3 de agosto de 2006

Un poco de Camus

Roland Barthes afirmó que La peste de Albert Camus "funda una moral antihistórica". A lo que el escritor argelino responde: "Por muy seductor que pueda parecer, me resulta difícil compartir su punto de vista sobre La peste", es "un poco entristecedor" que piense de esta forma, "no se me puede reprochar, expresa, de repudiar la historia, a menos que se declare que la única manera de entrar en la historia es legitimar una tiranía, (...) resignarse a una idea semejante viene a ser lo mismo, en realidad, que aceptar la soledad humana".

¿Hasta donde un crítico, así sea el notable Barthes, puede decir semejante cosa sobre una obra de ficción? ¿hasta dónde es lícito dar a la peste en Orán el símbolo de la ocupación nazi que los franceses enfrentan en 1942? El semiólogo para esta interpretación se basa en el epígrafe del libro: "Es (...) razonable representar una especie de encarcelamiento mediante otra...".

Camus habla de que aceptar una tiranía podría ser como resignarse a aceptar la soledad humana, una soledad que víncula con el papel del escritor (un ejemplo en La peste es Grand, el amigo de Rieux) y, algo que me parece importante en esta novela, percibir cómo la vida de los seres humanos cambia totalmente ante los grandes sucesos de la vida, en este caso la peste, y las diferentes actitudes que toma cada persona ante la adversidad en la que siempre está solo para enfrentarla. Otra cosa que me gustaría comentar es lo que le incomodaba que lo metieran en la caja del existencialismo, como lo comenta Roger Grenier:

"No, yo no soy existencialista", declaró Albert Camus en 1945, en una entrevista concedida a Jeannine Delpech. "Sartre y yo nos sorprendemos de ver siempre nuestros nombres asociados. Incluso pensamos publicar un pequeño desplegado en donde los abajo firmantes declararan no tener nada en común y se negaran a aclarar las dudas que pudieran suscitar respectivamente. [...] Sartre sí es existencialista, y el único libro de ideas que yo he publicado, El mito de Sísifo, estaba dirigido contra los filósofos llamados existencialistas". Esto no le impidió a nadie, en esa época, englobar a Camus en el lote de nuevas celebridades, junto con Sartre, De Beauvoir, Boris Vian y los habituales del café De Flore.

Camus subraya, de manera humorística, lo difícil que resulta dar a cada uno la etiqueta que le conviene, y constata lo que hay en común entre Sartre y él: que ninguno de los dos cree en Dios y, de entrada, no creen en el racionalismo absoluto. Y agrega: "Pero en fin, tampoco Jules Romains, ni Malraux, ni Stendhal, ni Paul de Koch, ni el Marqués de Sade, ni André Gide, ni Alejando Dumas, ni Montaigne, ni Eugene Sue, ni Moliere, ni Saint-Evremond, ni el cardenal de Retz, ni André Breton. ¿Es necesario incluir a todas estas gentes dentro de la misma escuela?".
Las etiquetas que siempre tomamos para encasillar...

3 comentarios:

Armando Ortiz Valencia dijo...

Camus fue uno de esos tipos excepcionales, gran pensador, siempre con la lucidez a la mano. Una celebridad del siglo pasado.
Saludos

Chucho dijo...

He visto muchas veces como ante un mismo problema en casa reaccionamos todos diferentes, es verdad lo que dice Camus. Mi hermana se desespera, mi padre grita, mi madre llora y yo pienso.

saludos, un blog de primera

Magda dijo...

Totalmente de acuerdo, Armando. Además, amaba el futbol, decía que de él aprendió mucho.

Chucho, gracias, bienvenido.

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