10 de noviembre de 2008

Lecciones de baile para mayores: Bohumil Hrabal

Portada Bohumil Hrabal, Lecciones de baile para mayores, Trad. Jitka Mlejnková y Alberto Ortiz (Madrid: Metáfora, 2003)

"El mundo sigue siendo muy hermoso, no quiero decir que lo sea, pero así es como lo veo yo, igual que lo veía Puskin". "La opinión mundial está regida por idiotas y borrachos". (Jiri)

El sol se iba acercando a la línea del horizonte y la señorita Kamila estaba subida en una escalera de mano, comía unas cerezas y sonreía al anciano de abajo, que todos los días le trae un ramo de rosas, sustraídas en jardines ajenos, y le promete que volarán juntos de Viena a Budapest, para enseñarle todos esos lugares en los que había estado en los tiempos del Imperio Austriaco.

La mayoría de los ancianos tienen esa ternura que los hace tan especiales. Han recorrido muchos años en la vida, tal vez ello les ha permitido descartar lo que no vale la pena y mostrarnos lo que si vale. Para ellos es muy importante recordar, sus recuerdos los dicen una y otra vez como deseando pasen también a ser de quien los escucha. El narrador de Lecciones de baile para mayores de Bohumil Hrabal, Jiri, un anciano zapatero que platica con Kamila, una bella joven que toma el sol en la playa y que se advierte tiene intenciones de seducir, repite con alegría: "¡Qué memoria la mía! ¿verdad?!" o "¡Qué memoria la mía, da gusto!", alegrándose de que a su edad la memoria no le falle. Qué ternura provoca, brota el deseo de prodigarle una caricia.

Josef Lada También, en los recuerdos de muchas personas mayores vive, explícita o implícitamente, la frase "Antes, esto era mejor. Ahora, ya no es lo mismo". Para este anciano zapatero, por ejemplo, el progreso, la Modernidad, "ha sido una verdadera peste" para la cerveza, el pan y la mantequilla, por ejemplo, porque:

La técnica, para estas cosas, hay que emplearla con mucho tino, en las antiguas industrias, la cerveza se cocía en cobre, el fuego para los calderos se hacía con troncos resinuosos y la llama traspasaba aquel cobre y caramelizaba la cerveza, igual que para el pan se empleaba el centeno que hasta noviembre se hacía reposar en los graneros, para que toda la fuerza de las espigas entrara en el grano, sólo después se desgranaba... ¡qué pan, aquel! ¡Se podía oler a un kilómetro cuando se horneaba ese regalo de Dios! ¡Cuanto más antiguo, mejor...

La mente de Jiri, es a veces como la de un niño. Nos narra episodios de su vida, como aquella anécdota de su vaca, "un animal feo y cojo, pero que parió quince terneros", que cuando murió dejó un ternero que al crecer no podía ver ni un tren ni una bicicleta, por lo que le ponían unas anteojeras. El anciano zapatero pasa de un tema a otro constantemente. Está hablando, por ejemplo, sobre el pan, y miren lo que viene a su cabeza, es genial. En cuanto termina de decir "¡Cuanto más antiguo, mejor..." refiriéndose al pan, expresa:

Por eso el Emperador prefería viajar en Landó más que en coche y le gustaba beber vino, por eso murió en un excusado, pero él si sabía cultivar el Renacimiento europeo con la Sratová: Yo estaba entonces de guardia en Maidling y vi con mis propios ojos como el Emperador le sujetaba la escalera y la protegía; mientras la Sratová allí subida cogía unas ciruelas, él le echaba miradas bajo sus faldas como si fuera Goethe...

Josef Lada Además de su ternura, la ironía y el humor de Jiri, un gran humor, son notables. Está contando sobre el ternero, el hijo de su vaca coja, cuando cambia de tema y rememora que la iglesia siempre tuvo sus más y sus menos con la nación checa: "se pasó casi mil años intentando apaciguar las pasiones, pero ¿quién puede con las naciones?... éstas se rigen más que nada conforme al opúsculo del señor Batista sobre las garantías de la felicidad matrimonial, que viene a decir que en cuanto un hombre ve a una mujer hermosa, inmediatamente le empieza a recorrer un hormigueo y, acto seguido, se pone a pensar cómo llevársela a la cama; como suele decir el poeta Bondy, se trata del deseo de trasladar a las mujeres de la posición vertical a la posición horizontal y que él, aun siendo poeta, gracias a tal posición horizontal, tiene ahora dos hijos, que siempre tiene que llevar consigo en cochecito".

La ironía en esta novela me parece notable, con ella el narrador hace resaltar el sentido verdadero de lo que realmente quiere desvelar. Está hablando de lo trabajadora que era su madre, de lo santa que fue y que lo educó a él y a sus hermanos ella sola, cuando le viene a colación su vecino, Mejtnej, que igualmente era muy trabajador y que así como laboraba en los campos atendía una taberna: "Pero su mujer, en lugar de servir copas a los clientes, se las servía a sí misma, y él, como era tan católico, la pegaba, la pegaba y la pegó hasta matarla, conforme al Antiguo Testamento, pero eso sí, las vacas y los caballos estaban relucientes, el cofre repleto de dinero y las libretas ahorro en la caja".

Josef Lada En este monólogo no puede pasarse por alto el contexto histórico como una de las partes fundamentales, la primera edición de la novela es de 1964. Esos vestigios del Imperio Austro-húngaro que se tocan en todas partes porque no se han ido, están ahí en esa época de plena transición en la que vive el artista zapatero. El antes y el ahora, el recuerdo de ese Imperio y sus cenizas evidentes así como la modernidad que percibe vacía, reciben del narrador una crítica inclemente y, a la vez, existe una nostalgia por lo que fue y ya se ha ido. Veamos un ejemplo entre tantos otros:

Al Emperador le gustaba ponerse un kaiserrok, un abrigo que parecía un frac cerrado, así de fina era aquella familia imperial, pero los líos que tenían eran los mismos que los de otras familias: el hijito, el príncipe heredero, tuvo que tomar por esposa a la princesa belga Estefanía, pero se pirraba por el cuerpo de la Vecerová, aquella belleza de busto y ojos exuberantes, bueno, y todo acabó en un tiroteo colectivo... y Dasa, aquella farmaceútica, que tenía desconocimientos básicos en lo relativo a la vida sexual sana, pues ésa me dijo, cuando le conté lo de la tragedia de la vida imperial: "Bueno, yo también le pegaría un tiro, si fuéramos marido y mujer, y usted anduviera con otra", así me lo dijo, porque la tragedia el mundo, y a los escritores de novelas no les falta materia abundante para escribir... En todos los años de reinado (del Emperador) no hizo más que la reforma monetaria y mandar ahorcar a Slosárek y a Hugo Senk (...) Al viejo Imperio Austrohúngaro le gustaba darse postín, pero por otra parte si uno iba de paseo no hacía más que tropezar con la prótesis y muletas de los mendigos y, en lugar de disfrutar del busto de una señorita, uno andaba angustiado de tanta miseria...

Jiri nos sigue siempre contando sus recuerdos, sus correrías amorosas, sus triunfos, tristezas, alegrías, fracasos, anécdotas de un hombre soltero, es todo un lujo escucharlo. Del humor, en ocasiones muy negro, pasa a la tragedia y viceversa, la novela es un canto a la vida, a la muerte, al amor, al arte, a la poesía. Jiri es muchas veces irreverente, descreído, burlón, impar:

Los libres pensadores reprochaban a la Iglesia que Cristo, si era Dios, tuviera relación carnal con una mujer perdida, pero yo decía que en eso no había nada que hacer, que ante una belleza yo también me rendía, como no iba a sucumbir Cristo, Nuestro Señor, el hombre más seductor de su época, y ya ven, María Magdalena, aunque de oficio fue ramera en un bar, logró, no obstante, la santidad y conquistó popularidad en el cielo y no traicionó a Cristo; con su propio cabello limpió su sangre y él, pobrecito, clavado en la cruz por haber predicado a favor del progreso social y que todas las personas fueran iguales.

Lo que sigue a este párrafo es genial...

Esta novela no debe dejar de leerse, es de esas novelas que se quedan dentro de uno, que jamás se olvidan...

Ilustraciones.

10 comentarios:

sergio astorga dijo...

Magda, apostilla impecable y si la memoria no me falla intentarécomprar la novela.
Gracias por suguerir buenas lectúras.
Un abrazo vienés.
Sergio Astorga

Orlando dijo...

¡Qué excelente reseña!

Baakanit dijo...

Hola Magda,

Me ha gustado mucho la reseña que has hecho. Cada vez que recomiendas novelas por este medio trato de conocer más de los autores y si puedo comprarlas. Cuando hablaste de Coetzee conseguí tres de sus novelas y las leí una tras la otra. Nos sentimos afortunados de poder obtener este tipo de sugerencias.

Ese personaje, con lo poco que has dicho me ha encantado, el ser zapatero de por sí tiene su doble sentido, cierto significado sexual, ya que vive de clavar.

Hay una bachata famosa de los noventa que explota esa connotación.

Voy a tratar de escuchar las historias de este simpático zapatero.

Saludos

Anónimo dijo...

Preciosa reseña, Magda. Qué gusto. Hay que volver a Bohumil Hrabal. Y qué ilustraciones.

No soy Hanta, el protagonista de Una soledad demasiado ruidosa, del mismo autor del que hoy nos hablas, pero recuerdo que fuiste tú quien me hizo descubrirlo, y me encantó ese libro, que regalé a dos personas, y a su vez quedaron enamoradas de él.

Gracias.

Un abrazo.
Candi

entrenomadas dijo...

Si el libro es tan bueno como la reseña no sólo me lo compro, también me lo tatúo.

Excelente!!!

Gww dijo...

Como han señalado los comentaristas anteriores, es una reseña extraordinaria de este libro que no conocía de Hrabal. Creo que este autor tiene capacidad para emocionarnos con sus personajes sin igual en la Literatura contemporánea. Acabas adorándolos a todos.

Un abrazo y muchas gracias por la sugerencia.

Alex Nortub dijo...

Suena de maravilla. Como a música celestial.

Apostillas literarias dijo...

- Gracias a ti, Sergio.

- Gracias, Fernanda.

- Baakanit, que alegría me da que te gusten mis recomendaciones, muchas gracias.

Candi, qué gustísimo me da saludarte.
Una soledad demasiado ruidosa es un poema, un libro inolvidable. La obra de Hrabal, llega muy profundo. Debió de ser una persona muy sensible, además maneja el arte del bien decir.
Las ilustraciones son de Josef Lada, y vaya que sí, hermosísimas.

Un abrazo querida amiga.

Apostillas literarias dijo...

- Marta, muchas gracias.

Te recomiendo especialmente de este autor: Una soledad demasiado ruidosa, estoy segura de que te va a fascinar.

Por cierto, no conocía el otro blog de Chésus, he comentado en él hoy en la mañana pero aun no sale el comentario (los comentarios, hice dos). Descubrí que coincidimos mucho en gustos periodísticos, los articulos que he tenido en "Dietario" de periódicos latinoamericanos, a él también le han gustado, los he hallado en su blog. Ha sido una sorpresa.

- Montse, completamente de acuerdo contigo. Hrabal, emociona.

- Alex, es una novela preciosa.

jozko dijo...

!Hola Magda!

coincido con los demás en mi valoración: una reseña genial.

No conocía este libro de Hrabal, aunque sí otros (Trenes rigurosamente vigilados, Yo que he servido al rey de Inglaterra ...). Entre lo que conozco y lo que escribes, tengo ganas de que este libro caiga en mis manos.

!Un abrazo!

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