10 de marzo de 2006

Ángeles del abismo: Enrique Serna

Enrique Serna, Ángeles del abismo (México: Mortiz, 2004)

Ángeles del abismo de Enrique Serna, atrapa desde el inicio. Dos historias se entrelazan después de los once primeros apartados, cuando las vidas de Tlacotzin, un indígena renegado, y Crisanta Cruz (inspirada en Teresa Romero, un personaje real del siglo XVII), una beata embaucadora, se unen. Alrededor de esta pareja de amantes se teje toda una comedia de enredos, siempre con un humor excepcional:

"¡Diego [Tlacotzin], ven por favor! ¡Ayudadme!
Con una palmatoria caminó hacia la alcoba de Cárcamo [un sacerdote estafador y rufián, a cuyas órdenes está Tlacotzin, es su pilguanejo], que estaba al borde de la cama doblado de dolor. Tenía el camisón empapado en sudor y jadeaba como un moribundo, tocándose el vientre con ambas manos.

- Tengo unos retortijones de padre y señor mío -se quejó.
- ¿Quiere la bacinica? -le ofreció Tlacotzin-. A lo mejor obrando se le quita.
- Ya lo intenté pero no puedo, estoy constipado. -Dijo Cárcamo.
- Esto me pasa por cenar tanto.
- Si quiere le puedo preparar un té de yerbabuena, para que le quite las cámaras.
- No, lo que necesito es una lavativa.

Preparado el enjuagatorio, Cárcamo le ordenó sacar el clíster que tenía debajo de la cama. Era un grueso tubo en forma de jeringa que desembocaba en una vejiga.
Entonces el prior se puso en cuatro patas, con el camisón arremangado hasta la cintura. Tenía las nalgas gruesas y peludas, y un ano sonrosado trémulo de angustia.
-Apaga la vela -Ordenó Carcamo-, no está bien que me veas así.

[Como el sacerdote no puede, dado las reglas de su orden, tocarse las "partes pudendas", ordena a Tlacotzin que le ponga la lavativa]

Como un explorador aventurándose en aguas pantanosas, Tlacotzin tentó las velludas nalgas del prior y trató de encajar el tubo en el ano con la mayor suavidad.
- Más fuerte -le ordenó el enfermo-, tiene que entrar hasta el fondo.
Tlacotzin empujó el clíster de un fuerte envión y arrancó un gemido de dolor a Cárcamo.
- ¡Me cago en mis muertos! -Dijo entre dientes, y Tlacotzin se quedó un momento paralizado.
- Sigue, sigue -le exigio el prior, y para descargar la tensión hincó los dientes en la almohada.

Volvió a encajar el tubo con fuerza y ahora sintió que entraba con más facilidad, gracias al ensanchamiento del recto.
-¡Ay, cuitado de mí! -se quejó Cárcamo, pero esta vez suspiró como si el dolor le causara placer".

Ambiantada en el México colonial del siglo XVII, esta novela picaresca escrita en el siglo XXI retrata con gran ingenio los vicios de la sociedad novohispana: la Inquisición, el saqueo, la corrupción, el engaño, la sed insaciable de poder de la iglesia católica que, junto a la monarquía española se adueñaron de un país sumiendo a los indígenas, dueños y señores de estas tierras, en la mansedumbre, el pánico, la humillación y la apatía consecuente.

El culto clandestino a los dioses mexicanos o prehispánicos también se asoma, las luchas internas y sociales que enfrentan los indígenas al ver arrasadas sus creencias y estar sujetos a la implantación de otro pensamiento totalmente ajeno: el cristiano. Ángeles del abismo es una novela conmovedora, narrada con maestría, con un humor estupendo y con personajes excelentemente configurados. Y hablando de éstos, además de los ficcionales recorren la narración personajes tomados de la realidad (ya comentaba sobre Teresa Romero), como una niña de ocho años que entrega a Tlacotzin y Crisanta una temprana pieza de teatro de su autoría; sí, es Juana Inés de la Cruz, nuestra Décima musa, antes de ser Sor, claro está. Asimismo, vemos transitar al poco conocido poeta y dramaturgo Luis de Sandoval Zapata (1618 o 1620-1671) (1), cuya obra fue tema para la tesis de licenciatura de Enrique Serna ("quizá el mejor poeta novohispano después de Sor Juana", expresa Serna) y que, como atinadamente señala Eve Gil, "pudo ser el Lope novohispano si los intelectuales en el poder, acaso envidiosos de su talento –"en el alma de los letrados mediocres, los laureles ajenos dolían como rejones al fuego"-, no le hubieran puesto el pie encima":

Goza hasta el último aliento
fandango, vino y mujeres,
que la vida sin placeres
no es vida sino tormento.
Bebe en mi boca de grana
la dulce miel del pecado
antes que disponga el Hado
nublar tu alegre mañana,
pues no hay peor esclavitud
que la del hombre piadoso,
encadenado al odioso
grillete de la virtud.

(1) José Pascual Buxó escribió un libro titulado Luis de Sandoval Zapata (FCE, 1986), es una edición homenaje-estudio de los textos en verso y prosa de este poeta, antecedido de un amplio ensayo introductorio que incluye un análisis del romance "Relación fúnebre". También está el libro de Arnulfo Herrera Tiempo y muerte en la poesía de Luis de Sandoval Zapata (La tradición literaria española) (1996).

2 comentarios:

Palimp dijo...

La verdad es que lo pintas bastante apetecible... un autor para apuntar.

Magda dijo...

Palimp, sin duda tu valiosa calidad de lector y crítico literario ha detectado con su ojo inteligente a la excelente escritura de Enrique Serna, que exactamente, es un autor muy apetecible, de lo mejor que tenemos actualmente en México. Mira, te dejo esta página adonde puedes ver algunos de sus textos: Enrique Serna. El seductor de la patria ha tenido mucho éxito, y sus cuentos son estupendos. Ojalá puedas leerlo, seguro te gustará.

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