25 de julio de 2008

Mademoiselle Shakespeare

Aquel día, un parisino que paseaba cerca de los Jardines de Luxemburgo se paró frente al número 12 de la Rue de'l Odéon. Vio colgado el retrato del bardo y un letrero en el que se podía leer: "Shakespeare and Company. Librería y biblioteca de préstamo". Cuando entró en la tienda de Sylvia Beach encontró a un joven con perilla, aunque sin gola al cuello, sentado detrás del mostrador. -"¿Es usted monsieur Shakespeare?"-"No. No soy monsieur Shakespeare. Sólo soy uno de la compañía" -Pero el retrato que está fuera, entonces... ¿Es del señor Company, no del señor Shakespeare? Incapaz de deshacer el entuerto, el hombre señaló a la mujer de ondulada melena castaña, chaqueta de terciopelo y ojos pardos y alegres, y se la presentó. -Ella es mademoiselle Shakespeare.

En aquellos días no había dinero para comprar libros. Hemingway, que era pobre y feliz en París, aunque no tanto como decía de ninguna de las dos cosas, los tomaba prestados de Shakespeare & Company, la librería y biblioteca circulante que una jovencita de Baltimore llamada Sylvia Beach abrió, en 1919, en el número 12 de la Rue de'l O'déon. "En una calle que el viento frío barría", escribió el joven Hem en París era una fiesta, la librería "era un lugar caldeado y alegre, con una gran estufa en invierno, mesas y estantes de libros, libros nuevos en los escaparates, y en las paredes fotos de escritores tanto muertos como vivos. Las fotos parecían todas instantáneas e incluso los escritores muertos parecían estar realmente en vida".

La primera vez que entró en la librería, Hemingway estaba muy intimidado, como es lógico si es cierto el realismo con que le miraban desde las paredes los retratos de tanto escritor finado. Y no llevaba encima suficiente dinero para suscribirse a la biblioteca. La amable librera de piernas bonitas le dijo que ya le daría el depósito cuando le fuera bien, y que se llevara los libros que quisiera. Según recuerda en su libro de juventud parisina, se llevó los dos tomos de Apuntes de un cazador, de Turgeniev; Hijos y amantes de D.H. Lawrence, Guerra y paz y El jugador.

-Tardará usted en volver si tiene que leerse todo eso; dijo Sylvia.

Pero Hemingway volvió. Y Paul Válery, André Gide, Larbaud y León Paul Fargue, curiosos por saber quien era la decidida chica norteamericana que se obsesionó con abrir una librería anglófona cuyo nombre se volvería mítico, aunque se le ocurrió en la cama. El "socio Bill", pensó, "se sentirá siempre predispuesto a entender mis ansias emprendedoras y, además, es un superventas". Así que encontró un local enfrente de la librería de su amiga Adrienne Monier, empapeló las paredes con tela de saco, hizo que un carpintero pusiera las estanterías y un amigo pintó un retrato del socio Bill que colgó sobre la puerta y le robaban cada vez que, por la noche, olvidaba descolgarlo. (...)

Salvar a Ulises

Y entonces llegó Joyce como solía hacerlo, dando vueltas a su bastón de fresno y con el sombrero echado hacia atrás. Cruzó la puerta, saludó a Sylvia, se sentó y suspiró: "Mi libro ya no saldrá jamás". Sylvia pensó que habría que hacer algo y así, de la noche a la mañana, se convirtió en la editora del escritor que más admiraba. Cuando en Estados Unidos un tribunal consideró Ulises "ininteligible" y "obsceno", ella utilizó hasta su último franco y lo editó. Su primer envío a Estados Unidos fue confiscado. Desde ese momento, para sus clientes extranjeros, disfrazó al señor Bloom bajó sobrecubiertas falsas de las obras completas de Shakespeare.

Hasta que un oficial alemán, en 1941, se encaprichó del ejemplar de Finnegan's Wake que estaba en el escaparate. Sylvia se negó a vendérselo, porque era el suyo, firmado por Joyce. El nazi la amenazó y dijo que volvería por él al día siguiente. Beach llamó a la compañía y entre todos tardaron menos de dos horas en desmontar las estanterías, esconder más de 5.000 volúmenes, tapar el letrero y descolgar al bardo de la gola al cuello. Al día siguiente, cuando el militar llegó, no quedaba rastro de la Shakespeare.

Sylvia Beach cerró su librería en 1941. Diez años después, un norteamericano llamado George Whitman (su padre se llamaba Walt, pero no era el poeta) abrió una librería en París. La llamó Shakespeare and Company porque quería, como hizo la dueña de la primera tienda, apoyar a losjóvenes que llegaban a París con ganas de escribir. Cuando tuvo una hija, la llamó Sylvia Beach.

Video de la librería.
Otro video de la librería.
Y otro video de la librería.
Y otro video de la librería. Cantado en francés, este tiene como fondo el bolero peruano "Que nadie sepa mi sufrir", que, como atinadamente nos comenta el escritor Ferrer Lerín, esta versión en francés de la canción peruana es La foule, cantada por Edith Piaf.
Y por último, en este video de la película "Antes del atardecer", nos comentan Viridis y Raúl, se ve varias veces la libreria de París.

Nota completa, con fotos, de esta bella historia contada por Josefa paredes.

21 comentarios:

Fernando dijo...

Magda, ¿me avisarás si conoces a alguna librera parecida?

Baakanit dijo...

Muy bella historia. Qué gran alma tenía Sylvia. Me pregunto cómo serán los ambientes literarios del París de esta época.

Saludos

Gww dijo...

Hermosísima historia que demuesrta que la Literatura es, o puede ser, algo muy distinto a un negocio.

Un placer leerte.

Magda Díaz M. dijo...

Y ya no transcribí este fragmento que es genial, miren:

Nunca hubo una generación menos perdida que la que se refugió durante los años 20 en la librería de mademoiselle Shakespeare. Allí se encontraban André Gide, T.S. Elliot, Ezra Pound, John Dos Passos, Djuna Barnes y Scott Fitzgerald. La Shakespeare funcionaba como estafeta de correos, lugar de cita, oficina de cambio de moneda, editorial, biblioteca y pensión improvisada de todos ellos. Beach se preocupaba de si comían o no. Les prestaba libros, a veces dinero y siempre oídos a cualquier hora del día o de la noche.

Mientras Gertrude Stein recibía en su apartamento, supuesto centro mundial de la literatura, a los tímidos escritores que se acercaban a conocer a aquella rotunda mujer que escribía tonterías como "una rosa es una rosa es una rosa", la auténtica revolución literaria se cocía en la tienda de Beach
.

Christian Supiot dijo...

He estado... y es la librería perfecta...

Palimp dijo...

Hermosa historia.

Viridis dijo...

Estuve hace dos años en ella y no deja indiferente a nadie. Es muy pequeñita y está abarrotada de estanterías con miles de libros. Dentro se repira un aire especial, y no lo digo por las partículas de polvo que se traslucen en el aire, sino por las historias que parecen contar sus paredes a cada uno de sus visitantes. Lo peor,es que se ha convertido en un punto de obligada visita turística para todo aquel que pasee por la orilla izquierda del Sena de camino a Saint-Germain.
Quien quiera saber cómo es puede ver una parte de su interior en la película de Richard Linklater "Antes del Atardecer".
Viridis.

Anónimo dijo...

Hola Magda , acabo de encontrar tu blog y tambien de volver de una escapada en Paris donde fui a visitar como no esta libreria , hace poco lei un libro "una vida entre libros " de Lewis Buzbee donde explica esta historia. Por cierto, la primera libreria de silvia Beach la abrio en 8 rue dupuytren, fue poco despues que abrio como bien dices en Odeon. alli fui a hacerme una foto como buena mitomana.

me pasearé otro dia por aquí.

Maite

39escalones dijo...

Una hermosa historia la de esta librería. No recuerdo ahora si hay alguna película sobre ella, pero debería haberla.
Un abrazo

Raúl dijo...

No hace demasiado leí una entrada maravillosa en otro blog sobre la misma librería. La tuya no desmerece, por supuesto, sino más bien todo lo contrario. La historia es genial.
Por cierto, y respondiendo a 39 escaolnes; en aquel blog descubrí que esta librería aparece en la peli, "Antes del atardecer" como el lugar en el que se encuentran Ethan Hawke y Julie Delpy.
Un abrazo.

Oscar Alonso dijo...

Muy interesante tu blog, en el que he caído de rebote por Fernando.
Un saludito

Magda Díaz M. dijo...

Qué ganas de conocer Shakespeare & Company, la "nueva" libreria en París, como ustedes, los que la han conocido. Y por supuesto, hubiera sido muy hermoso conocer la de Sylvia Beach, y a todos los personajes que la recorrieron. ¿Ya no existirán libreras o libreros así?

En este momento, como en tantos otros, vienen a mi las palabras de Blanchot: "La literatura, además, ofrece amistad".

Alfredo, en esta película que nos comenta Viridis y después Raúl, se ve la librería varias veces: Antes del atardecer

La pondré también arriba para que todos puedan verla, aunque a veces no es muy claro el video, si se percibe.

Bienvenidos los que visitan este espacio por primera vez.

Y concuerdo con todos: una bella historia.

Yeli dijo...

Hermosos datos nos has regalado. Ha sido un placer visitarte.
Un abrazo
yeli

Xuan dijo...

Que pena que en Madrid no haya una librería así. O sí que la hay?

Ferrer Lerín dijo...

Quisiera apostillar que la versión en francés de la canción peruana es La Foule cantada por Edith Piaf. Supongo que todo el mundo lo sabía pero ha sido el pretexto para emplear la palabra, en su propio hogar.

Anónimo dijo...

Una delicia, esta entrada, Magda: como todas. Me encantó.

Un abrazo.
Candi

Magda Díaz M. dijo...

Candi, qué gusto verte por aquí :)

Magda Díaz M. dijo...

Me parece que nos ha gustado a todos esta bella historia porque percibimos claramente que la literatura va mucho más allá de muchas cosas. No sólo es un lazo, una unión entre quienes la comparten o compartimos, es también una forma de vida.

Un abrazo para ustedes.

doble visión dijo...

Hola Magda... he estado dos veces en PAris y en mabas ocasiones he ido a la libreria. La primera vez, como era de rigor, compré un libro para tener presente siempre mi paso por allí, ya que te lo sellan como una forma de autenticidad.
Puedo asegurar que estar allí, entre sus libros, mirando sin que nadie te moleste tiene su encanto... los aromas a libro, a papel impreso, la tenue ñuz que se filtra por todos los resquicios... todo es realmente un escenario perfecto, y saber quienes han pasado por allí, genera algo que no puede describirse...
En mi proximo viaje a Paris, porque a Paris siempre se vuelve, volveré a Shakespeare con más tiempo para descubrir nuevas cosas.

saludos
marcelo

Sonia Fides dijo...

Adoro esa liberería, estuve hace dos semanas y siempre es fascinante lo que pasa en ella. Además la película me encanta, Ethan Hawke me parece un tipo valiosísimo. ¿Has leído sus novelas?... Y ¿Has visto la película que dirigió Julie Delpy?.
Un abrazo súper.
Sonia

Magda Díaz M. dijo...

Sonia, recuerdo a Ethan Hawke en "El club de los poetas muertos", era muy joven. Luego he visto dos o tres películas más. "Antes del atardecer" le valió ser candidato al óscar por el mejor guión de adaptación, según recuerdo, que coescribió Richard Linklater y Julie Delpy. Pero no he leido sus novelas ni he visto la película que dirigió Julie Delpy, pero tengo muchas ganas de hacerlo.