12 de octubre de 2010

La ignorancia del placer

Fragmento del ensayo "La ignorancia del placer", de Juan García Ponce.

‎"Con asombro, con irritación, con tristeza, pero sobre todo con una tenaz paciencia he recorrido las copiosas páginas que Mario Vargas Llosa dedica a examinar La historia del ojo de Georges Bataille, y a las que, con un sorprendente poder de anticipación de sus errores, ha titulado "El placer glacial".

Recuerdo haber leído en otro ensayo de Vargas Llosa que la narrativa de Bataille no le interesaba o la consideraba la parte más débil de su obra. Ahora me parece saber por qué: no la entiende y a partir de esa incomprensión -cuyos motivos trataremos de puntualizar- la reciente admiración que lo lleva a dedicar todo un largo ensayo a la primera novela de Bataille resulta un tanto patética.

Con aplicación de buen maestro de literatura, Vargas Llosa acierta tal vez cuando desmenuza la novela para vrastrear en ella la presencia del surrealismo y de la novela gótica y nos conmueve cuando hace una apasionada defensa de los derechos del sueño, la imaginación y el deseo. Son para él el campo de la libertad absoluta y merecen nuestro respeto. Respetamos su respeto pero no estamos seguros de que Georges Bataille lo respetaría del mismo modo. Nunca logró aceptar por completo la literatura y uno de sus títulos es precisamente El odio a la poesía. Este odio provenía, de la generalmente aceptada capacidad de la poesía para hacer vivir el deseo como imaginación y sueño en vez de como realidad, una realidad feroz, terrible y por eso mismo también sagrada y con una estrecha relación con la esfera religiosa.

Quizá nuestra irritación con el ensayo de Vargas Llosa se deba a estos aspectos. Es un ensayo laico, orgulloso de su racional ateísmo y Bataille es un escritor religioso, profundamente irracional y que no puede dejar de sufrir la ausencia de Dios. No nos interesa detenernos en las que podrían considerarse inexactitudes, ignorancias o equivocaciones en la parte del aplicado profesor de literatura Mario Vargas Llosa (...)

Ante las falsas justificaciones con que Vargas Llosa se protege y nos protege de los peligros de la novela podemos suponer que la única verdad que su ensayo nos comunica es que los hombres decentes no deben escribir sobre libros indecentes".

Una amiga dice que "en los contenidos, en la visión del mundo, no radica la calidad de escritor alguno", y voy de acuerdo. Sin embargo, es interesante leer este artículo: Contra la escritura letrada de Vargas Llosa.

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