1 de mayo de 2007

Disney y el comic

¿Por qué las criaturas de Disney no tienen mamá o siempre la pierden trágicamente? Bella no tiene mamá, Pocahontas tampoco, la de Mulán brilla por su ausencia y todavía no sabemos quién es la mamá de la Sirenita, aunque un psicoanalista sostiene que es hija de la bruja Úrsula. ¿Por qué los personajes de Disney son huérfanos de madre?

¡No te vayas, papá!
Fernando Iwasaki
ABCdesevilla
28.12.03

He visto con mi hijo Andrés la última película de Disney -«Buscando a Nemo»- y no puedo añadir nada original a todos los elogios y parabienes varios que le han prodigado los críticos y doctores en la materia: es un prodigio de animación, una maravilla computarizada y un dechado de corrección política, porque el pequeño Nemo es un pececillo minusválido.

A nadie se le ha escapado que la factoría Disney desea construirse una imagen más tolerante y políticamente correcta a través de nuevas producciones con protagonistas indígenas (Pocahontas), musulmanes (Aladdin) o «alternativos» (Quasimodo), aunque todavía no haya creado un personaje homosexual que no sea un villano como el león Skar. Pero todo se andará, porque la empresa tiene que ganar dinero y muy pronto el universo gay tendrá un héroe Disney.

Sin embargo, a mí me gustaría introducir un tema que en España se comenta poco, pero que en Argentina produce furor: ¿por qué las criaturas de Disney no tienen mamá o siempre la pierden trágicamente? Bella no tiene mamá, Pocahontas tampoco, la de Mulán brilla por su ausencia y todavía no sabemos quién es la mamá de la Sirenita, aunque un psicoanalista argentino sostiene que es hija de la bruja Úrsula. ¿Por qué los personajes de Disney son huérfanos de madre?

De la vida de Walt Disney circulan varias versiones apócrifas: desde que nació en Almería hasta que su cadáver permanece congelado en una cámara criogénica de Los Ángeles. No obstante, nunca se ha insistido lo suficiente en que el pequeño Walt perdió a su madre siendo apenas un niño y en cómo su padre sacó adelante a una pequeña tropa de huerfanitos. Es decir, que Walt Disney se sobrepuso a la adversidad gracias al amor y la entrega de su padre. Como Nemo.

Si la ausencia de figuras maternas en las películas de Disney nos llama la atención, la abundancia de arquetipos paternos se explica por sí sola. Así, Mowgli tiene a Baloo, Arturo a Merlín y Simba al mono Raffiki, aunque un psicoanalista argentino sostiene que el Rey León era hijo del tío Skar. ¿No es curioso que las producciones de Disney sigan contando la misma historia, a pesar de la corrección política que preside la creación de sus personajes? ¿Será que el propio Disney dejó establecido que sus héroes fueran huérfanos de madre como él? Una de las escenas más sobrecogedoras de mi infancia consiste en que Bambi sale pitando mientras su mamá le grita: «¡Corre, Bambi. No voltées!» ¿Quién no lloró de niño cuando sonó aquel disparo que acabó con la mamá de Bambi? Pero Bambi tenía un pedazo de padre. ¿Y quién no recuerda la tragedia de Dumbo, acunado por su pobre mamá, prisionera y encadenada? Pero Dumbo tenía un ratón colorao de lo más paternal. ¿Y cómo olvidar a la madre del zorrito Todd, que esconde a su cachorro para morir después a manos de perros y cazadores? Ignoro cómo murió la madre de Walt Disney, pero la fortaleza de su padre está presente en casi todas sus películas.

Mientras que el pequeño Marco viajó hasta la Patagonia en busca de su madre e hizo llorar a todos los niños con aquel estribillo que decía «¡No te vayas, mamá!»; Walt Disney nos propone niños criados por padres solitarios y abnegados que se desviven por sus hijos. Por eso Pinocho es la única película de Disney doblada exclusivamente en la Argentina: porque Pinocho no tuvo el complejo de Edipo, sino apenas una disfunción «topológica» donde el hada era un «significante» materno privado de «significado» materno. Mi psicoanalista no es lacaniano y cree que Pinocho era hijo de Gepetto y el hada Azul («Che querido, acaso vos pensás que fue la nariz lo que le creció a Pinocho?»).