23 de febrero de 2009

El tormento de los saquitos de cuero: Heimito von Doderer

Heimito von Doderer, El tormento de los saquitos de cuero, trad. Javier García Galiano (México: Universidad Veracruzana, 2005)

La primera vez que escuché hablar de Heimito von Doderer fue a través de Juan García Ponce, gracias a él la literatura austriaca llegó a México. En su libro Tres voces (México: Aldus, 2000) se encuentran ensayos sobre Thomas Mann, Robert Musil y Heimito von Doderer. Juan García Ponce fue el introductor de Robert Musil en lengua española, a la cual, en aquel entonces (finales de los 50' e inicios de los 60'), ni siquiera estaba traducido. Los primeros en publicar algunos de sus relatos fueron el mismo García Ponce en la Revista Mexicana de Literatura y Huberto Batis en Cuadernos del viento. Las tribulaciones del estudiante Törless fue editado por Sur y hasta 1969 Seix Barral publicó El hombre sin cualidades "con el espurio nombre, dice el escritor yucateco, de El hombre sin atributos, en una aborrecible traducción". Sobre Heimito von Doderer, García Ponce publicó en 1966 un artículo en la Revista de la Universidad y otro cuando murió a los sesenta años en el suplemento cultural de Siempre!

Los demonios de Heimito von Doderer (título igual a la obra Los demonios de Fedor Dostoievski), es "una obra tan basta como El hombre sin cualidades". En esta novela "Viena aparece descrita con todo detalle en los más diferentes ambientes, desde los más bajos fondos hasta la más refinada aristocracia. La novela tiene más de cien personajes y todos son inolvidables". Este escritor austriaco (1896-1966) perteneció a una de las familias más ricas del Imperio Austrohúngaro; sin embargo, tras la Primera Guerra Mundial, la familia perderá una gran parte de su fortuna lograda a través del trabajo de su padre.

El cuento que abre este libro de seis relatos es "El tormento de los saquitos de cuero", como el título del libro. Todo inicia cuando han pasado algunos días después del entierro de Coyle, un solo y viejo avaro (que parecía "un tubérculo o un cono truncado ambulante, con una piel de pipa, el sapo del panal"), y llega a la casa del narrador (quien nos está contanto la historia que ya pasó) el anciano Mr. Crotter, su amigo más cercano en vida y más rico que él. Eran las nueve en punto y una humeante niebla invernal se extendía frente a la ventana. El narrador, en ese entonces, era el abogado de Mr. Crotter quien lo visita porque quiere relatarle un asunto referente al difunto Coyle. El narrador cree que es por lo del testamento pero Mr. Crotter le comenta que no sabe nada de ello, se acaba de encontrar por casualidad con el notario en la calle y le mencionó que estaría ahí con él, por si algo se ofrecía mientras tanto.

Al ser Mr. Crotter el único amigo de Coyle, el narrador supone que, al menos, llevaron una buena relación. Sin embargo, le dice Mr. Crotter:

Un arpía cualquiera iba de día y se encargaba de lo indispensable. En la cocina, él solía pararse detrás de ella para cerciorarse de que no le pusiera demasiada grasa al sartén. Yo mismo llegué a verlo. Cuando iba a verlo, mi criado tenía que empacarme comida, pero no sólo eso, si únicamente quería tomarme una taza de té, debía disponer que me llevaran todo: servicio, té, azúcar, incluso el alcohol para la tetera. Un día no llevé nada y él, con tranquilidad, se comió a cucharadas su sopa de pan viejo mientras yo lo miraba. Nunca me ofreció nada, ni siquiera tabaco para fumar pipa.
No obstante, Mr. Crotter no detesta ni odia a Coyle, sabe que fue un hombre muy interesante que había recorrido todo el mundo. Era otra la cuestión que quería hacerle saber a su abogado, el narrador de "El tormento de los saquitos de cuero".

Mr Crotter comienza con su historia: El punto era que Coyle había coleccionado distintas cosas a lo largo de su vida. Un día el avaro condujo a su amigo, Mr. Crotter, por toda su casa hasta que llegan a una habitación apartada en el ala izquierda. "Los lugares por los que pasábamos estaban deshabitados, oscurecidos por postigos cerrados en las ventanas y, desde luego, inenarrablemente fríos. Coyle se limitaba a un solo cuarto. Cuando llegamos hasta el final, prendió la luz y en el gabinete empolvado, pero muy espacioso, en el que nos encontrábamos, abrió un viejo ropero, que en un principio parecía no guardar más que algunos impermeables y gabanes. Coyle los hizo a un lado, se pudo ver una caja de hierro, una caja sólida, si bien, según me di cuenta a primera vista, de una construcción antiquísima; del año de la canica, por decirlo así".

Coyle abre la caja fuerte y permite a su amigo asomarse al interior. Adentro de ella estaba todo muy ordenado. Lo que ve Mr. Crotter lo deja impactado: "en unos escalones rojizos, gruesos y acolchonados, dispuestos uno encima de otro, como en las vitrinas de los museos, en tres hileras, estaban sentados pequeños saquitos de gamuza. Fíjese bien cuando digo: estaban sentados". Al verlos Mr. Crotter les atribuye pequeñas piernitas que se balanceaban bajo los escalones. Y este fue el principio de toda una aventura para Mr. Crotter.

Cada uno de los saquitos llevaba un gran número adelante, en el estómago, impreso en oscuro sobre gamuza gris. En total estaban sentados treintaiséis, los números uno al doce en el escalón más bajo, del trece al veinticuatro en el de en medio, del veinticinco al treintaiséis en el de hasta arriba, ordenados de izquierda a derecha. Coyle le enseña a Mr. Crotter una lista colocada dentro de la puerta de la caja fuerte, que indicaba el contenido exacto de cada criatura. Por ejemplo: "número veintiuno, treintainueve piezas, peso anotado por separado".

Unos saquitos contenían grandes brillantes y cada piedra se encontraba además en una funda de piel de corzo, marcada con una letra del alfabeto, y el sumario de cada saquito mencionaba todos los datos de cada piedra. Otros saquitos guardaban perlas prodigiosas, otros los llamados nuggets, auténticas pepitas de oro, casi todas más grandes que una avellana. El avaro Coyle le da a conocer su cámara del tesoro a su amigo Mr. Crotter, por confianza. Sabe que Mr. Crotter jamás le robaría. Y así es, a Mr. Crotter no le interesa para nada robarle; con todo, sin que nadie sepa Mr. Crotter realiza una impresión de cera de la llave de la casa de Coyle y cuando la tiene entra y va a la habitación donde se encuentra el tesoro del avaro...

¿Qué lleva a cabo Mr. Crotter en esa cámara del tesoro si no le interesa robarle a su amigo? ¿Lo descubre Coyle? ¿Por qué muere el avaro? ¿Qué deja Coyle en su testamento? ¿Qué sucede con los saquitos de cuero?

10 comentarios:

39escalones dijo...

Completamente desconocido para mí, una vez más gracias por abrirme la puerta a otros libros, otras historias...
Un abrazo.

carmen dijo...

Voy a tener que poner en el congelador tu blog,igual que mi tarjeta de crédito.Cada vez que hablas de un libro ,me entran ganas de leerlo,el presupuesto no me llega.Saludicos

Apostillas literarias dijo...

Alfredo, creo que de los escritores austriacos cuyas traducciones nos han llegado, Heimito von Doderer es de los menos conocidos, se podría decir que es casi desconocido. Y es una pena realmente.
Tal vez no ha tenido la publicidad que realizan para determinados escritores.

Apostillas literarias dijo...

Carmen, gracias.

Lo que dices sobre el presupuesto es verdad, los libros están muy caros, sobre todo determinadas editoriales ya abusan. Me comentaba mi librero que Anagrama va a subir sus precios. Se lee poco y con estos precios tan altos no se fomenta la lectura.
Te recomiendo estos libros que edita la Universidad Veracruzana, una excelente editorial y no tiene precios altos. Al igual sucede con Almadía.

¿De donde vienes? ¿te conozco?

carmen dijo...

No Magda,no me conoces.Yo conocí tu blog a través de otro,Hotel junto a la vía.No pertenezco al mundo literario,ni a ningún otro mundo de la Cultura,simplemente he estado muchos años apartada por múltiples razones,que no vienen a cuento,y hace unos meses cogí un ordenador y descubrí este mundo,para nada furibundo como alguien bautizó.Siempre me ha gustado leer y la música me encanta. Yo creo ,por lo menos para mí,que es el alimento del alma.Al principio no me atrevía a hacer comentarios,mis conocimientos ortográficos,no son buenos,pero un día me lancé a la piscina y aquí estoy.Visito muy poquitos blogs pero los suficientes para disfrutar.Aquí te los nombro;Hotel junto a la vía ,Entrenomadas,Farrapos de gaita,39 escalones,Días de menta y canela,Antón Castro y el tuyo,que encima tiene una música estupenda.Esto te lo escribo porque me lo has preguntado,y no me importa decírtelo .Si tu quieres publicarlo como comprenderas,no tengo ningún inconveniente.Ya ves soy de lo más normalito pero eso no quiere decir nada ¿vedad?Saludicos

carmen dijo...

Gracias Magda por tu recomendación de la editorial Veracruzana,la tendré en cuenta.Saludicos

Fernando dijo...

Con algunas literaturas ocurre que unos pocos nombres acaparan el interés en el exterior, como Zweig O Jelinek en el caso de la literatura austriaca, que están muy bien, pero oscurecen a veces irremisiblemente a otros nombres del mismo interés.
Algo más que he aprendido hoy.
Un abrazo.

Ferragus dijo...

En estos días, estoy por empezar con Thomas Mann.
En el párrafo inicial, mencionas el trabajo del escritor mexicano, Juan García Ponce, el cual me dejaría a un paso de Doderer. Haré todo lo posible por conseguir ambas: Tres voces y Los demonios. Si me va bien (espero que así sea) te cuento.
La reseña que realizas del primer cuento, es entretenida y me ha dejado en la ruta de Heimito von Doderer. Gracias.

Un beso, Magda.

Juan Carlos Sánchez dijo...

Últimamente no me dejo caer mucho por tu blog, y hoy he comprendido lo mal que hago. Como siempre, me has descubierto un nuevo nombre, otro escritor que leer. He pasado un tiempo (bastante tiempo) alejado de la blogosfera, pero tengo intención de levantar a Octaedro del fango. Y no hay nada mejor para volver a ponerse en marcha que encontrar nuevas referencias, nuevo material para leer y comentar. De veras que te lo agradezco.

Antonio dijo...

Escribes bien bonito.

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