19 de marzo de 2007

"La pata de palo": José de Espronceda

Antología del cuento literario, Selección y edición de Miguel Díez Rodríguez (Madrid: Alhambra, 2005).

Muy recomendable esta Antología, un libro que demuestra que en breve espacio (200 pp.) se puede ofrecer mucho. El estudio preliminar es de gran ayuda, ofrece una breve historia del cuento muy ilustrativa. La edición presenta cuentos cortos del siglo XIX y XX que incluye a once autores españoles, seis hispanoamericanos y ocho que llama extranjeros.

Cuento, etimológicamente, proviene de contar (del latín computare, que originariamente significaba contar numéricamente). De enumerar objetos se pasa a reseñar y describir acontecimientos, reales al principio y fingidos después. (...) Antes del siglo XIX el cuento se manejaba sin plena conciencia de su importancia como género literario con personalidad propia. El cuento literario que nace y se desarrolla durante el siglo XIX, alcanza en el XX una plena maduración, y evoluciona, al mismo tiempo, hacia formas nuevas.

Dentro de esta Antología, "La pata de palo", de José de Espronceda, me pareció estupendo, hay que destacar su humor: El narrador nos cuenta un caso "que hará erizar el cabello, horripilarse las carnes, pasmar el ánimo y acorbadar al corazón más intrépido. ¡Oh cojos!, escarmentad en pierna ajena". Dice la historia que en Londres vivían un comerciante y un artífice de piernas de palo, los dos muy famosos: "El primero, por sus riquezas, y el segundo, por su rara habilidad en su oficio. Y basta decir que ésta era tal, que aun los de las piernas más ágiles y ligeras envidiaban las que solía hacer de madera, hasta el punto de haberse hecho de moda las piernas de palo, con grave prejuicio de las naturales". Un día, el comerciante, Mister Wood, tuvo la mala suerte de perder una de sus piernas. De inmediato pensó en el artífice para que le hiciera una de palo, ello lo salvaría de semejante percance. Lo manda llamar y le pide le haga una pierna de palo que sea: "¡Un milagro de arte! Que encaje bien, que no pese nada ni tenga yo que llevarla a ella, sino que ella me lleve a mi".

Pobre Mister Wood, si bien la pata de palo quedó justamente como la pidió, mucho mejor de lo que la pidió, según le dijo su hacedor, en cuanto se la colocó y se puso en pié:

No hubo fuerzas humanas que fueran bastantes para detenerla, echó a andar la pierna por sí sola con tal seguridad y rapidez tan prodigiosa que, a su despecho, hubo que seguirla el obeso cuerpo del comerciante (...) Hace algunos años que unos viajeros recién llegados de Norteamérica afirmaron haberle visto atravesar los bosques de Canadá con la rapidez de un relámpago. Y poco hace se vio a un esqueleto desarmado vagando por las cumbres del Pirineo, con notable espanto de los vecinos de la comarca, sostenido por una pierna de palo...