7 de enero de 2016

Del color de la leche, Nell Leyshon


Nell Leyshon, Del color de la leche, traducción de Mariano Peyrou, Prólogo de Valeria Luisselli (México: Sexto Piso, 2013).

Tenía mucho interés en leer esta novela y sí me ha gustado, pero no me ha parecido extraordinaria. Tal vez sea la traducción (se dan cosas como "estoy tomando el pelo"), hay algunas frases melodramáticas y hasta un poco cursis, por ejemplo: "estaba cantando una canción en la iglesia con la esperanza de poder echarle un vistazo a dios".

Mary, la protagonista, nace con el cabello del color de la leche y con un defecto físico en la pierna, lesión que no le afecta para nada en su vida, sólo la distingue de sus otras tres hermanas. Es una jovencita de quince años que reside en una granja de la Inglaterra rural de 1830, inteligente, valiente, ama a su abuelo y siempre dice la verdad, es víctima de las circunstancias históricas que le toca vivir. Un padre frustrado, que al no tener hijo varón se ve en la necesidad de poner a trabajar en la granja a sus cuatro hijas, cada una con sus conflictos personales, como también sucede con la sometida, abnegada y fría madre, un prototipo revelador.

Me encantaron las descripciones de la vida del campo, los paisajes, los quehaceres en la cocina, la realización de la comida, el jardín, la plantación y recolección de frutas y legumbres, las chimeneas, los leños, los pájaros, etc. Sin embargo, la existencia de un significativo feminismo y el melodrama hacen de la novela un tanto desafortunada no por la connotación en sí, sino por la obviedad.

Mujeres analfabetas, explotadas, con papeles secundarios en la familia y el hombre como dueño y señor de sus destinos. Hombres víctimas también de la época y educación.

La influencia de la religión que sabemos existía en el siglo XIX, y los vicios que guardaba, se hacen presentes a través del Vicario. Un personaje de doble moral, su soledad y pasiones lo llevan a ese lugar que se intuye desde el inicio de su aparición en escena.

La descripción narrativa presenta prototipos masculinos y femeninos conocidos y trabajados. La novela posee hermosas imágenes de la campiña, horizontes y espacios que parecen cuadros pintados por grandes artistas.
  

4 comentarios:

Virginia Molina dijo...

No me llama nada el libro
Besos :)

Magda Díaz y Morales dijo...

Vale la pena leerlo, Virginia. Esas descripciones de la vida del campo en el siglo XIX son muy bellas, cuadros visuales. A mi no me gusta las novelas que llaman feministas, y de ninguna manera quiero tildar de ello a este libro, aunque el tema se despliegue. Más hay que comprender que la vida de la mujer en esa época (y ahora también), y más en el campo, era difícil y así, como se retrata en la obra.

Isabel dijo...

Fue una de mis lecturas de 2015, me lo recomendaron y lo leí en una tarde. Me gustó sobre todo la técnica, no es fácil narrar desde ese punto de vista del personaje principal.

Magda Díaz y Morales dijo...

Sí, la narración autodiegética es interesante, Isabel, como que hace más verosímil la comunicación.

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