19 de junio de 2006

Jacques el fatalista: Diderot

Denis Diderot, Jacques el fatalista (Buenos Aires: Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara, 2004), Traducción y notas de Félix de Azúa, pp. 345.

"Nada hay tan difícil de perdonar como el mérito" (Diderot)

En Jacques el fatalista, la extraordinaria novela del enciclopedista francés Denis Diderot, se cuentan muchas historias: un criado, Jacques, y su amo viajan juntos, y este contar acontecimientos les distrae en el camino. El amo desea que Jacques le cuente la historia de sus amores, historia que éste inicia pero que se ve interrumpida constantemente por varios factores: a veces se encuentran a otras personas y entablan conversación o se detienen en un albergue, otras veces de la conversación mana otra historia y de ésta otra y otra, además de un ir y venir en el tiempo de una historia a otra, ello hace que en ocasiones una historia se deje suspendida para continuarse más adelante.

El discurso narrativo además de contarnos una historia, nos ofrece una situación comunicativa: alguien, un narrador, cuenta una historia a otro, el narratario. Recordemos que el narratario no es el lector del texto, éste está, como el autor, fuera de la situación narrativa o ficcional. El narratario es el equivalente del narrador, el que ocupa el lugar del "otro", aquel a quien se orienta el discurso (que a veces no es sencillo localizar). Jacques el fatalista implica un universo de ficción, una historia adonde la situación narrativa (narrador/narratario) da sostén a esa historia. Antes de continuar, tengamos presente el no confundir situación narrativa con situación (o enunciación) literaria. En la primera los protagonistas son el narrador y el narratario y en la segunda el autor y el lector, los cuales, de inicio, quedan fuera de la situación narrativa o ficcional. Entre autor y lector no hay comunicación a través del texto literario puesto que el escritor no se comunica por medio del lenguaje, sino que nos comunica lenguaje, como señala Martínez Bonati en La estructura de la obra literaria. La obra es un universo autónomo con leyes propias y sin embargo, en Jacques el fatalista sí se presentan manifestaciones del autor y del lector. ¿Qué sucede entonces? ¿De qué forma puede manifestarse el autor en la obra?

Dice María Isabel Filinich, en La voz y la mirada, que la manifestación del autor en la obra puede ser explícita, implícita o ficcionalizada. Explícita, cuando "el autor habla en su propio nombre, en tanto creador de un universo de ficción que reflexiona acerca del mismo" (las dedicatorias, los prólogos, las notas al texto, atc.). Implícita, "entendemos por manifestación implícita el conjunto de rasgos de la escritura, presentes en la configuración general de todos los textos: las elecciones estilísticas, el destino de los personajes, la disposición gráfica, las convenciones de género, en fin, todo aquello que dé cuenta de las estrategias de composición de la obra constituyen al autor implícito". La tercera forma de representación del autor es la ficcionalizada y es justamente la que hallamos en Jacques el fatalista, y está elaborada con esa gran maestría de Diderot. En esta representación, "el autor puede introducirse en el universo por él creado a condición de asumir el mismo estatuto de existencia que los demás entes que pueblan ese universo. Así, el autor puede "ficcionalizarse" como narrador, como personaje, o como narratario. Al asumir alguno de estos papeles podrá realizar las acciones propias de cada entidad ficcional: narrar (si se presenta como narrador), dialogar con los demás personajes y efectuar otras acciones propias de su papel en tanto personaje-autor (si se ficcionaliza como personaje), o escuchar la historia que un narrador cuenta (si se presenta como narratario":

Estas apariciones del nombre propio del autor atribuido a un narrador, a un personaje o a un narratario, no pueden confundirse ni con la figura del autor explícito ni con la del autor implícito. La ficcionalización del autor tiene la función de borrar las fronteras entre enunciación "real" o literaria, en la cual están implicados el autor y el lector, y enunciación ficticia, cuyos protagonistas son narrador y narratario.
Estas tres modalidades en las que se manifiesta el autor en la obra se aplican también, de forma análoga, a la figura del lector. En Jacques el fatalista hay varias apelaciones, por parte del autor ficcionalizado (que siempre tiene un estado de privilegio), a la presencia del lector.

La novela se configura con historias que poseen diferentes situaciones comunicativas. Cuando esto sucede, cambia el sujeto de la enunciación del relato primero pues el narrador-autor cede la palabra a un personaje y éste, entonces, se convierte en narrador de su propia historia, por ejemplo:

Mientras Jacques y su amo duermen, voy a cumplir mi promesa y contaros la historia de aquel hombre que tocaba el contrabajo en la prisión; o más bien, será Gousse quien os la cuente.
Me parece importante destacar, que el personaje-autor llega a un extremo sorprendente de hacerse obvio: o se pone a platicar con su destinatario, el lector ficcionalizado, o lo llama o lo interrumpe o discute con él. Y, al mismo tiempo, el lector interviene y hasta lo corrige. Veamos algunos ejemplos:

Habla el personaje-autor-narrador a su narratario:

1. ¿Así que no queréis que Jacques continúe con la historia de sus amores? Decidlo de una vez por todas: ¿os gustaría o no que Jacques explicara la historia de sus amores?

2. -¿Dónde, dónde?
-Señor lector, ¡sois de una curiosidad verdaderamente incómoda! ¿Qué demonios puede importaros? Aunque os dijera que hacia (...) ¿adelantaríamos algo con ello? Ya que insistís, os diré que se dirigían hacia..., sí; ¿por qué no?

3. Si no os dije que Jacques y su amo habían pasado la noche en Conches, y que se alojaron en casa del teniente general de la ciudad, fue porque no se me ocurrió hasta este momento.

Dice el personaje-lector (narratario) al personaje-autor-narrador:

4. ¿Qué es eso de los libros...? -¿Y Jacques y su amo? ¿Y los amores de Jacques?

¡Ay, lector! La paciencia con la que me escucháis prueba el poco interés que os inspiran mis personajes, y tentado estoy de abandonarlos donde están...

El personaje-lector (narratario) corrige al personaje-autor-narrador:

5. Era tarde; la puerta de la ciudad estaba cerrada, y se habían visto obligados a refugiarse en los arrabales. Allí, oigo un gran escándalo. -¡Oís! Vos no estabais; no se trata de vos, vos no estábais. -Es cierto. Bueno, Jacques... su amo... Se oyó un gran escándalo. Veo dos hombres... -Vos no veis nada; no se trata de vos, vos no estabais. -Es cierto. Había dos hombres hablando tranquilamente sentados en una mesa, frente a la habitación ocupada por Jacques y su amo (...)


Jacques el fatalista posee un discurso complejo pero sumamente interesante: pone en juego varias historias dentro de la historia y cada una de las cuales posee una relativa autonomía sintáctica. Todas ellas se insertan en un universo adonde existen las paradojas (sobre todo en las reflexiones de Jacques), el humor, la ironía, la crítica, la filosofía de la vida cotidiana y la filosofía universal. Muchas de estas historias son paralelas, otras convergen y otras están subordinadas, pero todas magistralmente articuladas por un notable escritor.

19 comentarios:

akurion dijo...

interesantísimo, magda... estas compilando un buen de recursos sobre teoria literaria... a donde vas? o a donde vamos?

alnacif dijo...

Me pides, para verte, que te vea a través de los personajes la vida literaria.
Me uno a Akurión, interesantísimo.
¿A donde vamos?

Martín dijo...

Narrador (el que cuenta una historia al otro) y narratorio (el otro a quien se orienta el discurso); situación narrativa (protagonizada por el narrador y el narratorio) y situación literaria (protagonizada por autor y lector): agudas categorías las que acabo de aprender y que nos explicas de manera didáctica; categorías que teniéndolas claras incluso nos permitiría “ficcionalizarnos” como autores para aparecer en nuestras obras como personajes, narradores o narratorios, pero respetando las reglas de juego de los demás personajes del universo creado. Es más, el autor ficcionalizado (sea personaje, narrador o narratorio) no debe confundirse con el autor implícito y el explícito. Trascribo muchas de estas ideas como una forma de repasarlas e interiorizarlas. Siempre me preguntaba cómo hacer invisible al narrador para que un relato sea más verosímil, cuando es posible que yo como autor pueda estar en la obra o inventarme a un autor de una obra mía para que participe (espero dejarme entender). Y es que tus esclarecedoras reflexiones me abren muchas posibilidades. Todas las novedades que nos brinda la Teoría Literaria y que en tu blog siempre aprendo con cada nuevo post tuyo. Estoy gratamente sorprendido. Apreciada Magda, gracias por ser tan generosa con tus conocimientos y un gusto leerte, como siempre.

Magda dijo...

Akurión, Alnacif, muchas gracias, me da gusto les haya gustado. Un abrazo a los dos.

Magda dijo...

Sí, Martín, la Teoría literaria es sumamente interesante, herramientas que nos sirven de apoyo para adentrarnos en los bosques narrativos.

En los textos de Borges sucede frecuentemente: hay un "Borges" que es receptor de una historia que él se limita a transcribir. Por ejemplo, leía en el libro de Filinich que cito arriba, que al final de "La forma de la espada" hay un "Borges" al que un personaje, Vincent Moon, le cuenta una historia. Pues bien, este "Borges" a quien Moon le cuenta la historia dentro del texto, obviamente que no es Borges, el escritor de la situación literaria.

Esta novela de Diderot tiene infinidad de estrategias narrativas, sería imposible comentar en una apostilla lo que esta novela tiene de riqueza, es rica en todo.

Muchas gracias, y me da mucho gusto saludarte.

Iulius dijo...

Un off-topic (es sobre la entrada anterior, sobre las diez pinturas más caras, en la que no puedo comentar); echadle un vistazo al enlace: en el lugar del Rubens han plantado un fresco (del Giotto, creo) :OD

Magda dijo...

Iulius, si, La masacre de los inocentes de Rubens es esta.

Ya han enviado varias notas al periódico comentándolo, esperemos que la cambién pronto.

aperezmorte dijo...

¡Bienvenidos sean esos discursos complejos, esos infrecuentes recursos, que dan forma a la obra,
enriqueciéndola!

Magda dijo...

Totalmente de acuerdo contigo, querido Antonio. Vaya que Diderot es excelente.

IHB dijo...

Bien,

El inicio de la novela moderna.

¿No nos estamos desviando de ése camino?

Todo está escrito en el gran cilindro...

Magda, muchas gracias.

JoseAngel dijo...

Me encanta Diderot, y el de mentira dentro de la obra también, y Jacques . . . Sin embargo, disiento de la teoría de Martínez Bonati que citas, esa que dice que no hay comunicación entre autor y lector. Creo que no se nos puede comunicar lenguaje sin comunicarnos lingüísticamente. O sea, que una novela es un acto de habla, o de discurso; un acto de habla que no hay que confundir con el acto de habla del narrador, pero que no por ello deja de ser un acto de habla. Más de acuerdo estoy con María Isabel Filinich cuando dice que "la manifestación del autor en la obra puede ser explícita, implícita o ficcionalizada"; explícitamente se comunica un autor de modo comparable a la manera en que se comunica otra persona por escrito a un lector - aunque en esta manifestación explícita siempre hay una mayor o menor dosis de ficcionalización. Ahora que, en la práctica, vaya usted a desentrañar el Diderot ficticio del real... Como siempre es un placer conversar de narratología en tu blog, Magda, un saludo de Zaragoza.

Magda dijo...

________

José Ángel, ya hemos platicado sobre este interesante tema y también me gusta. El escritor no se comunica con el lector, el escritor comunica lenguaje. Lo entiendo así: El autor en el momento en que tu lees la obra puede estar muerto o desayunando, su novela o cuento te transmite el lenguaje que el escritor plasmó. Pero el escritor no platica contigo, está desayunando o muerto.

Y precisamente, la manifestación del autor en la obra puede ser explícita, implícita o ficcionalizada, no de un yo a un tu que conversan.

En lo personal, enla práctica, desentrañar el Diderot ficticio del real no me gustaría, es algo que no me llamaría la atención cuando leo su obra. Una cosa es Diderot que le dolía la cabeza o, quizá, tenía un carácter colérico o era muy simpático, y otra el autor-ficcionalizado que está ahi, en la obra, contándome magistralmente la historia del fatalista. Además hay otro detalle muy importante: el escritor, sea quien éste fuere, toma la lengua, el lenguaje comun que hablamos tu y yo y los seres en el mundo y para hacer su obra lo plasma, pero le da una intencionalidad estética. Ya esto es más claro: el autor no platica con el lector, transmite lenguaje con una inmtencionalidad estética.

Gracias querido, José Ángel.

Magda dijo...

Iván, creo que no, no nos estamos desviando de ese camino. Estos estudios posmodernos nos ayudan para adentrarnos a la excelencia de una novela de un enciclopedista. Quien lo iba a decir...

dilaca dijo...

Mañana sin falta averiguo si ya puedo conseguir el libro en Argentina.
Tus apostillas son una guía de lectura imperdible.
Lo de Borges, impecable.
Y el comentario que te dejo cachoabare, muy particular.

IHB dijo...

Sí, es cierto. Me refería a que la mayoría de las novelas actuales no beben de Diderot, ni de Joyce, ni de Sterne, etc. Su trabajo es mínimo, no sólo no hay esfuerzo por superar el fondo, sino que la forma es plana, sin variaciones, sin miradas "poliédricas", sin riesgo literario. La novela que se vende es insulsa, plana, monótona. Evidentemente tenemos los estudios postmodernos y los autores "arriesgados" que alimentan a esa minoría que quiere seguir leyendo a Diderot. Pero no es lo que se ve comunmente. Abrazos Magda, gran trabajo.

Salomon dijo...

Maravillosa, querida amiga, visitante asidua. Te saludo porque regresé y mi primer impulso fue venir a leerte. Me detuve a escucharte también..excelente selección, sin duda.

Magda dijo...

Dilaca, es un excelente libro. Y las notas de Félix de Azúa son espléndidas, te ayudan enormidades.

Magda dijo...

Iván, muchas gracias.

¿Sabes? además de toda esta magistral escritura de Diderot, están las notas de Félix de Azúa y qué decir, te dejan sorprendida, son eruditas, con un conocimiento total del tema, históricas, literarias, lingüísticas. Impresionantemente excelentes. Con ellas se podría hacer otro libro.

Que bueno qué te gustó, Salomón. Gracias.

Unknown dijo...

alguien me podría hablar sobre la relación entre Jacques y su amo? me parece un poco compleja y no logro entenderla del todo

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