7 de febrero de 2007

Antes de que hiele: Henning Mankell

Henning Mankell, Antes de que hiele (México: Tusquets, 2006)

Siempre es un goce para mi leer las novelas del gran escritor Henning Mankell, disfrutar de las aventuras de uno de mis detectives favoritos (junto con Maigret, el detective creado por Simenon), Kurt Wallander. Ha pasado el tiempo, ya está más gordo, se está quedando calvo (como su padre, quien ya ha muerto y al cual extraña), sigue solo, añorando comprar una casa con vista al mar y tener dos perros con los cuales salir a pasear. Pero el paso del tiempo no le ha restado inteligencia, ternura y comprensión, sobre todo para Linda, su hija, que regresa a Ystad para, en unos cuantos días, comenzar su trabajo en la policía, ha terminado sus estudios. La nueva detective se parece mucho a su padre, aunque en ocasiones, y probablemente por lo mismo, tienen diferencias que terminan con un grito de Kurt Wallander o el azotón de puerta de Linda Wallander. Kurt Wallander adora a su hija, protagonista de la historia, por primera vez en la obra de Mankell.

Estamos en 2001, Linda Wallander recibirá en unos días la oficialidad para poder ejercer como policía. Mientras espera este momento y que la arrendadora le otorgue ese departamento que desea, se hospeda en la casa de su padre. Años atrás, en 1978, tiene lugar un suicidio colectivo en Jonestown (Guyana), los que murieron eran seguidores de una secta religiosa dirigida por un hombre llamado Jim Jones. De este escalofriante acontecimiento escapa una persona, deja de creer en el líder y logra huir.

Linda se va reintegrando a su nueva vida, busca a dos de sus antiguas amigas, Anne y Zebran, y juntas pasean, recrean sus tiempos de escuela y sus proyectos en el futuro. Zebran es guapa, madre soltera y sin mayores complicaciones, Anne tiene una madre que escribe música que nadie quiere tocar. El padre de Anne las abandonó cuando ésta era pequeña y aunque la joven no ha visto desde ese día a su padre, asegura que lo ha mirado en la calle. De pronto Anne desaparece, no está por ningún lado. Linda se preocupa mucho y empieza su búsqueda. Paralelamente, en los bosques de Ystad, Linda, al lado de su padre, descubren un asesinato espantoso, hallan la cabeza de mujer, degollada, y al lado sus dos manos unidas, como si estuvieran en oración, las demás partes del cuerpo no están. Y Anne sigue sin aparecer, lo que a Linda la pone muy nerviosa. Es el primer caso que Kurt y Linda Wallander enfrentarán juntos. En este camino muchas cosas suceden. Cada acción, cada paso, cada momento es sorprendente. No hay una página de sus 471 que no nos mantenga fija la atención. Es una novela que no se quiere dejar de leer.

Quiero destacar una estrategia narrativa que me parece muy interesante: dentro de la historia que cuenta, el narrador hace referencia a personajes que habitan en otras novelas de Henning Mankell, no solamente de Baiba, aquella mujer de Letonia que amaba a Wallander y con la cual tuvo una relación ya divorciado de la madre de Linda, sino también encontramos a Stefan Fredman (de La falsa pista) o a Yvonne Ander (de La quinta mujer), por mencionar sólo algunos. Este mundo narrado dentro del mundo que se narra, introduce otras historias dentro de la historia. Ello puede crear la ilusión de que es el autor implícito* quien lo construye puesto que no puede "hacerse visible", representarse en cuanto función donante. Digamos que se presentan como auto-citas y que relacionan un relato que ya habíamos leído con el que estamos leyendo. De estos reflejos se desprende la doble función que el narrador lleva a cabo, una actual y otra retroactiva, instalándose un canal entre el pasado y el presente. Esta construcción intenta fusionar libros o temas del autor que se encuentran "dispersos" y colocar en tela de juicio su separación y autonomía; con ello, además, los hace resurgir, los actualiza. Al reflejarse en la novela otras obras anteriores parece que al narrador le interesa reunir, lo más posible, los lazos entre ellas.

Por último, me gustaría transcribir un pasaje en el que Linda, mientras camina por un cementerio, piensa en lo siguiente:

Deambular entre las lápidas se le antojó algo así como curiosear en las estanterías de una biblioteca. Cada lápida era el lomo o la cubierta de un libro. Allí yacía enterrado el hacendado Johan Ludde, desde hacía noventa y siete años, junto con su esposa Linnea. Ésta contaba sólo cuarenta y uno cuando falleció, mientras que Johan Ludde tenía setenta y seis. Así pues, toda una historia se ocultaba en aquella tumba descuidada a cuyo pie yacían los restos parduscos de un ramo de flores. Linda hojeaba entre los títulos y las portadas.

*Autor y lector implícitos son dos entidades involucradas en el proceso de comunicación textual. El primero (autor modelo para Eco), es la imagen implícita de un autor –productor– responsable del texto, es una construcción semiótica emanada del propio texto, diferente del autor empírico; el segundo (lector modelo para Eco), sería una aproximación ideal al tipo de lector competente dispuesto por el texto, quien ultima su proceso de lectura con su interpretación.

7 comentarios:

Diego dijo...

Oh. Ya tengo una nueva lectura, la empezaré en corto tiempo, gracias. Un abrazo desde Xalapa.

Luisa dijo...

Muy intesante lo de la "auto-intertextualidad";)-perdón por el "palabro"-. Es verdad que la literatura está entrando cada vez más en este juego contemporáneo de ligarlo todo con todo. Aunque no sea nuevo claro. Muy intesante.
Me ha gustado mucho también la cita. He recordado a una amiga que hace tiempo estudiaba el arte de los cementerios. Tenía miles de fotos de lápidas y cosas así. Y siempre hablábamos de la impresión que producía la necesidad de recordar de la forma que fuera.
En fin, procuraré añadir este libro a mi inmensa lista y a mi casi inmensa pila de libros. Gracias, Magda.

Purificación Ávila. dijo...

Hola, Magda: Es curioso porque he tenido esta obra que referencias a punto de comprarla, entre mis manos. Estaba dudando entre "El hombre sonriente" o ésta. Al final no cogí ninguna de las dos, pero ahora ya sé por dónde coger a Henning Mankell de quien sólo te he leído a ti contarnos o reseñarnos.
Y más curioso aún: conocí al autor por un posavasos que regalaba la editorial Tusquets por la edición de "El hombre sonriente". Pero no es un hombre sonriente el que ilustra el libro y el posavasos, sino la cabeza de Orfeo cuyo cuerpo flota en el agua.
Gracias por otra de tus completas reseña, que siempre me tocan el corazón. ¿Te confieso algo? Las releo.

Un beso, amiga.
Puri.

Clarice Baricco dijo...

Hola Magda:

Otro libro más que debo de comprar.
Gracias.
Ya tu libro está conmigo.
Asì que seguir leyendo.

Abrazo

Magda dijo...

Diego, bienvenido. Gusto en conocerte.

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La intertextualidad es muy interesante Luisa, Mankell le apuesta a través de las autocitas que realiza el narrador de su novela, que además son una forma de "puestas en abismo". Me ha gustado la manera en que lo hace. Además, si no se ha leido la obra del escritor no hay problema, hay señalamientos a pié de página, ello ayuda mucho.

La cita es un tanto macabra por relacionar lápidas con libros, pero me gustó, como que guarda en ella lo que se espera de la novela negra.

Por cierto, en lo personal tengo fascinación por los detectives literarios, y Wallander es genial.

Magda dijo...

Puri, ojalá leas a Mankell, es un escritor cuya obra atrapa si te gusta la novela negra. Su detective, Wallander, es muy humano.

Mankell es un escritor que une perfectamente las historias de cada personaje, de pronto lo ves en la parte dos, por ejemplo, y reaparece en la parte cinco hilvanado de forma excelente. Y ahora vemos ya a Linda, su hija, de policía, una hija que mucho se le parece pero que tiene lo suyo y esto de suyo es muy diferente de su padre. En esta novela se enamora, y en amores no ha tenido mucha suerte, como su padre.

Te recomiendo mucho a este escritor.

Magda dijo...

Graciela, qué amable en comprar mi libro, es una grata sorpresa. Te agradezco mucho.

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