23 de octubre de 2006

El amor que me juraste: Silvia Molina

La obra de la narradora, ensayista y editora Silvia Molina (1946) ha sido distinguida con el Premio Xavier Villaurrutia 1977, por La mañana debe seguir gris ; el Premio Nacional de Literatura Juan de la Cabada 1992, por Mi familia y la Bella Durmiente cien años después; el Premio Sor Juana Inés de la Cruz 1998, de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, por El amor que me juraste y el Premio Leer es Vivir 1999, de Editorial Everest en España, por Quiero ser la que seré, entre otros. Nominada para The Dublin Award, 2001, auspiciado por IMPAC en cooperación con las bibliotecas de Dublín, Irlanda, por la traducción de El amor que me juraste. Algunas de sus obras han sido traducidas a varios idiomas. Apenas iniciando 2004 deja Bruselas, después de tres años de estar como agregada cultural, para hacerse cargo del Centro Nacional de Información y Promoción de la Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).

Es un placer leer su novela El amor que me juraste (México: Mortiz, 1998), acompañar a la apesadumbrada narradora al viaje que realiza al lugar de origen familiar huyendo de una decepción amorosa:

Estaba en San Lázaro porque se me ocurrió que era un refugio al que podía huir, porque necesitaba estar lejos, alejarme de esta Ciudad de México, la cómplice que nos había encubierto, para comprender lo que había hecho de mi vida, para evocar y conjurar mis errores y tomar una decisión. Necesitaba valor para aceptar no sólo el rompimiento, sino sentir mi vanidad lastimada. Huir, aunque me sirvió, fue un pretexto tonto, lo reconozco, porque como mi papá le dijo un día a Alberto, mi hermano: -Dondequiera que vayas, vas a encontrar una cucaracha. (...) San Lázaro era una escala más en mi camino a Ítaca.

San Lázaro es una tierra desconocida para ella hasta ese momento, ahí se encuentran sepultados sus precursores que llegaron un día de España enamorándose del puerto y ahí se quedaron.

El viaje de la protagonista no sólo es para conocer el puerto y la búsqueda de sus antepasados, también anhela quedarse recostada "hasta muy tarde analizando los recuerdos" plasmados no solo en la memoria sino en esas cartas, más de treinta, escritas por Eduardo con la tinta negra de su Mont Blanc, que "resumían dos historias y, sobre todo, un buen engaño, una mentira, una defensa, una imposibilidad para ser feliz".

Aunque hasta aquí podemos imaginar que la novela es una descripción del dolor, las quejas, las culpas (propias y ajenas) de una mujer en crisis por ese amor fallido, no es así. Tocamos especialmente ese poder que tiene la sociocultura en nuestra toma de decisiones llegando muchas veces a causar angustia y afectando nuestra individualidad como personas y provocando, como una de sus consecuencias, la soledad. Pero es importante, si esto no tiene solución y la cultura es más fuerte, qué se decide, si se asume la soledad que no sea una soledad lastimosa, sino una soledad que permita ir descubriendo lo propio, no lo dado ni impuesto, y que consienta caminar en y con libertad.

9 comentarios:

Fernando dijo...

La soledad es un hermoso campo donde nos desenvolvemos de muy diferente manera los seres humanos...no creo que haya ninguna buena soledad, en ella escondemos todas las sombras, todos los deseos perdidos, las esperanzas y casi siempre la vida, el tiempo, ese que es un polvillo blanco que se escapa con nuestras huellas...debe de ser una bella novela...un abrazo de medianoche.

Magda dijo...

No, no hay una buena soledad, Fernando, más es intentar que no sea lastimosa como comento, que sirva para construir, jamás para destruir.

Sí, es una bonita novela, todo un viaje de encuentro con muchas cosas...

Un abrazo de tarde.

Luisa dijo...

Es verdad que la soledad nunca es buena. Pero a veces aparece como necesaria, aunque sea temporalmente. La novela que comentas, como siempre muy atractivamente, me recuerda un poco a los viajes iniciáticos, de enfrentamiento con uno mismo y de reconocimiento. En ese sentido, a veces se hace preciso la convivencia con la soledad, para no tener muletas, para estar despojados y comprender. Un beso para ti.

Dilaca dijo...

Qué lástima que en la Colección que mañana comenzará a venderse en mi país, no incluyan a esta autora.

La editorial del Diario La Nación lanza la "Biblioteca Grandes Escritoras".Serán textos de diez escritoras latinoamericanas.
Arráncame la vida, de la autora mexicana Angeles Mastretta, será el primero.

La segunda entrega comprenderá el libro Nosotras que nos queremos tanto, de la chilena Marcela Serrano.

Seguirán La mujer habitada, de la autora nicaragüense Gioconda Belli; Mujeres de ojos grandes, también de Angeles Mastretta; El general, el pintor y la dama, de la recordada autora argentina María Esther de Miguel; Pequeñas infamias, de la uruguaya nacionalizada española Carmen Posadas; La hija del caníbal, de la española Rosa Montero; La multitud errante , de la colombiana Laura Restrepo; Los amores de Laurita, de la argentina Ana María Shua, y La canción de Dorotea, de la española Rosa Regás.
Una ausencia notable en la colección, será el nombre de la Molina, laureada y acreditada lo suficiente como para tenerla en cuenta.

Magda dijo...

Lo que comentas, Luisa, es precisamente lo que percibo que hace la protagonista de la novela: ese ir, en ella por primera vez, a comprender y comprenderse, sin muletas, y poder tener la libertar de ser sin apegos dolorosos. Es interesante.

Magda dijo...

Qué lástima que no está Silvia Molina en esta Antología, Dilaca. Ni Cristina Rivera Garza, esto si que es una ausencia, Cristina Rivera Garza es una narradora excelente, ella rompe con muchas cosas tradicionales, su escritura la podría comparar como la mejor de entre muchas narradoras actuales, mucho mejor, pero mucho, que Mastretta (que a mi de ella solo me gusata precisamente Arráncame la vida que comentaré en la siguiente apostilla).

Que buen lanzamiento de la Editorial.

Anónimo dijo...

Hola,amiga: para hacer referencia a este tema que propones sobre la soledad,y que es una de mis obsesiones al escribir, tengo un poema escrito de hace muchísimos años, que dice así:

"Nadie puede sentir
de esta soledad que yo siento,
espantada de la gente
sola entre miles,
rodeada pero vacía.

Nadie puede comprender
mis motivos para quererte.
Piensan, sin saber,
que el amor es una soledad.

Yo soy así; tan soledad,
tan vacía y al tiempo, llena,
tan unida al amor, a este amor
que me encadena, que me amarga,
me destroza y me endereza.

Nadie puede adivinar
de mis razones el dilema,
sin saber que es este amor
el que hasta la saciedad,
me llena..."


No quiero extenderlo. Espero que haberlo sustituido por mis reflexiones haya sido acertado. Es un poema de mi primera juventud, muy mal construído y peor versificado.
En fin, es mi aportación, y te lo dedico, apreciada Magda. Un besote.

Puri.

Magda dijo...

Puri, muchas gracias por compartir tu poema, y que linda en dedicarmelo, un abrazo para ti.

Anónimo dijo...

La verdad este libro me encanto esta lindicimo y te llega

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