1 de agosto de 2008

Un amor clandestino: Gilles Rozier

G

illes Rozier, Un amor clandestino (Barcelona: Salamandra, 2006)

Un amor clandestino es una novela sin gran novedad respecto al tema: la Francia ocupada por los nazis en los años de la segunda guerra mundial. Ya viejo, el narrador-personaje desde el presente narrativo nos cuenta a nosotros los lectores, y al grupo que lo acompaña, lo que vivió, miró y realizó en esos difíciles años. La música de Schumann, la luz tenue y el té hecho en la tetera de su abuela, conforman la atmósfera de lo que escucharemos a partir de ahora.

El narrador es un tipo especial: no se conduele ante los problemas de los demás, es muy objetivo en sus apreciaciones, desde la infancia se acostumbró a disimularlo todo: "pasiones, angustias, decepciones. En casa no se exteriorizaba nada". Es amante de la lengua alemana, la lectura, la literatura, particularmente Thomas Mann es para él casi un Dios y cuando ponen en la lista negra a algunos autores, él no puede dejar de vivir sin su Mann, "que era mi umbral de tolerancia respecto al ocupante". Así que decide montar una sala de lectura en el sótano "con unas tablas sueltas, un vetusto sillón y una lamparilla de escritorio", a la que baja por la noche sin que nadie se entere.

Esta sala de lectura es su lugar secreto al que accede "a través de una pequeña abertura ojival practicada en la pared de la parte más oscura de la bodega. Tenía que entrar a cuatro patas, como un animal. Disimulaba la entrada tras unas banastas vacías que, una vez dentro, podía volver a colocar sin dificultad. ¿Quién iba a descubrir el escondite de mis escritores preferidos? ¿A quien se le ocurriría buscarlo en casa de una intrigante que se acostaba con un miembro de la SS?". La "intrigante" era su hermana Anne, viuda ya, que tiene relaciones sexuales con un miembro de las SS que la visita en su misma casa:

Ella gemía de placer en el primer piso. La araña de cristal del salón tintineaba al ritmo acompasado de los golpes de cadera del alemán. La guerra era tan triste que había que hacer algo para divertirse. Mi hermana estaba de luto, la pobre. Follaba para olvidar. Le encantaba que el enemigo la penetrara, por eso gritaba. Se entregaba a él, igual que su país. Después de la Liberación, un vecino la violó ante los aplausos de todo el vecindario. El espectáculo transcurrió delante de la verja del jardín. Yo me había unido a la muchedumbre de curiosos. Anne estaba irreconocible con la cabeza afeitada. Se la veía flacucha. Estaba en cueros, no sólo la piel del cráneo, sino todo el cuerpo. Era la primera vez que yo la veía desnuda.

El protagonista es profesor de alemán en un instituto de una pequeña provincia francesa, su vida transcurre con rectitud. Un día, mientras daba clase y explicaba a las estudiantes el uso del genitivo después de la preposición während, llega a la puerta del aula el director de la escuela seguido por dos alemanes con uniforme de la Gestapo, y le ordenan los acompañe. Con mucho miedo por ignorar el motivo de esta acción, se entera al llegar al palacete Barres, antes sede del banco regional y en ese momento lugar de la Gestapo, que gracias a su conocimiento del alemán lo requerían para efectuar varios trabajos de traducción e interpretación, "apenas unas horas a la semana".

Y es aquí donde la novela cobra más energía, brío, interés. Sucede que va a entregar al cuartel de la Gestapo una de sus traducciones y mientras espera sentado frente al despacho de Des Roulieres, conoce a un joven, un judío polaco, Herman. Sin pensarlo dos veces decide esconderlo en su lugar secreto, en su sala de lectura, en su sótano...

En plena guerra mundial con su país ocupado por los nazis, un profesor intachable, casado con una mujer con la que nunca ha tenido nada (ni plática), oculta a un judío polaco en el sótano. Arriba, mientras tanto, en el primer piso está su hermana con el soldado alemán y en la cocina su madre. Él, baja todas las noches a platicar con Herman y a limpiar el orinal, esto durante más de dos años. Suceden muchas cosas más que tal vez se imaginen o tal vez no...

8 comentarios:

Sonia Fides dijo...

El libro es una pasada, yo lo leí el año pasado y es pura poesía, pura geometría del deseo. Un libro elegante pese a la brutalidad de esa hermana que recibe a nazis en sus casa. Pura música para los sentidos. Brutal y bella al mismo tiempo. Hay que agradecerle al autor la genialidad que supone la incertidumbre continua que ofrece a través de sus personajes.

Un abrazo súper.

Raquel T. dijo...

Me ha parecido un argumento muy interesante el de esta novela, Magda... Parece ser que los diversos (por desgracia) periodos de represión sin sentido y violencia inhumana que se han dado en la historia siempre hacen más patentes e intensos los sentimientos y las emociones. Además, ¡el final de tu reseña nos ha dejado a todos con ganas de leer esta historia al completo! Seguro que no tardaremos en hacerlo...

Toronaga dijo...

Interesante....
En este blog, también llevado, siempre aprendo algo..

Magda Díaz M. dijo...

El personaje de la hermana es todo un caso, Sonia. Gracias a su novio nazi la casa está siempre resguardada, esto ayuda enormidades a que nadie pudiese sospechar que un judío pudiese estar escondido. Y lo que es singular, es que el hermano se enoja porque su hermana...

y él, en plena guerra mundial y Francia ocupada por los nazis ¡tiene un judio en su sótano! y, además...

Lauren Mendinueta dijo...

Magda, tienes un blog magnífico. Lo descubrí a través del blog de Antonio Sarasbia y en seguida lo puse en la lista de recomendados de mi propio blog laurenmendinueta.com
Felicitaciones

Ayshane dijo...

No conocía este libro, pero me lo apunto para leerlo... me parece muy interesante el argumento..

Besos

Ida Lupita dijo...

Desde luego,con tu presentación dan ganas de leerla. Me ha llamado la atención el argumento porque un caso muy similar lo vivió un pariente mío durante la guerra civil Era maestro de escuela y durante diez meses escondió en la escuela a un desertor, un soldado de apenas dieciocho años, con quien compartió todos ls días su escasa ración: patata cocida o media docena de vainas de lo que fuera. El tópico de que la realidad supera la ficción es una ley universal que se cumple siempre. Nuestra imaginación va por detrás del mundo real.

Magda Díaz M. dijo...

Muchas gracias, Raquel, Toronaga, Lauren, a todos.

Ida, lo que cuentas constata eso de que la realidad supera a la ficción y, además, parece que en momentos duros y sumamente difíciles, hay personas que encuentran ese amparo que tanto necesitan. Qué bueno que así sea.

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