Cómo hablar de libros sin haberlos leído

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Tengo entendido que Pierre Bayard tiene el doctorado por la Universidad de Niza y un posdoctorado en la Universidad de Tours, ello hace un tanto incomprensible que cuente que "lleva años enseñando y opinando sobre libros y autores que nunca ha leído, o que ha hojeado apenas, o simplemente leído y olvidado”. Dice la nota que realiza Andrea Palet: “Bayard se lo contó a todo el mundo. Y en un libro que se llama, para que nadie se pierda, Cómo hablar de libros sin haberlos leído, un ensayo "provocador" -dice la solapa- en que el autor se opone a la triple restricción social de, uno, haber leído un libro antes de hablar de él, dos, haber leído todos los libros importantes, y tres, tener una opinión formada sobre cada uno. Por cierto, Bayard no se refiere a nosotros, inocentes plumíferos amantes de la lectura, sino a sus pares de la academia, personajes y personajillos que centran precisamente en esta tríada el grueso de su actividad, su prestigio, su identidad, y no pocas veces su propia vida. Pero no se trata de la confesión culposa de un profesional ilustrado pero escaso de tiempo y mal pagado. Ni de un alegato por las condiciones de producción en un sistema económico maligno y entontecedor para la cultura. Ni de un pelambre gremial masivo, con el delator dispuesto al harakiri por mor de la causa. Hay quienes lo han visto como un elogio de la impostura. Quizás sea todo esto, pero a lo francés: de muy enrevesada manera”.

Lo que me parece increíble es ser profesor de literatura y no tener leídos los libros que se van a comentar en clase con los estudiantes.

Aquí completo.

Los cafés históricos

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Les recomiendo mucho este artículo de Antonio Bonet Correa: Los cafés históricos.

Manuel Díaz Martínez

Posted by Magda Díaz Morales

Anoche estaba buscando información en la red sobre una nueva revista auspiciada por el Instituto Cubano del Libro, La Siempreviva, cuando me he quedado muda: llegué al blog de Manuel Díaz Martínez. Hacía ya tiempo que no sabía de él. Cuando cambié de computadora, por esas cosas técnicas tan terribles que pasan, perdí su correo-e y yo cambié el mío. Siempre me dije que escribiría a una amiga en común para preguntarle por él y volvernos a contactar para saludarlo, pero el tiempo se fue pasando. Por eso ahora que hallé su blog me ha dado mucha alegría.

A este gran poeta y periodista cubano lo conocí en Las palmas de Gran Canaria, nunca podré olvidar nuestras charlas. Es una persona amena, erudita y con gran carisma. Recuerdo especialmente una tarde en la que nos encontramos en "Casa Suecia", una cafetería muy agradable que estaba en la calle de Luis Morote, a la vuelta de donde yo vivía. En esa ocasión tomamos café con pastel, muchos cafés y poco pastel, mientras me hablaba de César Vallejo, de García Lorca, de la poesía cubana, de la poesía de vanguardia, de México, de Cuba… de muchas cosas más. Que bello señor, que gran señor.

Les dejo este video con uno de sus recientes recitales, para quien no lo conozca pueda escucharlo.

Amores de segunda mano: Enrique Serna

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Enrique Serna, Amores de segunda mano (México: Cal y arena, 2006)

Daba besos de segunda boca

La primera edición de los cuentos de Amores de segunda mano de Enrique Serna, fue en 1994. El libro lleva seis reimpresiones. Son once relatos en total y ninguno de ellos deja buen sabor de boca al terminar su lectura gracias al humor negro, al absurdo, a las situaciones grotescas, a las relaciones amorosas frustradas que viven los personajes, a los adioses del amor a través de "las malditas palabras", al regocijo que puede provocar la violación de una anciana minusválida y moribunda, al desencanto al final de la vida. A los melodramas que muestra. "El alimento del artista" me parece uno de los cuentos mejor logrado junto a "La extremaunción", al menos son los que más me gustaron, aunque elegir de entre todos ellos no es tarea fácil, todos son excelentes relatos.

"El alimento del artista" inicia al final de la vida de una mujer que está hablando con alguien "con educación, con experiencia, que se ve que entiende las cosas", pidiéndole un favor mientras le cuenta su vida. De esta forma nos enteramos de que unos veinte años atrás trabajaba en "El sarape", un cabaret en el que realizaba un número al lado de un afeminado, Gamaliel. Los dos fingían hacer el amor en el escenario. Como era afeminado pues no habría problema. Pero resulta que la primera vez que se presentan ella va notando que Gamaliel "se relajaba y hasta se divertía con el manoseo, tanto que a medio show él tomó la iniciativa" y ella empezó a sentirse lujuriosa, tanto que "si no se acaba la música por Dios que nos ponemos a darle de verdad enfrente de todo mundo", nos cuenta la narradora. Los ovacionan como cinco minutos, salen tres veces a recibir los aplausos hasta que Gamaliel la jala del brazo y:

A tirones me llevó al camerino porque ya no aguantaba las ganas. Tampoco yo para ser sincera. Caímos al sofá encima de mis trajes y ahí completamos lo que habíamos empezado en la pista pero esta vez llegando hasta el fin, desgarrándonos las mallas, oyendo todavía el aplauso que ahora parecía sonar dentro nde nosotros como si toda la excitación del público se nos hubiera metido al cuerpo, como si nos corrieran aplausos por las venas.

Poco después deciden vivir juntos y lo de hacer el amor después del número que realizaban se les hizo costumbre, "a veces ni cerrábamos la puerta del camerino de tanta prisa". Pero lo de escuchar aplausos trascendió, nada más escucharlos asi fuera en la televisión y "ya nomás con eso sentíamos hormigas en la carne". Un día Gamaliel, que era muy celoso, tiene un problema de golpes con un cliente de "El sarape" y tienen que irse. Pasan por varias situaciones hasta que a Gamaliel le cansa andar "en el deprave", así que se retiran de la farándula y llevan "una vida decente". Esta vida decente lleva a Gamaliel a quedarse impotente, ya no desea hacerle el amor a su mujer hasta que ella descubre que es porque le faltaba el público, "extrañaba el aplauso que es el alimento del artista". Regresan a lo mismo y su vida sexual brilla de nuevo. Sin embargo, el tiempo pasa y los cuerpos se van haciendo viejos, y dos cuerpos viejos haciendo el amor en un escenario no provocan más que lástima. Ella se convierte en cigarrera del cabaret y él "le recoge los tacones a las vedettes". El final es desgarrador:

Le quería contar mi vida, para ver si es tan amable de hacerme un favorcito. Ahí en el pasillo, detrás de las cajas de refresco, tenemos nuestro cuarto Gamaliel y yo. Tenga, es todo lo que traigo, acéptelo por caridad, ya se que no es mucho pero tampoco le voy a pedir un sacrificio. Nomás que nos mire, y si se puede, aplauda.

Doris Lessing, Premio Nobel de literatura 2007

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Queridos amigos, en nuestra encuesta realizada sobre quien sería el ganador del Premio Nobel 2007, ninguno de nosotros votó por la ganadora: Doris Lessing (Irán, 1919). Ha sido una sorpresa, la escritora no figuraba entre los favoritos. No he leído nada de ella, escuchaba que la mayor parte de su obra está publicada en castellano, así que será un placer leerla.

De la bitácora de Literatúrame he tomado el siguiente video, en él la galardonada aconseja a los nuevos escritores.

Foto tomada del periódico Milenio
"Soy intolerante con las ideologías"
Salvaje, rebelde y coqueta

El gato: Juan García Ponce

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Juan García Ponce, El gato y otros cuentos (México: FCE, 1984)

Uno de los relatos más notables de García Ponce, es "El gato". Se ha publicado infinidad de veces en Antologías y Revistas, ha sido objeto de ponencias, de tesis completas, además de sus muchas ediciones desde que se publicara por primera vez en Encuentros (1972), un libro, como acertadamente afirma Christopher Domínguez y ya comentamos en alguna ocasión, que "es un clásico de la cuentística mexicana. "El gato", "La plaza" y "La gaviota" hubieran sido suficientes para recordar entrañablemente a García Ponce. Nada falta y nada sobra en Encuentros".

En "El gato", asistimos a la historia de una relación amorosa que por antonomasia es la relación sexual, donde el cuerpo se manifiesta como una revelación y no sólo un elemento constitutivo de la persona, sino la persona misma. Al ceder a la sensualidad de sus cuerpos, fundamento del erotismo, D y su amiga encuentran el amor. La pareja se presenta frente a frente, aspirando a un solo objeto: "quererse en un plano condicionado y determinado por sus cuerpos..." a partir de sus deseos. “Construían esta realidad como marco de su vida amorosa, dándole al sexo lo que es del sexo", como dice J. Kristeva.

Para D, siempre era motivo de un renovado placer poder mirar desde casi todos los ángulos del pequeño departamento el cuerpo desnudo de su amiga cambiando de una postura atractiva por otra postura atractiva, la conciencia por parte de ella de que él la estaba mirando y gozando con la exposición de su cuerpo, hacía casi procaz su conciencia.

Este mirar de D, la contemplación del cuerpo de su amiga, desencadena sus emociones, lo reabsorbe en el deslumbramiento. Y la amiga no exige compensaciones éticas por el placer, ella sabe de la persuasión erótica que ejerce la exposición de su cuerpo "como si el único motivo de su existencia fuese que D lo admirara y en realidad no le perteneciera a ella, sino a él...". El deseo de D, le ofrecía a ella su propio conocimiento. Al paso del tiempo, esa "soledad de dos, la profunda y tranquila sensualidad de su relación en la que ella estaba siempre desnuda", se ve irrumpida por el gato que:

Apareció un día y desde entonces siempre estuvo allí. No parecía pertenecer a nadie en especial, a ningún departamento, sino a todo el edificio. Incluso su actitud hacía suponer que él no había elegido el edificio, haciéndolo suyo, sino el edificio a él; tal era la adecuación con que su figura se sumaba a la apariencia de los pasillos y escaleras. Fue así como D empezó a verlo, por las tardes, al salir de su departamento, o algunas noches, al regresar a él, gris y pequeño, echado sobre la esterilla colocada frente a la puerta del departamento que ocupaba el centro del pasillo en el segundo piso.

D lo mete al departamento y ella lo pone sobre su cuerpo desnudo: “Él se sentó en la cama y los dos se quedaron viendo al gato sobre el cuerpo de ella, el gato parecía mucho más grande y había perdido algo de su fragilidad. Una de sus patas estiradas, tocaba directamente el pezón y D estiró el brazo para tocarla también y junto con el pecho de ella su mano encontró el pecho del gato. Su amiga lo miró un instante, pero los ojos de uno y otro se apartaron en seguida. Después ella hizo a un lado el animal y se levantó de un brinco de la cama. Entre los dos había una corriente secreta, perceptible solo de vez en cuando sin necesidad de ningún acuerdo, distinta". Desde ese día, siempre que encontraban al gato en las escaleras o el corredor la amiga de D lo tomaba en sus brazos y entraban los tres al departamento con él. Ella lo dejaba en el piso mientras se desvestía y luego el gato se quedaba en el cuarto para, después, subirse a la cama y acostarse sobre el cuerpo de ella. “D y su amiga lo miraban riéndose celebrando su manera de acomodarse en el cuerpo". La presencia del gato los unía definitivamente.

Pero el gato desaparece un día, "no estaba en el hall, ni en el pasillo, ni en las escaleras" mientras que la amiga de D lo buscaba ansiosamente. Cuando D se acerca y empieza a acariciarla, ella expresa: "–lo necesito. ¿Dónde está?, tenemos que encontrarlo– aceptando las caricias de D y reaccionando ante ellas con mayor intensidad como si pudieran provocar la aparición del gato". Esta actitud entre el yo actuante y el yo reflexivo no hace más que acentuar el estado angustioso de la amiga de D causado por la conciencia de la necesidad del amor en la satisfacción erótica de los deseos, no con una identificación primaria tranquilizadora, sino epistémica, concupiscente.

La epifanía, momento de revelación de una verdad personal propuesto por James Joyce para referirse a la descripción de algún acontecimiento cotidiano, tiene lugar:

Entonces, los dos escucharon los largos maullidos lastimeros junto a la puerta con una súbita y arrebatada felicidad. –Quien sabe– dijo D imperceptiblemente, casi para sí, como si todas las palabras fueran inútiles mientras se ponía de pie para abrir –quizá no es más que una parte de nosotros mismos. Pero ella no era capaz de escucharlo, su cuerpo sólo esperaba la pequeña presencia gris, tenso y abierto.

En este cuento se escuchan claramente los ecos de Roberte esta noche, de Pierre Klossowski.

Algunos gatos en la pintura.
Year of the cat.

¿Quién ganará el Premio nobel de literatura?

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Leyendo el post de Jean François Fogel, recordé que se me estaba pasando hacer la encuesta que hago cada año en esta bitácora para ver por quien apuestan ustedes para ser el feliz galardonado con el premio nobel este 11 de octubre (dia más, día menos).

Pongo sólo los diez primeros que encabezan la LISTA, pero ustedes pueden elegir de entre todos ellos, a DOS:

Claudio Magris
Les Murray
Philip Roth
Thomas Transtromer
Adonis
Amos Oz
Haruki Murakami
Hugo Claus
Joyce Carol Oates
Ko Un

Cerraremos las apuestas el miércoles 10 a las 10 de la mañana, hora de por acá.

Por cierto, ya podrá leerse el "Premio Nobel de Literatura" en castellano, aunque ahora todavía está en sueco y en inglés.

Son las 10 de la mañana del 10 de octubre. Nuestras apuestas finales han quedado así:

1. Philip Roth = 7
2. Cees Nooteboom = 3
3. Carlos Fuentes = 2
4. Adonis = 3
5. Umberto Eco = 3
6. Antonio Tabucchi = 1
7. Murakami = 5
8. Magris = 2
9. Kundera = 2
10. Vargas Llosa = 1
10. Harry Mulisch = 1
11. Don DeLillo = 1
12. John Banville = 1

Se cierra la encuesta. Ahora a esperar unas horas para conocer quien es el afortunado ganador del premio nobel.

JUEVES 11:

Doris Lessing: Ganadora del Nobel de Literatura 2007. Ninguno de nosotros votó por ella. Ha sido una sorpresa.

Un relato policíaco: Imre Kertész

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Imre Kertész, Un relato policíaco, Trad., Adan Kovacsics (1) (Barcelona: Acantilado, 2007)

No se si a muchos suceda lo que a mi con determinados autores y su literatura. Tener esa sensación de que aunque sean escritores galardonados con el nobel los vamos a poder encontrar un día en la calle, en un café, en una reunión, y que vamos a poder hablar con ellos aunque no se sepa húngaro ni alemán. Es como estar enamorada de alguien a quien sólo llegas a través de lo que escribe, de las entrevistas que le hacen, de ver sus fotografías donde no miras, ni te interesa, qué edad tiene o si es guapo o no, sólo percibes esa inteligencia y ternura que emana en una sonrisa o en su mirada. Se que es una tontería y voy a parecer adolescente, pero cuando en la tercera hoja de Liquidación leí: "Para Magda", me gustó más mi nombre. Así se llama su esposa, una mujer encantadora como podrán ver en la imagen.

La profunda admiración que siento por la escritura de Imre Kertész, logra conmoverme por todo lo que él hace y escribe. Recuerdo que cuando estuve en Budapest busqué ese parque que se describe en Sin destino, cuando el jovencito György Köves regresa a la ciudad después de estar, y casi morir, en Auschwitz-Birkenau. Se sienta en una banca a platicar con un periodista que lo ve y quiere que cuente lo que ha pasado en ese lugar. Pasé por varios parques, y en cada uno pensaba: "éste debe de ser"...

Si tienen tiempo lean este artículo y vean las fotografías que hay en cada apartado (son 7 en total). No se, pero quizás un día lo voy a conocer. Los sueños, sueños son, dice el poeta.

Al iniciar la lectura de esta breve novela, Kertész nos aclara en el Prólogo que Un relato policíaco nace como una especie de relleno, para la publicación de otra novela:

A principios de la primavera de 1976 acabé mi novela El buscador de huellas y la entregué, como correspondía, a una editorial del Estado. Difícilmente podía obrar de otra manera, puesto que en la Hungría de aquel entonces sólo existían las editoriales de Estado. Las dos editoriales especializadas, por así decirlo, en "prosa húngara contemporánea" se distinguían a mis ojos por el hecho de que una rechazó mi novela Sin destino y la otra, en cambio, la publicó. Me dirigí, evidentemente, a la segunda (...) El director había leído El buscador de huellas y le gustaría publicarlo si fuera más extenso, dijo. Entonces recordé Un relato policíaco. Era una vieja y fugaz idea mía, con la que había jugueteado y que luego olvidé, mientras escribía Sin destino. ¿Cómo se podía publicar, en una dictadura que llegó al poder por medios ilegales? Decidí no renunciar a la trama "escalofriante", pero sí trasladar el escenario de la narración a un país sudamericano imaginario. Y así fue como se publicó.

El primer narrador de la novela es el abogado de oficio de Antonio Rojas Martens, el segundo narrador-personaje y quien nos cuenta toda la historia a través de un manuscrito que entrega al abogado y éste a nosotros los lectores. Rojas Martens está en la cárcel y próximo a presentarse "ante los jueces del nuevo régimen". Su defensor consigue que le den permiso para escribir "sobre el hecho de haber comprendido la lógica".

Rojas Martens es un miembro de la policía secreta y va a ser ejecutado. En este manuscrito plasma toda su experiencia en el Cuerpo, pertenecía al grupo de Díaz (al que en el aquí y ahora de la narración buscan en vano), su jefe, un tipo astuto, hábil y sin temor a nada. El "caso Salinas" que investigan, sirve de fondo al narrador para mostrarnos lo duro que es vivir en una dictadura ya sea siendo uno más del pueblo o formando parte de las mismas autoridades. En las dictaduras a veces no importa que se sea inocente para ser acribillado, basta con que así lo decida alguien que no quiere que se conozca que seres inocentes han sido sus más grandes víctimas.

(1) "Adan Kovacsics es gran parte de las letras húngaras contemporáneas: Imre Kertész, György Konrád, Péter Nádas, László Földényi, László Krasznahorkai, Ádám Bodor y Attila Bartis. Y la lista no es completa. Aquí una entrevista al traductor de Kertész, y podemos conocer también su casa.