25 de enero de 2006

Un secreto: P. Grimbert

Cuando vi El pianista de Polanski, la historia real del pianista polaco Wladyslaw Szpilman, superviviente del holocausto nazi, me preguntaba una y otra vez cómo es posible que un ser humano pueda soportar tanto dolor, tanta humillación, tanta impotencia... Vivir una guerra debe de ser indescriptible. Hay excelentes películas, novelas, cuadros, sobre este tema, y todas estas manifestaciones nos sobrecogen, como sucede al terminar de leer Un secreto de Philippe Grimbert.

El tiempo ha sido estudiado desde varias disciplinas, su lazo con nuestro ser en el mundo, en el espacio que habitamos, hace de estos dos conceptos (tiempo -cronos- y espacio -topos-) algo esencial. Merleau-Ponty dice que el tiempo se presenta como algo ligado al devenir de los acontecimientos, acontecimientos que lógicamente le ocurren a alguien. Señala que el tiempo supone un punto de vista sobre este tiempo, un observador (testigo) que puede transformar el sentido del tiempo según desde dónde lo mire. Esta necesidad del ser humano de adentrarse en el tiempo para comprenderlo y a la vez comprenderse, la encontramos en Un secreto, adonde el narrador es un adolescente que vive en París y desde este topos narrativo nos cuenta su historia y la historia de su familia, una familia judía que ha guardado un secreto durante muchos años, secreto que le es revelado por Louise, una señora mayor amiga de sus padres con la que se identifica y pasa a ser su confidente, cómplice y refugio.

El protagonista es un niño débil, enfermizo, solitario, que ha sobrevivido "gracias a los esmerados cuidados de los médicos y el amor de su madre", que contrasta con la fuerza y vigor de unos padres avezados en el atletismo, con "dos cuerpos gloriosos". El hijo de Maxime y Tania se inventa un hermano: "aun siendo hijo único, durante largo tiempo he tenido un hermano. Cuando les contaba esta historia a mis conocidos durante las vacaciones, o mis amigos ocasionales, debían fiarse de mi palabra. Tenía un hermano. Más guapo, más fuerte. Un hermano mayor, triunfador, invisible". Un día, acompaña a su madre al desván para poner orden, ella levanta la tapa de un baúl, "donde esperaba encontrar unas revistas de modas que publicaban tiempo atrás", cuando se sobresalta:

Al descubrir al perrito con ojos de baquelita que dormía allí, tumbado sobre un montón de mantas. Tenía el peluche raído y el morro polvoriento, y llevaba puesto un abrigo de punto. Yo lo cogí de inmediato y lo estreché contra mi pecho (...). Aquella misma noche lo colocaba sobre mi cama. Cuando reñía alguna vez con mi hermano, me refugiaba junto a Sim, mi nuevo compañero. ¿Me había inspirado ese nombre el olor polvoriento de su peluche? ¿Los silencios de mi madre? ¿La tristeza de mi padre? ¡Sim, Sim! Paseaba a mi perro por toda la casa, sin prestar atención al desasosiego de mis padres cada vez que me oian llamarlo.

Son los años de la posguerra, y la develación de ese secreto ocupa casi toda la novela, un secreto doloroso que ocurre durante la Ocupación y narrado con maestría.

La ilustración de la portada es de Eric Dinyer, su imagen forma parte de la historia. Al terminar de leer la novela no podemos mirarla sin conmovernos, formamos parte de ese secreto que también nos es revelado...