2 de mayo de 2007

Recortes de mi vida: Memoir

En octubre de 2005, el mundo literario de los Estados Unidos vivió el fraude más impactante en años. Seis años antes, autores reconocidos como Dennis Cooper, Mary Gaitskill, Sharon Olds y Armistead Maupin celebraron la obra y la valentía de J.T. Leroy, un escritor adolescente que en la novela Sarah tomaba sus experiencias como víctima de abusos sexuales, su relación con una madre prostituta y adicta, su propia adicción, su condición de VIH positivo y su travestismo para un notable relato enmarcado en el gótico sureño. La fiebre por J.T., que no daba entrevistas y se comunicaba con sus nuevos amigos sólo por teléfono —en sus apariciones públicas se presentaba con peluca blanca y maquillaje a la Warhol—, se extendió hasta el mundo del espectáculo: Asia Argento dirigió y protagonizó The Heart is Deceitful Above all Things, una película basada en un libro de relatos semi-autobiográfico de Leroy; Shirley Manson de Garbage le escribió canciones; la artista plástica australiana Cherry Hood —célebre en su país— ilustró su libro Harold’s End; y hasta Gus van Sant lo convocó como guionista para su obra maestra, Elephant. Todo terminó cuando dos investigaciones, una de la revista New York y otra del New York Times, demostraron que Leroy no existía: el “personaje” era una fabricación de la escritora y música Laura Albert, y el “joven” que aparecía en público era la cuñada de la autora. No se trataba sencillamente de un caso de seudónimo sino de una estudiada puesta en escena que cuando se desmanteló dejó a todos boquiabiertos y con muchas cuestiones que responder. ¿Se trataba de una performance vanguardista genial? ¿Los libros se sostenían por sí solos literariamente sin la historia de vida del autor detrás? ¿Era una intervención magistral o la obra de unos cuantos individuos perturbados? ¿Hubo complicidad de los amigos famosos o sinceramente se sintieron defraudados? Las aguas hoy siguen divididas entre los que defienden a J.T. Leroy como una creación sensacional, los que consideran todo el asunto como una jugada de marketing cuestionable —la casi inverosímil desgracia ajena se une al morbo, y vende— y los que cuestionan los límites del juego, como Armistead Maupin, que dijo: “Mucha gente sostiene que este tipo de fraudes no causan daño y que son una tomada de pelo válida y revolucionaria al establishment literario. Pero hay algo muy canalla en utilizar el sida y una infancia de abusos sexuales como forma de obtener simpatías, apoyo y, claro, ventas”.

La discusión sigue abierta. Pero ahora se le superpone otro escándalo, diferente aunque con algunas extrañas similitudes, y todavía más impactante porque el libro cuestionado tuvo mucho, pero mucho más éxito de ventas que cualquiera de los trabajos de Leroy. Se trata de Running with Scissors, que se acaba de editar en castellano como Recortes de mi vida. Su éxito viene de la mano del auge de la memoir desde mediados de los años 90': un género literario autobiográfico que, justamente, recorta una experiencia de vida; o, como explicaba Gore Vidal a propósito de su propia memoir, Palimpsesto: “Se trata de cómo uno recuerda la propia vida, mientras que la autobiografía es historia, requiere investigación y datos chequeados”. Su autor, Augusten Burroughs. ¿Por qué Recortes de mi vida se convirtió en semejante éxito?

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En Literaturame | "Todas las familias son psicópatas".

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