12 de julio de 2013

Cartas a Eva Haldimann, Imre Kertész

Imre Kertész, Cartas a Eva Haldimann (Barcelona: Acantilado, 2012).

Durante más de veinte años (entre 1977 y 2002), Imre Kertész y la crítica y traductora Eva Haldimann mantuvieron correspondencia.

Es un libro extraordinario, muchas veces conmovedor. Su lectura nos hace comprender muchas cosas de la vida y obra del mejor escritor vivo en la actualidad: el Premio Nobel, Imre Kertész.

En una de sus cartas, escribe:

Budapest, 1 o 2 de octubre de 1990

Estimada Eva:

Pues sí, después de mis "sabias intuiciones" de comienzos de año hemos llegado a un punto que me veo obligado a una declaración que podrá leer usted en el artículo que le adjunto. De todos modos -aunque sea lamentable- me da la sensación de que tengo que informarle de ello. Por cierto, se está desarrollando una amplia protesta en la sociedad: Miklós Mészöly ha dimitido del cargo que tenía en la junta directiva de la Asociación de Escritores.

Le saluda con mucho afecto,

Imre Kertész

NO TOLERO QUE SE ME EXCLUYA
(Carta a la presidencia de la Asociación de Escritores)

Distinguida presidencia:

Siento muchísimo verme obligado a declarar que ya no me considero miembro de la Asociación Húngara de Escritores.

Trataré de resumir mis motivos de forma moderada, clara y sobre todo breve. En un número reciente de la revista Hitel se publicó un artículo escrito por Sándor Csoóri en el que señala que "ha desaparecido por completo la posibilidad de una fusión espiritual y anímica entre los judíos y los húngaros". En el mismo artículo, Csoóri comunica también la lista de los intelectuales judíos admisibles a su juicio. En ese registro no he encontrado mi nombre, para gran espanto mío. Eso sí, me habría espantado más sí lo hubiese encontrado.

Por otra parte, nunca se sabrá si los muertos -Antal Szerb, György Sárközi y otros- hubieran aceptado el privilegio que Csoóri les concede; los vivos, en cambio, callan. En cuanto a mí, no me interesa en absoluto ningún tipo de discusión sobre los méritos de cada cuál. No me encuentro en la situación del extraordinario Ferenc Fejtó, que podría haber enumerado con sensatez y sabiduría unos cuantos argumentos racionales en contra, consciente de que después podrá volver a la tranquilidad y seguridad de su domicilio parisino y de su fama europea. Nosotros vivimos aquí de otra manera. ¿Cómo? Pues en una situación de riesgo. Yo no quiero convencer de nada a Sandro Csoóri. "Los judíos": algo así por supuesto no existe, salvo como apartado estadístico. O quizá sí, y yo no me he enterado. Puedo decir con Schönberg, el gran compositor: "Qué tengo que ver yo con los sabios de Sión? Para mi es un título de Las mil y una noches". Puedo asegurar a Sándor Csoóri que ni como individuo ni como parte de "los judíos" se me pasa por la cabeza hacer lo que él describe así: "Asimilar a los húngaros en cuanto al estilo y al pensamiento". De frases como ésta no puedo deducir que se ofrezca la posibilidad de una discusión racional de cualquier tipo. En este punto citaré -para evitar hasta la apariencia de una referencia personal- lo que he escrito hace un tiempo en mi novela Kaddish por el hijo no nacido: "El antisemitismo no es una convicción, sino una cuestión de constitución y de carácter. Antes de Auschwitz el antisemita era un asesino latente, después de Auschwitz es un asesino manifiesto".

Siempre he vivido como individuo, siempre me he definido como individuo. Yo no tengo los llamados problemas de identidad. Que yo sea húngaro no es en absoluto más absurdo que el que yo sea judío; y que sea judío tampoco es más absurdo que el que, en general, yo sea. Después de Auschwitz ha sido para mi la única definición posible. No crean que me resultó fácil llegar a esta formulación quizá aforística, para algunos tal vez incluso divertida. No crean que fue fácil construir un individuo a partir de los restos de mi personalidad pisoteada por las botas y mantenerlo de manera continua a pesar de todo, de lo cual he dado fe hasta el día de hoy en mis trabajos, en mis obras.

No tolero que se me excluya de mi individualidad; no tolero que después de las décadas carcelarias del totalitarismo me definan como perteneciente a "los judíos", lo hagan judíos o no judíos. Sin negar nunca mi origen -esa casualidad celestial- no toleraré jamás que en nombre de los datos relativos a mi origen en el libro de familia me mutilen los mismos que me discuten explícitamente el derecho a considerar, por ejemplo, una ofensa el Tratado de Trianon. No tolero que Sándor Csoóri me arranque mis paisajes, mis bosques, mis precipicios y mis cimas, desde donde veo muy por encima de la cabeza del mezquino racismo. . Yo no me he refugiado ni me refugiaré en ninguna identidad, sea racial, nacional o grupal; no he pedido a ninguna raza, nación o grupo la autorización para ser su portavoz, para excluir, para juzgar, expulsar en su nombre. Siempre he considerado mi vocación -y al mismo tiempo mi credo de escritor- el mostrar al mundo la fragilidad y vulnerabilidad de mi individualidad: mostrarlas a todos los pelotones de fusilamiento del mundo, pero también a los corazones acogedores de éste.

Por supuesto, dentro de mí se planteó igualmente la pregunta: ¿de quién recibió Csoóri la autorización para hablar, tan infaliblemente seguro de sí mismo, en nombre de los húngaros? ¿De quien recibió la autorización para iniciar la acogida de los "como mínimo cuatro millones de húngaros" que viven fuera de las fronteras, sea "como minoría", sea de forma "dispersa", excluyendo como primer paso a "los judíos" que viven dentro de dichas fronteras? Considero desde luego que los húngaros -los de verdad, los que están vivos, no los imaginados por Csoóri- responderían que vuelve a presentarse un programa de catástrofes. Que vuelve a jugar con ellos un círculo pequeño, que se ha designado a sí mismo, que se ha apropiado de forma exclusiva y excluyente del nombre de Hungría, que es numéricamente insignificante pero tanto más desmesurado en el volumen de su voz, un círculo que vuelve a enfrentarse al espíritu europeo y al espíritu húngaro europeísta, válidos desde la Ilustración, desde la revolución burguesa húngara, un círculo que quiere bastante poco al pueblo en tanto que define su propia universalidad negativamente, en perjuicio de "los judíos", y que al fin y al cabo -como todo aquel que infringe los contratos- pocas veces se contenta con menos que la catástrofe universal como signo de su universalidad. Esta es mi opinión, y no querría fastidiar ni a la Asociación de Escritores ni a mí mismo al expresarla, puesto que realmente no vale la pena. Pero hay aquí un problema: Sándor Csoóri es uno de los copresidentes de la Asociación Húngara de Escritores y, por otra parte, desempeña un importante papel en el partido del gobierno. Para ser claros: si yo pensara el contenido de su artículo de forma lógica y radical hasta sus últimas consecuencias, llegaría a la conclusión de que, en el fondo, sus palabras anuncian inminentemente medidas discriminatorias.

No quiero llegar a esta conclusión. No quiero creer seriamente que se haga o pueda hacerse realidad. No puedo creer que la legítima representación del pueblo pueda ser barrida, no puedo creer que, en general, esta amenaza se cierna sobre la representación legítima del pueblo. Si lo creyera realmente no redactaría un escrito para darme de baja, que, en definitiva, es un paso positivo a pesar de todo, siempre y cuando mis palabras se interpreten correctamente. Porque después de las muchas "palabras, palabras, palabras", considero llegado el momento de que alguien, de forma existencial, renunciando quizá a ciertos privilegios, poniendo en riesgo a su persona y su posición, proteste por fin contra el diletantismo político que azota a este país. Sí, repito, es intolerable que, en medio de la crisis moral que pesa sobre el país, personas de la vida pública e incluso con cargos públicos manifiesten puntos de vista que incluso como opiniones particulares resultan sumamente cuestionables, peligrosas y nefandas.

A partir del día de hoy, me doy de baja, con dolor, como miembro de la Asociación Húngara de Escritores, puesto que considero imposible seguir formando parte de una asociación que se denomina húngara, pero cuyo copresidente pone decididamente en duda en su artículo que yo, como perteneciente a "los judíos", pueda compartir sentimientos con los húngaros.

Ruego tomar nota de mi baja y ruego al mismo tiempo que esta declaración se dé a conocer en toda su extensión a los miembros de la Asociación, como manda la ley moral no escrita y, según tengo entendido, también la ley pública escrita.

Atentamente

IMRE KERTÉSZ

Más adelante comentaré lo que cuenta en este libro Imre Kertész a Eva Haldimann, sobre los acontecimientos posteriores a este suceso.

4 comentarios:

jozko dijo...

Hola Magda,

!cuánto tiempo!
Una entrada muy interesante. Por desgracia no he leído este libro, pero habrá que hacerlo.

Por lo demás este tipo de cosas son lamentables. Si fuera algo aislado, tal vez no habría que darle mucha importancia... el problema es que no es algo aislado, y cada vez está más presente en la sociedad húngara. La verdad, es repugnante que escritores de la talla de Sándor Csoóri (que es un buen escritor), caigan tan bajo. Y como digo no es el único caso, ni siquiera es el peor (véase otro escritor en su día destacado, como Csurka, y que luego ha pasado a engrosar las filas de la ultraderecha más rancia y despreciable). En el caso que nos ocupa, por lo que sé, Csoóri acabó abandonando la dirección de la Asociación de Escritores por la polémica, pero no conozco los detalles. Espero la continuación de la entrada.

Un saludo desde Budapest.

Magda Díaz Morales dijo...

Querido Jozko, hacía mucho tiempo que no platicábamos aunque siempre te leo a través de tu espacio que me encanta y que, por cierto, cambié el enlace de tu blog a un blog que estoy iniciando para un curso que daré sobre literatura austro-húngara.

Estas cartas son extraordinarias, ojalá las leas pronto porque en ellas se da uno cuenta de tantos problemas que ha tenido que pasar el gran Imre Kertész y, como dices, tantos otros.

En otra carta a Eva, tres días después de ésta, escribe Kertész: "La cosa es así: la junta directiva de la Asociación de Escritores se distanció del artículo de Csoóri y me pidió que volviera a ingresar en la Asociación. Al mismo tiempo, la presidenta Anna Jókai se dirigió a mí en una carta personal, rogándome lo mismo. Los periódicos del día 3 publicaron, con la firma de noventa y nueve intelectuales, una carta de protesta contra lo que llaman 'la continuación de la mutilación' del país, esta vez desde dentro, y contra todo tipo de exclusión; en el informativo de ayer en televisión el presidente de la República, Árpád Göncz, se refirió a ello de manera muy positiva".

Magda Díaz Morales dijo...

Sí, Csoóri terminó abandonando la Asociación porque, además, siguió dando problemas aunque sin éxito mayor. Esta carta de Kertész es muy inteligente y fue a parar a muchos lados, entre ellos a su editorial, imagínate.

Estas cosas son más que lamentables, Jozco, son tristes y sumamente injustas y deben de despreciarse totalmente. El racismo es inaceptable venga de donde viniese.

Cómo me gustaría haber visto la cara de Csoóri cuando le dieron el Nobel a Imre Kertész, con razón hay quien dijo en Hungría "Le dieron el Nobel a un judío", en verdad no se puede creer.

Alemania, y no Hungría, eso es también algo para sorprender mucho, le pidió a Kertész la autorización para publicar toda su obra.

En fin, un país tan hermoso como Hungría ojalá que vea el mundo de otra manera respecto a todo esto.

Un abrazo para ti.

LLENÁRESME ZOOT SUIT dijo...

Estimada Magda:
Escribís: "...el mejor escritor vivo en la actualidad".- Si está vivo necesariamente es actual, creo.- También creo que escribir el "mejor" (en cualquier ámbito no sujeto a sistema de puntaje, i.e., el deporte) claramente no corresponde, aunque, es obvio, uno entiende que es tu opinión.- El tema, de todas formas da para más y tiene que ver con el lector y la lengua en la que ha nacido.- Estoy seguro que, no siendo húngaro, me pierdo lo mejor de Kertész (y de cualquier escritor no castellano): la "música", la "tonalidad" "las cadencias"de la legua original.- Por lo menos si leemos "literatura", que es la fórma cómo se escribe y no qué se escribe.- Nadie disfrutará mejor a Cervantes que un español o a Faulkner que un estadounidense del sur y así. A proposito (y tal vez como pueba de esto) siempre me llamó la atención la similitud de los párrafos iniciales de dos obras señeras de la literatura: el mentado Quijote y "100 años de soledad".- García Marquez le puso la misma música que Cervantes, con distinta letra.- Tienen las mismas pausas, la misma cadencia.- Si se cuentan las silabas como si fuera un verso, casi son la misma cantidad.- Diría que es un homenaje encubierto (cuasi pícaro y escondido plagio) de Gabo al entrañable Manco.- Es claro que los parrafos iniciales inicios van de "en un lugar...hasta galgo corredor" y "Mucho tiempo...hasta el hielo" Esa "musica" es intraducible.-Bueno,el viejo traductor/traidor.- Un gran saludo.-

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