6 de marzo de 2006

Encuentros: García Ponce

Este libro, como acertadamente afirma Christopher Domínguez, "es un clásico de la cuentística mexicana. "El gato", "La plaza" y "La gaviota" hubieran sido suficientes para recordar entrañablemente a García Ponce […] Nada falta y nada sobra en Encuentros". "La gaviota" es uno de los relatos más notables del escritor mexicano, parece encerrar esa esencia del arte que es poema que menciona Heidegger. En unión con la arena, el sol, las olas borrando las huellas de sus pies descalzos y el vuelo de una gaviota de alas blancas, somos cómplices mudos del encuentro de dos adolescentes, Luis y Katina:

Habían empezado a alejarse de las casas que bordeaban la costa sin saber por qué, para moverse simplemente, para afirmar la soledad en que habían vuelto a encontrarse, y ahora el mundo entero parecía haberse alejado; pero no estaban solos: en medio de la radiante luminosidad, el vuelo de la gaviota hacía tangible la ingrávida textura del aire.

Él, con los pantalones blancos enrollados hasta las rodillas, la camisa amarrada a la cintura y la escopeta colgando de su hombro izquierdo; ella, con sus ceñidos pantaloncitos cortos azul pálido que permitían ver sus largas piernas doradas; los dos, caminando a la orilla del mar seguidos por la gaviota volando suavemente a su espalda, sin adelantarse nunca, es una presencia inmutable que los acompaña durante horas en sus largas caminatas en las que se van descubriendo gradualmente uno al otro: se miran, sonríen, merodean, se hacen confidencias, y cuando ella murmura: “¡Mira las estrellas!”, a Luis le parece que es la primera vez que las contempla.

Todo inicia cuando los padres de Luis invitan a los padres de Katina, sus amigos alemanes, a pasar con ellos el verano a su casa de la playa. Desde su llegada, Luis se convierte en el guía de Katina, la lleva a conocer los hermosos rincones que desde niño explorara y que ahora serán el escenario de la representación viva de la embriaguez que provoca el descubrimiento del erotismo y el amor. Con el paso de los días, para Dwig, como lo llama cariñosamente la adolescente, “Katina era parte de la luz, era la luz misma, sin ningún límite, encarnada en su persona más allá de todo espacio, aparte de toda contingencia”. De pronto, la estrecha relación de los adolescentes cambia su naturaleza al verse invadida por la visita de algunos familiares de Luis, “fue una transformación lenta pero inevitable y por esto mismo más dolorosa”. Él sólo deseaba tener para sí a Katina; ella le demostraba constantemente que estaba con él de la misma forma que al inicio, pero el amor que se alojaba dentro de ellos permanecía intocable, “la mirada de Katina parecía encerrar como siempre la promesa de una felicidad que nunca se cumplía”, en su interior presentían que necesitaban a la gaviota como la imagen que reflejaba su propio deseo.

Al terminar la cena, las primas encontraron un pretextopara subir a su cuarto […] Él encontró que como hombre le era imposible acompañarlas a ver una idiotez tal como la ropa que sólo podía interesarle a las mujeres y dijo malhumorado que las esperaría en el portal.

Pero Luis no espera a Katina, furioso se aleja del portal sintiendo que si ella “dejaba de pertenecerle no tenía nada y estaba intolerablemente solo, rodeado de sentimientos, de pensamientos, de rumores que no era capaz de determinar”. Aún con los pensamientos encontrados, Luis se dirige a la playa; al llegar Katina en su busca comienzan nuevamente a caminar juntos, “envueltos por la luz sin necesidad de hablar, ni de tocarse, seguidos tan sólo por la vigilante gaviota, sin saber cuando llegaría el momento de detenerse”. Sin voltear a ver a Luis, Katina se desnuda y se mete al mar ante la turbación de Luis que se queda sin poder hablar ni moverse, delirante, y sin meditar sus actos dispara de pronto contra la gaviota. Apresurada, Katina sale del mar y va hacia el ave que yacía deshecha; Luis, todavía exaltado, derriba a Katina sobre la arena:

–Dwig… –susurró Katina.
Luis le soltó las muñecas y luego sus labios estaban en los de Katina y reconocía su lengua húmeda y las manos de ella, en vez de rasguñarlo, le acariciaban la espalda, convertidos otra vez en una doble, única figura solitaria, sucia de arena y sobre la blanca arena, y de pronto él estaba ya en Katina sin que ella se quejara a pesar de que Luis podía sentir la resistencia del cuerpo de ella mientras entraba, sólo para perderse de inmediato junto con ella, unidos en un espacio sin sombras, independientes de ellos mismos, pero al que sus cuerpos sin límites creaban.

Poco después, cuando la pareja adolescente levanta la cabeza, “la gaviota ya no estaba”. El eros (siempre inseparable del deseo) de dos adolescentes que los incitó a descubrirse a sí mismos y al amor, ha sido la fuerza que ha vencido hasta la muerte misma porque, como dice Hugo Mujica, “para vencer con el amor a la muerte: crear”. Mujer y hombre fusionados, es de los dos que surgen los mitos de la creación representada originalmente por Eros, el dios del Amor, punto de partida de toda la creación universal según la cosmogonía órfica. En este espléndido relato la vida otorga su finalidad como acontecimiento creador.

No hay duda, el erotismo genera, crea.

13 comentarios:

María Guilherme dijo...

Querida Magda,
Aún no he leído a Juan García Ponce, a quien he descubierto gracias a ti, pero cada vez siento más deseos y necesidad de hacerlo.
Aquí en Portugal es complicado encontrar algún libro suyo, pero en mi próxima vuelta a España lo buscaré...
un abrazo
M.

Magda dijo...

Querida María, dentro de la belleza de este cuento hay que destacar que fu escrito en el 72 (a partir de ahi se han realizado varias ediciones, la última también por FCE, adonde se reunieron todos sus libros de cuentos), su contexto de publicación era diferente al de ahora. Asimismo, esta descripción de dos adolescentes que por primera vez conocen la entrega amorosa mientras una gaviota vuela a su alrededor, es un poema hecho prosa.

Ojalá puedas leerlo algun día.

Vigo dijo...

Esto de estar tan lejos e ir contínuamente al alimón, me hace pensar en una extraña conjura de los Dioses.
Un beso

Santino dijo...

Una historia llena de sugerencias, Magda. Por lo poco que he podido leer todavía de García Ponce veo que es un escritor que tiende hacia la sensualidad y hacia el erotismo exquisito. Estoy deseando que llegue verano para poder leer algo suyo.
Un saludo.

Magda dijo...

Definitivamente es así, Vigo. Hemos conjurado a Tláloc (dios de la lluvia) o quizá a HuitzilopochtIi (Dios de todo lo creado) ;)

Vivan los gatos, y, por supuesto, las gaviotas, ya ves que hasta se salió del cuento y anda volando aquí ;)

muralla dijo...

Me pasa como a María, y después de tu escrito me quedo con unas ganas inmensas de leer ese cuento.
Muchos besos.

Mario dijo...

Magda, gracias por los ánimos. Te esperamos.

Magda dijo...

Murallita, ojalá pudieras leerlo, te encantaría. Te prometo que cuando vaya a España te llevo un ejemplar :))
________

Mario, gracias a ustedes, y a ti por visitar este espacio.

alberto chimal dijo...

Además de agradecer la invitación a (re) visitar a JGP, Magda, te mando muchos saludos.

Y un poco al margen de este tema... La desaparición de Arena, con todo y la triste historia del periódico que lo cobijaba (no, precisamente por esa historia, por las dificultades numerosas) me parece un signo triste, en un país de cada vez más abandono y menos lectura.

Suerte.

Magda dijo...

Alberto, estoy de acuerdo contigo. A mi me da tristeza, por supuesto, pero más me da coraje, mucho enojo. Pero no me extraña, desde que me enteré que lo comprarían sabía que iba a desaparecer Arena, era de esperarse... En fin.

Saludos para ti.

Vanessa Soldevilla dijo...

Querida Magda, acabo de ver que no se publico el comentario que hice a este post tuyo sobre García Ponce el pasado 6 de febrero. Bueno, aqui va nuevamente.
Te decía en el, que siempre me resulta extraordinariamente grato revisar tu blog cada vez que puedo volver. Yo espero leer muy pronto "Encuentros" y a García Ponce, no conozco nada de su obra, pero tu post es un buen motivo para empezar.

Adoro tu blog Magda, tu música, las cosas que escribes, tus enlaces, las formas como pasean esas dos gaviotas por toda tu casa y logran alcanzar los extremos de tus textos mientras te leo. Siento como si quisiesen conectar su libre realidad con la otra, con esta que esta del otro lado desde el cual te escribo.
Un beso enorme para ti desde Lima, Magda.
Cariños sinceros.
Vanessa

Magda dijo...

No Vanessa, por lo que dices no se publicó, a veces sucede en Blogger, aunque muy raramente.

Muchas gracias por tus palabras, eres generosa y amable.

Muchos saludos.

Vanessa Soldevilla dijo...

Magda!!!, muchas gracias por responder tan pronto. Me parece terrible que no se publicara mi anterior comentario, era muy sentido y no creo que el de la mañana pudiera recoger todo lo que en él te decía. A lo mejor fue por lo extenso o porque sali de la red demasiado apresurada aquella vez
:(...no sé...pero bueno. Allí estas y es lo importante :)
Yo ando colocando un post desde ayer y no hay cuando termine... Supongo que las palabras que edite de este, las guardaré para otro post, he cometido uno ahora demasiado extenso. Me vendría mejor la brevedad y no demorar tanto.
Acabo de ver que colocaste un nuevo post hoy y es sobre el propio García Ponce!!, vine a ver por aqui y ya habías contestado :) Espero leer con calma los enlaces que colocas. No tengo fácil acceso a internet estos meses. Ahora mismo tengo pendientes de leer todos los post que escribiste después del 6, lo que ya es bastante. Tu blog se actualiza con una rapidez que no poseo, pero me agrada eso. Ojalá aprenda a alcanzar tu ritmo y tus tempos.
Bueno, un beso inmenso para ti. No quiero dejar pasar mucho tiempo antes de mi próxima visita.
Cuidese mucho srta. arquitecta :) tiernos saludos para sus gaviotas.
Vanessa

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