5 de julio de 2007

Attila József

Agradezco mucho al señor Darida Károly, de Oktatási és Kulturális Minisztérium de Budapest, este hermoso regalo: Corazón Puro (1), la poesía de Attila József, reconocido actualmente como el más grande poeta húngaro del siglo XX.

Attila József nació en Budapest en 1905. De familia humilde, consiguió una beca que le permitió estudiar filosofía y letras en Szeged, Viena y París. Al volver de esta ciudad se afilió al ilegal Partido Comunista húngaro, de donde su marxismo crítico hizo que se le expulsara en 1932. En esa fecha editó una efímera revista literaria, Valósag, y en 1936 fue cofundador de otra revista, Szép Szó, donde publicara sus versos. Cuando se suicidó, abatido por las privaciones, la fatiga y el desequilibrio nervioso, en las cercanías del lago Balatón en 1937, todos sus poemas se recogieron en la colección Összes versei és müforditásai (Todos los poemas y traducciones, 1939).

Attila József refleja en sus versos, con melancólico realismo, un mundo signado por la injusticia ante el cual el poeta se inclina con emocionada ternura, tomando partido por los que sufren y por el proletariado, pletóricos de fuerza en la belleza de su canto.

He escogido algunos poemas de este gran poeta para compartirlos con ustedes:

SALUDO A THOMAS MANN (2)

Como el niño que ya quisiera descansar
y ha llegado a la calma del lecho del hogar
y todavía pide: “¡No te vayas y cuenta!”
(que así la oscura noche no lo asirá violenta),
mientras su corazón palpita atormentado
sin saber qué prefiere, si estar acompañado
o escuchar que le cuenten historias formidables,
nosotros te pedimos que te sientes y hables.
Háblanos como ayer, aunque no lo olvidamos.
Di que estás con nosotros y nosotros estamos
contigo, todos los que respetamos tu nombre
y tenemos problemas a la altura del hombre.
Tú que sabes muy bien que el poeta no miente,
háblanos de la luz que brilla en nuestra mente
y, allende lo real, muéstranos la verdad.
Así juntos podemos vencer la oscuridad.
Has que, como Hans Castorp, que veía a través
del cuerpo de madama Chauchat,
podamos escrutarnos en esta noche.
Por tu hablar melodioso no pasa el ruido.
Háblanos de lo malo y hermoso,
que del luto al anhelo pueda el pecho ascender.
Al pobre Kosztolányi (3) enterramos ayer
y, como abrió en su cuerpo el cáncer un abismo.
Estados-Monstruo roen sin tregua al humanismo.
¿Qué más vendrá, inquirimos –las almas de horror plenas-,
de dónde nos azuzan nuevas ideas-hienas?
¿Hierven nuevos venenos que quieren infiltrarnos?
¿Y hasta cuando habrá un sitio en que puedas hablarnos?
Queremos que, al oírte, no nos abandonemos
y que todos los hombres como tales quedemos,
y que nuestras mujeres sean libres y hermosas
-todos seres humanos- pues ahora estas cosas escasean.
Maestro, siéntate y haz tu cuento.
Te escuchamos. Y algunos estarán muy contentos
no más que de mirar, aquí frente a estos bancos,
a un europeo entre los blancos.

(1) Edición auspiciada por el Proyecto Cultural Sur y el X Festival Internacional de Poesía de La Habana, con la cooperación del Ministerio de Patrimonio Cultural de la Repúplica Húngara, la embajada de Hungría en Cuba y por el empeño del poeta e hispanista magiar András Simor, en ocasión del centenario del poeta en 2005. Traducción del poeta cubano Fayad Jamís, Prólogo de András Simor.

(2) Este poema debía ser leído por su autor, a nombre de la redacción de la revista Szép Szó, como saludo a Thomas Mann con motivo de la conferencia que éste pronunció en el Teatro Húngaro de Budapest el 13 de enero de 1937. El departamento político del Ministerio del Interior, enterado del asunto, dio órdenes a la policía para que impidiera la lectura de la poesía a causa de la alusión que en ella se hace a los Estados fascistas. La poesía fue publicada en el número de febrero de aquel mismo año en la revista Szép Szó.

(3) Dezsó Kosztolányi (1885-1936) célebre narrador, ensayista y poeta húngaro.

MI MADRE

Tomó en sus manos el tazón
un domingo al atardecer,
sonrió en silencio
y se sentó un rato en la penumbra.

En una olla pequeña trajo a casa
la ración que le dieron los señores,
y al acostarnos yo pensé
que ellos se comen la cazuela entera.

Mi madre era menuda, murió pronto
porque las lavanderas mueren pronto;
la carga hace temblar sus piernas
y la cabeza les duele de planchar.

¡Qué paisaje el montón de ropa sucia!
y el vapor como un juego de nubes sosegante.
Y para la lavandera
cambiar de aire era irse al desván.

La veo, se detiene con la plancha.
El capital desvencijó su frágil estatura
cada vez más delgada
¡Piensen en ello, proletarios!

De tanto lavar su espalda se encorvó.
Yo no sabía que mi madre era tan joven.
En su sueño llevaba un limpio delantal,
y el cartero entonces la saludaba.
Una vida muy dura... sin duda: “¡No hago pactos! ¡Déjenme ser feliz!”, "Attila József, o una lucidez desesperada", por Rafael Ojeda

2 comentarios:

jozko dijo...

Hola Magda!!!

Estaba ojeando tu blog, y he encontrado esta maravilla.

Un abrazo!!

magda diaz dijo...

¿Verdad, Jozko? una maravilla, y vaya que sí. Tuve la fortuna de que me hicieran este invaluable regalo. El libro es precioso.

Un abrazo

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