). Le ofrecieron dirigir Gran Casino, una película comercial con el conocido cantante mexicano Jorge Negrete y la primera figura argentina Libertad Lamarque. Buñuel aceptó y, una vez arreglados todos los papeles de residencia e instalado con su esposa y sus hijos, ingresó en la industria mexicana del cine. Esta primera película de su nueva etapa constituyó un rotundo fracaso y durante los tres siguientes años se vio obligado a mantenerse del dinero que le enviaba su madre todos los meses. Buñuel nace en Aragón, llega a México en 1946 y vivió en este país 37 años, se nacionalizó mexicano en 1949 y aquí fallece en 1983.

Viridiana fue una excelente película. Fue una coproducción México-España, con Silvia Pinal y Fernando Rey. Buñuel, estando en México, fue invitado por el gobierno español para “limar asperezas”, digamos, demostrar apertura. Sin embargo, el gobierno franquista la calificó de lo peor, y hasta el Vaticano la censuró. Tras las críticas de L'Osservatore Romano, periódico oficial del Vaticano, Francisco Franco pidió una copia de Viridiana y, tras verla, "mandó quemar todo lo que existiera y la persiguió como a una persona, porque no se podía vender legalmente al no tener nacionalidad". Pero Silvia Pinal se guardo los negativos y se los trajo a México. Así se salvó la película.

Los olvidados es una película mexicana de 1950 escrita por el escritor mexicano Jesús Rodríguez Guerrero y dirigida por Luis Buñuel, que obtuvo el premio al mejor director en el Festival de Cannes. La pelìcula tuvo en México mucha crítica y también halagos. La cuestión fue que Buñuel retrataba en ella la vida de una zona marginal y alguna crítica europea opinaba que así era todo México. Fue el escritor y nobel mexicano Octavio Paz, que era comisionado por el gobierno mexicano para el Festival de Cannes, el que logró convencer al embajador de México en Francia para que Los olvidados acudiese al certamen, donde ganó el premio a la mejor dirección.

Como vemos, a Buñuel le fue muy bien en México. La gran mayoría de su obra importante fue realizada en este país: Viridiana, Los olvidados, Gran Casino, Subida al cielo, entre muchas otras más (me parece que fueron 21 filmes en total los que realiza aquí). Pero uno de los olvidados fue el escritor de Los olvidados, a Buñuel, que realizó el guión, se le "olvidó" darle crédito. Vaya...

Romita, donde Buñuel filmó parte de la película de Los Olvidados.

Premios Cervantes de México forman parte de la Universidad Veracruzana

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Octavio Paz, Carlos Fuentes, Sergio Pitol y José Emilio Pacheco, los cuatro grandes escritores mexicanos que han recibido el Premio Cervantes de Literatura, formaron y forman parte del claustro académico de la Universidad Veracruzana (UV).

Octavio Paz recibió la condecoración en 1981. A principios de los años 60, mantuvo una vigorosa relación con la UV y con su editorial, a la sazón dirigida por el escritor Sergio Galindo. Paz se había involucrado de lleno en el proyecto que devino en la publicación de La magia de la risa, volumen preparado por Alfonso Medellín Zenil sobre las caritas sonrientes de la cultura totonaca, para el cual el Nobel no sólo escribió un ensayo, sino que se convirtió en promotor del texto en los círculos europeos.

Carlos Fuentes recibió el Cervantes en 1987. Desde el año 2000 forma parte del claustro académico formal de la UV tras recibir el doctorado Honoris Causa de esta casa de estudios, participó con la Editorial universitaria en la creación de una colección de literatura que lleva su nombre y a partir de 2009 se instauró en la institución la cátedra universitaria que lleva su nombre. En la primera edición de la cátedra, el escritor participó de manera tan activa que incluso se comprometió con la organización de la edición 2010 de la misma.

Sergio Pitol Deméneghi recibió en 2005 el Cervantes. Es académico e investigador titular de la Universidad. Caminó junto a Sergio Galindo en la Editorial de la UV en los años sesenta, considerada la época dorada de esta casa editorial. Avecindado en la ciudad de Xalapa, Pitol hoy dirige la colección Biblioteca del Universitario, una colección de 52 obras maestras de la literatura universal seleccionadas por el propio Pitol, además de que es la más importante figura tutelar de la UV en lo que a letras se refiere.

José Emilio Pacheco, Premio Cervantes de este año, recibió el doctorado Honoris Causa de la UV en diciembre de 2002. Al igual que Pitol y Paz, formó parte de aquella época dorada de la Editorial de la UV en los años sesenta. Posteriormente, ha vuelto una y otra vez a la Universidad ya para dictar una conferencia, ya para participar en la Feria Internacional del Libro Universitario (FILU).

También Ida Rodríguez Prampolini, una de las principales autoridades en materia de arte del país, pertenece al claustro académico de la UV. Tras fundar el Instituto Veracruzano de Cultura en los años 80, recibió el Premio Nacional de las Artes y, en agosto de 2003, entró a la academia universitaria tras recibir el doctorado Honoris Causa de esta casa de estudios.

Y en este artículo falta mencionar al excelente poeta y traductor, José Luis Rivas. Recientemente galardonado con el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2009. Investigador de la Universidad Veracruzana (UV) y Director de la Editorial de esta misma Universidad durante 14 años.

Ha sido merecedor de los premios Xavier Villaurrutia por su obra Brazos de mar y la traducción de la Poesía completa de T.S. Elliot; del Carlos Pellicer por Tierra nativa y del Nacional de Poesía Aguascalientes por La transparencia del deseo, entre muchos otros.