19 de febrero de 2007

Lector compulsivo

Cuestión de pasiones
Por Dr. Van der Weintraube
El Mercurio

Difícil detenerse, joyas, insomnios de papel donde dejar que te invadan autores exquisitos. La biografía de Vladimir Nabokov, ahora sus años americanos, una verdadera novela. La frustración calamitosa del último libro de Paul Auster, lanzado como caramelos a la calle, con día anunciado, con prensa hasta el agotamiento. Se lee a tropezones, como el libro de un principiante, como que hubiera rescatado un texto muy antiguo, sin salvación. Nada del talento demoledor de El palacio de la Luna o Leviatán. Viajes por el Scriptorium carece absolutamente del encanto avasallador de toda su obra anterior. Como pasó en un momento con el Vargas Llosa genial. Poco importa. Han dejado obras notables. La poesía que aparece es magnífica. Me hablan de autores entre los mejores del mundo. Me agregan el nombre de Mark Strand y me muestran una novela perfecta de Adam Zagajewski. El invierno ayuda al verso. El verano se enreda con los poetas. La playa tiene ritmo de novela. En una librería de viejo encuentro ¡al fin! la edición en español de Macunaíma de Mário de Andrade. Es de 1977 y no se entiende por qué no tuvo más ediciones cuando se trata de una de las novelas más locas y divertidas que se puede leer en cualquier literatura. Tiene parientes en otras lenguas. Flann O'Brien, Jaroslav Hasek, el imborrable Tristram Shandy de Lawrence Sterne, que debería ser leído (50 páginas) en todo colegio y por supuesto nuestro Juan Emar, nuestro Roberto Bolaño, la mitad de los escritores argentinos y un largo etcétera que comienza, sí señor, con la segunda parte de El Quijote de la Mancha, donde se funda toda la narrativa posmoderna. Dos libros raros versan sobre libros. Roberto Calasso, escritor de alto nivel, y editor finísimo, publica una antología de 100 de sus reseñas sobre libros en Cien cartas a un desconocido: un libro raro porque son notas breves sobre cien escritores de calidad; son muchos los que se me escapan y no hay cómo conseguir ediciones en español. Cosa contraria, en lo fácil, en lo penetrante, en lo intenso es el libro póstumo de la inteligentísima Susan Sontag. Cuestión de énfasis es un imprescindible para cualquier fanático de la lectura. Tal como Sergio Pitol escribe sobre otros libros, Susan Sontag hace un regodeo sobre autores absolutamente magníficos como Joaquín Machado de Assís, el tremendo Robert Walter, el Ferdydurke de Witold Gombrowicz, Pedro Páramo, el malogrado Danilo Kis (de quien reeditan ese libro maravilloso, divino, que es Una tumba para Boris Davidovich.

Mucho más. En marzo, sin falta.

4 comentarios:

Dani dijo...

y un buen café... :P

Diana L. Caffaratti dijo...

Me impacta la prolífera publicación de este blog.
Me descuido unos días, y luego me veo en la tarea de leer mucho. Afortunadamente todo de gran calidad.

Rosa Silverio dijo...

Leer es uno de las grandes pasiones que por suerte muchos compartimos. Me sentí contagiada del espíritu de quien escribe esta nota. Yo siempre he dicho que soy más lectora que escritora. Disfruto tumbarme en un sofá y leer con voracidad a Auster o sentir el desasosiego en una novela de McCullers, o sentirme viva y plena con un poema de Yeats o de cualquier otro poeta que me guste.

Escribir produce un gran goce, pero leer también. Uno siente que vive todas las historias que lee y sale totalmente enriquecido de ese viaje que hacemos al interior de nosotros mismos, gracias a un buen libro.

Una de las cosas que más extraño es tener cerca una buena librería, pero por suerte tengo buenos amigos que cada vez que le encargo uno siempre me lo traen.

Y sé que tú, Magda, eres una gran lectora que nos has transmitido a todos los lectores el amor y el respeto por los libros y sus autores.

Magda dijo...

Diana, Rosa, gracias por sus comentarios.

Saludos, Dani.

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