El destinador con la función expresiva.
El código con la función metalingüística.
El mensaje con la función emotiva.
El destinatario con la función conativa.
El contacto o canal con la función fática.
El contexto con la función referencial.
Cuantas veces no nos sucede que entramos a un blog cuyo tema se percibe interesante, pero no comprendemos con claridad lo que expone, esto se debe no al tema en sí o a lo largo que pueda ser, sino a la manera de presentarlo al otro, al lector o destinatario. Fulanito puede hablar de física cuántica y nosotros ignorar qué es esto, pero si el destinador, utilizando su función conativa, piensa en nosotros, sus destinatarios, comprenderemos el contexto y su referente y se abrirá el canal o contacto entre los dos y la función fática es exitosa.
Puse el ejemplo de un blog por ser lo más cercano, pero igual sucede si hablamos con otro de algo muy sencillo, por ejemplo: entramos a un café y nos encontramos con un amigo que hace tres años no vemos. Después de los abrazos y saludos ¿qué pasaría si le decimos sin venir al caso (al menos para el otro): "Sin duda, ser o no ser es el problema". Seguro que el otro de inmediato piensa que algo nos sucede, la comunicación se ha roto y en su lugar se instala todo, menos el éxito comunicativo.
La importancia de las funciones del lenguaje deberíamos de tenerla siempre presente.



