18 de junio de 2009

Palabras inciertas

Un colega me envía esta nota publicada en El pais hace unos días. La escribe Antonio Muñoz Molina y la titula "Cerca del origen". Dice el primer segmento:

Antes que los libros y que la escritura fueron las historias contadas en voz alta; mucho antes que las palabras fue el juego, la pantomima, el canto, facultades que los seres humanos compartimos con algunas especies animales; en el canto está el desafío y la llamada, el estremecimiento de un estado de ánimo colectivo; en el juego, el germen de la ficción: perros, monos, delfines, fingen, igual que nosotros, que se persiguen y se atacan, y al hacerlo establecen un ámbito que no es el de los actos verdaderos, el de los gestos útiles que tienen resultados tangibles: el hueso de plástico que el perro se afana con tanto entusiasmo en perseguir no va a alimentarlo; mucho antes de articular una palabra inteligible el niño sabe fingir que conduce un coche con gestos muy parecidos a los de su padre e imitando el ruido del motor, o que monta a caballo sobre un palo de escoba. Antes todavía, recién llegado al mundo, es capaz de adivinar, sin que nadie se lo haya enseñado, un cambio sutil en la atención de un adulto. Ve una mirada que se mueve y él mueve la suya; observa una expresión de alegría o de estupor o de pena y la imita tan certeramente como dentro de no mucho tiempo imitará una voz. Tan instintivamente como sabe adherirse al pecho suculento de su madre el bebé está practicando casi desde que abre los ojos el ejercicio mental sin el que no es posible ninguna forma de ficción: ponerse en el lugar de otro. En los primeros años de la vida abarcará el tránsito de muchos milenios de evolución, del grito y el mimetismo gestual y la melopea a la palabra inteligible, al relato organizado, a la lectura y la música, a la sofisticada expresión plástica, al juego de representar lo que no se es y lo que no existe. Irá haciéndose adulto y dará igual que lea o no novelas, que se aficione al cine o a los videojuegos o que decida consagrar el esfuerzo íntegro de su inteligencia en ganar mucho dinero o en difundir el mensaje de una religión o en atracar bancos o en triunfar en la alta costura: haga lo que haga, lo sepa o no, su vida estará poblada de ficciones, la mayor parte de las cuales, aunque él o ella imagine que están recién inventadas, han venido contándose desde hace al menos varios miles de años, y serán muy parecidas a las que escuche o cuente cualquier desconocido en otro extremo del mundo. Cada ser humano, cada ser vivo, es una combinación única e irrepetible de un riquísimo material genético; la misma canción varía cada vez que alguien la canta, aunque sea la misma persona en épocas diversas, en días sucesivos; cada historia es distinta a cualquier otra y cambia sutilmente cada vez que se cuenta, como muy bien sabe el padre o la madre que ha de repetir cada noche el mismo cuento a un hijo y sin embargo se las arregla para introducir sutiles variaciones. Pero entre todos los seres humanos y todas las historias hay un grado de familiaridad que se corresponde con la desconcertante unidad genética de la especie.

Seguro que estaremos de acuerdo con la mayor parte de lo que señala. Pero veamos a continuación. Iré por partes:

A una parte de los teóricos universitarios de la literatura (y a los demagogos de la política) estas similitudes les producen una agresiva irritación.

No se a que se refiere con "A una parte". No se si no desea ser absoluto porque sabe que éste no existe (lo absoluto) y escribe "a una parte" como para salvar lo total y por lo tanto imposible. No se puede decir que todos los teóricos de la literatura (o todos lo que sea) piensan de determinada manera y por eso apunta "a una parte", para salvar lo radical. No creo que los teóricos universitarios de la literatura estas similitudes les causen "una agresiva irritación". Por supuesto que no. ¿Qué diría Barthes o Greimas (tal vez bastaría leer su libro De la imperfección para hallar una respuesta) o Ricoeur o Eco, al respecto?

Termina diciendo:

Las teorías literarias dominantes desde hace décadas (sobre todo en las universidades anglosajonas), se basan en una clasificación semejante de los seres humanos y de los productos de su imaginación: las obras de literatura carecen de verdadera sustancia, o de cualquier correspondencia con la vida de quienes las escriben o con el mundo en el que surgen; son emanaciones de discursos de opresión o discursos que manifiestan identidades colectivas, tan cerradas sobre sí mismas y tan ajenas entre sí como las culturas tribales que estudian los antropólogos; atribuir a una obra literaria un valor universal es tan ridículo como buscar rasgos humanos, conductas o incluso percepciones que sean naturales, o principios éticos que merezcan ser respetados por igual en cualquier lugar del mundo; en último extremo, la literatura es siempre un sucedáneo, un residuo de algo: del poder patriarcal, de la construcción de la identidad, etcétera.

Sinceramente, quedo asombrada e incrédula ante estas palabras ¿serán verdaderas? o ¿son consecuencia de una broma?

16 comentarios:

Amaia dijo...

Me quedo con lo que,sin ser teórica de nada,me parece más fiel a la verdad,al menos mi experiencia personal así me lo demuestra:la literatura como residuo de algo,de ese algo que es la vida,como sucedáneo de esa vida.Siempre he oído ese tópico:la realidad supera la ficción,qué gran verdad,relativa por supuesto.Y pienso en lo que haya yo leído y me haya quedado grabado en la memoria,y pienso en si eso que quedó gravado corresponde en algo con mis propias vivencias o vivencias ajenas cercanas o no,y la respuesta es que sí,que se limitan a ser residuos de eso que viví o ví,en fin,no sé si aporto nada Magda que yo teórica de nada soy.Me gustan las entradas que te obligan a la reflexión y las tuyas siempre obligan.

carajo dijo...

a una parte del señor le debe faltar la agresiva irritación necesaria para estar vivo

Palimp dijo...

Personalmente estoy casi totalmente en desacuerdo con ese último párrafo. Entre otras cosas porque considero que sí hay rasgos naturales en el ser humano, que sí hay principios éticos universales, que los seres humanos nos parecemos mucho más de lo que nos diferenciamos.

Magda Díaz Morales dijo...

Es increible leer: "Las teorías literarias dominantes desde hace décadas, se basan en una clasificación semejante de los seres humanos y de los productos de su imaginación". Esto es una enorme mentira, más grande y larga que darle la vuelta al mundo en veinte minutos.

Tal vez, aunque obviamente no lo se de cierto, algun teórico universitario de la literatura le dijo algo a su obra que a él no le agradó porque los pone al nivel de los "demagogos de la política". Esto si es de completa risa.

Cristian dijo...

Hola,

Las tendencias críticas tienden a uniformar la línea de pensamiento. No hasta el punto de llegar a pensar lo que se afirma en ese artículo.

La relación entre un escritor y un crítico es siempre rica en detalles, y difícil.

La literatura es otra cosa...

Magda, gracias por esta entrada.

Abrazo

Ferragus dijo...

En el primer trozo no tengo mayores reparos; con excepción del hecho de suponer que de manera instintiva, así como el niño busca el pecho materno, éste juega a ponerse en el lugar del otro; considero más plausible, trasladar éste último, al ámbito intelectual del niño.
Con el último párrafo, tengo la sensación de contradicción con el primero; eso de negar el valor universal de una obra, no me queda claro; cuando a mí entender, esta estaría hecha precisamente, con aquellas cosas que le es común a la humanidad toda. Quizá un autor bien podría no ser universal, pero una obra ¿Por qué no?
Si el autor negara la existencia de lo ‘absoluto’ ¿No estaría siendo absoluto, y con ello, confirmando la existencia de lo que se intenta negar?
Gracias por tu trabajo, Magda. Un beso.

kathrina k dijo...

me encanta leer a tu blog. inteligencia, sensibilidad... refinamiento filosófico y literario.
gracias... por existir.

febade dijo...

Bien, la última parte de su texto, (que bien se podría reducir a sus últimas frases, noto una necesidad por apoyar lo que dice) no la comparto.

Una obra es considerada universal por el poder de introspección del ser.
Una obra que se defina de esta manera debe impulsar la empatía y la inteligencia del lector, y percibir el instinto primigenio del alma.

Un saludo

akurion dijo...

por que no pones el articulo completo?

Magda Díaz Morales dijo...

Muchas gracias por su visita y comentarios.

Un abrazo para ustedes.

Juan Murillo dijo...

No ví el texto completo, pero me parece que trata de hacer una recuperación del papel del individuo (autor) en la obra de arte, algo que ciertamente esta devaluado en la teoría literaria actual y que él, como autor, logicamente le parece mal. Supongo, no lo sé, que habla de las divisiones que se hacen en EEUU de la literatura en étnica/Poscolonial, Pluriculturalista/posmoderna y minimalista/blue collar... o alguna otra categorización semejante. No se puede saber bien porque no está completo el artículo.

Magda Díaz Morales dijo...

Precisamente, Juan, por lo que comentas afirmo que lo que dice en esta nota AMM es totalmente incierto. Ni a los teóricos universitarios de la literatura les causan "una agresiva irritación" estas similitudes que comenta ni, tampoco, es cierto que el papel del autor-individuo en la obra de arte esté "devaluado" en la teoría literaria. La teoría literaria no "devalúa" a nadie, esto significaría decir que desprecia o desvaloriza al autor-persona de unan obra. La Teoría literaria no es filosofía, no es moral, no se toma estos papeles.
Lo que me parece hace la Teoría literaria es adentrarse a la obra literaria, no a la vida de su autor y a los chismes o no chismes que hay alrededor de ésta.

No se puede analizar una obra literaria, por ejemplo, y decir: "Me parece que aquí el autor expone todo su trauma sufrido a los 5 años". Nada más disparatado e intuitivo. Los pensamientos de un autor al escribir una obra jamás se conocen realmente como para afirmar cosas que la obra no te "dice" cuando la lees: solo sabemos de una obra lo que el narrador nos cuenta en la historia que estamos leyendo. Y esto es obvio, le guste o no le guste a AMM.

En El pais puedes leer, si gustas, el articulo completo.

Gusto en saludarte.

Juan Murillo dijo...

Ya me lo leí detenidamente aquí:
http://www.elpais.com/articulo/semana/Cerca/origen/elpepuculbab/20090613elpbabese_2/Tes

La verdad es que no estoy de acuerdo con él, tiene una posición positivista anacrónica que asume que la verdad solo nace de la ciencia (y sin embargo se dedica a la literatura). Ahora que lo leí con cuidado, me parece que sus ataques son suficientemente escuetos para ser producto de algún resentimiento personal. Algún análisis lacaniano le habrán hecho a su obra y no le gusto. Esta parte, en particular, es terrible:


Por los mismos años en que los teóricos universitarios de la literatura se encerraban en su antipática palabrería identitaria y separatista, las ciencias verdaderas, la biología, la neurofisiología, estaban revelando exactamente lo contrario: la profunda unidad que subyace debajo de todas las variantes inagotables de la vida, incluyendo la humana;

En esta contraposición absurda se ve que Molina adopta de lleno la postura neopositivista (Dawkings, Pinker, Dennet, etc) que informa a Boyd en su libro sin cuestionarsela. Eso sucede cuando uno lee algo que le parece que explica lo que uno siempre ha creído, osea prejuicio a priori. El prejuicio no está mal, sin embargo, lo que está mal es que Molina no sepa que lo tiene.

La verdad nace de la ciencia, pero tambien de la literatura, y del estudio de la literatura.

Magda Díaz Morales dijo...

De acuerdo contigo en lo que dices.

En lo único que difiero, es en que "los teóricos universitarios de la literatura" no nos hemos encerrado jamás en "antipática palabrería identitaria y separatista", eso es falso. Habrá, por supuesto, teóricos universitarios pedantes, que toman de pretexto a la Teoría literaria para hacerse notar de la forma que señalas, al igual que hay escritores, industriales, científicos, lecheros, modistas, políticos, etc., pero de eso a que nos hemos "encerrado en palabrerías pedantes y separatistas", jamás.

La Teoría literaria tiene, es cierto, su vocabulario especial, como lo tienen tantas disciplinas más (pensemos en las matemáticas, por ejemplo), pero lo que ofrece la Teoría literaria es una herramienta para adentrarnos al análisis del dicurso lo más científicamente posible, esto es: sin imaginar o solamente intuir y decir barbaridades psicologistas que la obra (la historia o diégesis) de arte (sea literia, pictórica, etc.) no te "dice" (como el ejemplo que anteriormente te comenté).

Lo que dices al final me parece excelente. Asi lo creo yo también.

Juan Murillo dijo...

Vengo a aclara lo que dije porque veo que deje por fuera las comillas y no se entendió.

La frase que empieza "por los mismo años" y que termina con "incluyendo la humana" es una cita que hice del texto de Molina, que a mi me parece terrible. Yo no creo que debamos acercar la literatura, ni su análisis a la ciencia. Son cosas distintas que abarcan formas distintas de saber o entender y generan verdades distintas. Por eso criticaba a Molina por neopositivista.

Prometo la próxima no olvidar las comillas.

Magda Díaz Morales dijo...

Con razón no estaba de acuerdo con lo que va entre comillas :)

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