El otoño ha llegado y con él las tardes de lluvia. Ayer hacía un poco de calor y me puse a leer en el balcón de casa mientras escuchaba caer la lluvia. Me gusta la lluvia. Tomé un libro que me regaló un querido amigo desde que iniciamos en esto de las bitácoras, Palimp, gracias por el gran regalo de este libro de relatos de Empar Moliner, son cuentos soberbios, narrados con humor (muchas veces negro), sarcasmo e ingenio. Todos guardan la característica de un lenguaje sin tapujos, no hay rodeos para retratar la vida cotidiana, por el contrario, se presenta de forma sencilla y creo que este es uno de sus mayores méritos. Aunque casi siempre la realidad dentro de cada cuento tenga sabor a te amargo.
“Acabamos con las plagas” es un relato estupendo. Una pareja asiste a terapia matrimonial porque no tienen relaciones sexuales desde hace tiempo, son “como hermanos”, dice ella. Pero, “no es que ella quiera volver a tenerlas. Es que quiere que alguien le dé la razón”:
Cuando todavía las teníamos de vez en cuando, a lo mejor cada cuatro o cinco meses, nos enfadábamos mucho más que ahora. A los dos nos daba pereza. Y la noche que se suponía que nos tocaba siempre nos peleábamos antes de ir a dormir, y al final no lo hacíamos. No era a propósito. Nos gritábamos delante del niño. Ella es muy grosera cuando se enfada. En seguida dice “no me sale del coño” y cosas así.
En la empresa, “para reforzar el mes de agosto”, contratan a una recepcionista eventual, Dolors, y a nuestro protagonista le “entra obsesión sexual” por la joven:
El día que hace catorce que me follo a Dolors, estoy en casa desayunando café soluble y pienso, bastante ilusionado, que me ha dicho que por la noche quiere ir a un bingo “a gastar”. Creo que quiere ir a un bingo para que yo la vea arreglada: con medias y tacones. De repente, el corazón me da un vuelco. Descubro dos ratas en la terraza.
Es famosa la frase de José Vasconcelos “jalan más dos tetas que dos carretas”, pero en este caso no es así, Dolors pasa a segundo término y simplemente es una aventura de vacaciones. Pero al mismo tiempo, el día a día parece que va acabando con el asombro, la pasión, lo nuevo de vivir en pareja, y en su lugar se impone el tener que ir a terapia matrimonial... Al menos esto sucede para los personajes de "Acabamos con las plagas".

