1 de noviembre de 2008

Esto huele mal: Fernando Quiroz

Fernando Quiroz, Esto huele mal, 4° ed. (Seix Barral, 2007)

Cuando vi en la librería Esto huele mal del escritor colombiano Fernando Quiroz (finalista del premio Planeta-Casa América 2008 con su novela Justos por pecadores), pensé en si comprarla o no comprarla. Me llamó la atención la portada, a él nunca lo había leído como narrador pero sí como periodista cultural. Terminé por llevármela. La tenía en mi librero hasta que ayer la leí. Es una novela entretenida, bien escrita, y digamos que un tanto didáctica, sin ser nunca moralista, respecto al tema de la infidelidad.

¿El matrimonio es un contrato de exclusividad? Seguramente que en un millón de personas, una o dos pensarán que no. O ¿qué piensan? Recuerdo en este momento la gran cantidad de novelas del siglo XIX donde el adulterio formaba parte de la trama. En la actualidad, dice Franco La Cecla:

En definitiva, el núcleo familiar, como "casa", no es una forma universal: hay sociedades donde no existen las parejas fijas, hay familias poligámicas en el fondo del Amazonas o en Senegal y hay, obviamente, familias extendidas. Nosotros somos la excepción: la familia mononuclear -la soledad de marido, mujer e hijos- es una reciente invención. Para eso hizo falta el advenimiento del capitalismo y del trabajo asalariado, que ha destruido a la familia ensanchada, que era también una entidad económica, y que ha creado a la pareja como la conocemos hoy (...) Sabemos que somos monógamos en el presente y polígamos en el tiempo (la altísima tasa de separaciones lo demuestra). ¿Por qué no aceptar que somos una sociedad de muchos amores pero que asegura y protege los pasajes de sustancia que éstos producen, hijos, parientes, compras, amigos, bienes?
En la novela, Ricardo, un exitoso agente de viajes de 40 años, está casado con Elena, una buena mujer, tranquila, no celosa, ama de casa, guapa, y que jamás da problemas a su esposo cuando éste tiene reuniones de trabajo y por esta causa tiene que llegar tarde a su casa. El matrimonio tiene un hijo, Rodrigo. El protagonista ha tenido algunas experiencias extra-matrimoniales esporádicas, nada trascendentales, de una noche y adiós. Pero el destino hace que encuentre a Manuela, una arquitecta de grandes ojos verdes que vivía con Nerón, un french pool que no soporta a Ricardo y lo demuestra: le orina los pantalones, le ladra, le deja de regalo su "producto alimenticio" justo en el lugar donde el amante de su dueña pisa y sus zapatos se sumergen sin remedio.

Ricardo y Manuela son amantes desde hace diez meses, y la pasan muy bien. Se ven todos los jueves conscientes que los fines de semana "no siempre permitían una escapada". Lo difícil para Ricardo va siendo el tener que decir mentiras a Elena para poder ausentarse y avisarle que llegará tarde. Fue educado bajo los cánones de la religión católica y eso le provocaba culpas, remordimientos:

Era inevitable: con un papá que le había vendido el alma al Opus Dei y una mamá a la que habían educado en la prohibición de disentir de su marido, lo tenía todo para que la culpa se diera en mí de manera silvestre. Me habían enseñado que una mujer era sinónimo de pecado, a menos que la hubiera llevado al altar y mi única intención a la hora de desnudarla fuera la de procrear. Me habían pintado a un Dios de ceño fruncido que castiga a los que se atreven a dudar y a una logia de santos que se ganaron la aureola a punta de sacrificios horrendos. Me habían advertido que mi generación estaba construyendo una nueva Sodoma y que estábamos a punto de quedar convertidos en estatuas de sal (...) Me privé de explorar muchos mundos en apariencia prohibidos por el simple temor de tostarme en el infierno. Maldije el deseo. Y llegué a la edad adulta con una larga lista de deudas con la asolescencia que el tiempo se ha encargado de irme cobrando. Me casé con Elena porque la amaba, es cierto. Pero también lo es que su familia parecía construida a imagen y semejanza de la mía, y no faltaron las complicidades para promover la relación.

Ricardo se siente muy atraido por Manuela, su relación tiene pasión, deseo, comprensión, alegría. Se pregunta en qué momento se fastidia un matrimonio: "¿Cuando uno se acuesta con otra mujer? ¿Cuando uno miente por primera vez? ¿Cuando uno se despierta al lado de una mujer que no es la suya y lamenta tener que vestirse y regresar a casa? ¿Cuando las noticias del periódico se vuelven, día tras día, más importantes que las de ella? ¿Cuando uno empieza a añorar los lunes? ¿Cuando las disculpas para quedarse un rato más en la oficina empiezan a fluir con facilidad? ¿Cuando uno se da cuenta de que ha endosado por completo su felicidad y empieza a depender de las felicidades ajenas? ¿Cuando uno quiere volver a ser dueño del control del televisor? ¿Cuántos años me quedarían de vida útil antes de que un carcinoma me destrozara el hígado o de que el alzheimer dejara mis decisiones en manos de los demás?".

Como siempre que va con Manuela, Ricardo habla a Elena para decirle que esa noche va a cenar a "El nogal" con unos clientes. Elena sabía que en estas reuniones no había peligro de nada, ella lo había acompañado varias veces hasta que se embarazó y prefirió quedarse en casa. Así que nunca hace preguntas. Al llegar a casa de Manuela, Ricardo acostumbra apagar de inmediato su celular. A la mañana siguiente, sube a su coche y prende su celular para ver si algo se ha ofrecido en la oficina y revisar todos sus mensajes. Cual no sería su sorpresa que escucha en el buzón la voz desesperada de Elena, llorando, al igual que su hermana. El asunto era que las FARC habían puesto un cochebomba en "El nogal" y existïan muchos heridos y muertos. Elena estaba muy angustiada al no saber qué había sucedido con su esposo.

Ricardo pasa por momentos terribles, no sabe qué hacer ni qué decir. Por fin llama a Elena, le dice que está bien, que se encuentra en un puesto de salud. Al colgar percibe que ha cometido un grave error... Llama a Guzmán, un amigo mujeriego que se las sabe de todas, todas. Guzmán construye toda una mentira digna del mejor edificador de historias, y aquí empieza toda una serie de cosas que llevan a Ricardo, y a su vida, por caminos insospechados. A veces las cosas no salen como uno se las imagina. Lo más increible sucede...

Esto huele mal, ha sido llevada al cine (Trailer)

8 comentarios:

Orlando dijo...

Pienso que la exclusividad en el matrimonio es necesaria por la cuestión del SIDA, tan poeligroso. También, no soportaríamos en la vida de nuestra pareja a otra persona. Pero esto es una cosa, y la exclusividad es otra, me refiero a que conozco mujeres y hombres (aunque son más las mujeres) que se ponen celosas/os de las compañeras/os de trabajo, de si saludan a alguien en la calle y es del otro sexo, si tienen una amistad del otro sexo, etc. Esto es muy feo, como una enfermedad.
Y es demasiado común, con esto quiero decir que casi en la mayoría de las personas se da este fenómeno de querer exclusividad hasta en el pensamiento del otro.

El Gemelo Malvado dijo...

La exclusividad es siempre cuestión de elección, más allá del miedo al Sida que manifiesta Orlando. No veo al Sida central en la conformación de la monogamia actual, aunque quizás sea un condicionante para las aventuras más salvajes. Pues sin Sida, ¿deja de ser exclusiva una relación? Sí y no. Depende de otras elecciones. El Sida en este punto es instrumental.

Hay numerosas personas que soportan a otras parejas en su vida --ahí está "The Duchess". O díganselo a estos simpáticos swingers americanos aquí:

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Aventura/sexual/America/profunda/elppgl/20081101elpepusoc_2/Tes

Apostillas literarias dijo...

- Si, estoy de acuerdo, Fernanda, el SIDA viene a estar en la mente de las personas, pero parece ser que se olvida ante muchas cosas. Considero que en la infidelidad intervienen más factores, entre ellos, y esencial, el cultural.

- Diego, ya leí hace un par de días el debate sobre Justos por pecadores, gracias.
El articulo de El país no lo había leído, que cosas... Pero sí, de que se dan, se dan.

croix dijo...

La firma de un contrato no puede regular el amor o la exclusividad. El matrimonio es un compromiso para la administración del patrimonio. Y, ante todo, para asegurar la vida de los hijos.

ojodefuego dijo...

Creo en la exclusividad del matrimonio, eso es algo que no puedo evitar. Pero entiendo que a nivel de sentimientos, de pensamientos se puede ser muy infiel. Pero de eso a llegar a montar semejante historia, va un cacho largo.
Por otra parte pienso que la felicidad no depende de las ilusiones de los demás, depende de las mías y es algo que cada vez lo tengo más claro.
Muchos besos

Blanca Vázquez dijo...

Es un tema que huele complicado esto de las familias. Sí que es cierto que es muy reciente esto de la monogamia. Concretamente desde que se empezó a formar este tipo de sociedad económica burguesa, y claro sería muy caro formar familias extensas, además de los problemas que supene a nivel de herencias y repartos. Se crean leyes que pongan orden. Pero la pasión, el sexo, y el amor, a veces no tienen nada que ver con lo impuesto. Y somos humanos, no máquinas. Duramos mucho, como no vamos a tener varias parejas en una larga vida? lo contrario es un poco antinatural, es muy esquemático, o quizá es pura dependencia. En todo caso las relaciones sentimentales son siempre muy complicadas, y dependen de la sociedad que nos ha tocado. Sino que se lo pregunten a los mormones.

Apostillas literarias dijo...

Esto de la infidelidad, que viene a ser uno de los temas de la novela, es bastante complejo. La obra de Quiroz tiene un final excelente. Tal vez, es solo una interpretación mía, es como si lo que sucede apuntara: nada es verdad, nada es mentira, todo es segun el cristal con que se mira...

Muchas gracias por su visita y comentarios. Ojalá lean esta novela, es muy entretenida.

Mixha dijo...

la trataré de conseguir en NY, el tema me parecir muy interesante, no sé porqué me acordé de Oé, un saludo


la buscaré, buena reseña

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