6 de noviembre de 2007

Cartas de amor de una monja portuguesa

Mariana Alcoforado, Cartas de amor de una monja portuguesa (México: Ediciones Coyoacán, 2005).

El libro está compuesto por cinco cartas escritas por Sor Mariana Alcoforado, entre 1667 y 1668, en el convento de Beja, en Alentejo. Están dirigidas a Noel Bouton de Chamilly, miembro del ejército francés que apoyaba, dice Ida Vitale en el Prólogo, los afanes portugueses por independizarse de España. En el momento que escribe las cartas es ya una monja profesa. Según se nos cuenta, un día ve pasar desde la terraza del convento a un grupo de oficiales franceses entre los cuales distingue a Noel Bouton. Éste a su vez repara en Mariana.

El rigor de los conventos no era mucho, señala Vitale, como es bien sabido; no faltaba la comprensión y la complicidad de otras religiosas, por lo mismo que abundaban las que se consumían por intereses familiares o por simple abandono en una clausura para la cual carecían de vocación. Cierta amplitud de mangas aseguraba contra perturbaciones mayores, arrebatos de misticismo, endemoniadas y milagrosas, epidemias que se contagiaban de un convento a otro combatidas por la iglesia a sangre y fuego.

Bajo este contexto se despierta la incontenible pasión de Mariana; el goce, la emoción, las reuniones a escondidas, la transgresión a las normas establecidas, pero también el dolor, la frustación y, por fin, el abandono del amante. Él, regresa a Francia después de disfrutar de la compañía de la monjita en su celda del convento.

Estas cartas fueron publicadas originalmente de manera anónima en Francia por Claude Barbin, adaptadas al francés por Gabriel de Lavergne, conde de Guilleragues. Se llegaron a editar con el nombre de Guilleragues, gracias a Frederic Delofre. De esta forma pasaban a ser mera ficción, borrando del mapa a Mariana Alcoforado. Después, en la época de Rousseau, "con su habitual desdén por el intelecto femenino había descartado la posibilidad de que una simple mujer pudiese no sólo experimentar pasión sino expresarla por escrito de manera convincente". Sin embargo, siguieron las investigaciones y una búsqueda profunda afirmó la existencia de Mariana Alcoforado:

Se supo que fue algo más que portera de su convento; llegó a superiora del mismo. No murió de amor como pensó en algún momento de su desesperada pasión sino que vivió hasta los ochenta y tres años, sobreviviendo en ocho a su amante.

Quizá el personaje se impuso a su autora y la monja portuguesa triunfe por sobre Mariana Alcoforado. Después de más de tres siglos de haberse publicado, estas cartas conforman una notable obra epistolar que ha sido llevada al teatro y al cine. Me parece, que más que lo escrito en estas cartas es el hecho lo que ha llamado la atención a través de los siglos: dentro de una tradición judeo cristiana que una religiosa del siglo XVII se atreva a introducir a su celda a un oficial francés y lo haga su amante, es el escándalo.

Lamento, sólo por vuestro amor, todos los placeres infinitos que habéis perdido: ¿es posible que no los quisiérais gozar? ¡Ah! Si los conociérais sin duda veríais que son mucho más intensos que lo que os produce mantenerme engañada y comprenderíais que uno es mucho más feliz, que siente algo mucho más fuerte, cuando ama de manera violenta que cuando es amado.(Fragmento de la tercera carta).

Aún las religiosas más severas se compadecen del estado en que estoy, incluso me tratan con cierta consideración y miramientos. Todos se sienten conmovidos por mi amor. Sólo tu permaneces en tan profunda indiferencia, sin escribirme más que cartas frías; llenas de reiteraciones, la mitad del papel sin utilizar, se me hace groseramente evidente que te mueres de ganas de terminarlas rápidamente (Fragmento de la cuarta carta).

17 comentarios:

Apostillas literarias dijo...

La portada que muestro no es de la edición que leí, es de Acantilado. No encontré en la red la portada de mi edición. La escanearé después.

SONIA dijo...

Magda, yo leí la versión en que la traducción corrió a cargo de la gran Carmen Martín Gaite. Me gusta la intimidad de ese micro libro, le brinda al lector. Como contagia el ritmo de la "confesión"

Un abrazo.

Sonia.

Hilvanes Y Retales dijo...

NO hace mucho que leí estas cartas de amor. Mi libro sí es de Acantilado. Editorial, que por cierto, además de tener muy buen formato, rescata los mejores títulos. Yo aún tengo la incertidumbre de si eran realmente cartas de amor, desamor o de odio. Porque, aunque las cartas tengan frases tan llenas de lirismo, siempre terminan recriminando algo, tanto al amante como a ella misma. Y son recriminaciones muy duras. Sería que yo tenía por amor verdadero el de Cyrano y por esto me pareció tan imperfecto el de Mariana. Claro que Cyrano nunca probó el dulce nectar del beso de la enamorada y Mariana sí.

Luisa Miñana dijo...

El mundo de los conventos es riquísimo en historias. Esta es muy buena, ciertamente. Los textos que citas son además hermosos, delicados, contundentes. El género epistolar es muy complicado, necesita intensidad. No he leído el libro, claro. Pero me sugiere muchas cuestiones. Lo añado a mi cesta, seguro. Como siempre, gracias.
Hay en Huesca, un monasterio muy famosos, el de Sigena (la localidad donde nació Miguel Servet); en el ingresaban prácticamente sólo niñas y mujeres de la nobleza y de la casa real. En su época dorada estaba organizado como una auténtica corte. Ya puedes imaginar la cantidad de historias que se podrían contar.

Besos, besos.

entrenomadas dijo...

Pues me han entrado unas ganas tremendas de leerlo. Es cierto lo que dice Luisa, todo lo que rodea a los conventos tiene intensidad y los ingredientes que describes son para imaginar una pasión pura y gozosa.
Qué hermoso tiene que ser el trabajo de investigación. Ya me gustaría a mí meterme en el "silencio" de esas celdas. La de historias que guardan.


besos

39escalones dijo...

Tampoco yo lo he leído, pero me llama mucho la atención; si tengo ocasión, me lo echaré al coleto. Coincido con Luisa, los conventos dan para mucho; sin ir más lejos el de mi pueblo, lugar de la típica historia de la monja en fuga amorosa con el jardinero.
Por cierto, Portugal se independizó de la Monarquía Hispánica en 1640, ¿no?
Abrazos.

Fernando Sarría dijo...

me recorro tu post y siento el silencio de los conventos y esa oscuridad de celo, religión y deseos ocultos....un beso Magda.

Apostillas literarias dijo...

Ese ritmo de la confesión que señalas, Sonia, también llamó mi atención. Además de que la protagonista nos hace saber los problemas con su amante oficial, se percibe una mujer fuerte. Llega un momento que le dice que es la última vez que le escribe porque no quiere más mostrar sus debilidades. Un personaje muy interesante.

Apostillas literarias dijo...

HyR, sí, conozco Acantilado y me gusta mucho, ahí publica Kertész, entro muchos otros.

Creo que ese desamor y tal vez odio que a veces se percibe en las cartas están dentro del mismo amor, conforman un todo. No podemos nunca olvidar que es una religiosa bastante responsable de lo que le sucede. Le recrimina al oficial su abandono, su olvido, a veces olvidándose un poco de su participación en esta relación. Meter a un hombre a su celda del convento, hacerlo su amante y olvidarlo todo y a todos. Se podrá argumentar que así es el amor, pero no se hasta dónde este argumento sea fuerte. Y las cosas que pasan después: llega a ser superiora de ese mismo convento.

Apostillas literarias dijo...

A mi me encantan estas historias de conventos y transgresiones de la ley, Luisa. Acá de igual forma tenemos muchas historias en los archivos. Se cuenta que cuando algunos edificios del siglo XVI, XVII o XVIII fueron arreglados o reconstruidos, se hallaron muchos bebés de uno, dos, o tres meses de gestación debajo del piso, en los cimientos. Es que las metían a fuerza a los conventos porque en ellos tenían solucionado muchas cosas, casa y alimento principalmente. Los resultados fueron muchas veces nefastos.

Apostillas literarias dijo...

Y vaya que si Marta, las historias de conventos son muy interesantes. Ojalá pudieras leer la vida de Sor Juana Inés de la Cruz, nuestra ilustre poeta. Ella pasó su vida en un convento pero llegaban a visitarla grandes personajes políticos y literarios. Una mujer fuera de serie, super inteligente. Una vida de lo más interesante, una escritora universal.

Apostillas literarias dijo...

39, que bien que comentas sobre la independencia de Portugal en 1640, este año es el que el prólogo apunta como la fecha en que nació Mariana Alcoforado. O sea, ella tenía casi 30 años cuando conoce al oficial, los mismos que tiene la independencia de haberse dado. Así que la participación de él (que era mayor que ella, por supuesto) tuvo lugar 30 años atrás de cuando los dos se conocen y que está en esos momentos ahí por motivos referentes a lo mismo. Me gustaría también ver la película.
______

Fernando, qué gusto saludarte.

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Gracias, Carlos, tienes toda la razón.

Apostillas literarias dijo...

Les cuento algo que quizá no se dieron cuenta o no me lo comentaron por delicadeza: Este texto lo escribí primero en word, al poner "Alcoforado" me corregía ("pensaba" que estaba mal escrito, no lo registraba) y ponía "Alcanforado" y la primera vez que me lo hizo le di la orden de no hacerlo más. Terminé la reseña y la publiqué en el blog, pero el asunto fue que solamente me corrigió una vez, no todas. Afortunadamente Carlos, una persona a la que no conozco, me avisó del error, me dijo que no "era alcohol", y tenía razón, me dio gracia (y no me había dado cuenta porque ya no lo lei otra vez en cuanto lo puse en el blog). Sin embargo, estas cosas me preocupan; por ejemplo, siempre me cambia Umberto Eco por Humberto Eco, un desastre. Pero como esto ya lo se, estoy pendiente.

En fin, disculpen, y espero no me pase más con ninguna palabra.

akurion dijo...

Tambien encuentras algunas de estas cartas editadas en una edicion de literatura epistolar donde tambien aparecen por ahi unas entre Musset y Sand (chisme, chisme)

pamela bram dijo...

No he leído este libro. Escuché su nombre en la película La vida secreta de las palabras, de la Isabel Coixet.
Me gustaría leer sus páginas a hora que me las has traído a la memoria.

Beto Cáceres dijo...

Lo he leído hace años, es tan contradictorio el personaje que te vuelves loco al querer entender lo que le pasa. Me recordaba a las Confesiones, lo incontenible de lo grandioso, el amor a Dios.

Buscaré la edición tuya, aunque por estos lados creo que esperaré placenteramente.

Un saludo desde Bolivia.

Anónimo dijo...

Me encanta haber llegado aquí y te felicito por el post dedicado a la monja portuguesa. Yo léí sus cartas siendo muy joven en una edición, preciosa, procedente de Argentina pues en España en la época de Franco no se encontraba el libro. A mí, que era una adolescente, me hicieron mucho daño las cartas de esta mujer dirigidas al amante que la había abandonado.

Aunque reconozco que las historias de convento son muy literarias, opino que lo que resultan son muy sórdidas. ¿Dónde iban a parar los niños nacidos de las relaciones que allí se practicaban? Sencillamente a ser emparedados como se demuestra entre sus ruinas.

La condesa de Estraza

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