18 de abril de 2006

"Para siempre": Inés Arredondo

En la literatura mexicana del siglo XIX y XX, como en casi toda la literatura latinoamericana, existió una gran ausencia de erotismo, de sensualidad carnal; ello se complementaba con una codificación persistente de la mujer, lo tan consabido: ama de casa-madre-esposa o prostituta. La mujer en la literatura aparecía y reaparecía como dolida, supeditada, dependiente o sencillamente como esa maléfica que intentaba perjudicar a quien tuviera enfrente. La mujer, pues, durante décadas, existió literariamente, salvo en algunos escritores excepcionales, o como una donadora o como utilidad pública.

Hoy muchas cosas han cambiado, aunque aun falta mucho por lograr. Se ha ido formando otra reflexión sobre el vínculo entre la carne y la idea, entre el ser sensible y su pensamiento, entre lo visible y lo invisible que la mujer revela, comunica y asume en la experiencia erótica. En este trascendente proceso, la inteligencia, la sensibilidad y la creación de las mujeres intelectuales está presente a través de su palabra escrita; su pensamiento racional y su discurso reflexivo son una exhortación para que disfrutemos de una nueva forma de percibir la vida donde a nadie se le niegue el espacio ontológico que le corresponde. En el centro de la literatura latinoamericana contemporánea escrita por mujeres podemos buscar la construcción de esos nuevos sentidos para la comprensión del mundo, a partir de su propia experiencia y su sensibilidad intelectiva, las escritoras trazan preguntas, proponen, argumentan, evidencian, demuelen, eligen su representación concertando su propia expresión. Precisamente, deseo describir, brevemente, la construcción de uno de estos sentidos, concretamente el de la sensualidad carnal o erotismo, en el discurso literario de una de las más grandes escritoras mexicanas de finales del siglo XX: Inés Arredondo.

Mi interpretación se sitúa en el plano del significado, intentaré ofrecer el resultado del sistema estructurado de las relaciones entre elementos significantes que los efectos de sentido percibidos en los discursos y en los textos presuponen, para, de esta manera, ofrecer una dirección posible de lectura. He elegido para ello a "Para siempre" (en La señal, su primer libro), uno de los cuentos de esta escritora que considero paradigmático de la manifestación literaria erótica. Inés Arredondo perteneció a la llamada Generación de Medio Siglo (Juan García Ponce, líder de la Generación, Juan Vicente Melo, Sergio Pitol, Salvador Elizondo, Tomás Segovia, Julieta Campos, José de la Colina) y aunque su producción literaria es escasa, escribió sólo un ensayo: "Acercamiento a Jorge Cuesta" y tres libros de cuentos: La señal, Río subterráneo y Los espejos, es considerada como una de las más importantes narradoras mexicanas contemporáneas. Del corpus de sus cuentos hemos elegido éste por tematizar con maestría este aspecto de la vida humana que intento dilucidar: el erotismo.

El relato se desarrolla en primera persona; es decir, desde el punto de vista de la narradora-personaje que desde su presente rememora la vivencia que le abrió la senda a lo extraordinario, a esa experiencia de la concomitancia entre el cuerpo y la vida total desde el artejo con el Otro. El sentido de lo percibido la lleva a acceder a un campo de la realidad que le dio certezas trascendentales rehaciéndola, abriéndole un nuevo horizonte de conocimiento: "Muchas cosas pasaron después en mi vida –dice la protagonista–, pero ésta fue la más importante".

Antes de continuar, nos detendremos (recordando que anteriormente a todo análisis del contenido podemos manifestar la estructura narrativa) en la descripción de las acciones para descubrir esta estructura del universo representado y comprender más claramente la intencionalidad narrativa: la protagonista envía una carta a Pablo, su pareja amorosa, donde le informa su decisión de terminar su relación con él porque va a casarse con otro. Pablo no entiende que, así de pronto, ella haya tomado esta determinación y necesitando una explicación le pide lo visite en su departamento; la protagonista acude a su llamado y enfrenta la situación. Después de unos momentos difíciles, de manifestaciones nerviosas, de lágrimas, remordimiento y contradicciones, en que "la realidad perdida y un presentido mundo informe se mezclaban", ella es conducida por Pablo a la entrega de la sensualidad carnal: "No me di cuenta de que Pablo me había desvestido y me pareció natural que caminara con mi cuerpo desnudo en sus brazos". Por medio de la desnudez los cuerpos se abren a esa continuidad donde la protagonista va penetrando con su cuerpo vivo, abierto a la contingencia y a las cosas, como sujeto de lo que está aconteciendo porque es su cuerpo el que enuncia, decide y siente:

Me besó con delicadeza, como si hubiera querido guardar en sus labios, partícula por partícula, todo mi cuerpo. Me pareció extraordinaria aquella fidelidad tensa y sostenida, aquella emoción que se alargaba sin desfallecimientos hasta envolverme toda. [...] Yo sabía que mi cuerpo esplandecía, otra vez hermoso y perfecto.

Su cuerpo, exaltado ya por la intención que lo enhebra, recibe el cuerpo y el deseo de Pablo y los dos cuerpos y deseos juntos acceden al ser embebidos de espiritualidad puesto que:

El cuerpo [...] se encuentra atravesado por [...] una significación o un sentido, tiene un alma, pero en el sentido en que se dice que las cosas o las obras de arte tienen alma: a la manera de un sentido viviente, de una configuración expresiva; no como una cierta entidad [...] metafísica. Entre el cuerpo y el alma no hay separación. Pero su unidad no se convierte en una identidad, en un ser indiferenciado. Se trata de un proceso de reversibilidad y entretejimiento mutuo: el alma está encarnada y el cuerpo está animado (1)

Así, el relato de la protagonista cierra el discurso, no sin antes expresar: "Pablo me había devuelto a mí misma a riesgo de no volverme a ver nunca". Es comprensible que el poder de la experiencia del abrazo carnal le haya brindado significaciones que dieron sentido a su vida, el cuerpo es carne, es idea sensible, es fuerza fructífera y operante; el erotismo es delicia, placer, éxtasis, goce, afectividad, sexo. Cuerpo y erotismo contiguos son los recintos donde las individualidades excelsamente se revelan.

En la vida sensible y carnal no podemos poner en duda que a través del Otro hallamos lugar y sentido, ubicación en el mundo, "confirmo al otro –señala Merleau-Ponty– y el otro me confirma", yo soy para él como él es para mi. El Otro y lo del Otro me seduce y juntos, Yo y el Otro, en el encuentro amatorio, acoplamos nuestras sensibilidades, nuestros horizontes, nuestros cuerpos, nuestros eros. En esto que hay sólo entre dos, el eros femenino es carne y deseo, sensación y expresión, es un eros que vive en su feminidad, en su cuerpo pensante y sensible, que aporta al conocimiento humano puesto que el pensamiento emana de una conciencia vinculada a su cuerpo. El cavilar del eros femenino, su realización y manifestación, su potencia creadora está en la mujer, surge de sí misma y lo hace y rehace continuamente, lo goza y lo comparte, como en "Para siempre" de Inés Arredondo.

(1) Mario Teodoro Ramírez, Cuerpo y arte. Para una estética merleaupontiana, (México: UAEM, 1996), p. 77.

8 comentarios:

Armando Ortiz Valencia dijo...

El erotismo es el gran ausente, creo que mucho tiene que ver la línea tan delgada que lo separa de la vulgar pornografía; tal vez por eso de pronto hallamos también muchos lugares comunes en los textos que aluden al tema; grata sorpresa leer los fragmentos que nos compartes de Inés Arredondo. Como siempre, muchas gracias Magda.
Saludos

Magda dijo...

Lo bueno, Armando, que ya en la literatura mexicana y latinoamericana en general, todo ha ido evolucionando. Hay que tener en cuenta que Inés Arredondo publicó este relato a mediados del siglo veinte.

Gracias a ti por tu comentario.

Oscar Pita-Grandi dijo...

En una librería del Fondo de Cultura Económica, he visto un libro de ella, a quien conocía sólo por nombre. Voy a agenciarme para adquirirlo, ahora que me la has presentado.
Besos.
P.S. Anïs Nin podría considerarse como precursora del erotismo en el siglo XX, pero del otro lado del mundo. De este lado, se conoce poco o nada.

Magda dijo...

La generación del medio siglo, Óscar, esta que comento, fue una generación que rompió con una escritura que venía siendo nacionalista, y todos tocaron, poco o mucho, el erotismo como tema, un erotismo excelente, artístico, filosófico.

Verás que te gustará.

El Peregrino dijo...

Un párrafo para la memoria:
Me besó con delicadeza, como si hubiera querido guardar en sus labios, partícula por partícula, todo mi cuerpo. Me pareció extraordinaria aquella fidelidad tensa y sostenida, aquella emoción que se alargaba sin desfallecimientos hasta envolverme toda. [...] Yo sabía que mi cuerpo esplandecía, otra vez hermoso y perfecto...

Víctor Manuel Ramos dijo...

No la he leido, pero quedé con ganas de hacerlo después de tu exposición.

A mi siempre me llama la atención la diferencia entre el erotismo que escriben los hombres y el que escriben las mujeres. Tenemos perspectivas distintas y complementarias -- y nos enriquecemos con leer la perspectiva que desconocemos.

Interesante tu blog.

Magda dijo...

Gracias Peregrino, un hermoso párrafo.
_____________

Gracias, Victor Manuel, bienvenido.

Inés dijo...

Quizá a tus lectores les interese saber que se hará un homenaje a Inés Arredondo, será en Sinaloa y en la ciudad de México. La primera parte será en Mazatlán, Culiacán y Los Mochis, del 21 al 25 de abril, y el 27 de abril habrá una mesa redonda en la Sala Manuel M. Ponce, Palacio de Bellas Artes, 12:00 hrs., después se presentará un catálogo. Es muy probable que se vendan sus libros, que, por cierto son difíciles de conseguir.
Gracias por hacer este blog

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