Nicholas Hughes era un notable investigador de la fauna marina de Alaska, según se lee en los diarios. Dicen estas notas que "durante muchos años fue denostado –sobre todo por organizaciones feministas– por haber supuestamente provocado el suicidio de su mujer con sus infidelidades. A saber...
Cuando Sylvia Plath se suicidó tomó la precaución de sellar con toallas mojadas la puerta de la cocina, para no afectar a sus hijos Nicholas y Frieda, de uno y dos años de edad, respectivamente, a quienes dejó abrigados y dormidos en el cuarto de al lado, y con galletas y un vaso de leche para cada uno. A pesar de toda la atención mediática que recibió el caso, Hughes mantuvo oculta la verdad a sus hijos hasta que éstos llegaron a la adolescencia.
Seis años después, como si se tratara de una pesadilla recurrente, la compañera del escritor, Assia Wevill –quien en su momento fue esposa de su amigo el poeta David Wevill–, se quitó la vida de la misma forma que Plath: intoxicándose con gas, sólo que en esta ocasión también murió la hija de Ted y Assia, Shura.
A causa del dramatismo de la historia familiar –que incluso fue llevada al cine en 1993–, muchos de los comentarios giran más en torno de los suicidios que del talento literario de Sylvia Plath o su ex esposo, quien murió de cáncer en 1998.
Nicholas Hughes fue recordado por su hermana Freida como una persona amable y un amigo fiel".


