22 de julio de 2007

Fruta verde: Enrique Serna

Enrique Serna, Fruta verde (México: Planeta, 2006)

Después de Ángeles del abismo, pensé que difícilmente Enrique Serna escribiría una novela mejor. Fruta verde no la superó, pero es igual de excelente. Enrique Serna es de los mejores escritores mexicanos en la actualidad y, les aseguro, de Hispanoamérica. Una de las cosas que más le admiro es el humor y la ironía que recorren su narrativa, son riquísimos estos aspectos, a veces humor negro y en otras sólo humor, un humor que te hace reir con ganas. Alguna crítica dice que "A partir de elementos autobiográficos Serna elabora en Fruta verde la historia ficticia de Germán Lugo, un aprendiz de escritor muy parecido a mí cuando yo tenía 18 años, pero estructurado dentro de una trama novelesca de la que resulta un personaje bastante diferente al original". No se realmente si es mitad novela autobiográfica, mitad novela de iniciación, mitad roman à clef, mitad novela de aprendizaje, novela intimista, gay, bisexual, de todo ello la han clasificado. De lo que sí estoy segura es de que es una estupenda novela.

En ella, en la novela, han pasado quince años desde la muerte de su madre cuando una madrugada el escritor Germán Lugo atiende un telefonazo de Toño, el secretario del afamado dramaturgo homosexual, Mauro Llamas. La triste noticia que recibe lo lleva a recordar su promesa de escribir su autobiografía y seguir el consejo de Flaubert de "desaparecer detrás de los personajes". Mauro le había sugerido que llevara por título, en homenaje a Gabo, Memoria de mis putos alegres, pero él decide ponerle Fruta verde, como el bolero del compositor mexicano Luis Alcaráz. "El mejor arte de amar se encuentra, dice Serna en una entrevista, en los boleros pero, aclaro, en los boleros pecaminosos y prostibularios, en la tradición de Alvaro Carrillo, Agustín Lara y Luis Alcaráz, que son los que siempre me han gustado, más que la rama del bolero fresa de la trova yucateca, de canciones para la noviecita, que ha seguido de manera nefasta Armando Manzanero, por ejemplo".

Cumple su promesa y escribe su autobiografía y nosotros empezamos a leerla. Germán Lugo es el hijo primogénito de Paula Recillas y Luis Mario Lugo, y nieto de dos refugiados españoles: por parte de padre, de don Jaime Lugo, un periodista aragonés que luchó contra el fascismo como director de La verdad, un periódico valenciano que se mantuvo fiel a la causa republicana hasta el fin de la guerra civil y de, por parte de madre, don Juan Recillas, un aguerrido minero asturiano que había perdido un brazo al defender el cuartel de Simancas, cuando los fascistas se sublevaron en Gijón contra el gobierno republicano.

Corren los últimos años de los setentas en México, Germán tiene 19 años y sus padres se han divorciado porque, dice Paula, "los hombres maduros más que jueces de belleza, parecen compradores de ganado: quieren terneras livianas, no reses viejas de carnes magras". Paula, uno de los personajes centrales, es una mujer guapa, cuarentona, con una moral cerrada, sumamente conservadora, adicta a la lectura y bailadora en esas reuniones que cada sábado tenían lugar en su casa adonde se juntaban sus amigas -otras conservadoras- y las jóvenes amistades de sus hijos (además de Germán, está Felix y Daniela). Paula, inicia desde muy pequeño a Germán en la lectura y el día que decide escribir un cuento y enviarlo a "La cantera", el suplemento cultural de El matutino, ella es quien se obstina en pasarlo a máquina "con el mismo empeño abnegado que había puesto en guardar su primer diente de leche". En el suplemento había un concurso semanal de relato corto con un premio de 400 pesos para el ganador. Así, cuando el jovencito lee que "La cripta" ha ganado este certamen:

Le pareció que su nombre rutilaba como en la marquesina de un teatro. Saltó de júbilo con el brazo en alto, en un festejo más futbolero que literario, y la vendedora del puesto de periódicos se le quedó viendo con extrañeza:
-¿Le atinó al gordo de la lotería?
-Sí, me saqué el premio mayor. Deme otros cuatro del mismo periódico.

Embebido en la contemplación de su cuento, un placer más maternal que narcisista, en el camino de vuelta a casa por poco se va de bruces al meter el pie en un hoyo de la banqueta. Caminó con más cuidado por medio de la calle, para evitar los manguerazos hostiles que podían mojar los periódicos.
La mitad de ese triunfo le correspondía a su madre por derecho propio, y por eso al entrar en la casa subió corriendo a buscarla.
-¡Ganamos, mamá! ¡Mira!
Paula soltó las agujas del tejido, sobresaltada, y al ver el suplemento pasó del asombro a la euforia.
¡Te lo dije, ese cuento vale oro!
-Feliciten a su hermano, que se va a ganar el Premio Nobel, -pronosticó Paula, exaltada.
-Ay, mamá, no te la jales -protestó Germán, con una sonrisa incrédula. Sólo gané un concursito.
-¿Y qué? Por algo se empieza ¿no?
Ríete de mí, pero tu vas a llegar muy alto.

Al mismo tiempo que Germán Lugo recibe su premio se da su ingreso a la universidad, a la carrera de periodismo, entrando en una admiración total por el marxismo. Paralelamente está decepcionado por el recién rompimiento con su novia, Berenice, quién lo engañó con uno de sus amigos. Parece ser que el trauma sufrido con la jovencita lo lleva a vivir una especie de confusión sexual. En su intento de independizarse entra a trabajar a una agencia de publicidad, aquí conoce a Mauro Llamas, un dramaturgo homosexual de 30 años que intenta seducir a Germán desde que lo conoce. Como los dos trabajan juntos las oportunidades de convivir son muy altas, además existe identificación intelectual entre ellos, Germán admira a Mauro no sólo porque es un hombre culto que ha recibido premios por sus obras, sino por el carácter del escritor, posee un gran sentido del humor y ha aprendido que la risa es la mejor medicina para huir del dolor.

El camino que recorren juntos es largo, Mauro intenta por todos los medios de seducirlo, a pesar de que Germán le ha dicho claramente que a él no le gustan los hombres. Pero vaya que el dramaturgo es persuasivo. Algunas cosas molestan de Mauro LLamas, especialmente esa manera de insistir e insistir, de ponerle trampas, de invitarlo a su casa a reuniones (con otros homosexuales), de tomar juntos, todo para que Germán se anime y "jale":

Cuando salió de la cocina con dos platos de spaghetti recalentado, Mauro encontró a Germán dormido en el sofá de terciopelo rojo. No le sorprendió su desplome, pues ya venía bostezando en el carro. De hecho, había calentado la comida para tratar de bajarle un poco la borrachera, porque si en su sano juicio manejaba mal, con tragos encima era un piloto suicida. Ya habían corrido riesgos de sobra esa noche. Después de todo lo que habían bebido en casa del maestro Soler, debieron dejar estacionado el volkswagen de Germán y tomar un taxi. De milagro no lo había visto la patrulla cuando se subió al camellón de avenida Chapultepec. A quién carajos se le ocurría soltar el volante para encender un cigarro. Lo peor de todo era que tampoco llevaba el volante de su propia vida. No se conoce a sí mismo ni sabe lo que quiere hacer con su cuerpo, pensó. Busca mi compañía porque lo hago feliz, pero ¿me quiere de verdad? En varios momentos de esa larga parranda hubiera podido jurar que sí. En el restaurante de chinos, por ejemplo. Cómo le brillaban los ojos al escucharme. Se desternilló de risa con la historia del matrimonio tabasqueño mal avenido que después de una bronca fuerte, para no infringir la ley del hielo, se lanzaba reproches por medio de mascotas o personas interpósitas: “¿Verdad, perro, que nunca hay camisas limpias en mi clóset, porque la señora de la casa es una huevona?”. Y la esposa respondía mientras acunaba al bebé : “Cariñito mío, prométeme que de grande, cuando te vayas de putas, no vas llegar con las camisas manchadas de colorete, ni le exigirás a tu mujer que las lave”. Según Germán son igualitos a su madre, sólo que ella habla con el retrato de su abuela para regañarlo, y me sugirió escribir una comedia donde todos los personajes hablaran así. Al calor de los tragos hasta le pusimos título: Las terceras personas. Es mi cómplice perfecto, cuando estoy con él las ideas me salen a borbotones, y a veces creo que nos leemos el pensamiento. Su admiración, su risa, su facilidad para entusiasmarse me alborotan la imaginación y las hormonas al mismo tiempo. ¿Pero de qué me sirve ser tan cautivador si no logro ni una caricia?

El alcohol tiene un papel importante en la novela, no sólo entre Germán y Mauro, también en la madre de Germán y en los asistentes a las fiestas que organiza Paula todos los sábados, así como en el grupo de amigos de Mauro, "la jaula de las locas", como lo llama el narrador.

Comentaba que Mauro Llamas es un personaje singular, con una vida nada fácil, y que en ocasiones molesta no sólo porque posee un gran cinísmo, sino por que su deseo de seducir a como de lugar a Germán, un jovencito de 19 años sin ninguna experiencia sexual, es un tanto patológico: su jefe y amigo, también homosexual, le pide por favor lo respete porque además de ser un lugar de trabajo viene recomendado por el dueño de la Agencia y si lo molesta hará que lo despidan. Pero a Mauro Llamas esto no le importa, esto ni nada, porque hasta la misma madre de Germán le importa un comino. Sabe que la madre de Germán sospecha que quiere hacerlo su amante y que le ha advertido a su hijo que tenga mucho cuidado, pero la hace a un lado, más bien aprovecha el estado anímico de Germán para obtener sus fines. Después de lograr su objetivo divulga, con quien puede, el "trofeo" conseguido. La escena se desarrolla en la casa de Mauro Llamas que platica con Germán Lugo, quien nos relata lo ocurrido:

-Oye Germán, ¿nunca te vas a enamorar de nadie?
-Quien sabe -respondí a la defensiva. Por ahora no me ha ocurrido.
-¿Pero tu quieres enamorarte?
-Sí, me gustaría, pero eso no depende de la voluntad.
-¿Y no crees que haga falta poner algo de tu parte?

(Mauro se levanta a cambiar el disco):

El bolero que puso, tierno y lascivo a la vez, me distendió los nervios como una inyección de morfina:

En el cercado ajeno provocaba,
era fruta y mujer,
la mordí cuando menos lo pensaba, pero fue sin querer...

-Qué preciosa canción y qué voz tan cachonda.
-Es Fruta verde, de Luis Alcaráz, cantada por Ana María González.
Seguí escuchando con embeleso, transportado a un edén prohibido, con manzanos y naranjos en flor, donde una ninfa desnuda bebía agua en un arrochuelo.

Sabor de fruta verde,
de fruta que se muerde
y deja un agridulce de perversidad,
boca de manzana, boquita que reza,
pero que si besa
se vuelve mala mala...

Mauro, atento al menor de mis gestos, se sintió autorizado a ponerme la mano en la rodilla, una mano ligera como un guante que por una extraña flojedad del ánimo no me incomodó en absoluto. Sólo atiné a reaccionar cuando la mano se deslizó muslo arriba hasta rozarme las ingles.
-Espérame -me quejé con voz débil-, estate quieto.

Este es el inicio del logro de una seducción que le llevó años conseguir a Mauro Llamas. Mientras tanto, en casa de Germán, la madre lucha contra la pasión que ha despertado en Pável, un jovencito amigo de su primogénito quien le hace llegar una carta confesándole su amor, misiva que inicia con "Querida tía" y termina firmando como "Varguitas" (aludiendo a la relación amorosa de Vargas Llosa con su tía, Julia Urquidi, con quien se casa. Después se divorcia de la tía y se casa con su prima, Patricia Llosa). La rígida moral de Paula Recillas hace que rechace totalmente a Pável, no sin lamentarlo al pasar de los años, cuando percibe que la vida es algo más que reglas morales... Ha pasado el tiempo y ya enferma, bailando en sus fiestas sabatinas con una bolsa de orina en la mano, le dice a su hijo Germán:

-Hace años tuve un pretendiente de tu edad
-¿Amigo mío? ¿Se puede saber quién era?
No te lo voy a decir. Se dice el pecado, pero no el pecador.
¿-Y a ti te gustaba?
-Mucho -murmuró ruborizada-. Pero nunca tuve nada con él. No podía hacerle eso a mis hijos.
-Pues yo te hubiera felicitado (...)
-Hubiera sido ridículo que a mi edad y después de tanto predicar la decencia, me hubiera pasado al bando de las harpías.

Si se hubiera visto al espejo en ese momento, reducida a un pinsajo de carne, con las mejillas colgadas de los maxilares, tal vez se habría reído de sus pudores. Recordé una línea de López Velarde: "el gusano roe virginidades y experiencias", pero no me atreví a citrarla por temor a ser cruel.

En los últimos veinte años, Germán Lugo tuvo un largo matrimonio con Julia, la madre de su única hija, en el aquí y ahora narrativos es un escritor afamado y vive con una excelente persona, Renata, en unión libre. De aquellos años vividos jamás olvidará su apodo, "Sor Juana", tampoco a Mauro Llamas, su gran amigo, maestro, y seductor. Ni tampoco, que lo que une a Mauro LLamas, a su madre, y a él, es el bolero Fruta verde, de Luis Alcaráz.

9 comentarios:

Palimp dijo...

Y lo difícil que es encontrar algo de Enrique Serna por aquí ¿Tiene alguna editorial española?

Luisa Miñana dijo...

Pensaré siempre que es injusta la escasa difusión de la literatura americana en España, con las honrosas excepciones habituales.

Suena muy bien todo lo que nos cuentas, Magda. Así que lo ponemos en la lista de encargos.

Otra cosa, me ha interesado mucho ésto de los boleros pecaminosos y prostíbularios, que creo que por aquí no se conocen demasiado. Al menos yo no los conozco como tal género; quizás alguno, mezclado con el resto. ¿Nos contarás algo de todo ello?

P.D. Qué bien que ya pudiste abrir los comentarios.

Magda dijo...

Creo que la no difusión de muchos libros latinoamericanos se debe al

filtro que existe en España, Palimp, es una lástima. Pero recuerda que siempre que quieras te envío el libro que desees, con toda confianza. Éste te gustará igual que Ángeles del abismo, seguro.

Magda dijo...

Sí, desgraciadamente así es Luisa, y se debe a ese filtro que le comento a Palimp, pero esperemos que un dia cambie. Pero de igual manera cualquier libro que desees dime con toda confianza y te lo envío de inmediato, no me cuesta ningun trabajo y lo haría con gusto.

Los boleros "pecaminosos y prostibularios" son excelentes, Luisa. Serna los nombra, no son un género, los nombra así porque se escuchan en bares y lugares adonde supuestamente van personas enamoradas que sufren de amor y desamor y al escucharlos les llega profundamente su letra, pero son boleros que todo mundo escucha que son de grandes compositores como Álvaro Carrillo (mi compositor favorito), que seguro si los has escuchado, como por ejemplo: "Sabor a mi", "Luz de luna", "El andariego", etc., abajo te pondré un par de letras y quizá reconozcas algunas o, al menos, podrás ver por qué Serna les llama así:

Magda dijo...

Todos son de Álvaro Carrillo:

AMOR MIO

Amor mío, tu rostro divino
no sabe guardar secretos de amor;
ya me dijo que estoy en la gloria
de tu intimidad.

No hace falta decir que me quieres
no vuelvas loco con esa verdad;
no lo digas, no hagas que llore
de felicidad.

¡Cuánta envidia se va a despertar
cuántos ojos nos van a mirar!
la alegría de todas mis horas
prefiero pasarla en la intimidad.

Olvidaba decir que te amo
con todas las fuerzas que el alma me da;
quien no ha amado, que no diga nunca
que vivió jamás.

¡Cuánta envidia...

_____________

COMO SE LLEVA UN LUNAR

Como se lleva un lunar
todos podemos una mancha llevar,
en este mundo tan profano
quien muere limpio no ha sido humano.

Si vieras que terrible
resulta la gente demasiado buena,
como no comprende parece que perdona
pero en el fondo siempre nos condena.

Vuelve conmigo mi amor
que tus errores no me causan temor
pues mucho más que todos ellos
vale uno solo de tus cabellos

Como eres así yo te quiero
y por eso ya ves que al sentir tu mirada
doy espaldas al mundo
para adorar tu cara.

Vuelve conmigo mi amor...
______________

SABOR A MI

Tanto tiempo disfrutamos
de este amor
nuestras almas se acercaron
tanto a sí
que yo guardo tu sabor
pero tú llevas también
sabor a mí.

Si negarás tu presencia
en mi vivir
bastaría con abrazarte
y conversar,
tanta vida yo te dí
que por fuerzas llevas ya
sabor a mí.

No pretendo ser tu dueño
no soy nada, yo no tengo vanidad,
de mi vida doy lo bueno
soy tan pobre que otra cosa puedo dar

Pasarán más de mil años,
muchos más,
yo no se si tenga amor
la eternidad
pero allá tal como aquí
en la boca llevarás
sabor a mi.
_________

LUZ DE LUNA

Yo quiero luz de luna
para mi noche triste
para pensar divina
la ilusión que me trajiste.

Para sentirte mía,
mía tú como ninguna
pues desde que te fuiste
no he tenido luz de luna.

Yo siento tus amarras
como garfios como garras
que me ahogan en la playa,
de la farra y el dolor.

Y llevo tus cadenas a rastras
en mis noches calladas
que sea plenilunada,
azul como ninguna
pues de que te fuiste
no he tenido luz de luna.

Si ya no vuelves nunca
provincianita mia
a mi selva querida
que está triste y está fría.

que al menos tu recuerdo
ponga luz sobre mi bruma
pues desde que te fuiste
no he tenido luz de luna.

Pues desde que te fuiste
no he tenido luz de luna.
________________

EL ANDARIEGO

Yo que fui del amor ave de paso,
yo que fui mariposa de mil flores
hoy siento la nostalgia de tus brazos
de aquellos tus ojazos
de aquellos tus amores.

Ni cadenas ni lágrimas me ataron
mas hoy quiero la calma y el sosiego,
perdona mi tardanza, te lo ruego,
perdona al andariego
que hoy te ofrece el corazón.

Hay ausencias que triunfan
y la nuestra triunfó,
amémonos ahora con la paz
que en otro tiempo nos faltó.

Y cuando yo me muera
ni luz ni llanto
ni luto ni nada más
ahí junto a mi cruz
yo sólo quiero paz.

Sólo tú, corazón,
si recuerdas mi amor
una lágrima llévame por última vez
en silencio dirás una plegaria,
y, por Dios, olvídame después.

Magda dijo...

Luisa, aqui puedes escuchar 4 canciones de Álvaro Carrillo (interpretadas por diferentes cantantes). Seguro verás, y escucharás, por qué Serna las llama "pecaminosas y prostíbularias:

Sabrá Dios

Sabor a mí

El andariego

3 boleros de y cantados por Álvaro Carrillo

Luisa Miñana dijo...

Gracias, Magda. Alguna letra si la conozco, es verdad. Lo que pasa es que yo creo que hasta aquí siempre nos han llegado interpretaciones como muy "pulcras" de los boleros. O yo no lo he sabido ver, vamos. Luego entro en Youtube (ahora voy deprisa) y ya te contaré. Gracias, de nuevo.

Orlando dijo...

Bolero ranchero, Rocío Dúrcal

Bolero romántico

Poquita fe

Flor de azalea

Te quiero así

Piel canela

Amor

Carmen Sevilla y Pedro Infante, Cielito lindo

Rocío Dúrcal y Juan Gabriel, Juntos

Javier Munguía dijo...

Compartimos la admiración por Serna, Magda. Me da gusto. Saludos.

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