Oficios: Juan Carlos Márquez

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J

uan Carlos Márquez, Oficios (Madrid: Castalia, 2008)

Desde hace varios años conozco a Juan Carlos Márquez, a través de nuestros blogs. Desde antes de tener Apostillas literarias, es un amigo querido y admirado por su talento como escritor y su tesón y firmeza en la constancia de su escritura. He seguido con alegría junto a él, muchos de sus logros y premios literarios en diversos certámenes (el Unión latina, premio Juan Rulfo al escritor novel (2003), y el Rafael González Castell (2006). En 2007 fue antologado en el libro Parábola de los talentos, de Gens ediciones). Con Oficios (video), el autor obtuvo el premio Tiflos de cuento 2008.

Oficios es un libro de 14 relatos cuyos títulos llaman la atención. Los personajes que pueblan cada relato van desde ser chocarreros, divertidos, hasta poseer un destacado surrealismo, parece que no siguieran un razonamiento lógico. Por ejemplo, en "Muertos ambulantes, floristas y funcionarios", Luis, el protagonista, se presenta ante las autoridades para denunciar a una familia que ocupa su tumba. Luis ha muerto seis años atrás y ahora se ha quedado, como dice, "sin un lugar donde caerme muerto".

En "Braceros, oficiales de primera y amas de casa", vivían en la cocina de la casa, ocultos bajo la mesa, braceros. El primer bracero solo salía de debajo de la mesa para hacer sus necesidades, "lavarse (lo justo) o rasurarse cada seis o siete días la barba cana y viscosa". Los demás días permanecía ahí, debajo de la mesa, "encogido como feto en un frasco de formol". Antoine, el último bracero que vivió en esta casa, recitaba de memoria a Baudelaire y nos cuenta el narrador que se "alimentaba de caracoles, de la hilera de gasterópodos que escalaba cada domingo después de la misa de once la columna vertebral de mi madre ciega".

El protagonista de "Psiquiatras e hipnotizadores" posee una rara obsesión: almacenar trastos. Él cree que los objetos forman parte inseparable de su vida y que si se deshace de alguno, "-la mitad de un botón blanco de hueso o la envoltura de un caramelo de eucalipto-", ésta se volverá caótica, "una especie de cubo de Rubik a medio hacer". La doctora Guimard, una mujer joven, atractiva y agradable, investiga con interés el origen del trauma del narrador-personaje, con la ayuda de un experto en hipnosis, el profesor Hoffman. El protagonista de este relato me rocordó a Hanta, el personaje de Una soledad demasiado ruidosa de Bohumil Hrabal, pero en lugar de coleccionar libros, colecciona objetos.

En "Faquires, decoradoras de interiores y geishas", se da el enamoramiento entre un faquir y una geisha. El faquir, Rajiv, y la geisha, Suzume, tienen dueñas, los compraron en uno de sus viajes a Amrayati y Okinawa, como si fueran cosas. Rajiv, fue traido en una trolley donde "hace encajar dentro su cuerpo hiperlaxo".

Uno de los cuentos que me más me gustó, junto a "Hombres de negocios y taxistas", fue "Desinsectadores, madres posesivas y prostitutas". Podría decir que éste es de género policíaco, pero no se circunscribe solo a ello. El protagonista de "Desinsectadores, madres posesivas y prostitutas", se encuentra en la cocina deshuesando una pieza de carne. Desde ese momento narrativo recuerda un poco su vida. Es un tipo que después de hacer el amor en su luna de miel, es capaz de decirle a Elsa, su esposa, que no sabe si la quiere. Un día iba en su coche cuando se arroja en el capote Adeyinka, quien con el labio inferior sangrando le suplica la lleve lejos de ahí. La lleva a su casa y se da lo no imaginable.

El Hombre, de "Hombres de negocios y taxistas", toma un taxi a la salida del aeropuerto. EL Hombre entra al taxi con su maletín en la mano mientras se desata un fuerte aguacero. Este cuento es filosófico, un tanto conceptual. El diálogo que sostiene el personaje y el taxista es reflexivo, subjetivo.

Todos los cuentos de Oficios me parecen muy bien contados, con ese arte de narrar que poseen los buenos escritores. Les recomiendo mucho su lectura. Ahora leeré Norteamérica profunda, libro con el que Juan Carlos Márquez es galardonado con el VIII certamen de relatos Rafael González Castell.

Conferencia sobre Naui Olin

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Recordarán que hace unos días comentábamos sobre Nahui Olin, una de las mujeres más bellas e inteligentes del México de los años 20'. En esta ocasión les decía que no había leído el libro de Adriana Malvido, Nahui Olin (Barcelona: Cirse, 2003), pero afortunadamente ya lo hice y es un libro estupendo y muy completo. Se los recomiento totalmente.

Me acabo de enterar que precisamente la escritora y periodista cultural, autora de este libro, dara una conferencia sobre Nahui Olin, quienes puedan no dejen de asistir. Será en el Museo Mural Diego Rivera, el 30 de agosto a las 12:30 hrs.

Personal

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V

oy a contarles todo el camino que he estado viviendo en estos días. Todo empezó como les comenté: cargué un garrafón lleno de agua por desesperada y no esperarme a que lo hicieran. Al otro día, tenía un dolor en la espalda que de inmediato pensé había sido por este motivo. Me puse pomada especial para estos dolores musculares y a los dos días vi que tenía una franja roja que iba de la mitad del pecho a la mitad de la espalda, justo donde tenía el dolor y me había puesto la pomada. Pensé de inmediato que me había quemado por ponerme tal vez demasiada pomada. Después, al siguiente día, me salieron una especie de ampollas y además ya el dolor era insoportable, sumamente agudo, tanto que hasta hablar me causaba dificultad porque me dolia demasiado.

Fui a ver a un especialista después de una semana de estar con todos estos síntomas que confundí con dolor muscular, sobre todo porque de tener ampollas pasé a tener una especie de franja roja muy especial, como una hinchazón. El médico al verme de inmediato me dijo que lo que me pasaba nada tenía que ver con la cargada del garrafón, que lo que tenía era herpes zoster intercostal. Cuando me lo dijo me impresioné, no sabía que era esto. Me envió a realizarme análisis de todo tipo y radiografías. Afortunadamente todo resultó bien, pero había bajado cinco kilogramos de peso, yo soy delgada asi que cinco kilos son muchos para mi. Los bajé porque el apetito se me fue por completo y casi no comía nada en todo el día.

El herpes zoster intercostal, según me dijo el médico, me resultó por estres. Lo raro de esto es que según yo no he sentido estres desde hace mucho tiempo. Cuando verdaderamente he tenido estres no me ha pasado nada, asi son las cosas. Esto de herpes zoster es sumamente doloroso, toda la zona derecha que es donde lo tengo está sumamente sensible. Me han dicho que hay a quienes les brota en la cara o en la cabeza, qué terrible. Estoy tomando medicamentos y complementos alimenticios pues todo esto provoca que las defensas las tenga muy bajas. Se me ha pasado el dolor extremo, ahora tengo un dolor que va de vez en vez y que es como si de pronto me metieran un pica hielo. Solo dura unos segundos, pero tiene lugar varias veces al dia. Por la noche no me ha sucedido.

Parece ser que ya estoy saliendo de esto, y espero que así sea porque me desespera. Aunque no es una enfermedad peligrosa si es sumamente dolorosa y molesta y de enorme paciencia. Me da por dormir mucho y por no tener deseos de hacer nada. Pero como les comento, parece ser que ya estoy por trascender este malestar. Todavía tengo inflamado y sigo con los medicamentos, pero también me ha cicatrizado bastante. Deseo que por fin acabe esto. Me dicen que tarda para desaparecer completamente, que dura tres o cuatro meses para no tener ya nada absolutamente. Tengo que tener calma. Ahora que me ha dado esto me he enterado que ha muchas personas les ha dado también, y yo que jamás había oido hablar de ello. En fin, ya estaré por aqui nuevamente, me siento un poco mejor.

Quiero agradecerles mucho a todos sus buenos deseos. Tanto a los que dejaron aquí sus comentarios como a los que me escribieron por correo-e. Muchas gracias, siempre se siente muy bonito el afecto y el interés por una. Les agradezco en todo lo que valen sus mensajes.

Quino, y la vida real

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Quiero agradecerles sus buenos deseos. Ya no tengo ese dolor que les comentaba que no me permitía ni respirar ni hablar bien, era muy intenso. Me dieron medicamentos que me lo ha quitado y que necesito seguir tomando, pero son tan fuertes que me revuelven el estómago. Esto se auna a la quemada que me di que todavía me arde, pero espero que también pronto desaparezca. Me he pasado las vacaciones con esta gracia, pero que puedo hacer, ya nimodo.

¿Qué les parece esta imagen de Quino?





Lunes 18

El asunto este de mi desgarramiento muscular sigue en recuperación pero me impide escribir con tranquilidad porque parece que afectó un tendón. Tengo que esperar a que todo esté bien.

Un abrazo para ustedes, espero pronto todo se restablezca.

Les dejo este video. Alonso Alvarez Barreda, el productor del video, ganó un premio en el festival Cannes 2008: Historia de un letrero.

Encuentros con García Márquez

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arco Tulio Aguilera, Poéticas y obsesiones (México: Universidad Veracruzana, 2007)

“Sí, te aseguro que Gabriel García Márquez, así como Álvaro Mutis, nunca ha hecho difusión de la obra de los escritores colombianos, no han promovido a nadie. Ellos vinieron a triunfar a México, a salir adelante, pero también se guardaron eso, las relaciones, para ellos mismos, nunca hicieron una cadena con los escritores que se quedaron allá, porque el mundo literario se mueve con base en favores, y los mexicanos fueron quienes ayudaron a ambos... y eso es cuestión de ellos”. (Aguilera Garramuño)

Hace ya muchos años que conozco a Marco Tulio Aguilera Garramuño, es un amigo que aprecio, siempre me alegran sus logros literarios que, afortunadamente, son muchos. Se que es polémico, pero de igual forma se que es una buena y agradable persona. Muy buen escritor. Nació en Colombia, pero tiene ya muchos años de vivir en México, particularmente en la ciudad de Xalapa, trabaja en la Universidad Veracruzana.

Su relación con García Márquez la he observado siempre a través de lo que escribe, aunque sin opinar sobre ella. Marco Tulio sabe que no soy admiradora del autor de Cien años de soledad, salvo esta novela lo demás no me llama la atención. Las opiniones de Marco Tulio Aguilera, sobre diversos temas, son a veces fuertes, y aunque uno quizá piense lo mismo de lo que comenta por considerar que lo que dice es cierto, no nos atrevemos a expresarlo, él sí que se atreve. Así como otras veces podemos estar en total desacuerdo con lo que manifiesta.

En este libro, en el apartado "Encuentros con García Márquez", nos enteramos de la primera vez que conoce al que en esos momentos era su héroe: Gabriel García Márquez. No se si lo siga siendo, creo que sí:

Fue a finales de 1975, en el local de la revista Alternativa, en Bogotá. Recuerdo que algunas secretarias se asomaron a la ventana. Alguien gritó: ¡Ahí viene el Patriarca!
Don Gabo entró apresuradamente, saludó como si viniera de Olimpia, y se sentó tras un escritorio. Alguien me presentó:
-Garramuño, un muchacho que acaba de publicar una novela en Buenos Aires.
Tras darle la mano a mi héroe, le dije:
-No me gustó El otoño del patriarca.
Se echó hacia atrás en la silla ejecutiva y casi sin mirarme. (Gabo tiene o tenía una forma de mirar que nunca daba en el objetivo: sus ojos se paseaban por los alrededores, con la típica paranoia del perseguido). Dijo: -Pues si no te gustó es que no sabes nada de literatura.
Digna respuesta a una pregunta (o agresión) menos diplomática que un baile de elefante en una tienda de porcelanas.. Luego me habló de los estudios que habían hecho sobre su obra en Europa, de los grandes críticos que le habían alabado, de maravillosos lectores. (Años más tarde, en Xalapa me enteré de que Gabo nunca lee lo que se escribe sobre sus obras o su persona).

Como respuesta a la afirmación de que yo no sabía nada de literatura saqué de mi anciano maletín de cuero un ejemplar de Breve historia de todas las cosas y se lo dediqué: “Para Gabriel García Márquez, a quien pienso matar”. (Nótese que mi vocación de asesino no es oportunista. Ya tenía todo planeado desde 1974. Claro que luego agregué “…matar literariamente” (Lo dije por si alguien menos metafórico que yo asesinaba al Gabo y un detective encontraba el libro y yo terminaba en la cárcel por gracioso).
García Márquez toma el libro en sus manos, le da dos o tres vueltas y dice: -Eres muy joven. Se va y a la hora regresa, dice haber leído un par de capítulos y le expresa a Marco Tulio Aguilera: “-Se puede leer tu novela”. A partir de ese momento, la imagen del premio nobel colombiano comenzó a girar en la imaginación de Marco Tulio, “como un buitre”: “que había dicho en Madrid que las vacas marinas son parientes de las terrestres; que en Milán se le torció un pie; que en Lima practicó el boxeo en la vía pública con otro escritor de dientes grandes y saludables; que había dejado de fumar tras hacer una ceremonia en la que enterró los cigarros en el traspatio de su casa; que en su mansión (en México) de la Calle del fuego, Col. Pedregal de San Ángel, había criados con librea; que era abstemio de todo lo que no fuera champaña y asceta de todo lo que no fuera caviar; que quien quita y de pronto se lanzaba a la presidencia de Colombia; que mejor no. En fin”.

La anécdota que sigue tiene lugar varios años después. Tan solo de leerla uno se altera al pensar lo que vive García Márquez (y todos los famosos) cada vez que sale a la calle, realmente debe de ser cansadísimo. Con razón ya no quiere recibir a nadie. La escena es en Xalapa, en un hotel donde estaba hospedado el Gabo. Marco Tulio Aguilera, llega a buscarlo:

-¿Está Gabriel García Márquez? Pregunté en la recepción bajando la voz
-Gabriel ¿qué?... A ver.
Me dieron el número de su habitación pero nadie respondió al llamado telefónico.
-(…) Súbitamente el periodista Armando Rodríguez Suárez –ya en otro plano de existencia- me dijo, como quien señala a Supermán en el cielo: -Ahí va.
Iba seguido por dos o tres personas. Caminaba apresuradamente y los otros semejaban pollos tras el gallino mayor.
Alguien lo detuvo antes de que bajara la escalera. Lo alcancé y, optimista, le tendí la mano.
-Quihubo.
Me miró como quien mira un vendedor de enciclopedias.
-¿Se acuerda?... Marco Tulio… Aguilera… Garramuño… ¿Se acuerda?
-¡Claro! –dijo estrechándome la mano con flojedad (…)
Era obvio que no se acordaba de mi ilustre cara.
-El de Breve historia de todas las cosas.
-Ah, sí –murmuró distraído, ajeno por completo a mi entusiasmo.
-Escritor colombiano…
Finalmente preció detenerse, plegó las alas y adoptó su personalidad de Clark Kent. Dijo:
-Ahora sí me acuerdo. El de la novela de todas las cosas. Tenemos que hablar.
Pero ya se había acercado una periodista, Rosa Elvira Vargas. Gordita por entonces agresiva, bastante joven, le llenó los ojos y lo hizo retornar a su personalidad de superhéroe.
-El problema Marco Tulio, es que tengo un compromiso con esta potranquita. Me comprometí a responderle unas preguntas. Pero voy a estar al lado de la piscina. Te espero dentro de 15 minutos.

Cumplidos los 15 minutos, me acerqué. La compacta y bien dotada periodista, todo un espectáculo de coquetería enfilando sus baterías contra aquella pieza de caza mayor, me miró con el recelo con que mira un niño comiendo pastel. Un niño que teme que le quiten mitad de su pastel. Cinco o seis periodistas, apostados estratégicamente –tras la vidriera de la cafetería, fingiendo leer diarios en sillas cercanas, disfrazados de agentes de la CIA- tuvieron un movimiento de rebelión. Era evidente que estaban haciendo fila y que yo me había colado por delante de varios.

-La entrevista es para la potranca –dijo García Márquez con dureza.
-No vengo a pedir nada ni a hacer entrevistas –dije levantándome de la silla.
Le di la espalda y comencé a alejarme.
-Ven acá, cabrón –(supongo que esa es una palabra cariñosa en la costa atlántica colombiana, de la misma forma que la palabra “huevón” significa “amigo”, y no, como en México, que significa “perezoso”). No pareces cachaco –estaba sonriendo y me tomó del brazo.
-Mira, estoy cumpliendo un compromiso. Mañana vienes a las ocho de la noche y cenamos juntos.
Al día siguiente, cuando llega Marco Tulio al hotel Xalapa, se dirigen a otro Hotel, el María Victoria y… La reunión que tiene lugar es genial, pueden leerla en este libro. Yo recuerdo este encuentro con tantos escritores, fue un homenaje a Onetti, que el Instituto de Investigaciones Lingüístico Literarias le organizó, estaba en la dirección Jorge Ruffinelli, a quien guardo gran estima. Vinieron escritores, críticos, estudiosos de la literatura de todo el mundo, los estudiantes de letras en esos tiempos estábamos fascinados y no solo nosotros, fue un encuentro internacional excelente.

Pero continuando con el libro, hay otros capítulos que vale mucho la pena leer: “La creación del cuento”, “La mecánica del cuento erótico”, “Erotismo y sentido de la poesía en Lolita”, “¿De dónde salen los cuentos?”, “El gran modelo (notas sobre el erotismo y la literatura)”, “Mi reino por un caballo. El arte de la novela”, y mucho más.

Dietario voluble: Enrique Vila-Matas

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E

nrique Vila-Matas, Dietario voluble (Barcelona: Anagrama, 2008)

“Cuando uno lleva muchos años ya en el mundo, comienza a preguntarse si la experiencia de tanto tiempo le ha servido realmente de algo y si ha aprendido cualquier cosa que pueda resultar útil para sus hijos, discípulos, amigos. Como no tengo hijos ni discípulos, me concentro en los amigos. Los reúno mentalmente en un cuarto en tinieblas, como si estuviéramos en una reunión de espiritismo. Se crea cierta expectación ante lo que pueda ahora decirles. Agoto todas las posibilidades de no tener que hablar, porque en realidad tener que transmitir algo a la posteridad es un problema, un grandísimo problema y un coñazo. Pero finalmente me obligan y digo: -Los que mejor han hablado de la muerte han muerto” (Vila-Matas)

Qué goce leer Dietario voluble, es de los libros de Vila-Matas que más he disfrutado. Es como estar al lado del escritor y conversar con él o caminar juntos por la plaza de Saint-Sulpice y sentarnos en el café "donde Georges Perec espiaba horas y horas lo que allí podía verse" y, de pronto, decidir viajar a la "ramplona ciudad de Sofía" y regresar al otro día a un Madrid nevado o amanecer en la Plaza del Comercio de Lisboa o escuchar, en el café del Tromostovje, que el poeta Alex Steger, le cuenta que:

Era de noche y había neblina. Y James Joyce iba en ferrocarril hacia Trieste. Creyendo que había llegado a su destino, descendió por error en Liubliana. James Joyce viajaba con toda su familia hacia su nuevo trabajo en Trieste y, como no disponía de dinero para pasar la noche en un hotel de Liubliana, se quedó ahí en la Estación Central aguardando a que pasara el tren del día siguiente.

Y así, de suceso en suceso extraordinario nos vamos adentrando en las obras y las vidas literarias de muchos escritores narrados a través de la voz y la inteligencia de Vila-Matas. Pero, además, también penetramos en la intimidad del escritor catalán: en sus sensaciones, en sus recuerdos, en sus vivencias, en sus sentimientos, en lo que le gusta y le indigna, admira y rechaza, en su amor por la escritura, la literatura, la pintura, el arte, en sus miedos:

En unas instrucciones de Julio Cortázar para tener miedo, doy con un párrafo que habla de un pueblo de Escocia donde venden libros con una página en blanco perdida en algún lugar del volumen. "Si un lector desemboca en esa página al dar las tres de la tarde, muere".
El miedo a los aeropuertos comienza mucho antes de llegar al control policíaco, en realidad empieza ya en el momento mismo en que nos despertamos y ponemos un pie en el suelo. Se ha agravado tanto la distancia entre Estado e individuo, entre singularidad y colectividad, que vivimos en una permanente situación de terror que, por si acaso aún fuera preciso, la televisión y todos los medios ligados al poder, cómplices perfectos de ese estado de pánico general, se encargan de recordárnoslo a todas horas. Por eso, despertarse en algún lugar de Occidente significa actualmente hacerlo en el centro mismo del círculo del terror. Si para colmo ese día tenemos que ir al aeropuerto, el asunto se agrava. Aunque parezca chocante, en los países árabes se puede vivir con más sosiego que en nuestros pueblos y ciudades, aunque eso no va a decirlo nunca la televisión, tan obligada como está a difundir sistemáticamente el pánico. Es más, sospecho que llegará un día en que tendremos tics aéreos y, por ejemplo, nunca nos quitaremos el cinturón de seguridad en casa para ver la televisión: llevaremos una repugnante vida de avión en nuestros hogares. Y es que los embrutecidos aeropuertos de hoy sólo son un anuncio del pavoroso futuro que nos espera.
Lo que continúa diciendo de los aeropuertos, y de taxis que llevan a éstos, es fenomenal y totalmente cierto. Al acabar sobre el tema, con la frase “los embrutecidos aeropuertos” e inmediatamente de un espacio en blanco, habla de algo que me incluye dentro de los “tarugos”, aunque nunca lo dije sí lo cavilé; sin burla, solo pensé que era exagerado las más de mil entradas que existen en el diario de Bioy Casares, donde puede leerse “Come Borges en casa”. Pero miren lo que apunta Vila-Matas:

Como dice Juan Villoro, son difíciles de encontrar, a excepción de Lennon y McCartney o de Laurel y Hardy, asociaciones artísticas del siglo pasado tan fecundas como los escritores y Bioy Casares, y en todo caso imposible dar con una asociación más duradera. Toda clase de detalles domésticos y literarios se encuentran en el Borges de Bioy, uno de los más simpares libros biográficos de la literatura en español (…) No han faltado tarugos hispánicos que se han burlado del voluminoso libro-diario de Bioy porque en él hay más de mil entradas donde puede leerse “Come Borges en casa”. A mí no me llama la atención esa frase insistente, sino el hecho lateral de que Silvina Ocampo, la mujer de Bioy, insistiera en inventar cada día ante su marido una excusa nueva para evitar que Borges fuera a comer a su casa. Esa actitud de Silvina me lleva a pensar en todos cuantos hoy en día darían cualquier cosa por tener a Borges invitado a cenar. Es curioso observar cómo ese lujo de sentar a un genio a tu mesa era diariamente despreciado por la mujer de Bioy, lo que demuestra lo aleatorio de los criterios y ansias humanas, pues muchas veces lo que uno desea tanto y no consigue, a otro no le interesa nada y sin embargo lo logra, del mismo modo que alguien de pronto es asaltado por el dolor mientras nosotros abrimos una puerta o caminamos por el campo tranquilamente…

¿Será que lo doméstico –ese veneno que acabaron las pasiones y que también llamamos cotidianidad- lo arruina todo? ¿Será que ver de cerca de los genios les hace perder interés y los desmitifica? (…) ¿Era Borges un ser algo pelmazo para Silvina? ¿Es el genio, como insisten algunos, una persona insoportablemente normal en la vida cotidiana? ¿Se puede ser genio todo el rato?
¡Qué razón tiene!

Llegamos a la Plaza Sordello y de ahí lo acompañamos a Barcelona, al festival Fet a Méxic, él escribió en el nombre de México: “En realidad escribo en el nombre de México desde hace dos décadas, desde que por primera vez vi ese país arrebatador, fascinante. (…) México me fascina porque, en su paraíso perdido de las máscaras, me encuentro a la deriva y paradójicamente en casa. Entonces me digo que soy de Veracruz. Llevo a México en el corazón y más que lo voy a llevar”. Y de México viajamos a París, después a Roma, donde somos testigos de su encuentro con Claudio Magris (que hace menos de veinticuatro horas había estado con su hijo mayor en un bosque finlandés buscando setas) y la anécdota del abrigo, cuando Magris de pronto recuerda “cuando en el invierno del año pasado en Madrid confundió mi abrigo con el suyo. Le digo que desde aquel día llevo con especial orgullo mi abrigo y a quien quiera oírlo le digo: “Me llamo Magris como todo el mundo”. Sonríe, tal vez desconcertado”.

Termina ese 2007 que le deja a Vila-Matas, una sensación de desagrado. "En París, creo estar en un lugar apropiado pra darle el portazo que se merece, dejarlo ahí sin un adiós, despedirlo a la francesa. O, mejor dicho, a la inglesa. Filer á l'anglaise. No se merece nada mejor este año":

Nada me parece más plúmbeo como los domingos y como las despedidas de fin de año. Tienen la mala sombra de recordarnos el paso inexorable de los días a pesar de que el Tiempo no sabe que pasa el tiempo. En los domingos, por ejemplo, hasta respirar se convierte en un lamento. Y es que en los domingos uno siente que han dejado de existir las relaciones entre las personas y las actividades de cualquier tipo. En los domingos padecemos el tiempo y es como si todos contuviéramos el aliento y probáramos a ver cómo será el más allá. Los domingos son una enfermedad no visible, como un mal interior, una enfermedad moral. Los domingos son espantosos. Pero aún hay algo peor: las celebraciones de fin de año. Nos recuerdan, al igual que los domingos, que ha pasado una semana más, en este caso, un año. Nos recuerdan el paso del tiempo y, encima, tenemos que festejarlo.
Dietario voluble es un libro que atrapa. Su lectura la podemos empezar a la mitad, desde el inicio (lo más recomendable) o al final, los años 2005, 2006, 2007, 2008 componen su índice. Pero no sólo se goza su lectura, también se aprende mucho: sobre el arte de escribir, sobre la escritura y la lectura, es toda una geografía literaria, teórica, gramática, antológica, especialmente humana. Me queda mucho por decir de este libro, es inagotable. Vila-Matas se siente cerca, muy cerca, al irlo leyendo nos sentimos en ese cuarto en tinieblas, como si estuviéramos en una reunión de espiritismo.



Por otra parte, en el Dietario se desarrolla al principio la idea de que me he retirado y encontrado un narrador al que le pago para escribir; por eso elegí para la portada la fotografía en la que estoy de espaldas, para decir que soy y no soy. En el Dietario estoy y no estoy.

Ilustración de la portada: Olivier Roller

Un amor clandestino: Gilles Rozier

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G

illes Rozier, Un amor clandestino (Barcelona: Salamandra, 2006)

Un amor clandestino es una novela sin gran novedad respecto al tema: la Francia ocupada por los nazis en los años de la segunda guerra mundial. Ya viejo, el narrador-personaje desde el presente narrativo nos cuenta a nosotros los lectores, y al grupo que lo acompaña, lo que vivió, miró y realizó en esos difíciles años. La música de Schumann, la luz tenue y el té hecho en la tetera de su abuela, conforman la atmósfera de lo que escucharemos a partir de ahora.

El narrador es un tipo especial: no se conduele ante los problemas de los demás, es muy objetivo en sus apreciaciones, desde la infancia se acostumbró a disimularlo todo: "pasiones, angustias, decepciones. En casa no se exteriorizaba nada". Es amante de la lengua alemana, la lectura, la literatura, particularmente Thomas Mann es para él casi un Dios y cuando ponen en la lista negra a algunos autores, él no puede dejar de vivir sin su Mann, "que era mi umbral de tolerancia respecto al ocupante". Así que decide montar una sala de lectura en el sótano "con unas tablas sueltas, un vetusto sillón y una lamparilla de escritorio", a la que baja por la noche sin que nadie se entere.

Esta sala de lectura es su lugar secreto al que accede "a través de una pequeña abertura ojival practicada en la pared de la parte más oscura de la bodega. Tenía que entrar a cuatro patas, como un animal. Disimulaba la entrada tras unas banastas vacías que, una vez dentro, podía volver a colocar sin dificultad. ¿Quién iba a descubrir el escondite de mis escritores preferidos? ¿A quien se le ocurriría buscarlo en casa de una intrigante que se acostaba con un miembro de la SS?". La "intrigante" era su hermana Anne, viuda ya, que tiene relaciones sexuales con un miembro de las SS que la visita en su misma casa:

Ella gemía de placer en el primer piso. La araña de cristal del salón tintineaba al ritmo acompasado de los golpes de cadera del alemán. La guerra era tan triste que había que hacer algo para divertirse. Mi hermana estaba de luto, la pobre. Follaba para olvidar. Le encantaba que el enemigo la penetrara, por eso gritaba. Se entregaba a él, igual que su país. Después de la Liberación, un vecino la violó ante los aplausos de todo el vecindario. El espectáculo transcurrió delante de la verja del jardín. Yo me había unido a la muchedumbre de curiosos. Anne estaba irreconocible con la cabeza afeitada. Se la veía flacucha. Estaba en cueros, no sólo la piel del cráneo, sino todo el cuerpo. Era la primera vez que yo la veía desnuda.

El protagonista es profesor de alemán en un instituto de una pequeña provincia francesa, su vida transcurre con rectitud. Un día, mientras daba clase y explicaba a las estudiantes el uso del genitivo después de la preposición während, llega a la puerta del aula el director de la escuela seguido por dos alemanes con uniforme de la Gestapo, y le ordenan los acompañe. Con mucho miedo por ignorar el motivo de esta acción, se entera al llegar al palacete Barres, antes sede del banco regional y en ese momento lugar de la Gestapo, que gracias a su conocimiento del alemán lo requerían para efectuar varios trabajos de traducción e interpretación, "apenas unas horas a la semana".

Y es aquí donde la novela cobra más energía, brío, interés. Sucede que va a entregar al cuartel de la Gestapo una de sus traducciones y mientras espera sentado frente al despacho de Des Roulieres, conoce a un joven, un judío polaco, Herman. Sin pensarlo dos veces decide esconderlo en su lugar secreto, en su sala de lectura, en su sótano...

En plena guerra mundial con su país ocupado por los nazis, un profesor intachable, casado con una mujer con la que nunca ha tenido nada (ni plática), oculta a un judío polaco en el sótano. Arriba, mientras tanto, en el primer piso está su hermana con el soldado alemán y en la cocina su madre. Él, baja todas las noches a platicar con Herman y a limpiar el orinal, esto durante más de dos años. Suceden muchas cosas más que tal vez se imaginen o tal vez no...

Mexicanos detenidos en Barcelona: Juan Villoro

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a primera noticia de que Barcelona es una zona de conflicto me la dio el escritor mexicano Tryno Maldonado, quien estuvo detenido varias horas en el aeropuerto de El Prat. Desconfiaron de los informes que daba acerca del festival que lo había invitado a la ciudad. Después de la tortura psicológica, pudo pasar. Como en alguna ocasión Tryno fue confundido con mi hijo, pensé que quizá su apariencia no era muy selecta para la capital del turismo fashion. Poco después, Jorge Volpi pasó por el mismo infierno, y hace unas semanas, Esteban Rossi, profesor de la Universidad de Princeton, se vio ante igual predicamento. Aunque se trataba de invitados con gastos cubiertos, pasaron por humillaciones en la aduana.

Su problema era ser mexicanos. Aunque las fronteras son, en sí mismas, operativos discriminatorios, y en todas hay quienes despiertan suspicacias, llama a escándalo que se hostigue a visitantes ajenos a todo deseo de quedarse a lavar platos. Esto da pie a una indignación superior. Si Jorge Volpi (Premio Seix Barral, doctor honoris causa por la Universidad de Salamanca, director de Canal 22) es tratado como un menesteroso, ¿qué sucederá con los latinoamericanos que llegan a cuidar enfermos? La desinformación ha hecho que la paranoia cunda en las webs de turismo a España y algunos aconsejan llevar fotocopia de las escrituras de los amigos que te invitan.

Por desgracia, El Prat tiene la peor fama de los aeropuertos españoles. Como barcelonés vocacional, ofrezco nombres de catalanes exiliados a los que nadie molestó en la aduana mexicana. Escritores: Josep Carner, Agustí Bartra, Pere Calders, Avel.lí Artís-Gener Tísner, Anna Murià, Lluís Ferran de Pol, Ramon Xirau, Màrius Torres, Joan Sala, Artur Bladé i Desumvila, Lluís Ferran de Pol. Editores: Bartomeu Costa-Amic, Joan Grijalbo, Ramon Fabregat i Arrufat. Antropólogos: Pere Bosch i Gimpera, Joan Comas. Arquitecto: Feliu Candela. Médicos: August Pi-Sunyer, Pelai Vilar i García, Pelai Vilar i Puig. Matemático y astrónomo: Marcelo Santaló Sors. Historiador: Josep Maria Miquel i Vergés. Pintor: Vicente Rojo.

¿No basta esta lista para darle la bienvenida a un mexicano?".

(Es claro que Juan Villoro, está bastante molesto con esta increible situación que se está viviendo en España, y con toda razón. Lo que para mi es también incomprensible, es que las autoridades mexicanas no hagan nada al respecto. ¿Qué pasa con Relaciones exteriores? ¿con Derechos humanos? No lo se, pero esperemos que no se duerman en sus laureles. La nota de Villoro, la tomé del blog del escritor, Tryno Maldonado y fue publicada aquí).