11 de febrero de 2007

Literatura y política

Una investigación de un periodista ruso viene a confirmar las viejas sospechas de cómo la CIA operó para el otorgamiento del Premio Nobel a Boris Pasternak, el autor de Doctor Zhivago.

Durante años circuló un rumor afirmando que la CIA había tenido un rol activo y definitivo en la publicación de la edición rusa de Doctor Zhivago, el clásico de Boris Pasternak. Ahora, según un anticipo del Washington Post, una investigación del periodista ruso Ivan Tolstoy revelaría las artimañas del servicio de inteligencia de Estados Unidos para promover la publicación rusa del libro, desencadenando así la consagración de Pasternak, que le llegó con el Premio Nobel de Literatura en 1958. Pero empecemos por el principio. Boris Pasternak, un poeta ruso cuyo nombre sonaba cada año como candidato para el Nobel desde 1946, le puso punto final a Doctor Zhivago en 1955. Inmediatamente mandó una buena cantidad de ejemplares a casas editoras rusas para que estimen la posibilidad de una publicación. Si bien el libro era de una calidad literaria indudable, todos los editores sintieron que su contenido lastimaría fuertemente los ideales y la moral soviética, y se negaron a publicarlo además de iniciar un cruzada difamatoria contra Pasternak. En una carta del Ministerio Soviet al Comité Central del Partido Comunista, se dice que “la novela de Boris Pasternak es un libelo malicioso para la URSS”. La primera edición que apareció del libro fue editada en italiano por Giangiacomo Feltrinelli. Las repercusiones fuera de Rusia fueron fervorosas, y Albert Camus dijo que era imperativo darle el Premio Nobel a Pasternak. Pero en Rusia el clima no era tan feliz. Pasternak era un apellido prohibido, y la integridad física del escritor empezaba a entrar en riesgo. Fue entonces cuando, en un movimiento de espionaje sombrío, la CIA mandó un par de agentes al territorio soviético para hurtar un ejemplar original de Doctor Zhivago y promover su publicación. Lo que buscaba la CIA era darle un empujón a la obra de Pasternak para que logre obtener el Premio Nobel (pensemos que la Academia nunca lo hubiera premiado sin leer la obra en su idioma original), y así erosionar la política soviética, que había prohibido la obra por ser inconsecuente con la revolución bolchevique. Parece increíble, pero un día un ejemplar en ruso del Doctor Zhivago llegó a las oficinas de la Academia Sueca, con el nombre de Feltrinelli como editor (una falsa adjudicación, que le costó al editor más de un problema). El Partido Comunista de Rusia vio de inmediato la guerra cultural que se estaba perpetrando en silencio, y escribió: “En el verano de 1958, una gran campaña para promover a Pasternak como candidato al Premio Nobel fue iniciada por los norteamericanos. Todas las fuerzas reaccionarias y antisoviets tomaron parte en esta campaña”. El 23 de octubre de 1958, Boris Pasternak ganó el Premio Nobel de Literatura. Tolstoy, en su flamante investigación, dice que todos en Rusia querían destruirlo, y que “una publicación rusa y el Premio Nobel eran necesarios para salvarlo”. Pasternak murió en 1960, a los 70 años. Sus hijos nunca reconocieron la intervención norteamericana y siempre afirmaron que, con la CIA o sin la CIA, Pasternak iba a ganar, de cualquier modo, el Premio Nobel.

A Rusia, con amor.

1 comentarios:

Purificación Ávila. dijo...

En los tiempos del "Telón de Acero" la CIA fue capaz de sacar un ejemplar de Doctor Zhivago de Rusia. Preguntarme qué intención se escondía tras esta acción norteamericana puede parecer incluso ridícula: ¿Fastidiar a Rusia otorgando el premio a Pasternak como una forma de encumbrar al autor antibolchevique? ¿Resaltar la figura de un escritor ruso cuya valía quedaba reflejada en su obra más conocida?
Claro que me quedo con la primera, otra cosa es que a posteriori, Pasternak se lo mereciera, como quedó patente.
De ahí que nunca sus descendientes hayan reconocido la intervención de la CIA. Eran los años oscuros de la "Guerra Fría" (Nadie hablaba porque a nadie se informaba).
Sea como sea, el mundo se benefició al darnos conocer al autor y su obra.
Por cierto que lo que sí me parece valiente fue la intrépida investigación del periodista para descubrir esta argucia política.
Fantástica historia, digna de llevar al Cine. Besos, Magda.

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