27 de agosto de 2009

En busca del tiempo perdido: Proust

Uno de los regalos de mi pasado cumpleaños fueron los dos tomos, en cómic, de En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust.

El primer libro es Por el camino de Swann. Primera parte: Combray y el segundo, A la sombra de las muchachas en flor. Primera parte: Nombre de la región (Volumen 1). Las ilustraciones son de Stéphane Heuet (un gran ilustrador), la traducción al castellano es de Conrado Tostado y están editados por Sexto piso en 2006 y 2008. Dice la Editorial que continuará con esta serie el año entrante, ojalá sea cierto porque es un trabajo excelente. Me gustaría hicieran muchas obras en cómic, me parece un camino óptimo para fomentar la lectura en niños y estudiantes.

"Hacía ya muchos años que no existía para mí de Combray más que el escenario y el drama del momento de acostarme, cuando un día de invierno, al volver a casa, mi madre, viendo que yo tenía frío, me propuso que tomara, en contra de mi costumbre, una taza de té. Primero dije que no, pero luego, sin saber por qué, volví de mi acuerdo. Mandó mi madre por uno de esos bollos, cortos y abultados, que llaman magdalenas, que parece que tienen por molde una valva de concha de peregrino. Y muy pronto, abrumado por el triste día que había pasado y por la perspectiva de otro tan melancólico por venir, me llevé a los labios una cucharada de té en el que había echado un trozo de magdalena. Pero en el mismo instante en que aquel trago, con las migas del bollo, tocó mi paladar, me estremecí, fija mi atención en algo extraordinario que ocurría en mi interior. Un placer delicioso me invadió, me aisló, sin noción de lo que le causaba. Y él me convirtió las vicisitudes de la vida en indiferentes, sus desastres en inofensivos y su brevedad en ilusoria, todo del mismo modo que opera el amor, llenándose dee una esencia preciosa; pero, mejor dicho, esa esencia no es que estuviera en mí, es que era yo mismo. Dejé de sentirme mediocre, contingente y mortal.

¿De dónde podría venirme aquella alegría tan fuerte? Me daba cuenta de que iba unida al sabor del té y del bollo, pero le excedía en mucho, y no debía de ser de la misma naturaleza. ¿De dónde venía y qué significaba? ¿Cómo llegar a aprehenderlo? Bebo un segundo trago, que no me dice más que el primero; luego un tercero, que ya me dice un poco menos. Ya es hora de pararse, parece que la virtud del brebaje va aminorándose. Ya se ve claro que la verdad que yo busco no está en él, sino en mí. El brebaje la despertó, pero no sabe cuál es y lo único que puede hacer es repetir indefinidamente, pero cada vez con menos intensidad, ese testimonio que no sé interpretar y que quiero volver a pedirle dentro de un instante y encontrar intacto a mi disposición para llegar a una aclaración decisiva. Dejo la taza y me vuelvo hacia mi alma. Ella es la que tiene que dar con la verdad. ¿Pero cómo?

Y de pronto el recuerdo surge. Ese sabor es el que tenía el pedazo de magdalena que mi tía Leoncia me ofrecía, después de mojado en su infusión de té o de tila, los domingos por la mañana en Combray (porque los domingos yo no salía hasta la hora de misa) cuando iba a darle los buenos días a su cuarto. Ver la magdalena no me había recordado nada, antes de que la probara; quizá porque, como había visto muchas, sin comerlas, en las pastelerías, su imagen se había separado de aquellos días de Combray para enlazarse a otros más recientes; ¡quizá porque de esos recuerdos por tanto tiempo abandonados fuera de la memoria no sobrevive nada y todo se va disgregando!; las formas externas -también aquélla tan grasamente sensual de la concha, con sus dobleces severos y devotos-, adormecidas o anuladas, habían perdido la fuerza de expansión que las empujaba hasta la conciencia. Pero cuando nada subsiste ya de un pasado antiguo, cuando han muerto los seres y se han derrumbado las cosas, solos, más frágiles, más vivos, más inmateriales, más persistentes y más fieles que nunca, el olor y el sabor perduran mucho más, y recuerdan, y aguardan, y esperan, sobre las ruinas de todo, y soportan sin doblegarse en su impalpable gotita el edificio enorme del recuerdo.

En cuanto reconocí el sabor del pedazo de magdalena mojado en tila que mi tía me daba (aunque todavía no había descubierto y tardaría mucho en averiguar el porqué ese recuerdo me daba tanta dicha), la vieja casa gris con fachada a la calle, donde estaba su cuarto, vino como una decoración de teatro a ajustarse al pabelloncito del jardín que detrás de la fábrica principal se había construido para mis padres, y en donde estaba ese truncado lienzo de casa que yo únicamente recordaba hasta entonces; y con la casa vino el pueblo, desde la hora matinal hasta la vespertina y en todo tiempo, la plaza, adonde me mandaban antes de almorzar, y las calles por donde iba a hacer recados, y los caminos que seguíamos cuando hacía buen tiempo. Y como ese entretenimiento de los japoneses que meten en un cacharro de porcelana pedacitos de papel, al parecer, informes, que en cuanto se mojan empiezan a estirarse, a tomar forma, a colorearse y a distinguirse, convirtiéndose en flores, en casas, en personajes consistentes y cognoscibles, así ahora todas las flores de nuestro jardín y las del parque del señor Swann y las ninfeas del Vívonne y las buenas gentes del pueblo y sus viviendas chiquitas y la iglesia y Combray entero y sus alrededores, todo eso, pueblo y jardines, que va tomando forma y consistencia, sale de mi taza de te".
A partir de sensaciones, dice Proust, los recuerdos llegan a nuestra mente sorpresivamente, sin que nuestra voluntad interfiera.

* Proust, según Roland Barthes.

13 comentarios:

Amaia dijo...

Ummm,el maestro Proust,Magda,yo también tengo esos pero en libros,en cómics deben de ser fantásticos también,a mí personalmente me encantan los cómics,un aliciente más.Y qué razón,y además se acentúa con el tiempo,los olores y sabores,cuando oloro la tierra después de una tormenta inmediatamente me sitúo en el norte,mi tierra natal,con su exuberante paisaje,o el olor,ahora ya no que me he quitado,del café que te transporta a la intimidad del hogar,hay tantos y tantos recuerdos almacenados en el cerebro,verdad?Me ha gustado mucho esta entrada,la he disfrutado porque me has hecho recordar la importancia de algunas pequeñas pero grandes cosas.
Un fuerte abrazo!

Fernando dijo...

tiene razón Proust, somos siempre pasado...el resto es un paso en el aire...abrazos

Palimp dijo...

A este comic tengo ganas de echarle un vistazo ¿Quieres creer que todavía no he leído nada de Proust?

Asterión dijo...

No considero que llevar ciertas obras al cómic sea lo adecuado para fomentar la lectura en niños y estudiantes. Sería lo mismo para las películas o demás tipos de adaptaciones.

Si lastimosamente la gente no lee los "clásicos" (pinzas aquí), no será por otros medios que llegarán a ellos. Por el contrario, lo que debemos hacer es buscar nuevas formas de alfabetización. El mundo del cómic o del cine son muy ricos por sí mismos, y no necesitarían del universo literario.

El camino sería fomentar la interpetación de los textos a los cuales nos enfrentamos diariamente: cine, televisión, música, cómics, Internet, etc. Es decir, cambiar el paradigma pedagógico.

(Que conste que esto lo dice una persona con una típica y tradicional educación decimonónica y amante de los "clásicos".)

Saludos.

Ferragus dijo...

Es interesante como en este trozo, Proust, se adentra en el pasado. Agradezco la delicadeza en la selección del texto, Magda.
Provoca vértigo sentirme prisionero del tiempo; y que con un simple aroma, esta precaria realidad, quede a merced de los recuerdos.

Un beso.

Magda Díaz Morales dijo...

- También tengo los libros, Amaia, estos dos tomos en cómic no los sustituyen pero son hermosos, vale mucho la pena tenerlos.
Si, estoy de acuerdo también con lo que dice Proust. Me sucede que cuando huelo una higuera, recuerdo mi infancia en la casa de mis padres. Las sensaciones, evocan.

- A veces pienso, Fernando, qué sentiremos dentro de 10 años del presente que estamos viviendo. Esto como que ayuda a vivir en presente.

- Palimp, ojalá puedas conseguirlos, hay sucursal de Sexto piso en España, te será facil. Seguro que te van a gustar mucho.

- Yo si creo, Asterion, que las obras clásicas (o no las llamadas clásicas) en cómic, ayudarían a fomentar la lectura en niños y estudiantes.

- Ferragus, provoca mucho placer, bien dice Proust, que llegue un recuerdo a través de un aroma. O tal vez, si el recuerdo que llega no es agradable, cause otra sensación inimaginable.

Cristal dijo...

Hola, Magda. Me interesó este post tuyo por tres cosas: la primera es que estoy leyendo a Proust justo en este momento; la segunda, que lo estoy haciendo de una forma no tradicional (audio), lo cual es un experiencia nueva para mí; y la tercera, que de niño empecé a interesarme en la literatura en parte gracias a una serie de historietas que adaptaban clásicos: las Joyas Literarias Juveniles, de Bruguera. Te dejo un enlace donde podés verlas:

http://www.elultimolibro.net/2008/04/cmic-joyas-literarias-juveniles.html

No puedo más que compartir tu punto de vista respecto de este camino para empezar a leer.

Saludos, muy bueno el blog.

Claudia Apablaza dijo...

me acabo de dar cuenta de que has regresado a este sitio. se siente como el regreso a casa de alguien que no vemos hace años.
tu primera entrada de regreso (la anterior) se siente también por estos lados. a veces no dan deseos de postear, sólo de cerrar los ojos en una habitación oscura.
un abrazo
claudia

Anónimo dijo...

Interesante, Proust en cómic.

Efectivamente, Magda, deberían adaptarse muchas buenas obras literarias al cómic, por los motivos que tú apuntas.

Las sensaciones puestas con palabras… Este capítulo me trae al recuerdo:


«La duda no
es cuánto manda el poeta, sino cuánto queda, en los pocillos
de la voluntad, cuando el lector se adentra en las sensaciones
puestas con palabras. Ah, amigo mío.
Las sensaciones puestas con palabras.
LAS sEnSaCiOnEs PuEsTaS CoN PaLaBrAs»


Poemas de León Aulaga
El año que viene en Tánger
Ramón Buenaventura

Un abrazo.
Candi

Miguel Baquero dijo...

A mí Proust me parece uno de los escritores más geniales que he leído nunca. Sólo con él me ha psado una cosa que nunca me ha ocurrido con otro autor. Durante el tiempo que estuve leyendo la novela (cerca de dos meses) en algunos momentos me pareció estar "viviendo" dentro de la historia. Mejor quito las comillas: la novela de Proust no se lee, se vive. Te metes dentro de ella como en ninguna otra, y eso yo creo que es gracias a las descripciones certeras y siempre referidas a elementos significativos. Lo que para muchos es morosidad a mí me pareció magia.

Pero mucho me temo que a esa sensación sólo se llega con la lectura. Con un comic se puede "saber" la historia, pero no "estar" en la historia.

39escalones dijo...

Lo que da de sí una magdalena. Menos mal que no estaba tomando buñuelos de viento...
Me reincorporo a mis blogs favoritos tras unas reparadoras vacaciones.
Un abrazo.

Magda Díaz Morales dijo...

- Cristal, muchas gracias por el enlace.

- Así es, querida Claudia. Y parece que el "sin remedio" está al día. Qué le vamos a hacer, aprender a vivir en el desencanto, tal vez no hay de otra.

- Candi, qué hermoso fragmento. Y cómo no...
Ya lo tomé y lo difundí, me encantó. Muchas gracias.

- No se realmente, Miguel, si en un cómic como éste no se pueda "estar" en la historia. Yo creo que sí se puede. Sería un tema interesante para desarrollar más, esperemos hacerlo pronto.

- Deseo hayas tenido bonitas vacaciones, Alfredo. Siempre hacen falta.

Fernando dijo...

Hola, Magda.
Espero estar de nuevo en activo, tras una rentrée demoledora.
Estas apostillas sí que son una auténtica Magda-lena proustiana.
Un abrazo.

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