16 de agosto de 2005

La comunicación verbal

Cuando nos comunicamos con alguien no tenemos presente todo lo que sucede en esta comunicación. Según Roman Jakobson, toda comunicación verbal entraña seis factores: el destinador que, utilizando un código, produce un mensaje, para el destinatario, gracias a un contacto, a propósito de un contexto. A cada uno de estos factores corresponde una función: la expresiva, la apelativa, la representativa, la fática, la poética y la metalingüística (posteriormente añade, además, una función estética). Quedaría así:

El destinador con la función expresiva.
El código con la función metalingüística.
El mensaje con la función emotiva.
El destinatario con la función conativa.
El contacto o canal con la función fática.
El contexto con la función referencial.

Todas estas funciones del lenguaje son importantes, todas intervienen en la comunicación, pero en lo personal me parece que la fática es muy interesante al ofrecernos los recursos para una eficacia comunicativa. Por ejemplo, como lo fático tiene que ver con el mantener abierto o cerrado el canal o contacto con el otro, no debemos de dejar a un lado el "ir a ver", estar pendientes si este canal funciona como debe de ser o, al menos, si funciona lo mejor posible. Cosa que considero poco llevamos a cabo, más bien nos comunicamos sin pensar, digamos por naturaleza y muchas veces porque nos cae bien o mal ese otro frente a nosotros, pero sin tener ya asimilado la gran importancia del funcionamiento de este canal cuyo fin, dice el lingüista y filólogo ruso, "es consolidar, detener o iniciar la comunicación. El referente del mensaje fático es la comunicación misma".

Cuantas veces no nos sucede que entramos a un blog cuyo tema se percibe interesante, pero no comprendemos con claridad lo que expone, esto se debe no al tema en sí o a lo largo que pueda ser, sino a la manera de presentarlo al otro, al lector o destinatario. Fulanito puede hablar de física cuántica y nosotros ignorar qué es esto, pero si el destinador, utilizando su función conativa, piensa en nosotros, sus destinatarios, comprenderemos el contexto y su referente y se abrirá el canal o contacto entre los dos y la función fática es exitosa.

Puse el ejemplo de un blog por ser lo más cercano, pero igual sucede si hablamos con otro de algo muy sencillo, por ejemplo: entramos a un café y nos encontramos con un amigo que hace tres años no vemos. Después de los abrazos y saludos ¿qué pasaría si le decimos sin venir al caso (al menos para el otro): "Sin duda, ser o no ser es el problema". Seguro que el otro de inmediato piensa que algo nos sucede, la comunicación se ha roto y en su lugar se instala todo, menos el éxito comunicativo.

La importancia de las funciones del lenguaje deberíamos de tenerla siempre presente.

11 de agosto de 2005

Un amor: Dino Buzzati

Durante las primeras páginas de Un amor de Dino Buzzati, me vino a la mente la posibilidad de que García Márquez hubiese "copiado" el tema en su Memoria de mis putas tristes (un hombre mayor -aunque el de esta novela tiene 49 años, no es un anciano- enamorado de una prostituta muy joven), hablo solamente del tema, jamás de la manera de escribir, por supuesto (García Márquez no me gusta, salvo su Cien años de soledad ¿es de él?). Un amor toca lo sublime, la paradoja, las contradicciones, pero también los favores del amor. Me gustó especialmente lo que piensa Antonio, el protagonista, esas elucubraciones que hace reflexionando en lo que será o no será, en si pasará o no pasará, aunadas a su desesperación profundamente emotiva y a esa avasalladora pasión por Laide, la joven prostituta:

"¿Sabes lo que soy?", le dijo [...]. "Soy una nube. Soy un rayo. Soy un arco iris. Soy una niña deliciosa".
Estaba desnuda, arrodillada en la cama, abierta delante de él, lo miraba fíjamente con ojos impertinentes y adelantaba los labios, con aquella mueca suya característica, sus pequeños y finos labios: provocación y desafío infantiles. Mientras tanto, Antonio, con todo su ridículo instrumental literario en la azotea, la miraba fíjamente y con adoración, intimidado por tanta sabiduría instintiva.

Un gran escritor que no había leido antes, quise pasar a comentarles sobre ella, aunque sea muy brevemente.

6 de agosto de 2005

Mundos posibles

Uno de los temas que comentamos ya en una ocasión, es el de los Mundos posibles. Esta teoría que trabaja Umberto Eco (aunque parece que se origina desde el siglo 17, con Leibniz), es muy interesante porque partimos del mundo real para crearlos, aunque solamente alternan con él.

Cuantas veces escuchamos: "La novela es mucho mejor que la película" o "leí la novela y me pareció aburrida, pero la puesta en escena fue regia". Dos mundos posibles que no tienen que ser mejor o peor entre sí, simplemente son distintos, construidos con diferentes códigos y con base en diferentes modalidades, lo que las une es que las dos o las tres o las que sean (narrativa, pintura, cine, música), son obras de arte. Dice Adorno: "Las obras de arte se salen del mundo empírico y crean otro mundo con esencias propias y contrapuestas al primero, como si este nuevo mundo tuviera consistencia ontológica". Según esta reflexión, entiendo que el arte postula mundos posibles que alternan con el mundo cotidiano. La obra de arte, entonces, necesita ser tomada en cuenta como un todo. Los mundos posibles son tan reales como el mundo real (el mundo que habitamos), porque ese mundo de ficción posee una realidad dentro del texto, y nos la proyecta. Es esa realidad llamada Literatura.

Todos sabemos que las hadas no existen en nuestro mundo real, y lo sabemos porque no las hallamos en el supermercado o atravesando las calles; sin embargo, tampoco podemos negar su existencia porque sí existen, por supuesto, solamente que ellas habitan en un mundo posible, en el universo textual. Los objetos tienen varias maneras de vivir, modalidades de existencia que pertenecen a la semiótica (significación) narrativa. Cuando leo a un crítico literario que expresa: "Musil retrata en El hombre sin atributos la decadencia de la sociedad austriaca a través de Diotima, una mujer tan bella como estúpida" o "Lolita incita a los hombres mayores a ser pedófilos, debe de ser prohibida", me sorprende. Los actos de ficción son enunciados de ficción narrativa, mundos posibles sí, que reflejan muchas veces la vida, claro, pero no son habitables por nosotros (otra cosa es la novela histórica, cuya verosimilitud requiere de otro tipo de análisis porque intervienen dos discursos, el literario y el histórico).

Los mundos posibles son mundos de papel ¿que nos permiten soñar? sí, ¿qué nos permiten aprender? sí, ¿qué nos permiten anhelar? sí, ¿qué nos revelan, nos muestran, nos enseñan, nos conmueven?, por supuesto que sí. Los mundos posibles adquieren o pueden adquirir existencia en la medida en que son admitidos o proyectados por la mente humana, ella es quien los concibe.

4 de agosto de 2005

Recordando a Musil

"La ironía no es un gesto de superioridad sino una forma de lucha" (Robert Musil)

En El hombre sin atributos de Robert Musil, la bella Diotima y el matemático Ulrich, personajes de la novela, tienen esta conversación:

-¿Y qué haría usted -preguntó Diotima enfadada- si por un día pusieran a su disposición el gobierno del mundo?
-No me quedaría más remedio que abolir la realidad.

Ulrich, el hombre sin atributos, es un idealista y "los ideales, dice Diotima, tienen extrañas propiedades, entre otras las de transformarse en su contrario cuando se les quiere seguir escrupulosamente". Quizá no se pueda abolir la realidad, pero tampoco los ideales, en ellos va gran parte de nuestra forma de ver y caminar en el mundo, y nos permiten la empatía con otros y con nosotros mismos. Sin embargo, cada día percibimos más seres con deseos de abolir la realidad, como Ulrich. A veces creo que entre la realidad (o lo que llamamos realidad) y los ideales, no hay mucha diferencia.