5 de septiembre de 2021

El jardín de las tumbas vacías

La novela corta, El jardín de las tumbas vacías es del ensayista, narrador, poeta y traductor mexicano, Agustín Cadena. Está publicada por Cipselas: México, 2020. Con ilustraciones de María Fragoso.

En este momento recuerdo las palabras de Umberto Eco: "Ciertas novelas se vuelven más bellas cuando alguien las cuenta, porque se convierten en ‘otras' novelas". Estoy segura de que lo que yo comente sobre la novela no la volverá más bella, es imposible, sólo deseo tener el placer de comentarla con todos ustedes.

El jardín de las tumbas vacías, leemos en la portada. El título (o paratexto) rodea el libro, nos hace detenernos y desde ahí presentir cuál será la configuración del relato. ¿Es sobre muertos? ¿sobre panteones? ¿sobre jardines donde no hay muertos enterrados? En ese momento en el que estamos preguntándonos todo esto, vivimos un intercambio de tres intencionalidades: la del autor, la de la obra y la del lector. Al conocer el título nos hacemos conjeturas sobre la intención de la obra, pero no queremos que nuestra interpretación resulte aventurada. Este título nos persuade y su persuasión nos lleva a adentramos a una novela contada en primera persona: es el narrador-personaje quien nos cuenta su propia historia, una historia que conoce muy bien pues participa en ella. Nos la cuenta con sus propias palabras, nos relata lo que hace, piensa, siente, observa y sueña o cree que sueña.

Voy a detenerme unos instantes en la descripción de las acciones para descubrir esta estructura del universo representado y comprender más claramente la intencionalidad del relato: Desde el castillo, que es el aquí y ahora narrativo, el Narrador-Personaje nos informa que él y su pareja, Luisa, un día soñaron venir a conocer este castillo, lo tenían como la opción ideal para una luna de miel si llegaban a casarse. Pero, finalmente, ya no hubo matrimonio ni viaje ni hallaron una razón para seguir juntos, por el contrario, están por separarse, y la idea de separarse fue precisamente de él. Ella, en cambio, propone hacer un viaje de despedida precisamente al castillo, era el último regalo que se iban hacer el uno al otro. Y hacen un trato, “terminadas las vacaciones, cada quién haría su vida”. El Castillo está en medio de las montañas, posee ese “esplendor lánguido del viejo imperio”, se nos dice, es un hotel rodeado de coníferas donde “por sus alfombras se arrastraban pasos ya idos, ecos sofocados, roces de crinolinas”. También, se destacan las historias de fantasmas que lo habían hecho famoso.

La narrativa de Agustín Cadena siempre me ha parecido prosa poética, recuerdo, por poner un ejemplo, cuando en una de mis novelas preferidas de su autoría, La casa de los tres perros, nos describe las emociones de esos jóvenes fantasmas que habitan en el edificio, un edificio donde conviven vivos y muertos. La descripción de esas emociones es realmente un poema. En esta novela que nos ocupa, es como si pintara las palabras: detalla la forma, el tamaño, la impresión que un objeto o un aroma le produce al personaje, y lo hace poéticamente, leemos: “Llegamos aquí a finales de agosto, cuando más verdes se veían las montañas, el lago lucía un hermoso color menta, y la avenida de castaños que llevaba al castillo estaba llena de follaje. Por todas partes había flores: macizos de petunias y geranios, campánulas. Los rododendros eran un incendio de flores rojas, rosas, anaranjadas, amarillas...” (6). Nuestros sentidos se abren al leer esto, podemos percibir el olor, ver los colores, sentir la suavidad de las flores, esa belleza del lugar como si estuviéramos ahí junto al personaje que nos comparte su percepción. Las emociones entran a nuestro interior porque son una acción estética que viene desde la literatura directa hacia nosotros.

Los protagonistas, son una pareja de mexicanos, los dos hijos mimados de parejas ricas y que odian a sus padres pero que no odian el dinero de esos padres. Estarán en el Castillo por tres meses, durmiendo cada uno en su lado de la cama, con rutinas establecidas para estar claros y establecer distancias. Los primeros días no fueron fáciles para ellos, pero después de unas semanas sobrevino lo que se podría llamar una reconciliación: pasan más tiempo juntos en las sobremesas, y hasta le surge a él la idea de pintar un retrato a Luisa. Un día, mientras hace esta tarea, escucha la voz de un niño pelirrojo, de unos 9, 10 u 11 años, Alex. El niño mantiene una breve conversación con Luisa, y le regala una pelota de golf que traía consigo.

Antes de continuar, hablaré brevemente de los personajes. Respecto a Luisa, es el N-P quien nos detalla cómo es: una mujer observadora, expectante, con una sensualidad ya de tiempo ahogada, con vestidos largos y tétricos, que no sabía quién era, narcisista, una déspota encantadora que había tenido un hijo a los 17 años y que había muerto, que se ha pasado bebiendo todas las noches, bella, con la mirada preñada de tristeza y con el instinto maternal atrofiado. Él: es pintor, no le gustan los niños, es anafrodita, le gusta acompañar a una mujer que va de compras, le harta todo eso que va con el amor (la curiosidad por la vida del otro, la ternura convertida en hábito, los sueños, etc.), y es un hombre al que no le gustan los besos porque le parecen asquerosos.

Con toda esta carga configurativa, una noche Luisa propone bajar al pueblo y emborracharse juntos. Caminan por toda la orilla del lago y cuando son poco más de las 11 llegan al primer antro: The Sick Rose (la rosa enferma, en español). Quiero destacar, que es interesante que el nombre del antro es el nombre de un famoso poema de William Blake. Las intertextualidades e interdiscursividades en la obra de Agustín Cadena, las vamos a encontrar mucho, hay que estar atentos a ellas.

En este bar conocen a una pareja gay, italianos, que les cuentan algunas historias de fantasmas que han hecho famoso al hotel, como aquel “flautista que subía al elevador junto con los huéspedes, especialmente si iba uno solo; tocaba una música rara y silenciosa, como la que se escucha en los sueños cuando sueña uno con música. Se bajaba en algún piso y se iba por los pasillos tocando esa flauta que nadie oía”. O aquella “suite de la cual salía a veces ruido de fiesta: música de radio de la época de la guerra, voces de hombres que conversaban animadamente, risas alegres de mujeres embriagadas, chocar de copas, tintineo de cubiertos. Pero no había nadie adentro; la administración llevaba años de no dar esa suite a ningún huésped”. Estas historias ponen nerviosos a nuestros protagonistas, salen del bar temblando. Es una noche muy agradable para los dos, la pasan bien. Es entonces, cuando el N-P empieza a hacer una analepsis y recuerda cómo se conocieron en aquella galería de la zona rosa y qué fue lo que le llamó la atención de Luisa. Mientras recuerda, por fin él termina de pintar el cuadro donde aparece ella.

En esta novela, como en otras obras del escritor, ya lo he dicho antes, sentimos vibrar la naturaleza humana, los sentimientos de seres que anhelan amor, compañía, comprensión, que pueden padecer, como Luisa, la indiferencia y frialdad de un anafrodita que, al carecer de apetito sexual, puede llegar a ser cruel y frio ante las necesidades de su pareja. Luisa, nos dice él: tenía “un dolor que no cesaba, un dolor sordo, estancado. Era como si ella hubiera decidido ya no dejarlo ir. Se había instalado en sus ojos, en su sonrisa y la había cambiado toda”. No obstante, Luisa anima al N-P para llevarlo a, dice de manera coqueta, “un lugar que puede interesarle”. Y este lugar “Era un cementerio en miniatura, un lugar encantado donde, entre musgos y hongos, destacaba una docena de tumbas blancas, perfectamente bien hechas, de diez centímetros de largo” que estaba muy cerca de un internado para señoritas donde enseñaban valores inalterables. Algo sucede entre Luisa y él, nuestro narrador personaje la vuelve a ver hermosa después de este descubrimiento.

Una noche en el The Sick Rose conocen a Evgeni, un ruso seductor que se acerca a la pareja en una ocasión que están en ese bar. Quiero comentar algo que me llamó la atención en esdte encuentro: Evgeni les recomienda el restaurant Walpurgisnacht para que vayan a comer, el nombre en español traducido del alemán sería “Noche de Walpurgis”, “Walpurgis: Es una fiesta, según leí, de origen pagano muy arraigada en Suecia, Finlandia, Alemania, Estonia, República Checa o Escocia. La noche de Walpurgis nació como oposición a la fiesta de Todos los Santos, que se celebra el 1 de noviembre. La leyenda cuenta que, esa noche, las brujas vuelan sobre escobas a Brocken (bruquen), la montaña más alta de la Sierra del Harz, en el Estado alemán de Sajonia-Anhalt. Allí, las brujas invocaban al diablo en grandes aquelarres”.

Nos damos cuenta qué todo esto concuerda con el ambiente de fantasmas, enigmas y secretos: cuartos misteriosos, colegios en la montaña, las niñas del internado que solo tienen permiso para salir en noches de luna, las tumbas de 10 cm de largo, el vino de llorar, la pintora que muere en el bosque atacada por una manada de lobos porque le gustaba caminar de noche, y cuyo nombre figura en una de las pequeñas tumbas, que pinta un cuadro donde un niño flotaba ahogado en un agua oscura, y con el título, traducido al español como “No estoy saludando, sino ahogándome”, luego las urracas blancas, las brujas (como souvenir del pueblo), el niño ahogado del cuadro parecido a Alex, etc. Todo esto es muy significativo en la novela, nos ayuda a percibir u observar una configuración de figuras que se van expandiendo a lo largo de la narración que nos facilita advertir el ámbito de valores que la novela como signo comunica.

El ruso seductor se prenda de Luisa. Y sirve como medio para que el NP y Luisa se reconcilien. Un tanto perversa la cosa, la escena de cuando llega Luisa de estar íntimamente con el ruso seductor es un tanto descarada; sin embargo, lleva a esa reconciliación con el N-P totalmente inesperada

En esta novela, y en otras obras de Agustín Cadena, se da la historia dentro de la historia, lo que en narratología se llama metadiégesis o narración en segundo grado. La encontramos en lo que parece un sueño o tal vez una realidad, no se sabe: es la historia de cuando Luisa se sale desnuda y llega al internado, salen las niñas y todas bailan, se da un ritual bárbaro donde Luisa es la sacerdotisa y de pronto llega otra niña con Alex de la mano que parecía drogado o dormido. También hallamos otra historia dentro de la historia en lo que el N-P ve como una película en la que sólo fue espectador... y que es una historia cargada de perversión (Lo que hace Luisa con Alex y lo que cree sobre él, resulta aterrador...).

Hay algo que asombra: Se asustan cuando la pareja gay les cuenta sobre los fantasmas (cuando salen del bar hasta se toman de la mano y van temblando) pero nada les pasa o les da miedo con el por qué y el cómo de la muerte del niño ¿Qué sucede? Veamos: Cuando se conocen, él se enamora de Luisa porque descubre que es una déspota encantadora y una completa narcisista, y se vuelven a unir, primero, después de lo que sucede con el ruso y después, y definitivo, con lo que sucede con Alex. ¿Perversión? ¿Por qué no quieren irse del lugar? Hubieran sido felices de haberse quedado para siempre... Toda una atmósfera de exotismo, misterio y miedo...

Me quedo pensando, para terminar, en esa relación que existe entre el cuadro de la pintora muerta, Georgina Maciver, el cuadro titulado “No estoy saludando, sino ahogándome”, y lo escalofriante sucedido con Alex... Pero esto llevaría a realizar todo un ensayo.

Es una gran novela de un admirable escritor.

Nota: El jardín de las tumbas vacías es una novela que surge a partir de “El castillo”, uno de los cuentos reunidos en Las tentaciones de la dicha, libro del autor aparecido en 2010.

6 de agosto de 2021

Los fantásticos libros voladores...

23 de julio de 2021

La rosa enferfma

Estás enferma, Rosa 
El gusano invisible
que vuela en la noche 
en la tormenta aullante

ha encontrado tu lecho 
de placer carmesí 
y su oscuro amor secreto 
tu vida destroza

William Blake 
(Canciones de Inocencia y de Experiencia, 1794)

1 de julio de 2021

El deseo sexual... Berger

"El deseo sexual, si es recíproco, origina un complot de dos personas que hace frente al resto de los complots que hay en el mundo. Es una conspiración de dos. El plan es ofrecer al otro un respiro ante el dolor del mundo. No la felicidad sino un descanso físico ante la enorme responsabilidad de los cuerpos hacia el dolor. En todo deseo hay tanta compasión como apetito. Sea cual sea la proporción, las dos cosas se ensartan juntas. El deseo es inconcebible sin una herida. Si hubiera alguien sin heridas en este mundo, viviría sin deseo. El deseo anhela proteger al cuerpo deseado de la tragedia que encarna y, lo que es más, se cree capaz. La conspiración consiste en crear juntos un espacio, un lugar, necesariamente temporal, para eximirse de la herida incurable de la carne. Ese lugar es el interior del otro cuerpo. La conspiración consiste en deslizarse al interior del otro, allí donde no se les pueda encontrar. El deseo es un intercambio de escondites”. 

John Berger 
Esa belleza, 2005

18 de abril de 2021

El café de nadie. Los estridentistas

El café de la Colonia Roma en la Ciudad de México, donde se reunían escritores y pintores hace 100 años.
En la colonia Roma existió un café, hoy casi olvidado, donde se escribieron algunas páginas de obras como La señorita Etcétera de Arqueles Vela y Andamios interiores de Maples Arce. Los artistas vanguardistas de la década de 1920, llamados estridentistas, lo bautizaron como Café de Nadie e hicieron de él la sede de sus tertulias. Abundaba café, alcohol y cigarrillos, considerados estimulantes intelectuales.

Hace cerca de cien años, durante la década de los “alegres veintes”, cuando la Roma era apenas una colonia naciente de la Ciudad de México, existió en una de sus calles un lugar donde la realidad se hundía entre las tazas de café de los artistas. En la avenida Jalisco número 100, hoy Álvaro Obregón, había un rótulo que lo anunciaba como Café Europa, pero una vez que la literatura se coló hasta su cocina fue conocido como Café de Nadie. “Es un Café sombrío, huraño, sincero… De nadie. Por eso (Febronio) Ortega le ha llamado así. No soporta cierta clase de parroquianos, ni de patrones, ni de meseros”, explicaba Arqueles Vela en El Universal Ilustrado de 1924, “No es de nadie. Nadie lo atiende, ni lo administra. Ningún mesero molesta a los parroquianos. Ni les sirve... Hemos ido evolucionando hasta llegar a ser ese nadie”. Él era un personaje frecuente de aquel café que, decía, parecía parte de una “ciudad petrificada” con “paredes de tiempo”, donde no existían leyes físicas, las personas y objetos ascendían entre “cigarrillos intelectuales” y “el alcohol que destilan las tardes”. Arqueles Vela contaba que ahí nació el estridentismo, un movimiento artístico literario fundado por el poeta Manuel Maples Arce a principios de 1922, buscaba, como lo sugiere su nombre, causar un estruendo, romper con la tradición.
Según los investigadores Marco Frank y Alexandra Pita González, Maples Arce quería “una renovación radical de la poesía y del arte” para el México posrevolucionario, al modo de las vanguardias europeas, mediante provocaciones, polémicas y el uso de la prensa. Aunque su naturaleza era el escándalo, los estridentistas encontraron inspiración en el silencio del Café de Nadie, con cuyo nombre todos estaban de acuerdo, menos su dueño, según afirmó un periodista anónimo de El Universal Gráfico en 1924. “Manuel Maples Arce se enseñoreó de aquel café bohemio y callado, donde resonaban los pasos como en la nave de un templo… Quería desfigurar la máscara de la poesía haciéndola más real o más incongruente todavía”, escribió Argos en El Universal Ilustrado de 1926.

Lo documentado sobre el Café de Nadie se sirve acompañado con pedazos de ficción. El escritor Germán List Arzubide imaginó, por ejemplo, una suerte de mito fundador: “Una noche lamida por la llovizna, Maples Arce salió en recurso de un lugar cordial para su pensamiento; iba por la Av. Jalisco, cuando al pasar por una puerta, sintió la soledad de un establecimiento que lo invitaba a pasar; penetró, saludó, seguro de que no había ninguno que le respondiera, y se sentó a la mesa; luego fue a la pieza siguiente, donde en una cafetera hervía el zumo de las noches sin rumbo y se sirvió una taza; regresó a su mesa y bebió en el tiempo su café. Al concluir, regresó la taza a su sitio, puso en el contador el precio que solicitaba su tarifa y se marchó. Había descubierto El Café de Nadie”. Sin embargo, en sus memorias, Maples Arce relata otra versión sobre su primer encuentro con este local al que llegó durante un paseo nocturno, lo describía cómodo y agradable, con varios salones, acabados de madera oscura y un jardín interior. “Esta tranquilidad era exactamente lo que yo necesitaba. Mi búsqueda de soledad y silencio me hacía utilizar el sótano de mi casa destinado a los baúles vacíos. Este café fue mi refugio. Allí nadie me molestaba ni interfería y no pocas veces salí de él sin que el camarero hubiera aparecido. Necesitaba palmotear insistentemente y ni así se presentaba. Desde entonces fui a instalarme en dicho café para leer y escribir los artículos de la revista, particularmente cuando el mal tiempo interrumpía mi habitual paseo y la lluvia tamborileaba en las vidrieras”. Según el cronista Marco Antonio Campos, esta historia es “más realista y más fiel a la verdad pero mucho menos bella”.

El alimento estridentista

Cafeína y nicotina fueron el alimento estridentista. Maples Arce había leído en las obras europeas que el café y el tabaco eran estimulantes intelectuales. En 1920 llevó el hábito de beber café desde Veracruz a la Ciudad de México, detalla Elissa J. Rashkin en La aventura estridentista, “junto con sus ideas políticas y sus ambiciones literarias, lo que sin duda contribuyó al insomnio que con tanta frecuencia describía en sus poemas”. La historiadora Victoria Aupart, explica en entrevista sobre lo que distingue a esta bebida de otras: “el café dentro de sus propiedades estimulantes es una droga, una bebida con cierta alteración en el sistema nervioso, no pone a uno inconsciente, que el café altere los nervios da una lucidez inusitada”. Además, comenta que en los cafés del siglo XX la dinámica trascendía la plática, eran espacios para el ocio, la dispersión, la intelectualidad, la espiritualidad o incluso la soledad. En Soberana juventud, Maples Arce relata que la vida veracruzana se mezclaba con la de los cafés, a los cuales consideraba una “universidad libre y liberal”: “en ellos saludamos a los amigos, nos enteramos de la noticia del día, cambiamos impresiones y discutimos”. En medio de esa aventura cafetalera, Maples Arce frecuentaba uno llamado Nuevo Mundo, al que iba después de la escuela: “Mi paso por el café era advertido por un reguero de colillas, pues entonces acostumbraba fumar insistentemente mientras repetía las tazas de café”. Tal retrato pintaba que en una ocasión le dedicaron una calavera literaria: “Murió de neurastenia literaria / este poeta temblón y cafetero, / que vivió siempre solo, cual un paria, / llevando un piloncillo por sombrero.” 

En su artículo “El Café de nadie como espacio de sociabilidad del movimiento estridentista”, Marco Frank y Alexandra Pita exponen: “La tradición del café literario, en donde los intelectuales y los escritores se intercambiaban ideas, novedades y escritos, ya se acostumbraba en Europa desde el siglo XIX, y había evolucionado con el tiempo, así como evolucionaba la figura del intelectual”. En esa época había otros cafés como el Café Tacuba, la Flor de Mayo, El Principal y Las Olas Altas, además del español Tupinampa, el cual resultó insoportable para algunos artistas, explica el investigador Marco Antonio Campos, pues “¿Qué mexicano aguanta la conversación estruendosa de los españoles aun cuando formen un grupo llamado estridentista?” El Café de Nadie compartió la avenida Jalisco con otros sitios históricos. Ahí vivió el presidente Álvaro Obregón, en el número 185, después de su asesinato, en 1928 la vía fue rebautizada con su nombre; a un lado, en el 187, tenía su casa Conchita Acevedo, la monja acusada de ser la autora intelectual del atentado que concluyó con su vida. Además, en el número 73, habitaba el poeta Ramón López Velarde, a quien Maples Arce visitaba con frecuencia.

La colonia Roma de aquellos años tenía avenidas de estilo europeo, anchas y arboladas como las de París, dicen Frank y Pita, “no debe entonces sorprender el atractivo que un café ubicado en esta colonia representaba para los jóvenes vanguardistas”. La colonia había nacido en 1902 y estaba pensada para la burguesía pre y pos revolucionaria. Los autores explican que había otros sitios de reunión para los estridentistas, como el departamento-taller de Germán Cueto, la librería de Cesar Cicerón, la Academia de Bellas Artes y sus oficinas en la calle Donceles 19, no obstante, “el Café de Nadie fue el más reconocido por los propios estridentistas como el lugar privilegiado y aquel que los identificaba mejor”.

La literatura del Café de Nadie 

Los estridentistas eran “el grupo de vanguardistas por excelencia en México”, afirma Marco Antonio Campos. Además de Maples Arce, Germán List Arzubide y Arqueles Vela, eran parte del movimiento (y posibles visitantes del Café de Nadie) el poeta Salvador Gallardo, el periodista de El Universal Febronio Ortega, los músicos Manuel M. Ponce y Silvestre Revueltas; colaboraban con pintores como Diego Rivera, Leopoldo Méndez, Germán Cueto, Ramón Alva de la Canal, Jean Charlot y Fermín Revueltas. En 1924 Arqueles Vela describió que el Café de Nadie era un “laboratorio intelectual y sentimental”, ahí encontraron comienzo dos de sus novelas: La señorita Etcétera y El Café de nadie. En esta última obra, el autor empuja definitivamente al Café Europa en un universo literario, incluso describe sus alimentos hipotéticos: “Menú de hoy: Sopa de ostiones, huevos al gusto, asado de ternera, chilacayotitos en pipián, ensalada, frijoles al gusto, dulce, té o café”. Asimismo, en ese sitio Maples Arce escribió algunos poemas de Andamios Interiores. Según Frank y Pita, ahí se planeó la revista Irradiador y la exposición artística llamada la “Tarde estridentista”, en la cual Arqueles leyó fragmentos de la historia del Café de Nadie y se expusieron obras de Jean Charlot, Leopoldo Méndez, Ramón Alva de la Canal y Germán Cueto. Jerónimo Coignard redactó en 1924 una “epístola estridentista” en El Universal Ilustrado, donde contaba el “consejo cósmico” que le dio alguna vez Arqueles: “procuro ‘arrancarme el cerebro y lanzarlo al infinito’, para penetrar hasta la hipodermis de estas cosas subjetivas”. En este modo, de acuerdo con Frank y Pita “el café fue también una especie de oficina y de taller literario artístico”; asimismo fue un espacio de reunión donde circulaban las novedades europeas, las ideas y obras estridentistas. 

En 1926, Silvestre Paradox, seudónimo de Arqueles Vela, habló sobre la aparición de una nueva bohemia que prefería la vida ajetreada y acudía a los “quick lunch”, restaurantes al estilo estadounidense donde las tertulias se hacían con hot cakes: “Las reuniones literarias y artísticas ya no se hacen alredor de la mesa del café más recóndito, más destartalado, más inmóvil, como aquellas de que nos hablan los libros… Asistiendo a las tertulias de los literatos modernos, apenas se cree que hayan existido las de la Maison Raté, del Café de Nadie, del Café  de Tacuba y las de aquellos otros cafés que albergaron, en un tiempo, el humo de las pipas, las rebeldías y las ensoñaciones de los escritores jóvenes”. También lee: Los quick lunch, donde las tertulias se hacían con hot cakes.

Ese mismo año, el periodista Argos escribió una frase que bien podría colocarse en el obituario de este sitio de la antigua avenida Jalisco que hoy ha olvidado ese nombre: “Aquel café bohemio y callado—peldaño de una escuela de poetas—, aquel Café de Nadie, lleno de resonancias y de hondos recuerdos perceptivos, pasó de moda y fue el Café de Todos”. Un año después, en 1927, terminó el periodo del estridentismo y la pista del Café de Nadie se perdió entre las páginas antiguas. Si visitamos el número 100 de la avenida hoy conocida como Álvaro Obregón encontraremos un establecimiento de hamburguesas y cervezas, donde quizá de vez en cuando sale a flote una tertulia.

Fuente: El Universal 
Texto: Nayeli Reyes Castro 
2021

8 de octubre de 2020

Louise Glück, Premio Nobel de Literatura 2020

Amante de las flores 
Louise Glück 

En nuestra familia, todos aman las flores. 
Por eso las tumbas nos parecen tan extrañas: 
sin flores, sólo herméticas fincas de hierba 
con placas de granito en el centro: las inscripciones suaves, la leve hondura de las letras 
llena de mugre algunas veces… 
Para limpiarlas, hay que usar el pañuelo.

Pero en mi hermana, la cosa es distinta: una obsesión. 
Los domingos se sienta en el porche de mi madre a leer catálogos. 
Cada otoño, siembra bulbos junto a los escalones de ladrillo. 
Cada primavera, espera las flores. Nadie discute por los gastos. Se sobreentiende que es mi madre quien paga; después de todo, es su jardín y cada flor es para mi padre. 
Ambas ven la casa como su auténtica tumba.

No todo prospera en Long Island. 
El verano es, a veces, muy caluroso, 
y a veces, un aguacero echa por tierra las flores. 
Así murieron las amapolas, en un día tan sólo, eran tan frágiles…

29 de marzo de 2020

¿Bañarse en Europa? Sandor Márai

¿Bañarse en Europa se consideraba infiel?

- ¡Los europeos tenían un olor insoportable a suciedad!

El enviado de la Rusia zarista incluso describió al rey de Francia, Luis XIV ... "que su olor es más sucio que el de un animal salvaje".

Los propios rusos fueron descritos por el viajero Ahmed Ibn Fadlan: "Lo más sucio de la creación de Dios no debe ser liberado de orina o heces". ¡El zar ruso Peter, orinó contra la pared del palacio en presencia de personas! ¡La reina Isabel, la primera en matar musulmanes en Andalucía, solo se duchó dos veces en su vida! Y destruyó los baños andaluces. ¡El rey español Felipe II prohibió bañarse en su país y su hija Isabel II juró no cambiarse la ropa interior hasta el final del asedio de una ciudad! ¡Que duró tres años y murió por eso! ¡Esto se trata de reyes, sin mencionar al público! Estos perfumes franceses por los que París era famoso se inventaron para abrumar el olor apestoso, y debido a que esta inmundicia era un brote de enfermedad, la peste llegó a cosechar la mitad o un tercio de ellos cada período ... donde las ciudades europeas más grandes como "París" y "Londres", por ejemplo, una población de 30 o 40 mil como máximo, mientras que las ciudades islámicas excedieron la marca del millón.

"Los europeos debemos a los árabes obtener las causas del bienestar en nuestra vida pública", dice el historiador francés Drebar. "Los musulmanes nos enseñaron cómo mantener limpios nuestros cuerpos. Los musulmanes vestían ropas brillantes y limpias que algunos incluso los decoraban con piedras preciosas como esmeraldas, rubíes y corales, y se sabía que Córdoba abundaba con sus trescientos baños, mientras que las iglesias europeas veían el baño como un instrumento de incredulidad y pecado. Gracias a los viajeros musulmanes y expatriados. El nombre del cuarto de baño en inglés se atribuye a la glorificación de la memoria del musulmán indio Muhammad Bath, quien les enseñó cómo era Ducha e higiene.

En: Las memorias del escritor Sandor Márai. Documentos oficiales de España entre 1561 y 1761.

Cuando los españoles llegaron a México, se asombraron profundamente de que las personas de los pueblos originales se bañaran todos los días.