18 de julio de 2010

La cámara lúcida de Barthes

"La cámara lúcida de Barthes y la consistencia de Calvino"

De las Seis propuestas para el nuevo milenio, Italo Calvino dejó suspendida para siempre la final. Consistency y Bartleby fueron las únicas palabras que alcanzó a escribir el narrador. ¿Por qué, para crear un argumento en torno a la consistencia literaria, eligió al personaje de un escritor, héroe que, además de sufrir una tristeza incurable, se niega a escribir? Preferiría no hacerlo es la frase que inmortalizó al enigmático suicida creado por Melville. Sabemos que Calvino murió el 19 de septiembre de 1985, sabemos que ese día desaparecieron miles de personas por el latigazo telúrico que golpeó a Ciudad de México. En una dimensión no menos dantesca que “La caída de la casa de Usher”, se le podría vincular con otros derrumbes en cadena. Hay oscuras coincidencias en el tipo de melancolía que acabó con poetas como Edgar Allan Poe, Dylan Thomas, Fernando Pessoa y Paul Nissan. A este último pertenecen los versos que le dedicó al objeto de su amor:

Madre, he
escrito cartas.
Madre, no llegó ninguna respuesta.

Además de construir poéticas verdaderamente consistentes, todos estos poderosos escritores tuvieron en común haber terminado con su vida de manera trágica.

MENTE LÚCIDA O CARTAS MUERTAS

Sin embargo, Italo Calvino, poseedor de un estilo vivo, al reflexionar sobre la consistencia, probablemente habría citado un conjunto de obras literarias amorosas. Tal vez hubiera mencionado a algunos escritores eróticos y místicos como Santa Teresa, Sor Juana, el Rey Salomón, Dante, Odysseas Elytis, Marguerite Yourcenar y Saint-John Perse. Quizá hubiera tocado algunas tradiciones eróticas de oriente, y hasta hubiera aludido a textos como El cuerpo de la obra, de Didier Anzieu, deleitándose con ideas de esta clase: El lector responde a la alegría del autor que ha mantenido una relación amorosa con lo que ha escrito. Es probable que también rindiera honores a libros como El placer del texto y Fragmentos de un discurso amoroso de Barthes, sin olvidar ese librito fundacional del análisis literario postmoderno llamado Crítica y verdad, que Roland publicó en 1963.

Justamente en ese ensayo llama la atención una extraña idea de Rimbaud: Una obra significa –literalmente– y en todos los sentidos. El poeta había expresado esa frase tratando de explicarle a su madre los múltiples significados que tenía Una temporada en el infierno. A propósito de sentido y de significados múltiples en el lenguaje, es oportuno recordar algunas de las cualidades que en 1985 Italo planteó para el futuro; es decir, para el presente de las literaturas.

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