14 de enero de 2017

Recuerdos de Juan Rulfo

Recuerdos de Rulfo
Edmundo Lizardi

Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno (Sayula, Jalisco, 16 de mayo de 1917 - Ciudad de México, 7 de enero de 1986).

Pudo haber sido Juan Pérez, pero resultó Juan Rulfo. Que por estas fechas cumple 31 años de haber regresado definitivamente a su “natal” Comala.

LA SECRETARIA IRAÍZ

Poco después de la muerte de Rulfo, acudí a la que había sido su oficina en el INI(San Angel, DF), a entrevistar a Iraíz Ramírez, quien había sido la secretaría del escritor en los últimos 20 años. Iraíz era una mujer en sus cuarenta, extremadamente delgada, pálida, que hablaba en susurros. Un personaje Rulfiano.

Me contó muchas anécdotas y me regaló un fajo de cuartillas con "calaveritas" y otros apuntes del puño y letra de "Don Juanito".

Al célebre jefe de Iraíz le incomodaba el asedio de una fauna variopinta interesada en su obra y en su personaje, y a veces se divertía a sus costillas. Como cuando al salir de su cubículo se topó con unos jóvenes que le preguntaron por el "maestro Rulfo", y don Juanito -adelantándose a Iraíz- les respondió que el "maestro Rulfo andaba en China".

China: uno de los temas que le fascinaban tanto como la nota roja al autor de Pedro Páramo, quien por cierto hacía fila para cobrar su cheque de funcionario de segundo plano en el INI, donde su jefe inmediato era en el tijuanense Virgilio Muñoz Pérez (¿su pariente?), quien años después sería mi director en Diario 29, y luego director del Cecut. Virgilio presumía de una corbata que le había regalado “don Juanito”

RULFO EN LA PAZ

A principios de los ochenta, Juan Rulfo estuvo en La Paz en varias ocasiones gracias a los buenos oficios del escritor sudcaliforniano, Fernando Escopinicchi, residente desde tiempos inmemoriales en la Ciudad de México, donde había entablado una cordial relación con Rulfo, asiduo cliente de la librería El Juglar al igual que Fernando.

Una de esas ocasiones fue con motivo de la entrega del Premio Internacional de Poesía Ciudad de La Paz 1980, otorgado al poeta sinaloense, Jaime Labastida, por un fraternal jurado: Juan Bañuelos, Eraclio Zepeda y Oscar Oliva, los otros "espigos amotinados". Junto a los mencionados “ espigos”, completaban el elenco literario Marco Antonio Montes de Oca, Alí Chumacero, Alvaro Mutis, y Carlos Montemayor, entre otros.

En mi papel de flamante subdirector de la Dirección Cultural y de Extensión Universitaria de la recién fundada UABCS - una de las instituciones involucradas en el evento-, acompañaba a Rulfo en el vestíbulo del Cinema La Paz, esperando el inicio de la ceremonia de premiación que no podía darse sin la presencia del gobernador, Angel César Mendoza Arámburo, el Mecenas que había habilitado a Escopinichi como promotor cultural plenipotenciario, mucho antes de la fundación del Programa Cultural de las Fronteras y Conaculta.

Llegó Ángel César con su séquito de funcionarios bonachones (“Quiúbole amigo, ¿cómo está la familia?”) , y se dirigió a Rulfo.

Con buen olfato político y una decorosa formación cultural- bohemio, pianista él mismo-, y seguramente asesorado por el Escopas, el Ejecutivo no recurrió al clásico medio abrazo- tres cuartos, sin contacto corporal ni visual- del priismo de los tiempos felices del carro completo. Optó por un discreto apretón de manos, acariciadora palmadita en el hombro, y un breve pero sustancioso mensaje de bienvenida.

-Maestro Rulfo: es un orgullo para los sudcalifornianos tenerlo entre nosotros. Está usted en su casa. Bienvenido.

Luego procedió a presentarle al ilustre invitado a dos de sus “colaboradores”. Uno de ellos se lució:

-Qué le puedo decir yo, amigo Ruffo… Muy bonita obra,¿eh?... ¡ sobre todo esta última...! ¡El Páramo en Llamas! ¡Un novelón!

Angel César apenas pudo disimular un “¡trágame tierra!” mientras apuraba el desafane ante un don Juan impasible.

Cuando por fin se retiró la avanzada gubernamental, para romper nuestro bochorno e hilaridad contenida, “Ruffo” comentó:

-Qué jóvenes…

En su mirada creí ver bailotear una sonrisa. Una carcajada implosiva.

Ya en el "acto solemne", el maestro de ceremonias empezó desgranar los nombres de cada uno de los escritores invitados que se encontraban en la primera fila.

Nombró a todos, menos uno: Rulfo...

Chumacero se levantó de su butaca y alzó su voz, bien afinada por los tequilas de la víspera y la antevíspera, para desfacer el entuerto... Y dar paso a la entrega del jugoso cheque, diploma y Flor Natural al poeta laureado, con el fondo musical de la marcha Aída.

Al día siguiente, encontramos a Rulfo solo en una mesa de la Terraza del Perla, bogarteando uno de sus Delicados sin filtro, ante una taza de café, con la mirada clavada en la bahía de aguas tornasoladas. Al rato aparecieron sus compañeros escritores. Algunos habían amanecido con las luces encendidas y con mucha aviada.

Con su inseparable copa de coñac en mano, Montes de Oca le preguntó a don Juan si los acompañaría a Los Cabos, a donde estábamos a punto de salir.

-No-respondió Rulfo-, tengo muy malos recuerdos de San José.

-Pero... ¿Cuándo estuvo usted en San José, don Juanito?

Entonces el autor de "Luvina" contó una historia fulgurante protagonizada por un agente de ventas que algunas décadas atrás había sido sorprendido en San José por un chubasco devastador que lo retuvo en aquellos lares por varios meses. ¿El chubasco del 59 o puro temporal imaginario?

Poco después, compartiendo en el restaurante-bar del Gran Hotel Baja con los pintores Raúl Virgen y Bernardo Arellano y el poeta Víctor Bancalari, se nos apareció el fantasma de Juan Rulfo formado en la fila frente a la caja con su cuenta en la mano.

Bancalari fue quien se adelantó para ver si no estábamos alucinando. ¿Qué hacía Rulfo solo, haciendo fila para pagar su consumo, en un hotel de La Paz, y, hasta donde nosotros sabíamos, sin evento literario de por medio?

Había venido a pasar unos días de descanso, invitado por Fernando.

Pagamos su cuenta y lo encaminamos hasta el elevador. Por esos días, acababa de publicarse una polémica declaración del silencioso escritor jalisciense -"de chispa retardada"-, cuestionado sobre el panorama literario mexicano. -¿Es cierto que usted dijo eso de que el mejor poeta mexicano era Sabines?- preguntó Bancalari, más borgiano que paciano.

-Sí, Sabines... Pacheco...

-¿Y Octavio Paz?

-A ese no se le entiende nada... ¿Ustedes lo entienden? -respondió el novelista en receso; ahora sí, con una sonrisa de niño travieso a flor de piel, que nos hizo estallar en una carcajada mientras el amigo de Fernando Escopinicchi desaparecía en el rectángulo de luz blanquecina del elevador del Gran Baja.

3 de enero de 2017

Prohíben homenajes a Juan Rulfo

En este 2017 se celebra el centenario del gran Juan Rulfo, y aunque parezca increíble...

"La Fundación Juan Rulfo solicitó a la Presidencia de la República, a la Secretaría de Cultura y a otras instancias locales y federales que se abstengan de realizar homenajes públicos al autor.

En representación de la familia del escritor, Víctor Jiménez, director de la fundación envió una misiva en octubre del año pasado en la cual expone que la única forma de conmemoración posible es el otorgamiento de becas a jóvenes en las disciplinas de interés de Rulfo, como la literatura, fotografía y cine.

"Solicitamos, muy atentamente, que se abstengan de gastar cualquier suma, por pequeña que sea, en otro tipo de actividades, generalmente de naturaleza efímera y, como ya se dijo, de evidente sesgo político a favor no siempre del homenajeado sino de quienes se acercan a su nombre en estas ocasiones", se lee en el documento.

Víctor Jiménez explicó que la fundación no querría que se hicieran para Rulfo conmemoraciones similares a las que recibió Octavio Paz en su centenario, en el 2014.

"No queremos que el dinero siga justificando promoción de reflectores para un grupito de escritores de cuarta o quinta categoría que son expertos en hablar en homenajes y en figurar bajo el reflector como expertos en todo, que no lo son en nada", expuso.

A decir de Jiménez, la Secretaría de Cultura ya se había acercado a la Fundación Juan Rulfo para planear actividades de homenaje. En una carta posterior, la titular de la Dirección General de Publicaciones, Marina Núñez, dio por enterada a la SC de la petición.

"Tenga por seguro que no se violentarán los derechos patrimoniales de los herederos del célebre autor, y como suele ser costumbre, siempre se considerará antes de cualquier cosa, la opinión y deseo de los mismos", escribió Núñez".

3 de noviembre de 2016

Bioy Casares y Elena Garro: un relato

Nueva York, 1956. De izquierda a derecha: Elena Garro, Adolfo Bioy Casares, Octavio Paz y Helena Paz Garro
Andábamos huyendo
Eduardo Cerdán

Abstract: Con base en la correspondencia y en las obras de dos narradores de lo fantástico: Adolfo Bioy Casares y Elena Garro, Eduardo Cerdán construye un cuento brevísimo sobre la relación que durante la segunda mitad del siglo XX mantuvieron ambos.

Ya no estoy muerto: estoy enamorado.
Adolfo Bioy Casares, La invención de Morel

Fue en el George V donde nos presentaron, en un París de 1949. Luego de almorzar juntos ahí, te invité al auto que había alquilado y te pedí que diéramos un paseo por el Bois de Boulogne. Recuerdo muy bien esa caminata, el olor de los cedros, el ruido sordo de nuestros pasos y el rumor de la cascada, ésa que une los dos lagos. Mientras paseábamos me invadió una enorme ansiedad por tenerte. La resolana caía en tu pelo que ondeaba al viento, en tu frente amplia y en el rojo de tus labios que aún no soplaban las treinta velas. «Quítese el rouge», te dije de usted, «que la voy a besar». No respondiste y a nuestro alrededor se formó un silencio opresivo que luego se fundió con el murmullo del agua.

Tras un rato callados, aceptaste ir conmigo a una pensión modesta en los alrededores de la ciudad. Nuestras memorias mantuvieron lo que pasó en ese cuarto de modos dispares; pero lo importante, lo que ambos siempre supimos, es que ese día los dos andábamos huyendo. Por eso nos quisimos tanto: a partir de entonces nos unió la fuga. No se me olvida lo que dijiste en el Théâtre des Champs Elysées la primera noche que salimos: cuando viéndome a los ojos me contaste que sentías un gran respeto por los que huyen.

Durante los periodos en que no estuvimos juntos, mientras estabas en México, yo extrañaba tu compañía y la de tu hija la Chatita, las tardes en tu casa parisina de Víctor Hugo 199 y el té de las seis. Cuando cerraba los ojos, en ese extraño espacio entre el sueño y la vigilia, creía verte y oírte. Despertaba con el pecho turgente por la congoja de estar sin ti. Alguna vez me reprochaste mis lágrimas fáciles, pero, aunque me habría gustado que tuvieras razón, estabas equivocada. En realidad parecía que mis ojos se habían secado como, según dijiste más tarde, se secó tu amor por mí.

A partir de 1968 las cosas se complicaron en tu país. Te acusaron de instigadora y envenenaron a tres de tus gatos: Humitos, Juan Lamas y Conradino. Después, cuando emigraste, como no querías que Anamaría, Lafitte, Maxi y Tomi se quedaran en tu país por miedo a que también les hicieran algo, entonces acudiste a mí. Recuerdo tus palabras precisas: «Adolfito, es el momento de que te pida un favor muy delicado al que no puedes negarte», me dijiste. El favor consistía en recibir en mi departamento a tus cuatro «bichitos», los que enviarías en un avión a mi ciudad.

Me arrepiento de haber aceptado, pero no sé qué habría sido peor: si decirte que no, o lo que hice. Como tenía perros en mi departamento de Argentina, no pude mantener mucho tiempo a tus gatos allí, así que opté por llevarlos a una casa de campo para que anduvieran con mayor libertad. Nuestro amigo, el indiscreto Pepe, te contó sobre esto que nunca me perdonaste. Más tarde me enteré de algo que contabas a los cuatro vientos: a partir de entonces, era como si jamás me hubieses amado. Me dolió saber esto porque yo, aun con todo, acepto que nunca quise a nadie como a ti, que «siempre has estado en la alcoba más preciosa de mi pecho», como dijo el indio enamorado que aparece en uno de tus cuentos.

Tu excentricidad, que me habría parecido encantadora de haberla vivido contigo, no era bien vista por la gente. Sé que te llamaban loca. Aunque me fui cinco años antes que tú, me enteré de todo lo que ocurrió contigo. Supe de tus conflictos políticos, de tus huidas con la Chata, de lo que pasó con Octavio, de las decenas de gatos adueñándose de tu vida y de tu espacio, de los cigarros mentolados que a pesar de tu cáncer chupabas ansiosa con la boca desdentada.

Estoy aquí pensándote. Eso creo, al menos. A veces me he preguntado si soy no una simple alma en pena, sino un monstruoso fantasma de los celos de Octavio. Quién sabe. Él, tú, yo, y también Silvina, hemos muerto. Pero aun así te hablo y te quiero y te extraño. Lo que me queda es el grato recuerdo de nuestro tiempo juntos. Me calma pensar que en algún tiempo, en París, tú y yo andábamos huyendo. Y hoy te hablo a lo lejos y continúo mi fuga. Ahora escapo de la muerte mientras imagino, mi Elena, que te beso. Que recibes en tu calavera «un besito de Bioy»

31/10/2016 Fuente: Contratiempo MX

20 de septiembre de 2016

Sobre el libro de George Steiner

¿Dejaremos que gobiernen los bandidos?
Fernando García Ramírez
El Financiero
19.09.16

Los bárbaros son los otros, los que no son como yo, los que no hablan mi lengua, los que no tienen mis gustos, los que no son de aquí. Lo mejor es levantar un muro. Es triste saber que la mayor empresa humana en la historia ha sido la construcción de una muralla. En su mejor momento la muralla china llegó a medir poco más de 21 mil kilómetros. Para darnos una idea: la distancia de México a Nueva York es de 3 mil 359 kilómetros. Un gran muro para contener a los otros. Es muy triste también que xenofobia sea una palabra de uso tan común y que su contrario, xenofilia, haya desaparecido. Este desprecio por lo diferente se da paradógicamente en tiempos de la globalización y de su mayor traducción tecnológica: el Internet. Más conectados sí, pero también muros más altos.

Comentaba de los bárbaros. Para los orgullosos europeos los bárbaros son los morenos sudamericanos, los negros de África, los amarillos de Asia, los adoradores de Mahoma. Y sin embrago, “entre el mes de agosto de 1914 y el mes de mayo de 1945, en Europa… más de 100 millones de hombres, mujeres y niños fueron masacrados por las guerras.” ¿Quiénes son los bárbaros? “El milagro es que haya algo que sobreviviera a la mayor masacre de la historia.” El que señala esto es George Steiner, quizás el mayor intelectual europeo vivo. Steiner –que nació en Viena, creció en París y se educó en la Universidad de Chicago, en Harvard, en Oxford y en Princeton, y que ha sido profesor en las mejores universidades del mundo–, nos recuerda que los campos de Hitler y de Stalin, que “las grandes masacres no han venido del desierto del Gobi; se deben a la alta civilización rusa y europea.” Lo que señala es monstruoso, el lado oscuro de los ideales de la Ilustración. Entre más cultura, mayor salvajismo. ¿No debería ser al revés?

“¿Es posible que, tal vez, las humanidades puedan volverle a uno inhumano?”, se pregunta Steiner en su libro más reciente: Un largo sábado (Siruela, 2016). ¿Es posible que la cultura “lejos de hacernos mejores, lejos de afinar nuestra sensibilidad moral, la atenúen?”.

Leer completo.

10 de agosto de 2016

Ricardo Piglia

Un personaje de La invasión, de Ricardo Piglia, recuerda su casa con los cuadros en las paredes, los muebles, los pisos encerados, y siente un vacío porque ahora en ella estaba todo menos él, y piensa:
La ausencia era eso. Un lugar que uno conoce y recuerda de memoria, como si fuera una foto, donde uno falta.

20 de julio de 2016

Las cosas...

"No vemos las cosas como son. Vemos las cosas como somos".

Anaïs Nin

1 de julio de 2016

La risa...

La existencia transcurre entre dos abismos, Milan Kundera

Roth: En El libro de la risa y el olvido, sin embargo, hay otras cosas en juego. En una pequeña parábola, compara la risa de los ángeles con la risa del diablo. El diablo ríe porque el mundo de Dios no tiene sentido para él; los ángeles ríen de alegría porque en el mundo de Dios todo tiene su sentido.

Kundera: Sí, el hombre utiliza la misma manifestación fisiológica -la risa- para expresar dos actitudes metafísicas distintas. Si de pronto a alguien se le cae el sombrero encima del ataúd, en una tumba recién abierta, el entierro pierde todo su sentido y nace la risa. Dos enamorados corren por un prado, cogidos de la mano, riéndose. Su risa no tiene nada que ver con ningún chiste: es la risa seria de los ángeles cuando manifiestan su alegría de existir. Ambas modalidades de risa forman parte de los placeres de la vida, pero, llevados al extremo, también indican un apocalipsis dual: la risa entusiasta de los fanáticos-ángel, tan convencidos de su importancia en el mundo, que están dispuestos a colgar del cuello a todo el que no comparta su alegría. Y la otra risa, procedente del lado opuesto, la que proclama que nada tiene ya sentido. La existencia transcurre entre dos abismos: a un lado, el fanatismo; al otro, el escepticismo absoluto.

Conversación entre Philip Roth y Milan Kundera
Londres y Connecticut, 1980

Fuente | Calle del Orco Nov. 4, 2014

28 de junio de 2016

La Cultura en México

Muchas felicidades por esta iniciativa: Se pueden ya consultar los primeros 50 números de La Cultura en México, aquí: La Cultura en México. Excelentes

19 de junio de 2016

Poema de Manuel Díaz Martínez

La dama de Caulaincourt

Jamás he de saber cómo se llamaba
ni cuales eran sus flores favoritas.

La conocí una tarde en un daguerrotipo:
ella paseaba por un puente de París
y yo por un álbum de láminas antiguas.

Lo demás, como siempre,
carece de importancia.

Manuel Díaz Martínez
(Cantos y Cuentos, 2016)

8 de junio de 2016

Plagio de ideas

Uno de los plagios más detestables, es el plagio de ideas.

A través de la apropiación de las ideas de otro(s) engañan a los demás, hacen creer que las ideas robadas son propias. Y sí, los demás se la creen pues ignoran la fuente original. Y muchas veces el plagiador, sin pudor alguno, le cuenta al mismo creador o autor de la idea y se la hace ver como propia, ignorándolo, sin darle crédito ni mucho menos decirle que le tomó (robó) su idea. Hasta debe de creérselo.

"El plagio literario, literal o de ideas, es robo como si te robaran lo que tienes en tu casa: te están robando tu propiedad, tu tiempo, tus pensamientos, hecho que es totalmente inadmisible", Pablo Boullosa.

“Hay dos tipos de personas, los que piensan y los que les roban el conocimiento a los que lo hacen, los que tienen ideas y los que las roban”. Montt
"El problema del plagio está en hacer pasar como propio algo que es ajeno", José Emilio Pacheco.

29 de mayo de 2016

Los amantes bajo el Danubio

Federico Andahazi, Los amantes bajo el Danubio. México, Planeta: 2015.

Es una novela muy bonita. Se lee rápido, mantiene la intriga, los acontecimientos ocurren alrededor de la historia de la hermosa Budapest, Hungría.

Es el tiempo de la Segunda Guerra Mundial. Hanna, la ex esposa de Bora Persay, viene oculta con Andris, su actual esposo, en un baúl en la cajuela del coche del Embajador. Atraviesan el Puente de las Cadenas. Son revisados por los guardias alemanes.

Afortunadamente Bora, al ser Embajador, se salva de que le registren el coche. De esta forma llegan a la mansión Persay en Buda, donde de inmediato los ocultan en el sótano. Son judíos, y si los llegan a descubrir serían apresados y muertos, al igual que sus guardianes. Marga, la actual esposa de Bora, también es cómplice, acepta ayudarlos.

De pronto, un militar alemán visita a Bora Persay. Se habían conocido años atrás en Turquía. La visita, supuestamente, es para pedirle le haga un cuadro, que lo pinte. Bora es además de diplomático, un famoso y excelente artista húngaro, es pintor.

Muchas cosas suceden, como se podrá imaginar. Hanna y Andris viven bajo el atelier, escuchando el rumor del Danubio y los pasos de arriba. Cuando el oficial alemán visita la casa para posar ante Bora, ellos se estremecen. Para ellos el tiempo no es lo mismo que para los que viven arriba.

Un día todo cambia para Hanna y para Andris, también para Bora Persay y para Marga, aunque bajo diferentes circunstancias. Para Bora y Marga, cuando, por la guerra, bombardean la mansión...

16 de mayo de 2016

La obra de Juan García Ponce

El Sitio de Juan García Ponce, estrena diseño. Además, se están actualizando los contenidos: habrá muchas publicaciones más en todas las secciones. Les comparto los más recientes:

1. Las lecturas de Carlos Martín Briceño, sobre algunas obras del escritor: Juan García Ponce o la supremacía del erotismo.

2. El ensayo de Juan Antonio Rosado: El nombre olvidado o la identidad asumida.
.
3. Y quien desee leer el libro Homenaje a Juan García Ponce. Imagen Primera y La noche cincuenta años después, ya pueden hacerlo: Libro para descargar.