5 de julio de 2008

"El privilegio del susurro"

De niña y adolescente siempre tuve un Diario, el primero me lo regaló mi madre cuando cumplí nueve años. Era color palo de rosa y traía una llavecita pequeña para poder cerrarlo y que nadie lo leyera. Era un tesoro para mí en el que escribía lo que según yo era trascendente. Es muy cierto que un Diario guarda "la seducción del secreto", como titula a su artículo de hoy en Babelia, Winston Manrique. Sí, "las memorias, diarios, cartas o autobiografías cuentan vidas, pensamientos, creencias y sentimientos". "El privilegio del susurro", sin duda. Tal vez por ello tienen tanto éxito de ventas los diarios de escritores hechos libros, porque nos acercan a su interioridad. Rescato de esta nota apuntes que particularmente me han gustado:

Diario de 1920 (Backlist). De Tennessee Williams:

Amistad. "Pero ¡qué palabra tan poco sonora (friendship) para lo que, a su debido tiempo, pasa a convertirse en el elemento más importante de la vida! Encuentro mucho más atractivo el nombre que los franceses dan a ese profundo sentimiento, sin duda profundo porque va más allá y existe al margen de la devoción física. La palabra en cuestión, amitié, abarca un espectro más amplio y tiene probablemente mayor hondura. (...) Desde luego es un sentimiento delicado y naturalmente frágil, y ni qué decir tiene que no hay que descuidarlo".

Diario de 1920 (Backlist). De Katherine Mansfield:

Belleza. "Está llegando la última hora del atardecer y todos los sonidos son más suaves, más profundos. El susurro del viento en las ramas es más pensativo. Ésta es la mayor felicidad que jamás he imaginado. Pero por qué es incompatible con... sólo por tu debilidad. Nada te impide ser así. (...) Sólo ahora estoy empezando a ver de nuevo y a volver a reconocer la belleza del mundo. Hoy por ejemplo las golondrinas, su aleteo incesante, sus colas de terciopelo curvadas, sus alas transparentes como aletas de peces... Luego el silencio".

Confesión (Acantilado). De Marguerite Duras:

Deseo. "El deseo de Leo se deslizaba suavemente en mí y provocaba el mío. Yo no deseaba a Leo directamente, deseaba a Leo porque él me deseaba a mí. Su deseo hacía surgir el mío sin que él tuviera nada que ver. Me parecía que era bueno sentir deseo, lo percibía como una especie de solución a toda clase de cosas".

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