Lo que me parece increíble es ser profesor de literatura y no tener leídos los libros que se van a comentar en clase con los estudiantes.
Aquí completo.
Les recomiendo mucho este artículo de Antonio Bonet Correa: Los cafés históricos.
Enrique Serna, Amores de segunda mano (México: Cal y arena, 2006)A tirones me llevó al camerino porque ya no aguantaba las ganas. Tampoco yo para ser sincera. Caímos al sofá encima de mis trajes y ahí completamos lo que habíamos empezado en la pista pero esta vez llegando hasta el fin, desgarrándonos las mallas, oyendo todavía el aplauso que ahora parecía sonar dentro nde nosotros como si toda la excitación del público se nos hubiera metido al cuerpo, como si nos corrieran aplausos por las venas.
Le quería contar mi vida, para ver si es tan amable de hacerme un favorcito. Ahí en el pasillo, detrás de las cajas de refresco, tenemos nuestro cuarto Gamaliel y yo. Tenga, es todo lo que traigo, acéptelo por caridad, ya se que no es mucho pero tampoco le voy a pedir un sacrificio. Nomás que nos mire, y si se puede, aplauda.
Posted by Magda Díaz Morales in Escritores mexicanos, García Ponce, Libros
Juan García Ponce, El gato y otros cuentos (México: FCE, 1984)Para D, siempre era motivo de un renovado placer poder mirar desde casi todos los ángulos del pequeño departamento el cuerpo desnudo de su amiga cambiando de una postura atractiva por otra postura atractiva, la conciencia por parte de ella de que él la estaba mirando y gozando con la exposición de su cuerpo, hacía casi procaz su conciencia.
Apareció un día y desde entonces siempre estuvo allí. No parecía pertenecer a nadie en especial, a ningún departamento, sino a todo el edificio. Incluso su actitud hacía suponer que él no había elegido el edificio, haciéndolo suyo, sino el edificio a él; tal era la adecuación con que su figura se sumaba a la apariencia de los pasillos y escaleras. Fue así como D empezó a verlo, por las tardes, al salir de su departamento, o algunas noches, al regresar a él, gris y pequeño, echado sobre la esterilla colocada frente a la puerta del departamento que ocupaba el centro del pasillo en el segundo piso.
Entonces, los dos escucharon los largos maullidos lastimeros junto a la puerta con una súbita y arrebatada felicidad. –Quien sabe– dijo D imperceptiblemente, casi para sí, como si todas las palabras fueran inútiles mientras se ponía de pie para abrir –quizá no es más que una parte de nosotros mismos. Pero ella no era capaz de escucharlo, su cuerpo sólo esperaba la pequeña presencia gris, tenso y abierto.
Posted by Magda Díaz Morales in Escritores austro/húngaros, Libros
Imre Kertész, Un relato policíaco, Trad., Adan Kovacsics (1) (Barcelona: Acantilado, 2007)A principios de la primavera de 1976 acabé mi novela El buscador de huellas y la entregué, como correspondía, a una editorial del Estado. Difícilmente podía obrar de otra manera, puesto que en la Hungría de aquel entonces sólo existían las editoriales de Estado. Las dos editoriales especializadas, por así decirlo, en "prosa húngara contemporánea" se distinguían a mis ojos por el hecho de que una rechazó mi novela Sin destino y la otra, en cambio, la publicó. Me dirigí, evidentemente, a la segunda (...) El director había leído El buscador de huellas y le gustaría publicarlo si fuera más extenso, dijo. Entonces recordé Un relato policíaco. Era una vieja y fugaz idea mía, con la que había jugueteado y que luego olvidé, mientras escribía Sin destino. ¿Cómo se podía publicar, en una dictadura que llegó al poder por medios ilegales? Decidí no renunciar a la trama "escalofriante", pero sí trasladar el escenario de la narración a un país sudamericano imaginario. Y así fue como se publicó.