23 de junio de 2006

Cómo me hice monja: César Aira

César Aira, Cómo me hice monja (México: ERA, 2005).

Hace un par de años, en una entrevista que se le hizo a César Aira en España, el escritor argentino comentó que Cómo me hice monja era su autobiografía parcial, y que era parcial "porque trata sólo de un año de mi vida, entre los seis y los siete, empieza cuando pruebo un helado por primera vez, y termina cuando...", y así es: un/a niño/a de seis años nos cuenta su propia historia, así nos enteramos de cuando tenía seis años y va con su padre a comer un helado, es el primero que probará en su vida y resulta que está descompuesto. La escena que se describe es terrible: la niña le da la primera cucharada y no quiere comerlo. El padre (un hombre violento) no puede creer que no le guste el helado (a él le fascinaban) y la obliga a que lo siga comiendo. Cuando al fin él lo prueba y se da cuenta de que sabe espantoso, se desata una tragedia que traerá muchas consecuencias...

-A todo el mundo le gustan los helados -dijo lívido de furia. A todo mundo menos a vos, que sos un tarado.
-¡No papá! ¡Te juro...!
-Comé ese helado -frío, tajante-. Para eso te lo compré, taradito.
-¡Pero no puedo...!
-Comelo. Probalo. Ni lo probaste.
-¡Te juro que es horrible! Probalo.
¡Ya lo probé! ¡No puedo!
Terminó el suyo. Arrojó la cucharita a la calle. Con las manos libres, se volvió hacia mí, y supe que el cielo se me estaba cayendo encima.
-Comelo de una vez!
Papá me arrancó la cucharita de la otra mano y la clavó en la frutilla. La levantó bien cargada y me la acercó a la boca. La abrí, redonda, y la cucharita entró. Se posó en mi lengua.
-Cerrá.
Lo hice. Las lágrimas ya me velaban los ojos.
El asco me inundaba, me explotaba en el cerebro como un rayo. Otra cucharada bien cargada venía en el camino. Abrí la boca. Ya estaba llorando.
-¿No te gusta? ¿Eh? ¿No te gusta? ¿No ves que sos un tarado?
(...) Otra arcada. Otra más. Otra. Eran en serie. Todas secas, sin vómito.


El argumento de la novela no tiene mayores complicaciones, pero la manera en que está narrado posee un buen discurso. La niña se refiere a sí misma en femenino, pero su mamá, su papá y la maestra, se refieren a ella en masculino, la maestra la llama César Aira, el niño César Aira. Esto confunde ¿se trata de un narrador-personaje niño que se llama como el escritor de una novela titulada Cómo me hice monja pero que habla como niña? La voz del narrador es ambigua.

Algo también interesante de destacar, son los deseos inconscientes de la niña que surgen a través de los sueños. Por comer ese helado descompuesto tiene que pasar algun tiempo en el hospital para curar su intoxicación, ahí sueña historias impresionantes: a veces animales acuáticos la muerden, otras los padres la abandonan y en ella brotan deseos de que se mueran.

Nada es predecible en la novela, empezando porque su título, Cómo me hice monja, no tiene nada que ver con la trama, o al menos yo no hallé ningun vínculo. Y si es la niña quien nos cuenta su historia ya siendo adulta ¿cómo es posible que haya muerto en la heladera?

El horror, lo grotesco, la fantasía, la mentira/verdad, el engaño, la ilusión, la culpa, el miedo, la violencia, están siempre a la mano. El narrador parece jugar con el lector, y con trampas...

Nota aparte: Acaba de publicarse el libro César Aira en miniatura: un acercamiento crítico, Col. Cuadernos, Instituto de Investigaciones Lingüístico-Literarias, (Xalapa: Universidad Veracruzana, 2006), pp.188.

15 comentarios:

Palimp dijo...

Este libro lo tengo pendiente de lectura y se me hacía apetecible. Después de leer tu reseña todavía más.

Un abrazo.

Dilaca dijo...

Me lleno de curiosidad por saber cómo haces para leer tanto y tan sesudamente.
Has conseguido un nuevo admirador en cachoabare auién te ha dejado un comentario en tu artículo sobre Borges, si no me equivoco.
por si no lo encuentras, te dejo su dirección:
http://latitudinterior.blogspot.com
Sigo leyéndote asumiendo que cada día aprendo algo nuevo y bueno contigo.

El Peregrino dijo...

En cuanto a la ambiguedad con que se maneja al personaje de la novela, me recuerda un poco a Orlando, de Virginia Woolf, guardando la distancia...

Leo Zelada Grajeda dijo...

Interesante tu refelxion sobre Aira

Magda dijo...

Palimp, te va a gustar, es una buena novela, al menos de lo mejor de Aira en mi opinión, ya que no todo me ha gustado.

Magda dijo...

Dilaca, Peregrino, Leo, muchas gracias por sus comentarios.

Oscar dijo...

Aira es, en ocasiones, sencillamente genial. Cuando leí esta novela tuve una hipótesis sobre el significado del título. De acuerdo a mi lectura, es alegórico respecto a cómo Aira, metatextual cómo suele ser, tomó los "habitos" cómo escritor, cómo a través de un evento de tragicomedia empezó a generar relatos. La frase "tomar los habitos" tiene un doble significado, del cuál el que hace alusión a las monjas queda desechado, pero queda el otro, de cómo es que nos formamos como sujetos. En ese sentido, toma renovado interés la cuestión del género del personaje. Saludos.

JoseAngel dijo...

O sea, Oscar, ¿algo así como que el hábito hace a la monja. . . y a todos los demás?

Magda dijo...

Óscar, de acuerdo contigo, Aira es, en ocasiones, excelente. No me agrada otras cosas que ha escrito, pero esta novela es buena, en mi opinión, que compartimos.

Tu hipótesis sobre significado del título me parece muy acertada. Toda la novela parece ser un desvelar el proceso de escritura o, quizá, del ser escritor o el inicio de ser escritor. De ahi que veamos que la niña narra su muerte estando viva, desde la edad adulta.

Mucho hay todavía que analizar de esta novela, es interesante.

Muchos saludos.

akurion dijo...

justamente mi novia me acaba de prestar este libro, de cuyo autor y por la misma via de prestamo lei las curas milagrosas y el relato de pintor viajero; este aira trae todo un trip, me forme la impresion de que en las curas milagrosas lo plantea de forma general pero no lo he comprobado ya que no he leido tantas novelas cortas que ha escrito.

Anacrusa dijo...

Cesar Aira para mí, es el escritor de nuestro tiempo. Me parece absolutamente genial y llego al extremo de, viviendo en España como vivo, donde hay muy poco publicado suyo, pedir a Argentina lo que va publicando a ritmo vertiginoso.

Leí esa novela nada más publicarla. Esa escena del helado se produjo en mi casa, en lugar de con helado, con gazpacho y se de su veracidad, de la descripción de sentimientos, del lenguaje y de su modo magistral.

Gracias por recordármela y gracias por traer aquí a Aira.

Magda dijo...

Akurión, te va a gustar, seguro. Yo tengo ganas de leer los ensayos de Aira, en especial "Alejandra Pizarnik", pero no lo he encontrado.

Qué razón tienes, Anacrusa, esa escena del helado la he visto varias veces en las familias. Le comentaba ayer a una colega que mientras la leía sentía enojo y una especie de angustia, terrible, pobre nena, y sí, sucede, y entre más te dicen, más sientes rechazo. Dificil.

Y de acuerdo contigo, Aira es el (o un) escritor de nuestro tiempo.

Me da mucho gusto saludarte.

Anónimo dijo...

Cómo me hice monja es un libro genial que a mí me pareción de un humor atroz. Hace unos meses lo presté a una amiga y me comentó que la "monja" es un tipo de helado.
Aunque, claro, siempre caben las interpretaciones más diversas y las sobreinterpretaciones...

Anónimo dijo...

Yo lo leí, y me pareció muy original, muy innovador . Y lleno de nostalgia también porque Aira te mete a un juego de la infancia , en la que pensé que yio era la única que lo jugaba , olvidando que los niños tienen una imaginación increíble para crear situaciones: me refiero a esa situación en la que jugaba a ser la maestra, la que correjía los exámenes, en la escuela, en su casa, se llevaba trabajo a la casa y todo el tiempo en ese juego. Digo nostalgia porq yo también lo "he jugado" , y seguro que muchos también . Es como otro mundo que creamos para vivir. El humor negro del helado, es genial! . Y no había leído un libro tan original, desde Rayuela .

Anónimo dijo...

Sólo quisiera apuntar un pequeño punto, pues a mi parecer la/el niño/a no murió...
"Hasta los catorce años creí que los niños nacían por el ombligo. Y el modo en que me enteré de que no era así, a los catorce años, fue muy peculiar. [...] Era exactamente lo que creía yo, una joven argentina de catorce años [...]" (César Aria, p. 17)

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