27 de octubre de 2005

Epokhé

“Toda conciencia es conciencia de algo y ese algo no es la propia conciencia” (Frase fenomenológica)

Las interrelaciones humanas son complejas, no es sencillo que exista la armonía entre unos y otros, considero que ayuda trabajar en ello y aprender a dar, a recibir y a tolerar, eso es lo más dificil. Cada ser humano tenemos una perspectiva o visión de la misma situación, e interpretamos de acuerdo a cómo vemos el mundo y la experiencia que guardamos (Eco la llama competencia). Es sumamente fácil emitir juicios: "ella/él es así", "ella/él hizo esto", "ella/él no me quiere", y etc., etc. Siempre estamos emitiendo juicios o emiten juicios sobre nosotros, es dable hacerlos, conozcamos o no al sujeto del juicio. Los juicios son muy serios, dañan al otro, a veces poco o a veces mucho, dañan porque no nos quedamos con ellos, los emitimos, los comunicamos y difundimos, y lo hacemos la mayoría de las veces sin conocimiento pleno de esa persona a quien se los prodigamos. Nos convertimos en jueces de la vida de los demás. "Es un envidioso", "es pagada de sí misma", "se cree el último huevo de dinosaurio en el planeta", y así al infinito.

¿Qué sucedería si intentáramos suspender los juicios? La fenomenología de Husserl nos ofrece una manera inteligente de hacerlo a través de su epojé o reducción fenomenológica. Ésta consiste en poner entre paréntesis las vivencias para poder modificar nuestra forma de vivirlas. Puestas entre paréntesis vamos a las cosas mismas, abordando cada una de estas "cosas mismas" con la mayor profundidad posible, pero suspendiendo juicios, "comprendiendo el fenómeno desde dentro", dice Husserl, eso que aparece ante nuestra conciencia (el fenómeno). Vinculados ya a nuestras vivencias, quedamos introducidos en el espacio de nuestra conciencia y desde ahí miramos a los otros y al mundo.

Me parece que este es el momento culminante al que nos entrega la epojé fenomenológica: al mirar a los otros y al mundo, percibo que ese otro que emitió un juicio sobre nosotros tiene una intención, pero ella no importa porque es extraña a mi, es lo que dice el otro para mi, no lo que realmente soy. "Lo que yo soy" no es lo que él dice que soy, sino lo que su intención dice que soy y su intencionalidad “no hace más que explicitar el sentido que el mundo tiene para él", como señala el filósofo en sus Meditaciones.

Es enriquecedor saber que cuando se emite un juicio sobre nosotros basta con ponerlo entre paréntesis, realizar la epojé fenomenológica para que su objeto (su intención) quede ahí entre paréntesis, o sea: inexistente. Paralelamente abstenernos de hacer juicios, nada más inteligente...

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