12 de octubre de 2007

Amores de segunda mano: Enrique Serna

Enrique Serna, Amores de segunda mano (México: Cal y arena, 2006)

Daba besos de segunda boca

La primera edición de los cuentos de Amores de segunda mano de Enrique Serna, fue en 1994. El libro lleva seis reimpresiones. Son once relatos en total y ninguno de ellos deja buen sabor de boca al terminar su lectura gracias al humor negro, al absurdo, a las situaciones grotescas, a las relaciones amorosas frustradas que viven los personajes, a los adioses del amor a través de "las malditas palabras", al regocijo que puede provocar la violación de una anciana minusválida y moribunda, al desencanto al final de la vida. A los melodramas que muestra. "El alimento del artista" me parece uno de los cuentos mejor logrado junto a "La extremaunción", al menos son los que más me gustaron, aunque elegir de entre todos ellos no es tarea fácil, todos son excelentes relatos.

"El alimento del artista" inicia al final de la vida de una mujer que está hablando con alguien "con educación, con experiencia, que se ve que entiende las cosas", pidiéndole un favor mientras le cuenta su vida. De esta forma nos enteramos de que unos veinte años atrás trabajaba en "El sarape", un cabaret en el que realizaba un número al lado de un afeminado, Gamaliel. Los dos fingían hacer el amor en el escenario. Como era afeminado pues no habría problema. Pero resulta que la primera vez que se presentan ella va notando que Gamaliel "se relajaba y hasta se divertía con el manoseo, tanto que a medio show él tomó la iniciativa" y ella empezó a sentirse lujuriosa, tanto que "si no se acaba la música por Dios que nos ponemos a darle de verdad enfrente de todo mundo", nos cuenta la narradora. Los ovacionan como cinco minutos, salen tres veces a recibir los aplausos hasta que Gamaliel la jala del brazo y:

A tirones me llevó al camerino porque ya no aguantaba las ganas. Tampoco yo para ser sincera. Caímos al sofá encima de mis trajes y ahí completamos lo que habíamos empezado en la pista pero esta vez llegando hasta el fin, desgarrándonos las mallas, oyendo todavía el aplauso que ahora parecía sonar dentro nde nosotros como si toda la excitación del público se nos hubiera metido al cuerpo, como si nos corrieran aplausos por las venas.

Poco después deciden vivir juntos y lo de hacer el amor después del número que realizaban se les hizo costumbre, "a veces ni cerrábamos la puerta del camerino de tanta prisa". Pero lo de escuchar aplausos trascendió, nada más escucharlos asi fuera en la televisión y "ya nomás con eso sentíamos hormigas en la carne". Un día Gamaliel, que era muy celoso, tiene un problema de golpes con un cliente de "El sarape" y tienen que irse. Pasan por varias situaciones hasta que a Gamaliel le cansa andar "en el deprave", así que se retiran de la farándula y llevan "una vida decente". Esta vida decente lleva a Gamaliel a quedarse impotente, ya no desea hacerle el amor a su mujer hasta que ella descubre que es porque le faltaba el público, "extrañaba el aplauso que es el alimento del artista". Regresan a lo mismo y su vida sexual brilla de nuevo. Sin embargo, el tiempo pasa y los cuerpos se van haciendo viejos, y dos cuerpos viejos haciendo el amor en un escenario no provocan más que lástima. Ella se convierte en cigarrera del cabaret y él "le recoge los tacones a las vedettes". El final es desgarrador:

Le quería contar mi vida, para ver si es tan amable de hacerme un favorcito. Ahí en el pasillo, detrás de las cajas de refresco, tenemos nuestro cuarto Gamaliel y yo. Tenga, es todo lo que traigo, acéptelo por caridad, ya se que no es mucho pero tampoco le voy a pedir un sacrificio. Nomás que nos mire, y si se puede, aplauda.

7 comentarios:

Orlando dijo...

El erotismo en la vejez debe de ser duro y no porque en sí lo sea, sino porque las culturas occidentales no se cansan de señalar que el erotismo es solo para la juventud. Yo considero que esto es falso.
El final sí que es desgarrador, muy triste.

malvisto dijo...

Es triste; pero es lo lógico, en cuanto a la carne se refiere... all the world is green (Tom Waits)

Gabriel Báñez dijo...

Magda, amiga, gracias por este buen dato. Una mirada a los prejuicios reduccionistas nos lleva a poner plazos, límites, etiquetas a la edad, condición, género, color, etc. No pude dejar comentario abajo, pero -también sobre este tema-, yo comenzaría el camino Lessing por "El quinto hijo". Te mando un abrazo y la invariable amistad.

entrenomadas dijo...

Es desgarrador, asusta un poco. Estoy de acuerdo con lo que dice Orlando, las culturas occidentales son espejos de juventud y eso es tremenda mente cruel.

Kisses

Ana Muñoz dijo...

Hola, Magdita.

El día 12 Literatúrame me dejó un comentario en el blog; he visto un link én la columna derecha de tu blog y quería preguntarte por "Literatúrame". Me he dado una vuelta por la bitácora y me ha parecido tremenda.
Muak.

Luisa Miñana dijo...

Desgarrador, ciertamente, Magda, ese final. Pero el relato debe contener, por tus palabras, una buena indagación en esa vertiente voyeuresca y "autovoyeuresca" del erotismo. E igualmente, como ya han dicho, sobre el eterno tema del erotismo y la vejez, que tanto juego ha dado -desde las visiones burlescas y grotescas, hasta las más desgarradoras-.
Como siempre tus apuntes son guía inmejorable. Y aunque muchas veces el tiempo asesina iniciativas, por lo menos son fuente de noticias en las que una siempre confía. Da gusto volverlos a encontrar a la vuelta.
Un abrazo.

Apostillas literarias dijo...

Muchas gracias a todos por sus comentarios. Un abrazo.

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