18 de septiembre de 2005

Semiótica de la cultura

En su breve ensayo "El hábito hace al monje", Umberto Eco habla de la comunicación no verbal: nuestras posturas, nuestros gestos, la ropa, la manera de caminar, el diálogo mudo con la persona que amamos ("la intensidad de la mirada", "la promesa sobreentendida", "la pasión emitida como una carga eléctrica"), el ver a alguien de determinada manera, etc. Uno de los apartados más interesantes es cuando habla del lenguaje del vestido que no sólo sirve para transmitir determinados significados, sino, dice, también para identificar posiciones ideológicas:

Quien haya estudiado a fondo los problemas actuales de la semiología (los signos) no puede hacerse el nudo de la corbata, por la mañana ante el espejo, sin tener la sensación clara de seguir una opción ideológica, o, por lo menos, de lanzar un mensaje, una carta abierta, a los transeúntes y a quienes encuentra durante la jornada. El vestido es comunicación.

O sea , algunos signos que se emiten en la comunicación no verbal, como en el vestir, pueden ser para afirmar esa pertenencia, o no, a determinada clase social: "la señora que hoy se pone un abrigo de pieles no lo hace para protegerse del frío; al contrario: probablemente hace frente a la incomodidad de un calor excesivo para poder manifestarse como 'portadora de abrigo de pieles' ".

Este párrafo me hizo pensar en que la cultura es información, lo sabemos, pero entonces la percepción tiene un lugar primerísimo, subjetivo sí, pero no pasivo, así como las impresiones, algo más inmediato dentro de la experiencia de percibir algo o a alguien. Si como dice Eco la comunicación no verbal sirve también para identificar posiciones ideológicas, ésta adquiere vital importancia si se desea cambiar las cosas del mundo, es como apuntaba Saussure: si se mueve una pieza en el juego de ajedrez, cambia todo el juego, todo el sistema. Las culturas se forman, se transmiten sus paradigmas y los significados que guardan convirtiéndolos en la representación de la comunicación, esa forma en que las sociedades se relacionan con los signos y entre sí, pero vemos que no solamente lo hace a través de la lengua, también a través de la comunicación no verbal, y si cambia aquella, cambia ésta y viceversa.

No es sencillo cambiar las cosas de o en el mundo, por supuesto, pero más dificil se vuelve si seguimos sosteniendo, manteniendo y alimentando ideologías heredadas por las instituciones dominantes que manipulan la conciencia de los individuos. ¿Por qué si algo nos parece "no deseable" seguimos en eso, o seguimos permitiéndolo, sin ningun intento de cambiarlo o, al menos, demandarlo? Un ejemplo sencillo y puede ser hasta bobo, pero sólo es para ahondar brevemente: ¿por qué si no nos gusta que alguien escriba "ke" en lugar de "que" no le decimos: "¿sabes?, si sigues escribiendo así esto se heredará y es una distorsión muy fea que haces del alfabeto, me gustaría que lo pensaras por favor" o algo más profundo: "las religiones, muchos gobiernos, los políticos, los dogmas, han hecho un daño insondable a la humanidad ¿podrías pensarlo por favor?". Creo lo que dice Merleau-Ponty: "la libertad no está más allá del mundo, sino en contacto con él".

2 comentarios:

Martín dijo...

Estimada Magda

Aunque no es reciente, este post me pareció muy interesante. Hay que preservar el lenguaje recordando por ejemplo que se escribe "que" y no "ke".

En lo que a mí respecta, tus correcciones han hecho que ya nunca más olvide que México se escribe con "x". Y me hiciste un favor que te agradezco. Como siempre un placer visitar tu blog

Un saludo

Martín

Raúl Urbina dijo...

¿Dónde puedo encontrar el artículo de Eco que comentas? Me interesa mucho.

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