7 de marzo de 2007

El amor me absolverá

El amor me absolverá. La pasión secreta de Fidel Castro en México

Al parecer, Fidel Castro e Isabel Custodio vivieron un romance en México hacia 1956, cuando el comandante se preparaba para iniciar la Revolución cubana. Leía que se vieron por primera vez en el patio de una cárcel mexicana, donde el ahora presidente de la isla permanecía preso junto con otros combatientes cubanos, mientras ella acompañaba al fotógrafo Néstor Almendros, quien retrataba a sus compatriotas. Han transcurrido casi 50 años de aquel romance, los mismos que han pasado desde que Fidel Castro se embarcó en el Granma, en el puerto de Tuxpan, Veracruz, con la firmeza de hacer la guerrilla en Sierra Maestra, y es hasta ahora que Custodio, en esta novela, decidió narrar esta relación secreta.

No es un libro que recomiende. Pienso que es oportunista y considero que no va más allá de ser una crónica muy sui géneris.

Recado a Isabel Custodio
Dionicio Morales

Mi querida Isabel:

Cuando me comentaste por teléfono la publicación de tu libro en Plaza & Janés sobre tu relación —desconocida para muchos, entre ellos yo— con Fidel Castro, te dije que me había quedado, de pronto, como dice mi amiga Susana Alexander, ano nadado y sobre cogido, lo cual te hizo reír de una manera muy abierta y por un rato muy largo. Ignoraba esta historia, como afortunadamente ignoro muchas cosas de ti, sacada a la luz pública cincuenta años después con un personaje mundialmente conocido que, todavía, sigue siendo noticia de primeras planas en el terreno político en los periódicos del orbe: Fidel Castro. ¿Por qué me sorprendió? Porque no es fácil conocer, entre otras cosas, las pasiones —las bajas pasiones, que dicen son las más fuertes— de los líderes políticos del mundo, con ciertos lujos de detalles, y mucho menos contado, narrado, por la protagonista principal, es decir por la susodicha: tú.

El adelanto de tu plática antes de que me regalaras el ejemplar, llenó de interrogantes mi cabeza y, confieso, que una curiosidad malsana se fue apoderando de mi pensamiento, ocupado en imaginar cómo sería la historia. Cuando tuve el ejemplar en mis manos me di cuenta que el título del libro El amor me absolverá. La pasión secreta de Fidel Castro en México, me podría recordar el nombre de alguna de las novelitas de Corín Tellado —aunque recuerdo la frase prounciada por el líder: La historia me absolverá—, lo cual de entrada me disgustó, aunque entendí que, el subtítulo estaba pensado para vender la edición: “La pasión secreta de Fidel Castro en México”. Hice a un lado estas disquisiciones intrascendentes y me aboqué a la lectura de tu libro. Yo, como no soy especialista en nada, menos en narrativa —pero sí creo ser un lector atento— no sé si tu texto es una novela, no sólo en el sentido clásico del término sino también en el que se ha ganado dentro de la modernidad literaria donde a veces los géneros se funden y se confunden. Lo que sí sé es que nos cuentas una historia extraordinaria. Y no es que ignoremos muchos de los detalles que escribes de la estancia de Fidel Castro, Ernesto Che Guevara, Raúl Castro, entre otros, en México, antes de que se embarcaran hacia Cuba en su viaje final para que triunfara la nueva revolución, sino que con los datos y momentos y situaciones que tú narras nos ayudas a entender mejor esta causa, al mismo tiempo que rememoras, reconstruyendo, al México —y a la Ciudad de México— de aquellos años, a sus gobernantes, a su gente, a varios exiliados cubanos, a algunos republicanos españoles, lo cual no es decir poco.

Antes de continuar, quiero comentarte lo que me distrae —para mal— de tu libro: Los textos y definiciones políticas que vas intercalando en tu narración; no les veo que tengan mucho sentido, pero no me hagas mucho caso. Isabel, me gusta tu historia, porque es el encuentro de dos seres exiliados, a los que se les han roto muchas cosas por fuera, pero se les han roto más cosas por dentro. Los dos arrastran un abandono terrenal, viven en un país que no es el suyo, aunque lo hayan hecho suyo —él momentáneamente, tú para siempre—. Creo que es aquí, en un texto como este, donde el uso de la primera persona, considerado por los literatos sabihondos como una prueba de falta de oficio, y qué equivocados están, justifica su presencia porque el libro es también un testimonio de primera mano que nos atrapa y nos mete de lleno en tu mundo y en el de los personajes principales, entre ellos Fidel Castro. La memoria está exhibiendo en la pantalla de la página una cinta cinematográfica narrada con conocimiento de causa. No me extraña que el primer encuentro entre los dos personajes principales de El amor me absolverá, se haya dado de un flechazo a primera vista, como a veces sucede en las novelas de Corín Tellado, porque existe una serie de elementos que, a pesar de que tú eras una niña bonita, bien educada, acomodada, universitaria, consentida, caprichosa, te hacían arrastrar el dolor, no tan ajeno, de lo que tus padres vivieron en carne propia en la guerra civil española que conforme fuiste creciendo, entendiendo, asimilando, aprendiendo, hiciste tuyo, contrastaba, de alguna manera, con la personalidad de él, cuyo objetivo en su lucha de clases era derrocar del poder a los militares de su país y pensar en causas nobles para los desheredados. A veces los extremos se tocan, y otras, como en esta ocasión, hasta se incendian, y justo es reconocer que, a esa edad, tú ya traías lo tuyo —aquí no hablo de tu belleza física—, en lo que a las visiones de luchas de clases se refiere. Tu narración, a lo largo del libro, tiene un poco de todo.

Aquí continúa.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo que esta señora narra en este libro es en más de un 90 % falso, ha esperado tantos años para escribirlo, para que ya no quedaran testigos.
Esta historia está relatada al detalle por la escritora Teresa (Teté) Casuso en su libro "Cuba y Castro" publicado por la editorial Plaza & James, nada menos que en 1962. Teté la llama Lilia en su libro, con el fin de guardar su identidad real. De lo narrado se desprende que esta señora pudo conocer al cagandante sólo entre finales de julio y finales de octubre,unos escasos tres meses y no nueve como afirma. Hay otra sarta más de mentiras que no voy a señalar, pues no vale la pena.
Todo el libro está escrito con el objetivo de darse importancia y de vender muchos ejemplares EL MORBO VENDE MUCHO

Anónimo dijo...

Otro flechazo de Castro en México fue con una joven mexicana de 18 años, de extraordinaria belleza y a quien apenas se ha podido identificar como Lilia Amor. La conoció en casa de Teresa "Teté" Casuso, la hermosa intelectual cubana vinculada a las artes y las letras residente en México, que simpatizó con Fidel y copó la legación diplomática cuando el triunfo de la revolución en 1959, expulsando al embajador "batistiano". Fidel quedó prendado de Lilia porque, a pesar de su juventud, demostraba gran madurez e inquietudes intelectuales y sociales.

Según Teresa Casuso, el lance fue tan intenso que Castro le propuso matrimonio y ella llegó a solicitar el permiso de los padres. Fidel le compró una malla enteriza de regalo. Quería que sustituyese el bikini francés que ella usaba, porque esa prenda "lo enfurecía", una prueba suplementaria de la veracidad de sus dichos a Juventud Rebelde en 1997, acerca de cómo él era celoso con sus mujeres.

Por cierto, el compromiso con Lilia duró poco más de un mes, dado que ella rompió para casarse con su novio precedente. La anfitriona Casuso hace hincapié en que cuando la muchacha notificó a Castro de la decisión, "con ese terrible orgullo que él tiene, le dijo: cásate con él, que debe ser una persona más adecuada para ti".

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