15 de noviembre de 2011

Josefina Vicens

El martes inician las celebraciones por el centenario del nacimiento de la autora de dos novelas excepcionales, El libro vacío y Los años falsos, a quien su sobrino Adrián Villagra Vicens califica como “una estufa en combustión”.

Josefina Vicens concebía la literatura como un angustioso placer con el que uno siempre está inconforme. Era perfeccionista e implacable correctora de sus textos. Publicó dos novelas El libro vacío (1958) y Los años falsos (1983) acaso, como ha señalado la crítica, las suficientes como para mostrar los alcances de una sólida prosa.

Fue una lectora voraz y una trabajadora constante. Le decían La peque por su constitución y porque desde muy joven comenzó a frecuentar un ambiente laboral. Además de las novelas, escribió guiones cinematográficos, artículos de opinión y uno que otro relato. Nació en Tabasco, el 23 de noviembre de 1911. De padre español y madre mexicana. Tuvo cuatro hermanas: Lourdes, Amelia, Isabel y Gloria. Su sobrino, Adrián Villagra Vicens (hijo de Lourdes), actualmente es el representante de la obra de Vicens, cuenta que la familia se reunió y llegaron a un acuerdo: lo que querían era difundir la obra, que contara con más lectores y no regirse por intereses económicos. Así ha ocurrido.

En 2006 se editaron en el Fondo de Cultura Económica (FCE) las dos novelas. Lamentablemente no se incluyó la carta de Octavio Paz, a manera de prólogo, que el poeta escribió en 1958, porque su viuda Marie Jo no estuvo de acuerdo. Está por ponerse en circulación la tercera impresión de dicho libro del FCE. Por otra parte, según comenta Villagra Vicens, alguien tuvo la iniciativa de subir a la red El libro vacío. La editorial italiana Angelica Editore, localizada en Cerdeña, se puso en contacto con el sobrino de Vicens, para poder publicar en italiano la novela. En Italia conocieron a Josefina Vicens en 2008, año en que se publicó el libro.

Al año siguiente Ediciones Sin Nombre y la Universidad del Claustro de Sor Juana editaron Josefina Vicens: la inminencia de la primera palabra, de Daniel González Dueñas y Alejandro Toledo. A la entrevista que sostuvieron los escritores con Vicens se añade dos conversaciones: una con Martín Casillas y otra con Matilde Landeta, quienes conocieron de cerca a La Peque.

Matrimonio por conveniencia

No cabe duda que la narradora era la rebelde de la familia, afirma su sobrino. “Dentro de ella había una estufa en combustión que requería salidas, necesitaba sacar esa energía. Por hartazgo de mis abuelos, por la necesidad de salirse del hogar paterno, se casó con José Ferrell. En realidad fue un matrimonio que duró poco tiempo, fue por conveniencia para que ambos pudieran salirse de sus respectivas casas.” Ferrell, descrito por la propia autora, era “un lector empedernido, un magnífico lector de Gide” y fue la persona que la presentó con Xavier Villaurrutia, Salvador Novo y Elías Nandino.

Uno de sus últimos deseos antes de quedarse completamente ciega era volver a contemplar “La niña muerta” (1938), obra que años atrás le había regalado Juan Soriano. “Fue al Museo de Arte de Filadelfia y le solicitó al curador que le mostrara el cuadro que originalmente le obsequió Juan y que en algún momento le pidió prestado y, por azares del destino, ya no se lo devolvió. El curador del museo permitió que entrara al acervo del recinto y admiró, con emoción, el cuadro”.

Relata su sobrino que cada vez que Josefina Vicens se cambiaba de casa, lo más valioso para ella era ver donde iba a colocar su biblioteca personal, pero en especial, la obra de Marcel Proust.

Via | Mary Carmen S. Ambriz.
México, Milenio, 14.11.11.

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