20 de junio de 2009

Imre Kertész

("El escritor húngaro Imre Kertész en una de las terrazas del barrio berlinés de Charlottenburg, en el que vive. Está sentado a la sombra de frondosos árboles, con niños que circulan en triciclo, abuelas que disfrutan de la leve brisa y parejas de jóvenes que se cogen de la mano. Ante un refresco y una moderna iglesia de ladrillo rojo, ríe de buena gana. Brilla el sol, y se percibe el aroma de las flores de un puesto callejero. Los ojos verdes de Kertész se lanzan a menudo en la piscina azul de los de su mujer, Magda; acaban de cumplir once años de casados y bromean continuamente. "Bueno, para coger fuerzas tomaré una pizza de salchicha, por favor. ¡Y una cerveza!")

En el 2007, Magazine hace una entrevista a Imre Kértesz. En ella, el nobel 2002 dice cosas que me parecen muy interesantes:

En muchas de las novelas de Kertész, la policía pide a los personajes que se conviertan en confidentes y les redacten informes. Esas escenas cobran actualidad cuando, en países como Polonia o Alemania, surgen voces a favor de una "caza de brujas" contra los colaboradores del comunismo. Para Kertész, es hipócrita escandalizarse: "Tras la caída del muro, nadie quiso aceptar que colaboró con el estalinismo. Ahora que han pasado tantos años, descubrimos que muchas personas de quienes no sospechábamos nada estaban ejerciendo de confidentes, como el escritor checo Bohumil Hrabal. Pero no podemos ser simplistas y encasillar a esta gente como si fueran lo mismo que los dirigentes totalitarios".

Tampoco Günter Grass, el Nobel que ha confesado su paso por las SS, es juzgado severamente por el húngaro: "Era un joven que vivía en un Estado en el que la radio, las películas y todos los mecanismos estatales iban en la misma dirección, y era natural que empezara a pensar así".

El Imre Kertész que hoy nos acompaña en una ruta por su Berlín predilecto tiene poco o nada que ver con aquel joven de 14 años a quien, un día de 1944, en Budapest, cuando se dirigía a la fábrica a trabajar, le obligaron a bajar del autobús para llevárselo al campo de concentración. Auschwitz, Buchenwald y Zeitz fueron las paradas de su vía crucis. Le llamaban por un número (el 64.921), le pusieron un uniforme a rayas, le raparon el pelo al cero y le afeitaron axilas y genitales. El joven Kertész aprendía a disfrutar fugazmente de los rayos de sol o del calor de una sopa, mientras su espíritu se envilecía, frente a las humeantes chimeneas donde los nazis iban quemando a sus compañeros. "Desprendían un olor pastoso que jamás podré olvidar".

Antes de detenerse a comprar fruta, en un pequeño colmado que exhibe su mercancía en la acera, nos confiesa que "el Nobel me ha hecho vivir muchas experiencias bonitas, pero también otras bastante malas. Vengo de un país muy pequeño, donde la envidia es muy fuerte, y se produjeron actos antisemitas que me hicieron sufrir mucho", como la quema de libros suyos en la calle. "Hungría ha sufrido unas humillaciones que no han cicatrizado: tras la Primera Guerra Mundial, perdimos dos tercios de nuestro territorio nacional. Hungría es un Estado cada vez más abierto, que forma parte de la Unión Europea; sin embargo, escribo más para Europa que para mi país".

Lo que le gusta de la capital alemana es que "en ella vivo muy intensamente, experimento una sensación de profunda paz e intensidad. Me he dado cuenta, de repente, de que nunca había vivido en paz en ningún sitio: siempre había guerra, conflictos, dictadura".

–¿En Hungría no siente paz?

–No. Respiro rabia y destrucción. He vivido 40 años allí sin poder obtener un visado para salir al extranjero, y ahora disfruto por vez primera de una ciudad abierta y cosmopolita. Hablo la lengua alemana, mi editor vive aquí, y noto que la gente me quiere.
“No soy de derechas ni de izquierdas porque, sencillamente, lo político como campo de acción me resulta ajeno, no creo que esas etiquetas me sirvan para avanzar. Vemos cada día a tantos políticos flirtear con la libertad pero acostarse con la tiranía...”

El gran tema de su obra, pues, son “los estados totalitarios. He vivido tanto en el sistema nazi como en el comunista, y he visto cómo el poder transforma profundamente los cimientos del carácter humano. No hay diferencias entre nazismo y comunismo, ambos son el mismo totalitarismo político creado por la humanidad en el siglo XX, y que obliga a la gente a ser víctima o verdugo. Tanto en el gulag como en el campo de concentración no hay inocentes: víctima y verdugo, ambos, se implican en la lógica perversa del sistema. Yo he visto, en un campo, hacer cosas perversas por conseguir un pedacito más grande de pan”.

Su esposa Magda cuenta cómo se conocieron: "Soy húngara, pero vivía en Chicago desde 1956. Volví hace 13 años a mi país para abrir una oficina del estado de Illinois en Centroeuropa, conocí a Imre en Budapest y ya me quedé". Ante una tarta de manzana y nata, conseguimos que nos revele algunos detalles de alcoba: "Muchas noches, abro los ojos y veo que ya no está en la cama... porque se ha ido a la habitación de al lado a escribir. Escribe de madrugada, ¡durante horas!". Él, cabizbajo, lo confirma: "Duermo muy poco... y no consigo tampoco estar de vacaciones. Me llevo el ordenador y, mientras mi mujer disfruta de la playa, yo trabajo. Es como una obsesión, una manía, siempre me pica...".

16 comentarios:

igrgavilan dijo...

Una entrevista amable e interesante.

He descubierto hace poco a Imre Kertesz, leyendo 'Kaddish por el hijo no nacido' y me ha gustado la experiencia. He descubierto a un escritor reflexivo e inteligente...denso, para leer poco a poco, pero muy interesante.

Quiero leer más de él y sólo me retrae el que parece un poco encasillado en los temas relacionados con lo judío, el nazismo y los totalitarismos. No sé si es cierto o una falsa impresión.

Amaia dijo...

Me pregunto Magda¿cómo va a perder el tiempo durmiendo una persona que ha tenido esas vivencias,o mejor dicho,esa capacidad de supervivencia?
Un lado oscuro del ser humano,sórdido,porque tanto el poder como el miedo(este último justificado claro)toman senderos devastadores por la adopción de decisiones desesperadas.En fin,he aquí el gran misterio de la cartografía emocional,por qué,digo yo,no nos darán un manual de instrucciones para controlar emociones y sentimientos,tales como ambición,envidia,ira,codicia,en fin,toda esa materia del hemisferio derecho con la que bregamos día sí día también.Como siempre un placer tu entrada.
Saludos!

Magda Díaz Morales dijo...

gavilan, para mi Kertész es el mejor escritor vivo en la actualidad. Especialmente te recomiendo su novela "Sin destino", es magistral (tambi´pen la llevaron al cine).

No me parece "encasillado" en un tema, si bien si es monotemático. Pero eso no impide que en cada novela el tema sea tratado bajo diferentes ángulos. Dice Kertész que hay de hablar una y otra vez de este horror del siglo XX, para que no se olvide y no se repita nuevamente.

Y sus ensayos son notables, no solo sus novelas.

Magda Díaz Morales dijo...

Amaia, me he preguntado una y otra vez como han hecho los sobrevivientes de este horror, y de tantos otros, para vivir en la vida lo mejor posible.
Kertész estuvo en un campo de concentración a los 15 años, sus abuelos maternos murieron en el Holocausto nazi y sus abuelos paternos fueron asesinados bajo el régimen comunista de Rákosi.

Y como él dice, no pasó del campo de concentración al nobel...

igrgavilan dijo...

Gracias, Magda.

Si, 'Sin destino' está en mi lista de libros a comprar y leer.

princesadehojalata dijo...

Me hace mucha ilusión ver en estas fotos a un Imre Kertész feliz, disfrutando de los pequeños placeres que nos da la vida (que al final son los únicos). Leí Sin destino el año pasado y quedé desolada, por eso su sonrisa me ha dado paz. Un beso.

Juan Carlos dijo...

Lo que el poder, cualquier poder, hace con los seres humanos. Tenemos que vivir rodeados de controles y de límites, tanta es nuestra tendencia a abusar de los demás, aprovecharnos de ellos. Lo peor es la impunidad, el abuso de poder se da cuando es consciente de su impunidad. En ese momento es capaz de hacer cualquier cosa.

Me gusta esa frase "demasiados políticos flirtean con la libertad pero se acuestan con la tiranía".

Saludos

39escalones dijo...

Muy interesante. Desgraciadamente para mí, sólo he leído uno de sus títulos: "Liquidación".
Saludos.

Magda Díaz Morales dijo...

A mi también me causó alegría ver a Kertész sonriendo en esta fotografía. De igual manera verlo ante un puesto de frutas y con su esposa, que por cierto tiene un bello nombre :)

Sabias palabras las de Kertész, Juan Carlos.

Magda Díaz Morales dijo...

'Liquidación' es muy buen libro, aunque me gustó más 'Sin destino', Alfredo. Y acabo de leer su libro 'Yo, otro', y es más que excelente. En una nota, de Jaime Priede, sobre este libro (en Letras libres), dice:

"Cuando digo que soy un escritor judío, no estoy diciendo que yo sea judío. ¿Pues qué judío es aquél que no recibió una educación religiosa, que no habla hebreo, que apenas conoce, en el fondo, las fuentes de la cultura judía y que no vive en Israel, sino en Europa? Alguien para quien Auschwitz es la identidad judía principal y quizá única no puede calificarse de judío en cierto sentido." Imre Kertész (Budapest, 1929) revisa en el balcón del hotel Renaissance su intervención en el congreso "inútil" El legado de los supervivientes del Holocausto, que se celebra en abril de 2002 en Jerusalén. Contemplando la pálida puesta de sol en la ciudad que vio nacer a los dioses y en la que aquella misma mañana habían saltado por los aires cuerpos humanos destrozados al estallar el autobús procedente de Jaifa, busca los motivos por los que no puede solidarizarse con el pueblo al que pertenece. Un ejercicio de humildad y de sinceridad sin tabúes el discurso que pronunciará esa misma tarde titulado "Jerusalén, Jerusalén", tan brillante y emocionado como parcial: "Nunca he desempeñado el papel de árbitro imparcial: se lo dejo a los intelectuales europeos, y no europeos, que juegan ese papel de manera tan excelente como a menudo dañina".

FacuMetal dijo...

tu blog es exelente!!
felicitaciones!!
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saludos.

Fernando dijo...

Qué cierta es esa obsesión. A veces yo tengo que luchar internamente por no llevarme los papeles de escribir y ponerme a jugar con mis hijos en la playa o en el parque. Juegos, que, por cierto, son más gratificantes y vivificadores que esa tirana escritura.
(Aclaro que no pretendo compararme con el maestro)
La paz e intensidad de la que habla el gran Kertesz se respira también en esta entrada, Magda.
Un abrazo.

Diana Duque dijo...

este post me atrapo! :D

Magda Díaz Morales dijo...

* Te comprendo perfectamente, Fernando. Además, los hijos crecen demasiado rápido, hay que aprovecharlos a lo máximo. Nada más importante que ellos.

Un abrazo

* Qué bueno, Diana. Gracias.

Horacio Parenti dijo...

Un gran escritor! Pero dice barbaridades como hacer equivalentes el nazismo con el comunismo. La comparacion correcta seria entre el capitalismo nazista y el capitalismo liberista.
El comunismo es lo mejor que puede esperar la humanidad.

Magda Díaz y Morales dijo...

No dice barbaridades, al menos para él no.

No, no creo que el comunismo sea lo mejor que puede esperar la humanidad, tenemos varias muestras. Pero se respeta toda opinión.
Saludos, gracias por el comentario.

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