17 de enero de 2006

Literatura y cine

"La vejez no es más que un pasado hecho presente" (Thomas Mann)

"Para el alma desterrada a la pesadez terrenal, que ha perdido sus alas, por así decirlo, y no puede volver a impulsarse hasta las alturas de lo verdadero, existe una experiencia por la cual le vuelve a crecer el plumaje y se eleva de nuevo. Es la experiencia del amor y de la belleza. En unas descripciones maravillosas, Platón concibe juntas estas vivencias del amor que despierta con la percepción espiritual de lo bello y del orden verdadero del mundo. Gracias a lo bello se consigue con el tiempo de nuevo el recuerdo del mundo verdadero. Este es el camino de la filosofía. El llama bello a lo que más brilla y más nos atrae, por así decirlo, a la visibilidad del ideal. Eso que brilla de tal manera ante todo lo demás, que lleva en sí tal luz de verdad, es lo que percibimos como bello en la naturaleza y en el arte, y lo que nos fuerza a afirmar que 'eso es lo verdadero' ".

Esto que nos señala Gadamer quizá le suceda a Aschenbach, el artista protagonista de la película "Muerte en Venecia". El sábado fue un día con lluvia y frio, día que aproveché para ver dos películas, una de ellas fue "Muerte en Venecia" que ya había visto, pero hace años. No se si hice bien o quizá no era el momento adecuado porque me dejó gran melancolía, lo que no sucedió la primera vez. Es impactante observar la diferencia entre juventud y vejez, entre elegancia y grotesco, entre vida y muerte, entre salud y enfermedad, entre tristeza y alegría, lo carnavalesco como burla al orden establecido por una aristocracia fuera de la realidad del mundo que la circunda, lo caduco. Oposiciones en las que media un gran abismo habitado por la misma existencia de quienes la conforman.

Este doble sentido o ambigüedad es característica del arte, al menos para Alfred, el amigo de Aschenbach. En una de sus interesantes conversaciones Aschenbach expresa su rechazo a "las virtudes demoníacas del arte", en cambio para Alfred justamente "el mal es lo que nutre al genio", culminando con la afirmación de que el arte es ambiguo, como esa ambigüedad que percibimos en un jovencito que encarna ese ideal clásico de belleza que enamora al artista, a Aschenbach, a quien "le vuelve a crecer el plumaje y se eleva de nuevo (gracias a) la experiencia del amor y de la belleza".

Pero ese amor a un ideal clásico de la belleza lo conducen por caminos insospechados. Si bien contemplar la belleza le ayuda a alimentar ese estado de creación que tanto necesita, de igual forma lo extravía entre su configuración, esa red de referencializaciones mutuas entre figura y figura, porque entre Tadzio y Aschenbach se establece un contrato fiduciario, ese "juego" donde participan dos y uno de ellos realiza un despliegue de persuación y seducción para que el otro atienda su llamado. En este caso, la belleza seduce, persuade, más la imposibilidad de ser apresada conduce, a quien es seducido, a la muerte. El arte no puede ser cazado, por ello "los artistas son cazadores en la oscuridad", como dice Aschenbach. Desgarra ver cuando Aschenbach cae agotado junto a un pozo en las calles de Venecia, persiguiendo a Tadzio como "cazador en la oscuridad". Esa risa que le brota de lo más profundo de sí mismo, y por sí mismo...

¿La realidad no está en las cosas sino en los ideales? ¿De nada sirve volver a los valores de una tradición ya sin sentido, rancia, añeja, colmada de mitos? Sin embargo, no todo es fétido como la peste que invade a Venecia ni tampoco todo muere, podemos hallar una luz en el arte, es él quien nos puede hacer mirar hacia el futuro y darnos una esperanza, así parece señalárnoslo Tadzio mientras las olas del mar acarician su piel. A través de él podemos escuchar aquellas palabras de Thomas Mann cuando dice que "Todo el amor a la humanidad está concentrado en el futuro; y otro tanto puede decirse del amor al arte. El arte es una esperanza"...

14 comentarios:

emejota dijo...

Querida Magda: a mí la visión de la película también me produce una honda melancolía pero, como ninguna otra, me produce valoraciones encontradas: no soporto la afectación extrema de Bogarde y, sin embargo, ninguna mirada como la suya para expresar a la perfección todo el torrente de emociones que le sacuden y que le van a llevar a perderse en el abismo. De la misma manera, hay aciertos plásticos de enorme belleza y quizá una simbología premonitoria en las primeros minutos por parte de Visconti pero le pierde el uso del zoom, del todo antiestético en mi modesta opinión.. No se trata del uso o del abuso del mismo, creo que es más bien una cuestión de "tempo": o demasiado rápido (casi siempre brusco) o demasiado lento. Pero el poso de melancolía flota, es cierto. Qué extraña experiencia.

(y Mahler)

Un abrazo

Magda dijo...

No te imaginas la diferencia que ha sido para mi ver esta pelicula hace 10 años y ahora. Han pasado tres dias de ello y aun siento esa melancolía que me ha provocado. Es algo muy especial: si la veo solamente como discurso: busco, encuentro, analizo, opongo, etc., todo lo que puedo hacer como interpretadora crítica, pero lo especial está que, por primera vez, se sobrepone a todo esto la cuestión anímica. Fuera de todo y tomando solamente las sensaciones, me ha causado opresión en el espíritu. Esa afectación que mencionas del personaje Aschenbach es impresionante, y qué me dices del burlón chimuelo, su burla a ese mundo aristocrático y su dolo al regresarse y pararse frente a la madre de Tadzio y después frente a Aschenbach.

Pero lo que más afecta, al menos a mi, fue ese perseguir lo imposible...

¿Mahler? ¡regio! ¡sublime! pero, también, cómplice adecuado...

Un abrazo, Mariano.

Trini dijo...

Desde luego que el arte es una esperanza.

Un abrazo Magda y muchos besos

LeeTamargo dijo...

...Impresiona el cambio que sufre Aschenbach. Enamorarse del bello muchacho representa el triunfo de los instintos, de la sensualidad salvaje imposible de contener. Thomas Mann plagó de simbolismos esta obra maestra...
SALUDOS, MAGDA: LeeTamargo.-

Julio Suárez Anturi dijo...

'Muerte en Venecia' me resultó de enorme sutileza y no podía sino ser filmada en los atardeceres solamente, como se hizo, para lograr esa tonalidad tristona que tu refieres. También es sutil en el punto en que ir tras la sublime belleza resulta transgresor. Los cánones varoniles quedan disueltos en tanto se persigue ese ideal.

DINOBAT dijo...

La realidad es lo que separa los sueños de los ideales....

Magda dijo...

Julio, a mi me parece que si bien es cierto que la atmósfera de los atardeceres nublados y un tanto grises sí contribuyen a dar esa "tonalidad tristona", pero en mi opinión no da tristeza, da melancolía, y no tanto los atardeceres y sus tonalidades, sino el significado de los diálogos, busquedas, burlas y acciones de los personajes.

Amor dijo...

Lo de que el arte es una esperanza lo comparto completamente. Ven a verme.

JoseAngel dijo...

No me extraña que le de la risa... claro, el amor platónico es para contemplar al ser amado, no para correr detrás de él.

Santino dijo...

Magda, me alegro de que hayas escogido en esta ocasión una de las obras que considero hito fundamental en la historia del cine, en la filosofía y en el pensamiento humano en general. Precisamente hace bastante tiempo subí un largo y aburrido artículo en el que comparaba el libro de Thomas Mann con la película de Visconti, tratando de entresacar qué hay debajo de este maravilloso argumento.

Muerte en Venecia la resumo con aquella famosa frase de Karl August von Platen: “quien ha contemplado con sus ojos la belleza está ya consagrado a la muerte”, que retoma el propio Borges en su relato La máscara y el espejo.

Entiendo perfectamente esa melancolía de la que hablas (no en vano suena el adagietto de Malher), pero a mí me deja confuso y extrañado. El patetismo de la muerte de Aschenbach es evidente, pero se abre una ventana a la esperanza simbolizada en ese Tadzio final señalando al infinito, como marcando el camino hacia la Belleza.

Interpreto que Aschenbach encuentra finalmente esa Belleza, luego esa melancolía se me pone cuando menos en duda. Mi gran pregunta es: ¿crees que cuando Aschenbach muere es feliz?, ¿no ha encontrado finalmente lo que buscaba?

En fin, podría hablar horas y horas sobre esta película... Por cierto, me he dado cuenta de que en cierta forma volvemos a coincidir en post, porque el mío hace referencia de alguna forma a esa búsqueda y a ese encuentro con el absoluto de Belleza.

Un afectuoso saludo.

Ana Isabel dijo...

La verdad no he visto la pelicula pero ahora me creaste la curiosidad. muy buen post.

Magda dijo...

Santino, fíjate que ayer pasé a la librería a buscar un libro que había encargado y platicando con mi librero, que en alguna ocasión hablé de él, le comentaba sobre que había visto esta pelicula y fue de inmediato por un libro que justamente analizan esta película. No lo compré, pero le di una hojeadita ahi mismo y decía cosas importantes, analizaba cada escena, quizá lo compre, no se, no trabajo mucho Literatura-Cine, pero se antoja tenerlo.

Si, la música de Malher influye mucho en esa melancolía, por ello decía que es una complice adecuada. La había puesto aqui en el blog y la quité porque me provocaba nuevamente esa melancolía.

Si, el final de Aschenbach es patético (muy impactante ver cómo le escurre la pintura por su cara... ¡ay!), y estoy de acuerdo contigo, como apunto al final, podemos hallar una luz, así parece señalárnoslo Tadzio, a través de él podemos escuchar aquellas palabras de Thomas Mann cuando dice que "Todo el amor a la humanidad está concentrado en el futuro; y otro tanto puede decirse del amor al arte. El arte es una esperanza".

Preguntas: ¿crees que cuando Aschenbach muere es feliz?, ¿no ha encontrado finalmente lo que buscaba? Me parece que Aschenbach sí ha encontrado lo que buscaba, pero ¿cuando muere es feliz?... No se Santino, no se... A veces pienso que sí, porque si ha encontrado lo que buscaba tiene por qué ser feliz, pero en otras ocasiones pienso que hallar lo que se ha buscado no siempre lleva a la felicidad cuando eso que se encuentra pertenece al futuro y uno se encuentra en un pasado ya caduco y sin sentido, vieño, añejo, como me parece que intenta decirnos la poética de Mann en esta obra.

Siento que se nos dice, en palabras muy coloquiales: deja ya de estar en un pasado muerto, ve hacia el futuro, deja convenciones establecidas, rompe con ese sistema y adelante, en el arte hallarás la respuesta.

Si, tienes razón, acabo de leer tu post y coincidimos de cierta manera, aunque de distinta forma pero el tema de la belleza cómo búsqueda está presente. Me gusta que coincidamos.

Un abrazo, Santino.

jio dijo...

...estoy con joseangel...

Utopista dijo...

Magda: Este comentario va por lo de Fadanelli. Este escritor me ha gustado desde su libro de relatos "El día que la vea la voy a matar", alguna vez lo reseñé para un fanzin que hacía en los años noventa. Cuando conocí la revista Moho seguí sus cuentos (sin firma) y también en espacios como aquel Sábado de Batis, y después en revistas insertadas en la prensa nacional; Guillermo Fdanelli me resulta muy simpático por sus dotes para la crítica. Cuando comenta acerca de filosofía, Fadanelli lo hace como a él le interesa: sin sistema, pues los filósofos asistemáticos son sus favoritos. Esta novela la quiero leer y espero llevarme una buena experiencia literaria.
¡Qué padre que escribas acerca de Fadanelli!
H.L.

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