21 de agosto de 2007

Ideograma de un poeta, Wang Anshi

"Tu ojo no puede ver sus propias pestañas. No eres capaz de ver tu propia falta. Distingues lo que está lejos e ignoras lo que está cerca" (Wang Anshi, 王安石 -1021-1086-)

Una de las cosas comunes entre los seres humanos es el actuar disparejo: tu me das y yo o medio te doy o no te doy nada. No hay reciprocidad. En ocasiones se necesita la percepción aguda para darse cuenta de que el otro está siendo injusto o que, probablemente, no se da cuenta de que es inteligente saber recibir y, por consiguiente, saber dar lo mismo que recibe, al menos. Lo cotidiano es toparse con el "medio te doy", y este "medio te doy" lleva todo un significado: no te considero digna o digno de darte lo que mereces. Igual sucede con el "medio recibo". Dicho muy coloquialmente, todo esto representa una filosofía que habla de quien la lleva a cabo como forma de vida y que muchas veces pasa desapercibida al ojo común. Pero basta el más pequeño detalle para conocer al otro si agudizamos la sensibilidad, aunque pueda presentarse la desilusión (o la ilusión, según sea el caso).

Como todo poeta, Wang Anshi (además de celebre poeta fue reformista en la Dinastía Song, en China) fue intuitivo y observador de las cosas del mundo, se cuenta que:

A la edad de 20 años, mientras viajaba a la Capital para presentarse a su examen imperial pasó por Maqizhen, y al pasar por la puerta de una rica familia vio pegada en ella la primera mitad de un duilian (forma de verso antiguo), que decía: "En la linterna de los caballos que galopan se ve correr los caballos; estos se detienen cuando la linterna se apaga". "-He aquí la primera parte de un duilian, se dijo Wang Anshi, ¿por qué no componer la segunda?". Pero como tenía que ir a presentar su prueba decide componerlo al retornar. El examen, para sorpresa de Anshi, consiste justamente en completar un duilian.

El examinador lee: "sobre el estandarte de una tigresa alada se ve volar la tigresa; ésta se esconde cuando el estandarte se enrolla"; Wang Anshi, imprevistamente inspirado responde sin titubear "En la linterna de los caballos que galopan se ve correr los caballos; estos se detienen cuando la linterna se apaga". Terminado el examen, Wang Anshi regresa y escribe al lado del primer verso del duilian: "sobre el estandarte de una tigresa alada se ve volar la tigresa; esta se esconde cuando el estandarte se enrolla".

El propietario de la casa se sintió muy satisfecho del verso de Wang Anshi y le explicó que había sido una estrategia para poder encontrar un esposo digno para su hija, y como él había hallado la respuesta correcta le concede su mano. Al mismo tiempo, llega la noticia de que el nombre de Wang Anshi figuraba en la lista de los promovidos en el examen imperial. Muy feliz el padre de la novia exclamó: "¡Una felicidad tras otra...!". Wang Anshi, mucho más feliz que su suegro, tomó un pincel y escribió con un gran símbolo: Shuangxi, es decir "Doble felicidad", y dió la orden de pegarlo en la puerta de entrada.

Otra versión, dice que el segundo verso que completa el pareado del emperador le fue sugerido al poeta por una joven campesina de la que se enamoró, y desde ese instante "en China, cuando una pareja se casa, se le desea doble felicidad, se les desea que la felicidad circule en ambas direcciones, del uno hacia el otro. Ser feliz en sentido dinámico, la felicidad que circula entre dos personas".

Como sabemos, un ideograma es un símbolo gráfico que representa un ser o una idea; pero no un sonido, ni una palabra, sino una o muchas unidades de sentido. Las primeras escrituras eran pictográficas, cada pictograma expresaba inicialmente una idea, un ideograma. El ideograma que vemos es el que representa esta leyenda de la Doble felicidad y según he estado leyendo casi siempre es rojo, aunque también lo hay en negro, pero raras veces.

Esta idea de lo recíproco, de ti para mi y de mi para ti, en el amor o en general en las relaciones humanas, me parece un poema que puede vivirse cuando la inteligencia y el sentimiento van de la mano, si falta uno de los dos malo va el cuento. Seguramente también tiene que ver las culturas, la de oriente y occidente son diferentes en sus visiones del mundo.

Cultura China.

11 comentarios:

Fernando Sarría dijo...

La enseñanza que das es que en el mundo actual dar y recibir es la base de todo y que lo malo viene cuando espera uno a dar recibiendo de antemano...dos así se pueden quedar mirando toda la vida con sus manos cerradas...te doy la razón..me gusta estos nuevos aires de poesía y arte...besos amiga...un día de estos te llamo Denise..ja,ja.

Magda dijo...

Fernando, enviamos al mismo tiempo los comentarios, aunque el tuyo salió primero.

Lo que yo entiendo por "doble felicidad", que es la idea que nos ofrece Wang Anshi, es que nos sugiere ser felices de manera dinámica: de aquí para allá y de allá para acá. Esa felicidad que circula entre dos personas debe de poseer reciprocidad, mutualidad, si no es así la cosa ya no es doble felicidad, sino un felicidad unilateral o, simplemente, no existe felicidad.

(Me voy a dormir un rato, acá son las cuatro de la mañana y dentro de otras cuatro me tengo que levantar, uf).

malvisto dijo...

Una historia muy linda. Pero ahora que lo pienso existe un límite en esta felicidad recíproca: aquel que no rebaso por miedo a que no se me de nada a cambio; y creo que precisamente más que la reciprocidad, la felicidad es la que debe ser dinámica: debe estar dispuesta a ensanchar su mundo.
Cuando lo tomo de esta forma, la obra de Jesús, por dar un ejemplo, se me revela no como un acto de dolor, incluso religioso: como un actor de amor inmenso, sin límite, por la humanidad.
Sabes, Magda, entiendo la idea de la reciprocidad, pero, la verdad, no se me da mucho la idea de no dar muchos más allá de lo que quiero dar; a veces me tiene sin cuidado que no se me de nada a cambio.
Claro, es lo que siento: es mi opinión.

un abrazo,

Magda dijo...

Eso es lo que entiendo dice el Ideograma, Malvisto, que la felicidad es la que debe ser dinámica, precisamente.

Según entiendo, esta idea no pide que se de más de lo que se quiere dar, o menos, ni que se espere o no se espere recibir a cambio.

Esta filosofía se puede definir de la siguiente manera: En lugar de preguntarmos ¿soy feliz? cuando tenemos a alguien cercano, nos preguntáramos: ¿somos felices?

Víctor Coral dijo...

hola Magda. La reciprocidad como regla de vida no solo es oriental. Es una costumbre ancestral en los Andes. De hecho gran parte del orden y eficacia del imperio incaico se basaba en un sistema general de reciprocidad, aunque impuesta desde el poder, desde arriba. Lo ideal es que lleguemos todos a entender, de forma horizontal, que algo tan sencillo como la reciprocidad nos puede hacer mucho bien. Saludos.

Magda dijo...

Lo de oriental es en contrapunto con lo occidental, Victor, creo que estos conceptos están alejados de nuestros Imperios, sea el azteca o el inca. Su concepción del mundo no estaba impregnada de lo que ahora llamamos occidental, en mi opinión.

Por otro lado, pienso en esto que comentas: "un sistema general de reciprocidad, aunque impuesta desde el poder, desde arriba", no se si ello entraría en esta "doble felicidad" que plantea esta filosofía del poeta Anshi. Cuando algo es impuesto desde el poder no se si exista reciprocidad y que ello provoque esta doble felicidad. O no se, tal vez si ello provocaba que los dos fueran felices (el poder y sus subalternos)... Un tema interesante.

Víctor Coral dijo...

claro, Magda, no hablé de lo occidental, solo señalé que en el Ande, hoy mismo, se puede apreciar la practica de lo recíproco en todo orden de cosas. Por ejemplo, cuando construyen sus casas, toda la comunidad ayuda, y cuando uno le hace un favor a otro se espera de inmediato que se devuelva el favor en la misma medida. Es la costumbre y tiene el peso de una ley.

De otro lado, habría que pensar por qué esperar a que alguien haga algo por nosotros para hacer nosotros algo. En ese sentido un rescate de el ágape del cristianismo primitivo sería interesante. el dar sin esperar nada, por la simple alegría de hacerlo y de compartir.

En fin, opciones frente a la bruda cultura de la competencia que Occidente impone.

Álvaro dijo...

Muy bello tu texto y preciosa la cita. Food for thought, really. Gracias por compartirlo.

Luisa Cuerda dijo...

Preciosa entrada, Magda. Nada que decir, sólo testimoniar mi admirado silencio.

Apostillas literarias dijo...

Luisa, muchas gracias. Un placer saludarte.

Carmen Fernández Etreros dijo...

Magda me ha encantado esta entrada. No conocía este texto sobre la doble felicidad. Mi interesante.

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